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Suma y narracion de los Incas, que los indios llamaron Capaccuna, que fueron señores de la ciudad del Cuzco y de todo lo á ella subjeto

ÍNDICE DE CAPÍTULOS. (continued 2)

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Y luego mandó que todos los prisioneros fuesen traidos delante de sí; á los cuales, como allí fuesen, les preguntó ¿qué habia sido la causa, constándoles que era su poder grande, que con él hiciesen otra vez batalla? Y siendo allí entre los prisioneros que allí fueron habidos los cuatro capitanes de Uscovilca que habian ido á descubrir, como ya la historia os ha contado, [dijeron, respondieron?] que la causa que les movió hacer la junta que hicieron en dar aquella batalla, que fué haber visto que su ventura era grande en las jornadas que habian andado é tierras que habian conquistado, dándole allí razon de las batallas y recuentros que en tal jornada cada uno dellos habia habido, y que en ninguna de ellas nunca habian habido desgracia, sino que siempre habian sido victoriosos; y como esto les hubiese acaescido, teniendo que siempre su vitoria estaba en pié, que habian querido dar aquella batalla, pensando restaurar aquella pérdida de su Señor y vengar su muerte. Á lo cual respondió Inca Yupanqui, que lo habian mirado mal, é que si fueran gentes de entendimiento, que habian de presumir, que si habian habido vitoria por la tierra que le decian que habian andado, que habian de considerar que la habian habido en ventura de su Señor Uscovilca, que en la tal demanda los habia inviado, y que como viesen y hobiesen sabido que su Señor era desbaratado y muerto, que habian de presumir que ya les era acabada la ventura, y que él ni ellos no la tenian ya; y que para que ellos fuesen castigados y otros mirasen é oyesen, que en aquel sitio serian castigados ellos y todos los demás; é porque no fuesen otra vez [á] hacer gente, la cual á él le desasosegase y fuesen causa ellos de que otros questaban inocentes de se hallar en semejantes casos por donde perdiesen las vidas, como habia sido muy muchos que ellos [á] aquella junta habian hecho juntar, que en aquel sitio serian castigados. Y ansí, los mandó llevar de delante de sí, y que en el sitio do la batalla se diera, y para que della hobiese memoria, en presencia de todos los de su campo mandasen hincar muchos palos de los cuales fuesen ahorcados, y despues de aderezados [ahorcados], les fuesen cortadas las cabezas y puestas en lo alto de los palos; y que sus cuerpos fuesen allí quemados y hechos polvos, y desde los cerros más altos fuesen aventados por el aire, para que desto hobiesen memoria. Y ansí mismo mandó que ninguno fuese osado de enterrar ningun cuerpo de los enemigos que ansí habian muerto en la batalla, porque fuesen comidos de zorros y aves y los gusanos [huesos] de los tales fuesen allí vistos todo el tiempo. Todo lo cual fué hecho generalmente en la manera que habeis oido.

Y esto acabado, mandó hacer Inca Yupanqui que se recogiese todo el despojo y joyas de oro y plata que en el tal despojo se habia habido, todo lo cual fué fecho; y traido delante dél y visto por él, mandó que ansí junto como estaba, lo llevasen á la ciudad del Cuzco, donde lo pensaba repartir y dar á sus amigos. Todo lo cual fué ansí llevado á él y se partió juntamente con ello para la ciudad del Cuzco, donde, llegado que fué, dió y repartió el tal despojo á los suyos, dando á cada uno lo que le paresció que le bastaba y conforme á la calidad de su persona. Y esto hecho y repartido, mandó que de su ropa é grandes ganados que en la ciudad habia, [é] de otros bastimentos, mandó (así) que le fuese allí traido cierta cantidad, la que á él le parescia que á todos bastase; todo lo cual ansí traido, mandó á sus capitanes que lo repartiesen entre toda su gente; todo lo cual fué repartido.

Y hechas estas mercedes y otras muy muchas más que á sus capitanes él hizo, mandó que se fuesen á sus tierras á descansar, y agradecióles el favor y ayuda que le habian dado, y ansí se fueron todos, é Inca Yupanqui quedó en su ciudad con los suyos. É al tiempo que dél se despedian los tales señores para se ir á sus tierras, le rogaron que los quisiese rescibir debajo de su amparo y merced y por sus tales vasallos, é que querian tomase la borla del Estado y ser de Inca; todo lo cual les agradesció Inca Yupanqui y respondióles, que al presente era vivo su padre y Señor, y que no era justo que mientras su padre viviese, él tomase la borla del Estado; que si al presente estaba allí, que era porquél era capitan de su padre; y que les rogaba dos cosas que por él hiciesen, que era la una, que de allí, ansí como iban, fuesen á do su padre estaba y le respetasen y hiciesen lo que él les mandase como tal Señor que era; y ellos dijeron que ansí lo harian. É que la otra era, que le tuviesen á él por su tal amigo y hermano, y que cada y cuando que por él les fuese inviado á les rogar, que lo hiciesen; y ellos dijeron que ellos no tenian otro Señor sino era él, y como á sus tales vasallos, de ellos podia hacer aquello que bien le estuviese; y él se lo agradeció.

Y ansí, se partieron[32], y Inca Yupanqui se quedó en la ciudad, y los tales señores caciques se fueron de allí derechos do Viracocha Inca estaba; y despues de le haber hecho su debido acatamiento, como Inca Yupanqui se lo habia mandado, le dijeron cómo Inca Yupanqui los inviaba allí a que viesen en qué era servido que ellos le sirviesen; y como Viracocha Inca los viese delante de sí y tan gran multitud de señores y de tanto poder, holgóse mucho de ello, porque dellos tenia gran necesidad al presente, para que le favoresciesen con algun tanto de sus rentas, para edificar aquel pueblo que allí queria hacer; é díjoles que fuesen muy bien venidos, é levantóse de su asiento y abrazólos á todos y tornóse á sentar en su silla, y mandólos á todos que ansí se sentasen; y mandó que sacasen muchos vasos de chicha, y que les diesen á beber; y luego les hizo sacar mucha cantidad de coca, una yerba preciada que ellos siempre traen en la boca, la cual yerba la historia adelante dirá. Y ansí repartida entre aquellos señores, levantóse en pié Viracocha Inca, [y] considerando, que pues su hijo le inviaba aquellos señores y ellos tanto le amaban y le querian por Señor, que era justo que él ansimismo en ello les animase, les hizo cierta oracion, por la cual él de su parte les agradescia lo que por él y por su hijo habian hecho, y que ya sabian y habian oido decir que él hasta allí habia sido Señor del Cuzco, é que él se habia salido dél por causas que para ello le movieron; y que de allí adelante Inca Yupanqui, su hijo, habia de ser Señor en la ciudad del Cuzco, y que á él obedeciesen y respetasen, como su tal Señor, y que él desde allí se desestia de la insignia y borla real y la ponia en la cabeza de su hijo Inca Yupanqui. Todo lo cual oido por los señores, se levantaron en pié, y uno á uno fueron á él y le dieron grandes gracias, y mostraron que rescibian en gran merced ellos el hecho del tal desistirse de la tal dignidad y darla á su hijo Inca Yupanqui, que ellos tanto amaban é querian por Señor; y esto hecho, se tornaron á sentar.

