Note 773 — LA CRISIS SOCIAL: ¿QUÉ DEBEMOS HACER?
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Rusia estaba, en efecto, en una situación especial, y si el error de Tolstoi ha sido atribuir también esta situación al conjunto de los Estados europeos, no hay que sorprenderse de que se haya mostrado principalmente sensible para los sufrimientos que le tocaban más de cerca. Véase en El Gran Crimen, sus conversaciones en el camino de Tula, con los campesinos, que carecían todos de pan porque la tierra les faltaba, y que todos, en el fondo, esperaban que la tierra viniese a sus manos. La población agrícola de la nación forma el 80 por ciento. Un centenar de millares de hombres, dice Tolstoi, mueren de hambre a consecuencia del embargo de la tierra por los propietarios rurales. Cuando se llega a hablarles, como remedio de sus males, de la libertad de la prensa, de la separación de la iglesia y el Estado, de la representación nacional, y aun de la jornada de ocho horas, se burla uno de ellos impunemente.
“Quienes aparentan buscar, por todos los medios, el mejoramiento de la situación de las masas populares, recuerdan lo que pasa en el teatro cuando todos los espectadores ven perfectamente al actor que está oculto, en tanto que los otros que toman parte en la representación y que también lo ven, fingen no verlo, y se esfuerzan por distraer mutuamente su atención”.
No hay otro remedio que devolver la tierra al pueblo que trabaja; y, para la resolución de esta cuestión agraria, Tolstoi preconiza la doctrina de Henry George y su proyecto de un impuesto único sobre el valor del suelo. Éste es su Evangelio económico, y sobre él vuelve incansablemente, y tanto se lo ha asimilado que a menudo, en sus obras, emplea hasta frases enteras de Henry George.