CAPITULO XVII.
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BASILEA Y LA SUIZA.
La ciudad de Basilea; situacion y panorama.—El medio-canton: su historia, sus instituciones, su industria y condiciones sociales.—Monumentos de la ciudad, institutos y costumbres.—Observaciones comparativas respecto de la Confederacion.
Basilea (llamada en frances Bâle y en aleman Basel) hace un juego muy particular con Ginebra, con la cual tiene muchos puntos de analogía. Ambas demoran á orillas de uno de los dos grandes rios que constituyen las bases del sistema hidrográfico de Suiza; ámbas son como las puertas de la Confederacion abiertas sobre las fronteras de Francia, en las dos extremidades de la region surcada por las cadenas del Jura ó sus contrafuertes; ámbas obedecieron en un tiempo á la dominacion de obispos y del imperio franco-burguiñon; ámbas vivieron la vida mas agitada, se distinguieron por su ilustracion y su riqueza, manifiestan en sus monumentos é institutos un alto espíritu de progreso, han sido fieles á la reforma religiosa (á cuyo influjo deben sus mayores ventajas), y se hacen notar por su genio altamente industrial y comercial y las grandes riquezas de sus numerosos capitalistas.
Hablar de Basilea es lo mismo, en rigor, que hablar del medio-canton da Basilea-Ciudad, toda vez que su territorio está reducido al que ocupa la ciudad sobre las dos márgenes del Rin, y su término circunvecino de jurisdiccion, que en su mayor parte está enclavado en el territorio del gran-ducado de Báden. Precisamente ocupa el vértice del enorme ángulo que describe el Rin, cuya direccion general de oriente á poniente desde Constanza hasta Basilea (que es la region central del gran rio) cambia allí repentinamente, torciendo en línea casi recta hácia el norte. El bajo Rin comienza, pues, en Basilea, y es allí que se halla el extremo superior de su gran navegacion, que mantiene tan valiosos cambios entre Suiza, Francia, los Países Bajos, los Estados occidentales de Alemania y otras naciones. La situacion de Basilea es, pues, sumamente feliz bajo el punto de vista comercial, y su panorama, aunque muy diferente de los de otras ciudades suizas, interesa al viajero y abunda en bellos pormenores artificiales. Sus fortificaciones, que en un tiempo la estrechaban, han desaparecido casi completamente para abrir campo á nuevos edificios, fábricas, almacenes y jardines, y á los rieles y trenes de los ferrocarriles.
Basilea, como casi todas las ciudades del principio de nuestra era y particularmente de la edad feudal, nació al derredor de un castillo fuerte (el de Basilia) en el curso del siglo V…. Su notable prosperidad data del siglo X, bajo la autoridad mixta de una serie de obispos. Pasando de la jurisdiccion suprema del reino de Borgoña á la del imperio germánico, vivió durante siglos en lucha constante contra los obispos y sus aliados los nobles, forcejando por asegurar su libertad y sacudir la dominacion eclesiástica. Su entrada á la Confederacion suiza (en 1501) y la adopcion de la reforma religiosa, la pusieron en posesion de su autonomía, agrandada con adquisiciones hechas en el territorio de Liesthal ó la Campaña, y el de la márgen derecha del Rin. Pero á su turno la burgosía ó clase media de ciudadanos dominó como privilegiada, oprimiendo á los paisanos, hasta que la revolucion francesa, en 1798, y luego el «Acto de mediacion», fundaron la igualdad democrática, La lucha sangrienta de 1833 redujo á Basilea á sus proporciones actuales, quedando el primitivo Canton dividido en dos entidades políticas independientas.
Basilea-Ciudad no se ha quedado atras de ningún canton progresista en materia de instituciones. Estas son liberales y hospitalarias; aseguran todas las garantías que puede necesitar un pueblo para ser lire y civilizado, y hacen de la democracia sincera la base fundamental de ese pequeño Estado que, siendo tan insignificante por su territorio y reducido á solo 41,300 habitantes, ejerce sinembargo una influencia muy considerable sobre toda la Confederacion y ocupa una posicion de primer órden entre las plazas industriales y comerciales del Rin.