Y Viracocha Inca les rogó, que por cuanto él queria allí en el peñol do estaba edificar un pueblo, y que para ello tenia necesidad de su ayuda y gente, que les rogaba que tuviesen por bien de darle aquella ayuda; á lo cual le respondieron aquellos señores, que ellos habian venido allí para que él viese lo que ellos le pudiesen hacer algun servicio, como su Señor Inca Yupanqui se lo habia mandado; é que aquello y otra cualquier cosa que él mandarles quisiese estaban prestos de lo hacer; que les dijese el tiempo y mes en que queria comenzar [á] hacer su obra, para que ellos inviasen allí sus principales é indios para que entendiesen en la hacer y hiciesen los tales edificios; y que él, entretanto, diese la traza del tal pueblo, y hiciese hacer de barro la figura de los tales edificios, que ellos le inviarian allí maestros que los supiesen bien hacer, ansí de cantería, como de la manera quél los quisiese. Y Viracocha Inca su hijo (así) se lo agradeció á todos ellos, y luego mandó sacar muchas cosas, como fueron hondas y petacas de coca, y ciertas piezas de ropa fina y otras muchas cosas entre ellos muy preciadas; todas las cuales fueron traidas delante dél, y siendo, él allí mesmo por sus manos las dió y repartió á aquellos señores; y esto hecho, mandóles dar á beber, y que asímesmo les fuese repartida cierta cantidad de coca. Y esto hecho, Viracocha Inca se levantó en pié y les agradeció la voluntad y amor que á él y á su hijo le mostraban y tenian; y díjoles el mes y tiempo en que habian de enviarle sus indios y gentes para que edificasen su pueblo; é ansí, los señores se levantaron en pié, é quedando con él de se los inviar, como dicho tenian, le hicieron su acatamiento, é ansí se despidieron dél; donde le dejaremos, y hablaremos de Inca Yupanqui.

CAP. XI.—En que trata de cómo Inca Yupanqui hizo la Casa del Sol y el bulto del sol, y de los grandes ayunos, idolatrias y ofrecimientos que en ello hizo.

Salidos que fueron aquellos señores caciques de donde Inca Yupanqui estaba, y fueron á do Viracocha Inca estaba, como ya la historia os ha contado, é Inca Yupanqui quedase solo en su ciudad con los suyos, despues de haber reposado dos dias, parescióle que tenian ya ociosidad, é habia tomado por recreacion el ejercer de su persona; é ansí, salió un dia de mañana de la ciudad del Cuzco, é llevando consigo los señores que allí consigo tenia, anduvo aquel dia todas las tierras que en torno de la ciudad eran, y lo mismo hizo otro dia siguiente; [y] despues de las haber bien visto y mirado, vió la mala reparticion é arte que el tiempo que allí su padre estuvo ellas tenian. El tercero dia, tambien ansímismo anduvo mirando, juntamente con los señores, el sitio donde la ciudad del Cuzco estaba fundada, todo lo cual, ó lo más dello, eran ciénagas y maniantales, como ya la historia os lo ha contado, y las casas de los moradores della eran pequeñas y pajizas é mal edificadas y sin proporcion de arte de pueblo que calles tuviese; y bien ansí como es el dia de hoy junto á esta ciudad un pueblo que llaman Cayaucachi, era en aquel tiempo las casas y pueblo que agora es la gran ciudad del Cuzco.

Y como Inca Yupanqui viese tan mal parado este pueblo del Cuzco, é ansímismo las tierras de labranzas que en torno dél eran, parescióle, viendo que tenia tiempo y gran aparejo para de nuevo reedificarla, y que primero que en el pueblo hiciese casa, ni el reparto de las tierras, que seria bien hacer y edificar una casa al sol, en la cual casa pusiesen y fuese puesto un bulto en el lugar do el sol reverenciasen y hiciesen sacrificios; porque, aunque ellos tienen que haya uno que es el Hacedor, á quien ellos llaman Viracocha Pachayachachic, que dice Hacedor del mundo, y ellos tienen que éste hizo el sol y todo lo que es criado en el cielo y tierra, como ya habeis oido; caresciendo de letras, y siendo ciegos del entendimiento en el saber, casí muchos varian en esto en todo y por todo, que unas veces tienen al sol por hacedor, y otras veces dicen que el Viracocha; y por la mayor parte, en toda la tierra y en cada provincia della, como el Demonio les traiga ofuscados, y en cada parte que se les demostraba les decia mil mentiras y engaños, y ansí los traia engañados y ciegos, y en los tales lugares do ansí le vian ponian piedras en su lugar, á quien ellos reverenciaban y adoraban. Y como les dijese unas veces que era el sol, y á otros en otras partes decia que era la luna, y á otros que era su Dios y Hacedor, é á otros que era su lumbre que los calentaba y alumbraba, é que ansí lo verian en los volcanes de Arequipa[33]; en otras partes decia que era el Señor que habia dado el ser al mundo, y que se llamaba Pachacama, que dice, Dador de ser al mundo; y ansí los traya, como tengo dicho, engañados y ciegos.

Y volviendo á nuestra historia, este Señor Inca Yupanqui, como quisiese hacer casa y adoratorio á quien él reverenciase y los demás de su pueblo, quiriendo lo hacer á reverencia y semejanza del que habia visto ántes de su batalla, y considerando él quel que ansí viera, á quien él llamaba Viracocha, que le vió con gran resplandor, segun ellos dicen, y en tanta manera que le paresció que todo el dia era allí delante dél y su lumbre, lo cual viendo delante de sí, dicen que hubo gran pavor, y que nunca le dijo quién fuese; considerando él en sí, cuando esta casa queria edificar, que aquel que viera, segun la lumbre que en él habia visto, que debia de ser el sol, y que como llegase á él y la primera palabra que le dijese "Hijo, no tengas temor," y ansí los suyos, como la historia os ha contado, le llamaron despues Hijo del Sol; y tiniendo él ansí lo que ya habeis oido, propuso de hacer esta Casa del Sol.

