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Viage al Parnaso

ADJUNTA AL PARNASO.

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ADJUNTA AL PARNASO.

Algunos dias estuve reparandome de tan largo viage, al cabo de los quales salí á ver y á ser visto, y á recebir parabienes de mis amigos, y malas vistas de mis enemigos, que puesto que pienso que no tengo ninguno, todavia no me aseguro de la comun suerte. Sucedió pues que saliendo una mañana del monesterio de Atocha, se llegó á mí un mancebo al parecer de veinte y quatro años, poco mas ó menos, todo limpio, todo aseado y todo crugiendo gorgoranes, pero con un cuello tan grande y tan almidonado, que creí que para llevarle fueran menester los hombros de otro Adlante. Hijos deste cuello eran dos puños chatos, que comenzando de las muñecas, subian y trepaban por las canillas del brazo arriba, que parecia que iban á dar asalto á las barbas. No he visto yo yedra tan codiciosa de subir desde el pie de la muralla donde se arrima, hasta las almenas, como el ahinco que llevaban estos puños á ir á darse de puñadas con los codos. Finalmente la exôrbitancia del cuello y puños era tal, que en el cuello se escondia y sepultaba el rostro, y en los puños los brazos. Digo pues que el tal mancebo se llegó á mí, y con voz grave y reposada me dixo: es por ventura vm. el señor Miguel de Cervantes Saavedra, el que ha pocos dias que vino del Parnaso? A esta pregunta creo sin duda, que perdí la color del rostro, porque en un instante imaginé y dixe entre mí: si es este alguno de los poetas que puse, ó dexé de poner en mi Viage, y viene ahora á darme el pago que él se imagina se me debe? Pero sacando fuerzas de flaqueza, le respondí: yo, señor, soy el mesmo que vm. dice: qué es lo que se me manda? El luego en oyendo esto, abrió los brazos, y me los echó al cuello, y sin duda me besára en la frente, si la grandeza del cuello no lo impidiera, y dixome: vm. señor Cervantes, me tenga por su servidor y por su amigo, porque ha muchos dias que le soy muy aficionado asi por sus obras, como por la fama de su apacible condicion. Oyendo lo qual respiré, y los espiritus que andaban al borotados se sosegaron: y abrazandole yo tambien con recato de no ajarle el cuello, le dixe: yo no conozco á vm. sino es para servirle; pero por las muestras bien se me trasluce que vm. es muy discreto y muy principal: calidades que obligan á tener en veneracion á la persona que las tiene. Con estas pasamos otras corteses razones, y anduvieron por alto los ofrecimientos, y de lance en lance me dixo: vm. sabrá, señor Cervantes, que yo por la gracia de Apolo soy poeta, ó á lo menos deseo serlo, y mi nombre es Pancracio de Roncesvalles. Miguel. Nunca tal creyera, si vm. no me lo hubiera dicho por su mesma boca. Pancracio. Pues porqué no lo creyera vm? Mig. Porque los poetas por marabilla andan tan atildados como vm. y es la causa, que como son de ingenio tan altaneros y remontados, antes atienden á las cosas del espiritu, que á las del cuerpo. Yo, señor, dixo él, soy mozo, soy rico, y soy enamorado: partes que deshacen en mí la flogedad que infunde la poesia: por la mocedad tengo brio; con la riqueza con que mostrarle: y con el amor con que no parecer descuidado. Las tres partes del camino, le dixe yo, se tiene vm. andadas para llegar á ser buen poeta. Pan. Quales son? Mig. La de la riqueza y la del amor. Porque los partos de los ingenios de la persona rica y enamorada son asombros de la avaricia, y estimulos de la liberalidad, y en el poeta pobre la mitad de sus divinos partos y pensamientos se los llevan los cuidados de buscar el ordinario sustento. Pero digame vm. por su vida: de qué suerte de menestra poetica gasta ó gusta mas? A lo que respondió: no entiendo eso de menestra poetica. Mig. Quiero decir que á qué genero de poesia es vm. mas inclinado? al lirico, al heroico, ó al comico? A todos estilos me amaño, respondió él; pero en el que mas me ocupo, es en el comico. Mig. Desa manera habrá vm. compuesto algunas comedias. Pan. Muchas, pero solo una se ha representado. Mig. Pareció bien? Pan. Al vulgo no. Mig. Y á los discretos? Pan. Tampoco. Mig. La causa? Pan. La causa fue, que la achacaron que era larga en los razonamientos, no muy pura en los versos, y desmayada en la invencion. Tachas son estas, respondí yo, que pudieran hacer parecer mal á las del mesmo Plauto. Y mas, dixo él, que no pudieron juzgalla, porque no la dexaron acabar segun la gritaron. Con todo esto la echó el autor para otro dia: pero porfiar, que porfiar: cinco personas vinieron apenas. Creame vm. dixe yo, que las comedias tienen dias, como algunas mugeres hermosas: y que esto de acertarlas bien, va tanto en la ventura, como en el ingenio: comedia he visto yo apedreada en Madrid, que la han laureado en Toledo: y no por esta primer desgracia dexe vm. de proseguir en componerlas, que podrá ser que quando menos lo piense, acierte con alguna que le dé credito y dineros. De los dineros no hago caso, respondió él; mas preciaria la fama, que quanto hay: porque es cosa de grandisimo gusto, y de no menos importancia ver salir mucha gente de la comedia, todos contentos, y estar el poeta que la compuso á la puerta del teatro, recibiendo parabienes de todos. Sus descuentos tienen esas alegrias, le dixe yo, que tal vez suele ser la comedia tan pesima, que no hay quien alce los ojos á mirar al poeta, ni aun él pára quatro calles del coliseo, ni aun los alzan los que la recitaron, avergonzados y corridos de haverse engañado y escogidola por buena. Y vm. señor Cervantes, dixo él, ha sido aficionado á la caratula? ha compuesto alguna comedia? Sí, dixe yo: muchas, y á no ser mias, me parecieran dignas de alabanza, como lo fueron: Los Tratos de Argel: La Numancia: La gran Turquesca: La Batalla Naval: La Gerusalen: La Amaranta ó La del Mayo: El Bosque amoroso: La Unica y la vizarra Arsinda, y otras muchas de que no me acuerdo; mas la que yo mas estimo, y de la que mas me precio, fue y es, de una llamada La Confusa, la qual, con paz sea dicho de quantas comedias de capa y espada hasta hoy se han representado, bien puede tener lugar señalado por buena entre las mejores. Pan. Y agora tiene vm. algunas? Mig. Seis tengo con otros seis entremeses. Pan. Pues porqué no se representan? Mig. Porque ni los autores me buscan, ni yo les voy á buscar á ellos. Pan. No deben de saber que vm. las tiene. Mig. Sí saben, pero como tienen sus poetas paniaguados, y les va bien con ellos, no buscan pan de trastrigo; pero yo pienso darlas á la estampa, para que se vea de espacio lo que pasa apriesa, y se disimula, ó no se entiende quando las representan; y las comedias tienen sus sazones y tiempos coma los cantares. Aqui llegabamos con nuestra platica, quando Pancracio puso la mano en el seno, y sacó dél una carta con su cubierta, y besandola, me la puso en la mano: leí el sobrescrito y vi que decia desta manera.