Si las líneas de ferrocarriles que la ligan con el interior de Suiza y de Francia y con las comarcas alemanas y francesas del Rin, le dan á Basilea tan considerable movimiento, su industria propia y de concentracion y sus institutos de crédito y especulacion variada multiplican la animacion de la ciudad. Ademas de la actividad fabril que los capitales de Basilea alimentan en Basilea-Campaña y las comarcas vecinas, la ciudad misma es una vasta manufactura cuyos productos son de valor considerable, particularmente en cintas, hilados y tejidos de seda y algodon. Acaso algunos de los lectores pensarán que muchas de mis indicaciones acerca de la industria suiza son inoportunas en un libro de impresiones de viaje que puede parecer de carácter principalmente literario. Debo decir, sinembargo, que, así como ninguno de mis viajes ó excursiones ha sido asunto de diversion para mí, pues mi objeto principal ha sido el de adquirir conocimientos útiles, del mismo modo mis incorrectos apuntamientos no tienen por objeto entretener á mis lectores hispano-colombianos, sino hacerles, en la medida de mis fuerzas, un servicio provechoso. Estoy bien convencido de que en Hispano-Colombia se sufre un error al creer generalmente que solo Inglaterra y Francia, y en parte la Alemania del Norte, merecen grande atencion, como elementos de la gran masa de cambios ó especulaciones que subsisten y se van desarrollando entra el mundo europeo y nuestras jóvenes repúblicas. Hay en Europa dos pequeños Estados muy estimables en todos sentidos á cuyo comercio prestamos poca atencion (involuntariamente, sin duda) los Hispano-colombianos,—Estados que pueden ofrecernos mil ventajas, mediante un sistema de especulaciones directas, y cuyo trato nos conviene aun bajo el punto de vista político-internacional: tales son Bélgica y Suiza, cuyos productos tienen la triple ventaja de la solidez, la baratura y el buen gusto. Oportunamente haré resaltar esta verdad en cuanto á Bélgica; por ahora debo decir, con absoluta conviccion, en lo que respecta á Suiza, que si sus excelentes vinos del Rin y sus afluentes, sus relojes é instrumentos de Ginebra y Neuchâtel, sus tejidos delicados y elegantes de San-Gall, ó muy populares de Zuric, Basilea y otras ciudades, así como otra multitud de productos, fuesen suficientemente conocidos en Hispano-Colombia, se ganaría mucho con establecer relaciones directas, pues los mercados suizos no solo ofrecen productos buenos y baratos, y sus negociantes se distinguen por su probidad y puntualidad, sino que tambien los Hispano-colombianos tendrían un buen campo donde colocar ventajosamente mucha parte de sus metales preciosos, su algodon, su tabaco (que en Suiza no está sujeto á ningún monopolio) y otros muchos productos del continente Colombiano.
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Si la situacion de Basilea, ciudad tan célebre por su famoso Concilio, que duró allí diez y seis años haciendo oposicion al pontificado y estableciendo graves precedentes en la Iglesia romana, es notable por su industria, su comercio y sus instituciones liberales, no lo es ménos por los rasgos particulares de sus costumbres y la multitud de establecimientos públicos que le dan el rango de una ciudad muy civilizada. Allí todo parece indicar una constante preocupacion con los intereses públicos,—el celo esmerado con que se ha cuidado de erigir monumentos sólidos á la instruccion, la beneficiencia, la economía popular, etc. La Universidad de Basilea alcanzó gran celebridad en Europa en otros tiempos, y hoy es todavía un instituto muy digno de estimacion. Las escuelas son numerosas y excelentes; y se consagra mucha atencion á las bibliotecas, los museos y las colecciones públicas. El edificio llamado Museo es un espléndido palacio digno de una extensa capital, y en él se hallan reunidos: una hermosa biblioteca con 52,000 volúmenes y mas de 4,000 manuscritos (algunos de gran valor); una abundante galería de pinturas, rica sobre todo en excelentes cuadros de Holbein; colecciones estimables de medallas y antigüedades; un museo de historia natural completo, y de mineralogía y otros ramos; y todo eso sin perjuicio de importantes colecciones particulares, de un bonito jardin botánico y otros institutos importantes.