Y como la propusiese, llamó los suyos y los señores de la ciudad del Cuzco que allí consigo tenia, y díjoles lo que ansí tenia pensado y que queria edificar esta casa; y ellos le dijeron que diese la órden y traza del edificio della, porque tal casa como aquella, ellos, los naturales y propios de la ciudad del Cuzco la debian edificar é hacer; é Inca Yupanqui les dijo que la casa debia ser edificada luego, porque él ansí lo tenia pensado. Y visto por él el sitio do á él mejor le paresció que la casa debia de ser edificada, mandó que allí fuese traido un cordel, y siéndole traido, levantáronse del lugar do estaban él y los suyos, y siendo ya en el sitio do habia de ser la casa edificada, él mismo por sus manos con el cordel midió y trazó la Casa del Sol; y habiéndola trazado, partió de allí con los suyos y fué á un pueblo que dicen Salu[34], que es casi cinco leguas de esta ciudad, ques do se sacan las canteras, y midió las piedras para el edificio desta casa, y ansí medidas, de los pueblos comarcanos pusieron las piedras que les fué señaladas y las que fueron bastantes para el edificio desta casa; y juntamente con esto, trujeron todo lo demás que para el edificio desta era necesario; y siendo ya allí, pusieron por obra el edificio della, bien ansí como Inca Yupanqui la habia trazado y imaginado. Andó él siempre y los demás señores encima de la obra, mirando cómo la edificaban, y ansí él como los demás, trabajaban en el tal edificio; la cual obra, como allí tuviese juntos los materiales y menesteres della, que en breve tiempo fué acabada.

Y como ya fuese acabada esta otra Casa del Sol que habeis oido, mandó Inca Yupanqui que luego fuesen juntas quinientas mujeres doncellas, y como allí fuesen traidas, ofreciólas al sol, para que allí siempre estas tales doncellas sirviesen al sol y estuviesen allí dentro, bien ansí como las monjas son encerradas; y luego, allí, llamando á un señor anciano y natural de la ciudad del Cuzco que á él le pareció que era hombre honesto y de buen exemplo y fama, que estuviese y regiese allí en la Casa del Sol, y que fuese mayordomo del sol y de la tal casa. Y luego mandó que allí fuesen entregados doscientos mozos de servicio del sol; y ansímismo en aquella hora señaló ciertas tierras para el sol, en que sembrasen estos doscientos yanaconas.

Y esto hecho, mandó Inca Yupanqui á los señores del Cuzco que, para de allí á diez dias, tuviesen aparejado mucho proveimiento de maíz, ovejas y corderos, y ansímismo mucha ropa fina, y cierta suma de niños y niñas, que ellos llaman Capacocha, todo lo cual era para hacer sacrificio al sol. Y siendo los diez dias cumplidos y ésto ya todo junto, Inca Yupanqui mandó hacer un gran fuego, en el cual fuego mandó, despues de haber hecho degollar las ovejas y corderos, que fuesen echados en él, y las demás ropas y maíz, ofreciéndolo todo al sol; y los niños y niñas que ansí habian juntado, estando bien vestidos y aderezados, mandólos enterrar vivos en aquella casa, que en especial era hecha para donde estuviese el bulto del sol; y con la sangre que de los corderos y ovejas habian sacado, mandó que fuesen hechas ciertas rayas en las paredes desta casa; todo lo cual hacia y los sus tres amigos é otros; todo lo cual sinificaba una manera de biendecir y consagrar esta casa; en el cual sacrificio andaba Inca Yupanqui y sus compañeros descalzos y mostrando gran reverencia á esta casa y al sol. É ansímismo con la misma gente [sangre?] el Inca Yupanqui hizo ciertas rayas en la cara [á] aquel señor que era señalado por mayordomo desta casa, y lo mismo hizo á aquellos señores, sus tres amigos, y á las mamaconas monjas que para el servicio del sol eran allí. Y luego mandó que todos los de la ciudad, ansí hombres como mujeres, viniesen á hacer sus sacrificios allí á la casa del sol; los cuales sacrificios que ansí la gente comun hizo, fué quemar cierto maíz y coca en aquel fuego que ansí era hecho, entrando cada uno destos uno á uno y descalzos, los ojos bajos; y al salir que ansí salian, despues de haber hecho su sacrificio, á cada uno destos por sí mandó Inca Yupanqui que aquel mayordomo del sol hiciese la raya misma que habeis oido, con la sangre de las ovejas, en los rostros destos que ansí salian, á los cuales les era mandado, que desde aquella hora hasta que el bulto del sol fuese hecho de oro, todos estuviesen en ayuno, y que no comiesen carne ni pescado ni áun guisallo, ni llegasen á mujer, ni comiesen verdura ninguna, y que solamente comiesen maíz crudo y bebiesen chicha, sopena que el que el ayuno quebrantase, fuese sacrificado al sol y quemado en el mismo fuego. El cual fuego mandó Inca Yupanqui que siempre estuviese ardiendo de noche y de dia; la leña del cual fuego mandó Inca Yupanqui que fuese labrada y quemada mientras al ídolo se hiciesen en el fuego sacrificios, los cuales mandó que durante este tiempo hiciesen las mamaconas del sol; las cuales ansímismo estaban en grande ayuno y lo mismo el Inca Yupanqui y los demás señores.

Y esto hecho y proveido, mandó Inca Yupanqui que viniesen allí los plateros que en la ciudad habia, y los mejores oficiales, y dándoles todo aparejo allí en las Casas del Sol, les mandó que hiciese un niño de oro macizo y vaciadizo, que fuese el tamaño del niño del altor y proporcion de un niño de un año y desnudo; porque dicen que aquel que le hablara cuando él se puso en oracion estando en el sueño, que viniera á él en aquella figura de un niño muy resplandeciente, y que él vino á él despues, estando despierto, la noche ántes que diese la batalla á Uscovilca, como ya os he contado, que fué tanto el resplandor que vió que dél resultaba, que no le dejó ver qué figura tenia; y ansí mandó hacer este ídolo del tamaño y figura de un niño de edad de un año; el cual bulto se tardó de hacer un mes, en el cual mes tuvieron grandes sacrificios y ayunos.