A Miguel de Cervantes Saavedra, en la calle de las Huertas, frontero de las casas donde solia vivir el Principe de Marruecos, en Madrid. Al porte: medio real, digo diez y siete maravedis.

Escandalizome el porte, y de la declaracion del medio real, digo diez y siete. Y volviendosela le dixe: estando yo en Valladolid llevaron una carta á mi casa para mí, con un real de porte: recibióla y pagó el porte una sobrina mia, que nunca ella le pagára; pero dióme por disculpa, que muchas veces me havia oido decir que en tres cosas era bien gastado el dinero: en dar limosna, en pagar al buen medico, y en el porte de las cartas ora sean de amigos, ó de enemigos, que las de los amigos avisan, y de las de los enemigos se puede tomar algun indicio de sus pensamientos. Dieronmela, y venia en ella un soneto malo, desmayado, sin garbo, ni agudeza alguna, diciendo mal del Don Quixote, y de lo que me pesó, fue del real, y propuse desde entonces de no tomar carta con porte: asi que, si vm. le quiere llevar desta, bien se la puede volver, que yo sé que no me puede importar tanto como el medio real que se me pide. Riose muy de gana el señor Roncesvalles, y dixome: aunque soy poeta, no soy tan misero que me aficionen diez y siete maravedis. Advierta vm. señor Cervantes, que esta carta por lo menos es del mesmo Apolo: él la escribió no ha veinte dias en el Parnaso, y me la dió para que á vm. la diese. vm. la lea, que yo sé que le ha de dar gusto. Haré lo que vm. me manda, respondí yo: pero quiero que antes de leerla, vm. me le haga de decirme, como, quando, y á qué fue al Parnaso? Y él respondió: como fui, fue por mar, y en una fragata que yo y otros diez poetas fletamos en Bercelona: quando fui, fue seis dias despues de la batalla que se dió entre los buenos y los malos poetas: a que fui, fue á hallarme en ella por obligarme á ello la profesion mia. A buen seguro, dixe yo, que fueron vms. bien recebidos del señor Apolo. Pan. Sí fuimos, aunque le hallamos muy ocupado á él, y á las señoras Pierides, arando y sembrando de sal todo aquel termino del campo donde se dió la batalla. Preguntéle para qué se hacia aquello, y respondióme, que asi como de los dientes de la serpiente de Cadmo havian nacido hombres armados, y de cada cabeza cortada de la Hidra que mató Hercules, habian renacido otras siete, y de las gotas de la sangre de la cabeza de Medusa se havia llenado de serpientes toda la Libia; de la mesma manera de la sangre podrida de los malos poetas que en aquel sitio havian sido muertos, comenzaban á nacer del tamaño de ratones otros poetillas rateros, que llevaban camino de henchir toda la tierra de aquella mala simiente, y que por esto se araba aquel lugar, y se sembraba de sal, como si fuera casa de traidores. En oyendo esto, abri luego la carta, y vi que decia.

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