En cuanto á los monumentos antiguos de la ciudad el único bien digno de atencion es la Catedral, edificio de orígen bizantino y reconstruido según el estilo gótico del siglo XI. Esta circunstancia, que produce el contraste de dos estilos entre algunas partes del monumento, el color rojo de su mampostería, su bella situacion sobre una colina dominando el Rin, y algunas curiosidades interiores, así como las tradiciones que estas evocan, dan á la Catedral interes considerable, no obstante la ausencia total de esas obras artísticas de adorno que la sencillez y el espiritualismo del culto protestante excluyen de los templos cristianos.
El viajero no puede ménos que notar en Basilea ciertos rasgos característicos de las costumbres, que solo se encuentran en las localidades pertenecientes á razas germánicas. Donde quiera, en nuestras excursiones por Alemania, Holanda y la Bélgica flamenca, hemos encontrado un cierto espejito, símbolo original de curiosidad recatada, que en Basilea se muestra en todas las ventanas. Las mujeres asoman rarísima vez la cara al balcon ó la ventana, sea por recato de raza ó tradicion, sea por motivos de secta religiosa, ó acaso por gazmoñería huraña; pero como no por vivir encerradas y evitar las miradas indiscretas del que pasa por la calle dejan de ser mujeres, y por lo mismo curiosas, han inventado desde tiempos antiguos el consabido espejo, adherido a la ventana en el exterior, sobre un gancho que permite darle la situacion é inclinacion que se quiera. De ese modo la imágen de todos los que pasan por la calle y entran á las tiendas se reproduce delante de la curiosa, escondida detras de su ventana y ocupada en su labor ó su lectura, sin que nadie pueda escrutar el interior con indiscretas miradas, ni aun se aperciba de que su fisonomía ó sus actos están llamando la atencion arriba. La misma operacion se reproduce en todos los pisos de cada casa, que presentan interminables hileras de espejos giratorios; y no pocas llevan su curiosidad hasta duplicar el aparato en sus alcobas para tener la imágen completa de lo que pasa en la calle, lo que equivale para su curiosidad á aquello de mascar á dos carrillos.
La pulcritud de las casas y calles de Basilea, como de todo mobiliario, es admirable. Se diría que allí vive una colonia de Holandeses, eternamente ocupada en las faenas del cepillo, la esponja y la brocha. Causa admiracion el extraordinario aseo de las casas en su interior y exterior, de las calles, los muelles y todos los edificios y lugares públicos; y es tal el prestigio de esa pulcritud que aun las casas mas viejas, pintadas con esmero y lustrosas, parecen acabadas de edificar. No pocos viajeros se rien de esos y otros rasgos curiosos; por mi parte diré que todo eso me encanta, porque la pulcritud es, en mi concepto, la prueba material del sentimiento de la dignidad y de la pureza moral, ó del candor de las costumbres ó las inclinaciones de una persona ó de una sociedad. En todos mis viajes he tenido ocasion de observar, sin excepcion, que los hechos jamas dejan de corresponder rigorosamente á la buena impresion de simpatía que causa á primera vista una ciudad aseada, ó al disgusto invencible que inspira una localidad sucia, pestilente y empolvada, como hay tantas en los países católicos de Europa.
No hay quien visite á Basilea que no sienta su curiosidad muy picada por la chistosa tradicion de una costumbre muy original que hubo en la ciudad hasta fines del último siglo: la de tener todos los relojes públicos adelantados una hora, en prueba de gratitud, dicen, por un hecho análogo y casual que en otro tiempo salvó a la ciudad de un gran peligro. Confieso que la especie, aunque singular, no me pareció tan extravagante, considerada filosóficamente. Entre relojes desarreglados, preferiré siempre los adelantados á los atrasados, porque, despues de todo, con los primeros se vive mas apriesa y se trabaja mas en la via del progreso. Ya querría yo que adelantaran su reloj, siquiera un minuto por año, muchos hombres, partidos políticos, religiosos y económicos, y aun gobiernos y Estados, que no solo lo usan atrasado sino hasta parado, porque no tienen valor para darle cuerda ni aceite (ideas) para hacerlo andar.