Y este bulto acabado, mandó Inca Yupanqui que aquel señor que habia señalado por mayordomo del sol, que tomase el ídolo, el cual le tomó con muchas reverencias, y vistióle una camiseta muy ricamente tejida de oro y lana é de diversas labores, y púsole en la cabeza cierta atadura á uso y costumbre de ellos, y luego le puso una borla segun la del estado de los Señores, y encima della le puso una patena de oro, y en los piés le calzó unos zapatos, uxutas[35] que ellos llaman, ansímismo de oro. Y estando ansí el bulto, llegó Inca Yupanqui á do el bulto estaba, el cual iba descalzo, y como llegase á él, hízole sus mochas[36] y gran reverencia, mostrándole gran respeto; é ansí, tomó el bulto del ídolo en sus manos y llevólo á do era la casa y lugar do él habia de estar; en la cual casa estaba hecho un escaño, hecho de madera y muy bien cubierto de unas plumas de pájaros tornasoles de diversas maneras y colores, de las cuales y con las cuales era muy vistosamente labrado; en el cual escaño puso Inca Yupanqui el bulto del ídolo. Y siendo allí puesto, hizo traer un brasero de oro, y siendo encendido en él fuego, mandóle poner delante del ídolo, en el cual fuego y brasero hizo echar ciertos pajaricos y ciertos granos de maíz, y derramar en el tal fuego cierta chicha; todo lo cual dijo que comia el sol, é que haciendo aquello, le daba de comer; y de allí adelante se tuvo aquella costumbre ordinariamente; lo cual hacia aquel mayordomo dél, ansí como si fuera persona que comiera y bebiera; ansí se tenia especial cuidado de le guisar de comer diversas comidas y maneras de manjares, y ansí las quemaban delante, á la tarde y á la mañana en braseros de oro y plata, en la manera que ya habeis oido. Y dende allí adelante adoraban en aquel ídolo; y no entraban dentro del ídolo donde estaba, sino eran los señores principales, entrando con mucha reverencia y veneracion, los zapatos quitados, y las cabezas bajas; y el Inca Yupanqui entraba sólo, y él mismo por su mano sacrificaba las ovejas y corderos, haciendo él el fuego y quemando el sacrificio. Y cuando él ansí estaba haciendo el sacrificio, ningun señor osaba entrar dentro, y todos se quedaban en el patio, y allí hacian ellos fuera sus sacrificios y sus mochas y adoramientos. Y para en que la gente comun adorasen allá fuera, porque no habian de entrar allá dentro si no fuesen señores, y éstos en el patio, hizo poner en medio de la plaza del Cuzco, donde agora es el rollo, una piedra de la hechura de un pan de azúcar, puntiaguda para arriba y enforrada de una hoja de oro; la cual piedra hizo ansímismo labrar el dia que mandó hacer el bulto del sol, y esta piedra, para en quel comun adorase, y el bulto, en la Casa del Sol, los señores; la cual casa era reverenciada y tenido en gran reverencia, no solamente el bulto, mas las piedras della y los sirvientes y yanaconas della eran tenidos por cosa bendita y consagrada.

Y al tiempo que la edificaban, estando asentando cierta piedra, quebróse de la juntura de la tal piedra un pedazo como tres dedos en ancho y largo, y mandó Inca Yupanqui que luego fuese allí derretida cierta plata y vaciada de tal manera en la piedra y quebrado della, que viniese al justo de lo que la piedra se quebró; todo lo cual era de cantería, y la juntura de la tal cantería de piedra con piedra era tan sotilmente asentado, que parescia raya hecha con un clavo en una piedra. En la cual se enterraban los señores principales en los patios y aposentos, excepto donde el ídolo estaba; y el dia quel ídolo se puso en la casa, entraron en la ciudad, que no lo saben ni pueden inumerarlo, mas que dicen que la vez que ménos ovejas y corderos allí sacrificaron, que pasaba de más de quinientos.

CAP. XII.—En que trata cómo Inca Yupanqui hizo juntar los señores de toda la tierra que hasta allí á él eran subjetos, y cómo fortaleció é hizo repartir las tierras en torno de la ciudad del Cuzco; y cómo hizo hacer los primeros depósitos de comidas é otros proveimientos que para el bien de la república en el Cuzco eran necesarios.

Acabado de dar órden Inca Yupanqui é de haber hecho los ídolos y casas del sol, que habeis oido, mandó en la ciudad del Cuzco que en un cierto dia señalado fuesen juntos en ella todos los señores, caciques y principales que en las provincias y comarcas de en torno de la ciudad del Cuzco vivian y á él habian dado obidiencia, para [por] que tenia ciertas cosas que comunicar con ellos; é oido el mando por los principales del Cuzco, luego inviaron sus orejones por las provincias y comarcas que ya habeis oido, con los cuales inviaban á mandar á los tales señores de ellas el mando que el Inca Yupanqui tenia hecho, y que para aquel dia señalado fuesen todos á la ciudad. Y como los tales señores supiesen el mando que el Inca Yupanqui mandaba, con la más brevedad que posible les fué, se vinieron á la ciudad del Cuzco; y siendo ya todos juntos, Inca Yupanqui les dijo, que ya vian que el sol era en su favor y que no era justo que se contentasen con poco; que le parescia que, porque andando el tiempo la guerra no les daria lugar á hacer sus tierras y repartirlas[37] de la manera que de una vez queria que se repartiesen, que para perpetuamente ellos y sus descendientes sembrasen y se sustentasen, que le parescia que seria bien que cada uno tuviese sus tierras señaladas y conoscidas, para que las sembrasen y aderezasen cada uno dellos con la gente de sus casas y amigos, todo lo cual decia á los señores y moradores de la ciudad del Cuzco. Y ansí, todos juntos, viendo la merced grande que les hacia de darles las tierras que conosciesen para perpetuamente á cada uno de ellos, todos juntos y á una voz le dieron grandes gracias, llamándolo é intitulándolo Intipchuri, que dice "Hijo del sol."

Y luego de allí mandó Inca Yupanqui que todos fuesen á cierto sitio do las tales tierras estaban pintadas, donde, como allí fuesen, dió y repartió las dichas tierras, dando á cada uno de ellos las tierras que le paresció que le bastaban. Y esto hecho, mandó luego que aquellos tres señores sus amigos se las fuesen á repartir á todos los de la ciudad, bien ansí como se las habia dado y señalado, y que esto hecho, volviesen todos ellos delante dél. Y ansí, los señores fueron y dieron y repartieron las tierras, y metieron en las posesiones de ellas á los tales que ansí les fué hecha la dicha merced por el Inca Yupanqui. [¿Mandó?] á los señores caciques que allí estaban, que le trujesen por cuenta cada uno de ellos los indios que allí consigo tenian; y luego los señores caciques le trujeron por quipo, que dice cuenta, la suma de los indios que tenian; y sabido por el Inca Yupanqui los indios que habia, mandó[38] á los señores que luego los repartiesen por casas; y ansí fué hecho. Y mandó que luego otro dia, que cada uno de los del Cuzco, como le habia cabido la suerte de las tierras, saliesen á las aderezar y reparar y hacer sus caños y regaderas, todo lo cual fuese reparado y hecho de piedra de cantería, porque fuese el tal edificio de tal manera hecho, que para perpétuamente durase, mandándoles que pusiesen sus linderos y mojones altos, de tal manera hechos, que nunca se perdiesen, debajo de los cuales mojones y de cada uno dellos fuese puesta cierta carga de carbon, diciendo, que si en algun tiempo se cayese el mojon, que por el carbon que allí se hallase conocerian los linderos de las tales tierras. Y esto proveido, Inca Yupanqui estuvo algunos dias, mientras en el aderezar de las tierras se daba órden, holgándose y recreándose viendo como cada uno trabajaba y aderezaba la parte que le habia cabido, y al que via que con algun trabajo lo hacia, dábale ayuda.

