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Vidas Ejemplares

Note 820 — LA CRISIS SOCIAL: ¿QUÉ DEBEMOS HACER? (continued 2)

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Conversaciones con Paul Boyer. (Le Temps, 28 de agosto de 1901). De hecho podría uno confundirlas a menudo, como en esta profesión de fe de Julia moribunda:

“Lo que me era imposible creer, nunca he podido decir que lo creía; y siempre he creído lo que decía creer. Era todo lo que podía hacer”.

Que puede relacionarse con la carta de Tolstoi al Santo Sínodo:

“Es posible que mis creencias molesten o desagraden; pero no me es posible cambiarlas, como no me es posible cambiar de cuerpo. No puedo creer otra cosa que lo que creo en esta hora en que me dispongo a volver hacia el Dios de quien procedo”.

O bien con este pasaje de la Respuesta a Cristóbal de Beaumont, que nos parece ser toda Tolstoi:

“Soy discípulo de Jesucristo, y mi Maestro ha dicho que quien ama a su hermano cumple la ley”.

O todavía:

“Toda la oración dominical, íntegra, está contenida en estas palabras: ¡Cúmplase tu voluntad!” (Tercera carta de la montaña.)

En relación con:

“Reemplazo todas mis plegarias con el Pater Noster. Todas las peticiones que yo puedo dirigir a Dios están expresadas con mayor altura moral por estas palabras: ¡Cúmplase tu voluntad!” (Diario de Tolstoi, en el Cáucaso, 1852-53).

La semejanza de pensamientos no es menos frecuente en el terreno del arte que en el de la religión:

“La primera regla del arte de escribir, dice Rousseau, consiste en hablar con claridad y expresar con exactitud nuestro pensamiento”.

Y Tolstoi:

“Pensad lo que queráis, pero de tal manera que cada palabra pueda ser comprendida por todos. No es posible escribir nada mal en una lengua que sea perfectamente clara”.

He demostrado antes que las descripciones satíricas de la Opera de París, en La Nueva Eloísa, tienen muchas relaciones con las críticas de Tolstoi en ¿Qué es el Arte?

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