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En Basilea terminaba nuestra rápida excursion en Suiza, que debíamos continuar por la region del bajo Rin. Habíamos omitido visitar unos pocos cantones, ya porque carecen de interés particular, ya porque debian mas tarde, según nuestro plan, servir á nuestro itinerario respecto de Italia, del lado de la alta Lombardía. Pero los que habíamos recorrido, sobre ser los mas importantes, nos parecian suficientes para juzgar por comparacion del estado general de Suiza en la gran mayoría de los Estados confederados. Así, para terminar esta parte de mi segunda serie de observaciones de viajes, el lector me permitirá hacer el resúmen de los hechos generales mas importantes, del cual se podrán deducir consecuencias útiles y aplicables en mucho á nuestros pueblos hispano-colombianos. Veámos primero en qué órden se hallan los 22 cantones (de los cuales están subdivididos los marcados con asteriscos) por razón de su rango federal ó de admision, su extension territorial, su masa de poblacion y sus razas y religiones.
———————————————————————————————————- | CANTONES | O d | E | O d | CIFRA | RAZAS | RELIGION | | | r e | x | r e | de | principales | dominante | | | d | t | d | poblacion | [27] | | | | e s | e | e p | en | | | | | n u | n | n o | 1860 | | | | | | s | b | | | | | | a | i | l | | | | | | d | o | a | | | | | | m | n | c | | | | | | i | | i | | | | | | s | t | o | | | | | | i | e | n | | | | | | o | r | | | | | | | n | r | | | | | | | | i | | | | | | | | t | | | | | | | | o | | | | | | | | r | | | | | | | | i | | | | | | | | a | | | | | | | | l | | | | | | | | | | | | | ———————————————————————————————————- |Urí | 1º| 11| 22| 14,761| Alemana |Catª-romana| |Schwyz | 2º| 16| 17| 45,593| id. | id. | |Unterwalden*| 3º| 13| 20|[28] 24,960| id. | id. | |Lucerna | 4º| 9º| 7º| 130,965| id. | id. | |Zuric | 5º| 7º| 2º| 267,611| id. | Evangélica| |Zug | 6º| 22| 21| 19,667| id. |Catª-romana| |Glaris | 7º| 17| 19| 33,459| id. |Evangélica | |Berna | 8º| 1º| 1º| 468,515| id. | id. | |Solera | 9º| 15| 15| 69,527| id. |Catª-romana| |Friburgo | 10| 8º| 8º| 105,970| Francesa | id. | |Basilea* | 11| 18| 9º|[29] 93,024| Alemana |Evangélica | |Schaffhousen| 12| 20| 18| 35,616| id. | id. | |Appenzel* | 13| 19| 16|[30] 60,624| id. | id. | |San-Gall | 14| 6º| 5º| 181,091| id. |Catª-romana| |Grisones | 15| 2º| 10| 91,877| Italianas |Evangélica | |Argovia | 16| 10| 4º| 191,600| Alemana | id. | |Turgovia | 17| 12| 12| 90,347| id. | id. | |Tesino | 18| 5º| 6º| 131,396| Italiana |Catª-romana| |Vaud | 19| 4º| 3º| 213,606| Francesa |Evangélica | |Valles | 20| 3º| 11| 90,880| id. |Catª-romana| |Neuchâtel | 21| 14| 13| 87,847| id. |Evangélica | |Ginebra | 22| 21| 14| 83,345| id. | id. | ———————————————————————————————————- [27] No incluyo aquí la raza judáica, porque está disemeninada en casi todos los cantones, en proporciones muy reducidas ó insignificantes.
[28] Obwalden, 13,399; Nidwalden, 11,561.
[29] Basilea-Ciudad, 41, 251, Basilea-Campaña, 51, 773.
[30] Exterior, 48,604; Interior, 12,020.
Ahora, si se atiende á la proporcion en que se encuentran las razas y las religiones, tendremos los siguientes resultados generales:
RAZAS, POR CANTONES.
Germánicas puras 14 cantones Latinas (francesa é italiana) 4 " Mixtas (es decir, con poblacion germánica y francesa, ó romano-germánica) 4 "
La proporcion numérica de las razas en toda la Confederacion es la siguiente:
Germánicas 1,743,519 almas Latinas 791,792 —————- 2,535,341
INDUSTRIAS.