Y como viese que el edificio y reparacion de las tales tierras iba largo y que segun iban los reparos que los tales hacian, y que era edificio que no se podia acabar sin[39] ayuda, mandó que los señores y caciques que allí eran se juntasen en su casa cierto dia, y luego fueron juntos bien ansí como él lo mandó; y siendo allí en su casa, díjoles que habia gran necesidad que en la ciudad del Cuzco hubiese depósitos de todas comidas, ansí de maíz como de aji y frísoles é chochos, y chichas y quínua, y carnes secas, é todos los demás proveimientos y comidas curadas que ellos tienen; y que para aquello habia necesidad que de sus tierras lo mandasen traer. Y luego los señores caciques dijeron que les placia de toda voluntad de lo mandar traer, que mandase que de la ciudad del Cuzco fuesen algunos orejones en compañía de los indios que ansí ellos inviasen, para que en sus tierras les constase á los que allá eran que era su voluntad que el tal proveimiento hiciesen á la ciudad del Cuzco, porque aquel era el primero que ellos hacian, y por ellos muy mucho deseado de hacer el tal servicio á la ciudad del Cuzco y á su Señor Inca Yupanqui. Todo lo cual les fué agradecido por Inca Yupanqui y mandó luego á aquellos señores del Cuzco que proveyesen allá en sus posadas, juntamente con aquellos caciques y señores, los orejones que ansí habian de ir por los pueblos y provincias á juntar y traer las tales comidas y mantenimientos. Y ansí, fueron los señores é sus capitanes é hicieron allá su junta ellos y los caciques, y repartieron lo que cada una provincia habia de traer y contribuir. Y ansí se les repartió á los caciques que allí eran los depósitos que ansí habian de hacer, y se les mandó y señaló el tiempo que de tantos á tantos años se le hiciesen in perpetuum, si por el Inca no les fuese mandado otra cosa; todo lo cual acetaron de hacer los tales caciques, porque entendian que Inca Yupanqui era Señor que sabia bien satisfacer todo servicio que le fuese hecho.

Y luego allí en su junta los señores señalaron los orejones que habian de ir, é ansí mismo los caciques, los principales que con ellos inviaban; é ansí, se partieron estos orejones y principales á traer las tales comidas y proveimientos. Y los señores caciques salieron de su junta y fueron do Inca Yupanqui estaba, al cual le dijeron lo que ansí habian hecho y ordenado, como [á] ellos habian ordenado y avisado, y que los señalase los sitios y lugares do habian de ser hechos los depósitos, porque los que cada uno de ellos habia de hacer, ya entre ellos los tenian repartidos. Y luego Inca Yupanqui les señaló ciertas chapas[40] y laderas de sierras que en torno de la ciudad del Cuzco están y á vista de él, y allí les mandó que luego fuesen edificados los tales depósitos, para que, cuando el tal proveimiento fuese traido, hallasen en qué lo meter. Y luego fueron los señores á los sitios que por el Inca les fueron señalados y pusieron por obra y edificio los tales depósitos. Y tardóse en hacer estos depósitos y repartir las tierras cinco años, porque fueron muy muchos los depósitos que hicieron, los cuales mandaba hacer Inca Yupanqui, por tener mucha cantidad de comida y tanta que no le faltase. Y mediante la comida que ansí tuviese, queria edificar la ciudad del Cuzco de cantería y reparar los arroyos que la cercan; y tenia en sí, que teniendo bastimentos en tanta cantidad que no le faltasen, que podia echar la gente que él quisiese [á] hacer y edificar los edificios y casas que ansí reedificar queria.

Y los depósitos hechos y proveidos, y siendo ya las tierras repartidas y acabadas de repartir, Inca Yupanqui mandó juntar los caciques y señores que, en todo lo ya dicho, le habian hecho servicio, y pareciéndole que era justo hacelles algunas mercedes y dalles algun contentamiento, y siendo ansí juntos, dióles y repartióles muchas joyas de oro y plata que mediante aquel tiempo que en la obra estuvieron las habia mandado labrar; y ansímismo les dió á cada dos vestidos de las ropas de su vestir, é á cada uno dellos les dió una señora naturales del Cuzco, de su linaje, para que fuesen cada una destas mujeres principal del cacique á quien ansí le habia dado, é que los hijos que en las tales hubiesen, fuesen herederos de los tales estados é señoríos que sus padres tuviesen; fundándose Inca Yupanqui por el deudo que con ellos por esta vía habia, que nunca ninguno dellos en sus dias se le rebelaria, é que habria entre ellos é de los de la ciudad del Cuzco perpétua amistad y confederacion. Todo lo cual ansí hecho, y visto por los caciques las grandes injurias[41] que les hacia, todos se inclinaron á le besar los piés y á le dar grandes gracias. Á los cuales mandó Inca Yupanqui que se fuesen á descansar á sus tierras, y que dende á un año volviesen á la ciudad del Cuzco, é que en este tiempo, cada uno de ellos en sus tierras hiciesen sembrar muchas sementeras de todas comidas, porque tenia que seria menester, andando el tiempo; é que les encomendaba que en sus tierras no hobiese ociosidad en los mancebos y en las mujeres, porque no fuesen causa las tales ociosidades de tener los suyos resábios de mal ejemplo; que procurasen ejecutar [ejercitar], todo tiempo que no entendiesen en hacer sementeras, en las cosas de guerra, que los [y en los] semejantes ejercicios, como era en saber esgrimir hondas, tirar flechas, jugar con hachas á manera de pelea en batalla, blandir lanzas con rodelas en las manos; todo lo cual habian de hacer en sus tierras los mancebos, haciendo poner tantos á un cabo como á otro. Todo lo cual oido por los caciques, dijeron que ansí lo harian y que los decia lo que era bueno. Y ansí el Inca los despidió, y ellos, haciendo su acatamiento, se salieron y se fueron.

CAP. XIII.—En que trata de cómo se juntaron, despues de un año pasado, los señores caciques, y cómo Inca Yupanqui hizo reparar los dos arroyos que por la ciudad del Cuzco pasan; y cómo casó los mancebos solteros que habia, y cómo dió órden en el proveimiento de comidas que en la ciudad del Cuzco eran necesarias y república dél.

Idos que fueron los caciques á sus tierras, aquel año que los tales caciques habian destar en sus tierras é Inca Yupanqui, mediante este tiempo, que no tuviese que hacer, tomó por ejercicio de irse á cazar, lo cual hacia los más de los dias; y otros dias se andaba por la ciudad mirándola y el sitio della, imaginando él en sí la órden que le habia de dar y el edificio é reedificacion que en ella pensaba hacer, como viese que aquellos dos arroyos que la ciudad tomaban en medio, que eran gran perjuicio en ella; porque, como las lluvias viniesen cada año, ellos venian de avenida, é como ansí viniesen siempre, comian la tierra y se iban ensanchando y metiendo por la ciudad, y via que aquello era perjuicio para la ciudad y para los moradores della, y que para hacer sus edificios y casas que en ella pensaba edificar, que era necesario reparar primero las veras de aquellos dos arroyos, y que éstos reparados, podria edificar todo cualquier edificio sin temor que las tales avenidas se los desluciesen.

Y el año cumplido que á Inca Yupanqui le pareció que ya era tiempo que tales señores comarcanos viniesen, invióles sus mensajeros, por los cuales les inviaba á decir, que ya era tiempo que viniesen á la ciudad, como ya él les habia dicho cuando de allí fueron; y que ansímesmo trujesen todos los más ganados que pudiesen, é comidas é mantenimientos, porque era ya llegado el tiempo que dellos é dello ternia necesidad. Todo lo cual oido por los caciques, como ellos tenian ansímismo en cuidado lo que así les mandara cuando dél se partieron, luego se pusieron en camino, porque ellos ya tenian junto todo aquel menester para traerlo, y ansí estaban ya en camino; con todo lo cual se partieron é vinieron á la ciudad del Cuzco é trujeron consigo toda la más gente que pudieron.

É llegados que fueron á la ciudad del Cuzco, hicieron su acatamiento al Inca en esta manera, porque esta era la usanza que se tenia cuando delante dél se vian: que como delante dél fuesen, alzaban las manos é los rostros al sol, haciéndoles sus mochas é acatamientos, é luego ansímesmo las hacian al Inca no ménos; y las palabras que ansí le decian cuando ansí le saludaban, que le decian: "¡Ah, Hijo del sol amoroso é amigable á los pobres!" Esto dicho, poníanle delante sus presentes que ansí le traian, é luego le sacrificaban ciertas ovejas é corderos delante dél con todo respeto é acatamiento, como á hijo del sol; y esto ansí hecho, el Inca los saludaba diciéndoles que fuesen bien venidos, y preguntándoles si venian buenos é si lo estaban ansímesmo sus tierras. Todo lo cual que habeis oido hicieron estos señores caciques con Inca Yupanqui, cuando delante dél se vieron, y él ansímismo dijo lo que habeis oido. É díjoles que diesen aquello que ansí traian á aquellos señores del Cuzco que allí estaban, é ansí se salieron de do el Inca estaba, y ellos y aquellos señores del Cuzco fueron do los depósitos eran, é pusieron todo el mantenimiento que traian á recaudo.

Y despues de haberse holgado con el Inca é con los señores del Cuzco cinco dias, en sus fiestas é regocijos, Inca Yupanqui les dijo lo que pensaba hacer, é como queria reparar é fortalescer aquellas veras de aquellos dos arroyos que por la ciudad pasaban, contándoles el perjuicio que la ciudad rescebia; y ellos dijeron questaban prestos para hacer todo aquello que por él les fuese mandado; que les dijese la manera quen ello se habia de tener, porque proveerian lo que para ello fuese necesario. É ansí, Inca Yupanqui les señaló los nacimientos de los arroyos, y desde á donde á él le paresció que habian de comenzar los tales fortalecimientos y reparos, hasta la junta de los dos arroyos, que es el remate de la ciudad do ellos llaman Pumachupa [Pumapchupan], que dice "cola de leon"[42]; é de allí mandó que este fortalecimiento é reparo llegase hasta Muyna[43], ques cuatro leguas desta ciudad. É ansí los señores caciques medieron con sus cordones el espacio que habia desde el comienzo de donde Inca Yupanqui [dijo] que comenzasen, hasta la junta de los arroyos; é ansí medido, repartieron entre sí la parte que á cada uno cabia del edificio que ansí habian de hacer; y esto hecho, mandólos Inca Yupanqui que hiciesen traer mucha piedra tosca, porque de piedra tosca habia de ser el reparo, é que la mezcla que habia de entrar entre piedra y piedra, que mirasen que habia de ser un barro pegajoso, que ya que el agua lo mojase, no lo despegase, y que ántes estuviesen las piedras más asidas unas con otras y el agua no comiese la tal mezcla. Y ansí, los caciques dieron órden en buscar el tal barro é mezcla é traer la piedra tosca que ansí les era mandado todo; lo cual ansí traido, comenzaron su edificio. É mandó que este edificio é fortalecimiento llegase hasta la Muyna[44]; porque, como fuese reparado este arroyo de la ciudad de abajo, por donde las tierras é sementeras eran, y á las lluvias viniesen las tales avenidas, este arroyo no rompiese las barrancas é se entrase por las tierras é hiciese mal y daño en los tales sembrados.

Y esto hecho é proveido, mandó á los señores del Cuzco que para cierto dia queria con ellos comunicar cierta cosa que convenia mucho al bien de la ciudad é su república; á los cuales dijo, como ya ansí fuesen juntos, que habia gran necesidad de hacerse depósitos de ropa en cantidad, y que para aquello queria hacer una gran fiesta á los caciques, en la cual fiesta, viendo él que estaban contentos, que se lo queria decir é mandar que ansí lo hiciesen é lo proveyesen de sus tierras. É los señores dijeron que era cosa muy conveniente é bien acordada, que ellos querian dar órden é mandar que se hiciese mucha chicha; y esto hecho é aderezado, hiciéronselo saber al Inca; el cual, como supiese que todo hecho estaba, dijo que otro dia queria que comenzase la fiesta; é ansí mandó llamar todos aquellos caciques señores, é siendo delante dél, les dijo cómo se queria holgar é regocijar con ellos, y ellos lo recibieron á gran merced.

É otro dia de mañana fué traida mucha juncia y echada por toda la plaza é traidos muchos ramos que hincaron en ella, de los cuales ramos fueron colgados muchas flores é muchos pájaros vivos; é ansí, los señores del Cuzco salieron muy bien vestidos de las ropas que ellos más preciadas tenian, y el Inca juntamente con ellos; é ansímismo vinieron los caciques, los cuales traian vestidos los vestidos que el Inca les diera.