La poblacion total de Suiza está distribuida, en cuanto á su condicion económica, del modo siguiente:
En la agricultura, la ganadería y el corte de maderas 1,900,000 individuos En el comercio 140,000 En la industria 150,000 Artes, oficios, empleos, fuerza permanente, trasportes, etc. 315,311 —————- Total 2,535,341
Tomando el término medio de las diversas estimaciones que se han hecho de la extension superficiaria de Suiza (unos 40,000 kilómetros cuadrados) resulta la proporcion média de 63 habitantes por kilómetro cuadrado; pero si se tiene en cuenta que los rios, lagos, nevados y montañas inhabitables ocupan por lo ménos 2/5 partes de la superficie, se encuentra la proporcion de 105—65 hab. por kilóm. cuadrado, densidad de primer órden, que explica en gran parte los progresos de Suiza, al mismo tiempo que la persistencia de su corriente de emigracion.
RELIGIONES.
Esa misma poblacion se halla distribuida, por razón de las comuniones religiosas, del modo siguiente, en números redondos:
Evangelistas, ó protestantes calvinistas, ó reformados 1,492,737 Católico-romanos 1,039,304 Israelitas 3,500
Como se ve, las dos razas principales de Europa, segun las modernas denominaciones generales, que han vivido en profundo antagonismo durante muchos siglos, por no decir durante toda la era cristiana, coexisten en Suiza sin lucha ni colision alguna en el momento actual. Del mismo modo subsisten en el territorio comun de la Confederacion las dos grandes religiones enemigas (consideradas en lo esencial) en que está dividido el mundo cristiano. Pero ¿de qué manera se han distribuido esas razas en el territorio y se han implantado en ellas la iglesia evangelista y la católica-romana? Ningún principio perceptible, ninguna regla ha presidido á ese fenómeno de clasificacion social.
La industria, la agricultura y el comercio han tenido que ajustarse en Suiza, como es inevitable, á las leyes de la topografía, superponiéndose ó concentrándose por zonas, según las facilidades que les ofrecen los climas, la composicion del suelo, lo elementos de navegacion y comunicaciones terrestres, etc. Así, nada es mas natural que la existencia de ciudades comerciales é industriales á orillas del Ródano y el Rin ó de los grandes lagos, la floreciente agricultura de las planicies y los valles, la explotacion de los bosques y praderas de las altas regiones montañosas, y la aclimatacion de ciertas industrias artísticas (como la fabricacion de relojes é instrumentos) allí donde el suelo, por su estrechez ó su pobreza, no es favorable á los trabajos agrícolas en escala considerable.
Pero en punto á religion los fenómenos que se observan en Suiza parecen desmentir todas las reglas que algunos escritores han pretendido establecer acerca de la relacion natural entre la índole y las tradiciones de las razas y la índole de las religiones que les convienen. En efecto, juzgando por los hechos generales en Europa, se ha dicho que las razas latinas tienen instintos esencialmente católicos ó romanos y son las mas accesibles á esa religion, miéntras que las razas germánicas son mas congénitas del protestantismo. Y en realidad se nota la doble coincidencia de que las primeras obran colectivamente en lo politico y social bajo el principio de autoridad, en tanto que las germánicas tienen tendencias de fuerte individualismo, según el principio de libertad, que se acomoda muy bien á los sistemas protestantes.
En Suiza es precisamente la raza germánica la que constituye la fuerza principal del catolicismo romano (en los cantones del lago de Lucerna, San-Gall, Friburgo, Solera, etc.), miéntras que las razas latinas son protestantes en su gran mayoría, formada por la poblacion de Vaud, Neuchâtel, Ginebra y los Grisones. Las religiones se han distribuido sin seguir ningún principio geográfico, y solo en virtud de causas artificiales, y se las ve entremezcladas en todo el territorio, ó separadas en algunas partes por fronteras invisibles ó completamente imaginarias. Así, la fidelidad de cada fraccion á su creencia respectiva no es mas que el resultado de la influencia poderosa, irresistible, que ejercen las tradiciones sobre los pueblos relativamente sedentarios ó confinados por la naturaleza á vivir dentro de los límites de un territorio particular.
Sea de esto lo que fuere, lo que importa averiguar es la causa determinante de esa coexistencia ó armonía que subsiste en Suiza entre las muy distintas razas y religiones que predominan en el país. Allí viven en paz y fraternalmente el montañes y el habitante de los valles y las planicies, el franco-italiano y el aleman, el católico y el protestante; como viven en paz el Canton y la Confederacion, el individuo y la municipalidad. ¿A qué atribuir esa feliz situacion, que contrasta con el antagonismo en que viven las razas, las religiones, las clases sociales y los intereses en la mayor parte de los Estados europeos? No encuentro una explicacion satisfactoria sino en la organizacion política y social de Suiza, que en el fondo no es otra cosa que un conjunto armonioso de confederaciones libres eslabonadas en tres escalas. La Confederacion nacional es una república democrática cuyos miembros ó individuos se llaman cantones, todos iguales en derechos y deberes, todos libres y gozando de personalidad ó autonomía completa en sus negocios particulares. Cada Canton es una confederacion ó república democrática de distritos, tambien libres, autónomos é iguales entre sí, verdaderas repúblicas de 500—2,000—5,000 ó mas almas, en la mayor parte de los cantones, ó cuando ménos favorecidas por un régimen municipal muy liberal. Por último, cada distrito (que en muchos de los cantones parece mas bien una gran familia que una entidad política) es una confederacion de vecinos libres, iguales, cuyo concurso simultáneo es indispensable para toda disposicion colectiva, y que gozan de autonomía real y efectiva en sus negocios personales.
Esa triple escala de confederaciones ha sido prodigiosamente fecunda en bienes de todo género. Todas las razas y religiones han podido subsistir con seguridad y concurrir, según su genio particular, á la obra comun del progreso. Todas las formas del gobierno propio han podido tener aplicacion y ponerse á prueba para que los resultados, permitiendo la comparacion, hiciesen conservar lo bueno y desechar lo malo. Todas las industrias, todas las fuerzas y los intereses sociales han podido desarrollarse simultáneamente y, gracias al espíritu de emulacion consiguiente á la libertad autonómica, erizar á Suiza de bellas ciudades, fábricas activas, excelentes caminos, institutos de todo género, ferrocarriles, vapores, esmerados cultivos y mil manifestaciones de vitalidad y progreso.
Las instituciones de Suiza han reposado por punto general en un principio fecundo: la armonía entre el derecho individual y la iniciativa ó autoridad colectiva. De este modo les gobiernos cantonales, municipales y federal han atendido eficazmente á todos los objetos de interes comun que exigen grandes esfuerzos colectivos,—al propio tiempo que los individuos han tenido siempre un vasto y libre campo donde ejercer su iniciativa y actividad personal. Esa libertad de que los Suizos han gozado y gozan ha producido dos grandes resultados: en primer lugar, cada suizo, sintiéndose libre y con dignidad, ha nutrido en su corazon el mas profundo y altivo sentimiento de patriotismo y fidelidad á la nacion, al canton y al distrito, en virtud del cual está pronto siempre á defender la patria y consagrarle su vida. Por eso la Suiza, en un dia de peligro, puede presentar en batalla 100,000 soldados que no están gravando su tesoro, y una reserva de 200,000 que forman la milicia de los cantones. Es inexacto decir que la Suiza se compone de varias razas y comuniones religiosas separadas; en realidad allí no hay mas que una raza: la de los hombres libres,—ni mas que un culto: el del patriotismo.
En segundo lugar, como ningún producto natural del país está monopolizado[31], y el ciudadano es libre en su conciencia y su pensamiento,—libre para trabajar, viajar, asociarse, etc.,—la accion del interes individual ha hecho prodigios donde quiera en servicio de la riqueza y todos los elementos de la civilizacion. Y digo prodigios intencionalmente, porque en ningún país de Europa el hombre ha tenido que luchar con tantos obstáculos como en Suiza, donde el suelo es un cáos y la fertilidad poco notable, y donde la nacionalidad se ha visto amenazada siempre por vecinos poderosos en antagonismo constante.
[31] Los únicos artículos monopolizados en Suiza son: la pólvora y, en algunos cantones, la sal extranjera. Varios gobiernos se reservan los aseguros contra incendios y la amonedacion, y los correos y diligencias casi totalmente.