É luego fueron sacados allí á la plaza mucha y muy gran cantidad de cántaros de chicha; y luego vinieron las señoras, ansí las mujeres del Inca como las demás principales, las cuales sacaron muchos y diversos manjares; é luego se sentaron á comer todos, é despues de haber comido, comenzaron á beber, é despues de haber bebido, el Inca mandó sacar cuatro atambores de oro, é siendo allí en plaza, mandáronlos poner á trecho en ella, é luego se asieron de las manos todos ellos, tantos á una parte como á otra, é tocando los atambores, que ansí en medio estaban, empezaron á cantar todos juntos, comenzando este cantar las señoras mujeres que detrás dellos estaban; en el cual cantar decian é declaraban la venida que Uscovilca habia venido sobre ellos, é la salida de Viracocha, [é cómo] Inca Yupanqui le habia preso é muerto, diciendo que el sol le habia dado favor para ello, como á su hijo; é cómo despues ansímismo habia desbaratado y preso y muerto á los capitanes que ansí habian hecho la junta postrera. É despues deste canto, dando loores y gracias al sol é ansímismo á Inca Yupanqui, saludándole como á hijo del sol, se tornaron á sentar. É ansímismo comenzaron á beber la chicha que allí tenian, que segun ellos dicen habia muy mucha, y en muy gran cantidad. É luego les fué traida allí mucha coca é repartida entre todos ellos; y esto así hecho, se tornaron á levantar é hicieron, ansímismo como habeis oido, un canto y baile.

La cual fiesta duró seis [dias], en fin de los cuales, el Inca les dijo á aquellos caciques señores, que para el ser del Cuzco convenia que en él hobiese depósitos de ropa, ansí de lana como de algodon; é que ansímismo convenia que hubiese depósitos de unas mantas de cabuya bastas é gruesas, con unos cordeles de á dos palmos en las puntas dellas, con los cuales las atasen á los pescuezos como mejor les paresciese á los indios que ansí se diesen, las cuales se habian de repartir á los trabajadores é obreros que en los reparos de la obra de los arroyos andaban, é á los que ansímesmo en los demás edificios habian de andar, para que en las tales mantas de cabuya trujesen é acarreasen la tierra é piedra que ansí era necesaria para la tal obra, é que como tuviesen estas mantas ya dichas, no gastasen las suyas propias, que eran de lana é algodon, é sus capas con que ellos se cubren. Todo lo cual oido por los señores caciques que allí eran, dijeron á Inca Yupanqui que les placia y holgaban de lo hacer bien ansí como el Inca se lo habia mandado.

É salidos de allí, luego enviaron á sus tierras, pueblos é provincias; é para que hubiese efecto este beneficio, mandaron que luego en sus tierras fuesen juntas muchas mujeres, é puestas en casas y corrales, les fuese repartida mucha lana fina é de diversos colores, y que ansímesmo fuesen puestos y armados muchos telares, é que ansí hombres como mujeres, con toda la más brevedad que fuese posible, hiciesen la ropa que les habia cabido, cada uno por sí, segun la medida del largor y anchor que les fué dada. Y esta ropa ansí hecha é acabada, fué traida á la ciudad del Cuzco; é como allí fuese, el Inca mandó á los principales del Cuzco que la mandasen poner en los depósitos que para tal ropa ansí habian mandado hacer.

Y esto ansí hecho, el Inca é los señores é los demás caciques, anduvieron fortaleciendo y reparando estas veras destos dos arroyos de la ciudad del Cuzco, que ya habeis oido, andando siempre ansí él como ellos sobre los tales obreros que en la tal obra andaban, dándoles la más prisa que podian á que con toda brevedad hiciesen y acabasen los tales reparos y fortalecimientos, en la cual obra estuvieron cuatro años, dándose la brevedad que les fué posible hacer é acabar su obra.

Donde, como fuese acabada, el Inca ordenó é mandó que se hiciese otra fiesta, segun que las que ya os hemos contado, en la cual fiesta participasen é gozasen della ansí los señores como los demás sus súbditos; en la cual fiesta estuvieron treinta dias; en fin de los cuales mandó el Inca que luego saliesen de la ciudad del Cuzco cierta suma de orejones, los cuales fuesen por las tierras de aquellos señores que allí eran é supiesen é le trujesen por cuenta qué suma habia en las tales tierras é pueblos de mancebos solteros é mozas solteras, mandándoles á los caciques é principales que inviasen á hacer saber á sus mayordomos, llactacamayos que ellos llaman, que aquella era su voluntad é mando, é que luego con toda brevedad les dijesen é diesen la cuenta á los tales orejones de lo que se enviaba á saber, los cuales con toda brevedad volviesen; todo lo cual fué ansí hecho é despachado. É habida por los orejones en los tales pueblos é provincias la cuenta é razon de su demanda, volvieron á la ciudad del Cuzco, donde, siendo delante del Inca, le dieron la razon de lo que ansí habian sabido.

Y entendido por el Inca la cantidad de mancebos é mozas solteras que habia en los tales pueblos é provincias, mandó á aquellos señores, sus tres buenos amigos, que luego se partiesen para los tales pueblos é provincias, é que llevasen consigo todos los caciques é señores que al presente allí eran con él, en presencia de los cuales, en cada pueblo é provincia que llegasen, casasen los mozos de una provincia con las mozas solteras de la otra, é las mozas solteras de la otra con los mancebos de la otra; é ansí fuesen haciendo por las tierras é subjeto de aquellos señores caciques que con él eran, para que creciesen é multiplicasen é tuviesen perpétua amistad, deudo y hermandad los unos con los otros. Y esto ansí proveido, el Inca hizo muchas y grandes mercedes [á] aquellos señores caciques, dándoles muchas dádivas; é ansí, se partieron aquellos señores del Cuzco é los demás caciques, y fueron á hacer lo que ya habeis oido.