Terminaré haciendo una observacion general que manifiesta cuánto las condiciones particulares de la Suiza se prestan al estudio comparativo de las razas y su civilizacion. Donde quiera noté en ese país, en las mesas de los hoteles como en los cafés, en los paseos y lugares públicos lo mismo que en las diligencias, los vapores y los ferrocarriles, la influencia benéfica que ejercen los cruzamientos de las razas, cuando ellos son el resultado de relaciones libres y de un contacto natural y espontáneo. Las razas que así se cruzan, léjos de degenerar mejoran notablemente, perdiendo mucho de sus defectos y fortaleciendo y puliendo sus cualidades, sin privarse por eso de toda su originalidad. El Aleman de Suiza es mucho ménos nebuloso que el de la verdadera Alemania, mucho mas práctico, demócrata, generoso y accesible al progreso; miéntras que el Suizo de raza francesa es mucho mas formal, mas celoso de su personalidad, mas positivamente liberal y emprendedor que el Frances puro (habituado siempre á recibir toda impulsion de la autoridad, á buscar la tutela del gobierno para todo). El libre contacto de las dos razas, favorecido por la emulacion y las instituciones democráticas, ha producido una feliz combinacion de las cualidades generosas y el espíritu lógico y claro del Frances, con la tenacidad, el sentimiento de personalidad, y la fidelidad á las tradiciones que distinguen á las razas germánicas.
Sinembargo, salta á la vista la diferencia profunda de las dos razas en materia de gusto, si se observan con atencion las ciudades de los dos tipos, tales como Ginebra y Zuric. El espiritualismo aleman es mas bien de fantasía ó imaginacion y exagerado que práctico y natural. Sueña con éxtasis, perdido en las nebulosas, adora la música y la poesía; y sinembargo se distingue por su mal gusto. Cuando sueña es teniendo delante un enorme jarro de cerveza y dos kilógramos de pan; fuma brutalmente; come con voracidad y glotonería, y en todas sus manifestaciones es inculto, pero con candor y sin caer en cuenta de su mal gusto. El Suizo aleman no le va en zaga, contrastando en todo lo que es asunto de finura, gusto y elegancia con el suizo ginebrino, neuchatelés ó vaudense. Sinembargo, la sencillez, la sinceridad cruda pero noble, y las cualidades morales y de actividad económica que adornan al honrado Suizo aleman, hacen que el viajero le disimule con benevolencia las asperezas de una corteza que encubre sérias y estimables virtudes.
Por lo que hace á los negocios colectivos, los resultados no han sido ménos felices. Aglomerados en confederacion los veintidos cantones, algunos de territorio microscópico, han comprendido que para mantenerse en el rango de Estados, bajo el pié de igualdad, necesitaban rivalizar en progresos, consagrándose con noble emulacion á la obra de su engrandecimiento;—haciendo mucho, sin embarazar la accion individual. De ahí esa prodigiosa abundancia de museos, bibliotecas, colecciones científicas, hospicios y hospitales, colegios, escuelas especiales y escuelas primarias[32] que se encuentra en Suiza; de ahí tambien la excelencia de las carreteras que surcan el país en todas direcciones, la multiplicidad de ferrocarriles, el buen servicio de correos y telégrafos, y el esmero que se tiene porque las oficinas y los establecimientos públicos tengan una residencia material digna y agradable.
A este propósito haré notar que el pueblo suizo, esencialmente práctico en todo, pero muy accesible á las reformas generosas que pasan por utopias en otros países, no obstante su palpable conveniencia, es el primero que en Europa ha ensayado el mejor de los sistemas penitenciarios de los Estados Unidos. Las modestas pero muy suficientes y bien mantenidas penitenciarias de Ginebra, Losana y San-Gall, y las casas de detencion de esas ciudades y de Berna, Basilea, Zuric, etc., son verdaderos modelos en su clase. En la gran mayoría de los cantones subsiste la pena capital, pero su aplicacion es muy rara.
[32] Recordaré que en casi todos los cantones es obligatoria la instruccion primaria, y que el solo canton de Berna tiene 1,700 escuelas populares.
Ademas de las grandes formalidades que para decretarla se requieren en casi todos los cantones, y particularmente en el de Unterwalden, la conciencia popular rechaza su aplicacion. Así, cuando se suele cometer un crímen capital, casi siempre se adopta la conmutacion, en términos que en Suiza es fenomenal el odioso espectáculo de una ejecucion. Casi está por demas decir que allí ningún delito político tiene asignada la pena capital, barbarie que subsiste en gran parte de la Europa civilizada.
Si esos rasgos hacen honor al carácter y la moralidad de los Suizos, hay otros dos, uno positivo y otro negativo, no ménos generales y estimables: me refiero á los hábitos hospitalarios y la ausencia de mendigos. Todo el mundo sabe que la Suiza, como país libre, neutral y central en Europa, es clásico en materia de hospitalidad. Allí encuentra el proscrito político simpatías, proteccion y asilo, particularmente en Ginebra, Zuric, Berna, Basilea, San-Gall y Losana, y no pocas veces sus gobiernos han probado su energía resistiendo á las exigencias de poderosos gobiernos implacables en la persecucion. En cuanto á la mendicidad, la organizacion comunal la evita con su prevision, la libertad del trabajo la conjura, la ley la prohibe severamente y la emulacion de los cantones la desacredita. No he visto algunos mendigos sino en Friburgo, que fué el cuartel general de frailes y jesuitas.
Por lo que hace á manifestaciones materiales, no omitiré indicar algunas que me parecen características del pueblo suizo, y que son signos siempre seguros de bondad, moralidad, buen gusto y dignidad. Ya he dicho que la pulcritud es general, sobre todo en las localidades protestantes. Agréguese á ese rasgo: la extraordinaria abundancia de jardines, de fuentes públicas en los poblados y los caminos, de arboledas para sombrear y adornar las plazas y calles, los paseos y las vias de comunicacion dilatadas, objetos por los cuales, así como por los museos, bibliotecas, etc., manifiestan mucho interes los Suizos. Nótese tambien que donde quiera las heredades están apénas separadas por insignificantes setos ó demarcaciones, cuando no enteramente continuas, ó apénas demarcadas por hileras de árboles, lo que indica un gran respeto por la propiedad; y que los cementerios se muestran en todas partes abiertos y respetados por todo el mundo con exquisita consideracion, lo que indica moralidad, índole candorosa y la conciencia general de que el interes comun es la mejor garantía de las cosas públicas, sin necesidad de que los gendarmas ó gentes de policía se muestren en legiones numerosas é impertinentes.
La propiedad territorial, semoviente y urbana está muy dividida en Suiza, lo cual explica la existencia de tantas pequeñas fortunas que aseguran al individuo un bienestar modesto pero sólido, y con él la independencia, la dignidad y la moralidad. Sin duda que á esa circunstancia, combinada con el hábito de la division del trabajo, la habilidad en el cultivo y la libertad económica de los ciudadanos, debe atribuirse la baratura de la vida en Suiza, de la cual no se debe juzgar por el alto precio de los servicios que se le prestan al viajero. Necesariamente han de ser caros ciertos hoteles en las regiones montañosas, así como el servicio de guias, caballos y mulas, y las curiosidades artísticas, porque las gentes que especulan con las visitas de extranjeros tienen que indemnizarse en cuatro ó cinco meses de los sacrificios de todo el año. La baratura de la vida, en un país activo, civilizado y donde hay abundancia de todo, es una prueba evidente de los beneficios de la libertad y la autonomía, y de las buenas cualidades de los habitantes.
Me alejé de Suiza con pesar, porque ese país admira y seduce en todos sentidos; y si llevaba en el corazon una simpatía, habia fortificado profundamente mis convicciones, mediante la observacion imparcial ó desprevenida de los hechos. Ese bello pais, tan curioso y original en todos sus rasgos prominentes, que ha hecho tan grandes progresos con sus instituciones republicanas, en medio de tantas monarquías, particularmente despues de la revolucion radical de 1846 á 48, me ofreció pruebas irrefutables de esta gran verdad: que la mas práctica, sólida y fecunda solucion de los problemas sociales, porque es la mas justa, natural y sencilla, es la de la LIBERTAD, en todas las esferas y respecto de todas las manifestaciones de la actividad humana!
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