É ansí, quedó el Inca en la ciudad del Cuzco con los de la misma ciudad é con algunos señores de los pueblos de los que en torno de la ciudad están á una legua, é á media, é á menos; á los cuales mandó, é ansímesmo á los de la ciudad del Cuzco, que luego trujesen delante dél, un señor de aquellos por sí, los mancebos é mozas solteras que ansí en sus pueblos tenian. É siendo traidos delante dél los tales mozos é mozas, el mismo Inca los casó á todos; y esto hecho, mandó sacar de los depósitos la ropa necesaria que á todos estos bastase, y él por su mano la dió é repartió á todos, ansí hombres como mujeres, dando á cada uno dos vestidos; y ansímesmo les dió á cada uno destos una manta de cabuya más de los vestidos que les daba, para que con la tal manta trabajasen sus labores y ejercicios é no gastasen en aquellos los vestidos que les daba; y ansímismo les repartió é les hizo repartir el maíz y carne seca é pescado seco, é ovejas cupre[45] é loza con que se sirviesen, é todo lo demás que á él le pareció que necesario les era para tener casa cada uno dellos é lo necesario que les era tener en ella. Y mandó que cada cuatro dias se diese é repartiese á todos los del Cuzco lo que cada uno habia menester de comida é proveimiento, visto y sabido por la casa del [el?] número de servicio [que] cada uno dellos tenia, [é] que ansí les fuese dado el proveimiento que ansí les fuese necesario para sí é para su servicio, mandando que de los depósitos se sacasen los tales bastimentos é comidas, é que dellos se hiciesen en la plaza de la ciudad grandes montones de las tales comidas, y de allí se les fuese repartiendo por su medida, cuenta y razon, dando á cada uno lo que ansí hobiese menester; el cual beneficio mandó que siempre se hiciese é durase el tiempo que la ciudad del Cuzco fuese. Y ansí duró deste señor Inca Yupanqui este beneficio é proveimiento, hasta que los indios fueron subjetos con la entrada de los españoles en estos reinos, con cuya entrada todo esto se perdió é cebsó.

CAP. XIV.—En que trata cómo Inca Yupanqui constituyó y ordenó la órden que se habia de tener en el hacer de los orejones, y los ayunos, cerimonias é sacrificios que en el tal ordenar se habian de hacer, constituyendo en este tiempo que esto se hiciese, una fiesta al sol, la cual fiesta y ordenamiento de orejones llamó y nombró Raymi.

Acabado de proveer Inca Yupanqui la órden que se habia de tener en el proveimiento de la ciudad del Cuzco é su república, volvieron los señores sus tres buenos amigos que ansí él habia enviado á casar los solteros, como ya la historia os ha contado; é siendo ya en el Cuzco estos señores é los demás que en la ciudad eran, mandó Inca Yupanqui que todos se juntasen en su casa otro dia de mañana, porque queria comunicar con ellos cierta fiesta, la cual fiesta queria que se hiciese cada año al sol, por la vitoria que le habia dado y hecho Señor; y porque desta fiesta hubiese memoria, queria constituir en ella cierta cosa que allá con ellos en su junta comunicaria. Y otro dia de mañana se juntaron estos señores en las casas del Inca, que comunicó con ellos la fiesta que ansí queria hacer; é para que della hobiese memoria para siempre, díjoles Inca Yupanqui que queria bien que en esta fiesta se hiciesen los orejones con ciertas cerimonias y ayunos, porque una cosa semejante que aquella, que era señal y insignia para que por toda la tierra fuesen conoscidos dende el menor hasta el mayor de aquella ciudad por tales señores é hijos del sol, porque le parecia que, desde allí adelante, habian de ser tenidos é respetados los de aquella ciudad por los de toda la ciudad[46] y de la tierra más que habian sido hasta allí; é que porque habian de ser llamados hijos del sol, queria que fuesen hechos y ordenados orejones en aquella fiesta del sol con muchas cerimonias é ayunos; porque los que habian sido hechos orejones hasta allí, ellos y sus padres les horadaban las orejas cada y cuando que querian é bien les estaba, é porque aquello era cosa que tan fácilmente se debiese de hacer, por lo que ya tenia dicho, que le parecia que en lo tal era bien que hubiese órden é cerimonias en la manera siguiente: Que se juntasen los deudos del mozo que ansí habia de ser hecho orejon, como fuese natural de partes de padre de la ciudad del Cuzco y que él y su padre y madre fuesen señores, y sinó, lo fuese el padre; y si caso fuese que no tuviese padre, que los deudos de su padre é más cercanos; y que éstos hiciesen cierta fiesta á todos los demás deudos, y que en esta fiesta diesen órden é dijesen como querian hacer orejon á aquel tal su hijo ó deudo; que les regoci...[47] que en la tal fiesta se hallasen y con sus prosperidades y mantenimientos le favoreciesen; [é] aunque fuese el que la tal fiesta habia de hacer el más rico de los deudos, se habia de encomendar á que le favoreciesen los demás sus deudos en la tal fiesta y otras cosas que ansí le subcediesen, con lo que ansí tuviesen; porque les queria dar á entender, que por prósperos que fuesen, habian de tener en mucho á los que tenian no tanto, porque, al fin, podria ser posible que el que al presente se vía en prosperidad, que podria perderse, y el otro que no tenia tanto, estar aumentado en bienes y le podria socorrer; y porque siempre tuviesen una hermandad y confederacion, daba aquella órden é aquella manera. É que de allí adelante, que demás del nombre que de[48] Señor tenia, el sobrenombre que ellos y los demás le nombrasen cada y cuando que con él alguno hablase, que le nombrasen Huaccha ccuyac[49], que dice "amoroso de los pobres,"[50] [de] la cual institucion, los demás sus descendientes ansí se intitularan.

Y volviendo al caso, díjoles, que, siendo ansí juntos, señalaran un dia en el cual dia se juntasen las mujeres de los tales deudos del que ansí habia de ser hecho orejon, y siendo ansí juntas las tales mujeres, que los tales padres del mozo trujesen cierta lana negra, la que bastase para una camiseta para su hijo, y ansí traida, la repartiesen entre aquellas mujeres; y que otro dia, en aquel mesmo sitio, la hilasen é diesen hecha; y que el tal mozo, aquel dia que la tal camiseta se hiciese, parta de allí por la mañana y vaya ayunando al campo, y lleve otros mozos consigo deudos suyos, y él y ellos cojan é traigan cada sendos haces de paja, porque no haya en ellos ociosidad, sino que sepan é deprendan á ser domeñados, é que si acaso fuere tuvieren necesidad de comida, que sepan qué cosa es andar en el trabajo é ayunando; é ansí traida esta paja, la den é repartan entre aquellas mujeres que la camiseta le han hecho; [é] dende á cinco dias, se tornen á juntar otra vez é hagan otra fiesta, en la cual fiesta hagan aquellas mujeres cuatro cántaros de chicha, los cuales cántaros de chicha estén hechos desde que en esta fiesta fueren hechos, hasta que toda la fiesta del sol se acabe, é questén siempre bien atapados; los cuales cántaros lleva cada uno cinco arrobas; y que dende á cinco dias, este mozo vaya ayunando al cerro de Guanacaure, yendo solo, y coja otro haz de paja y repártala á aquellas mujeres que la chicha le hicieron; el cual mozo, desde que la camiseta se le teja é haga, ha de ayunar siempre hasta el dia que haya uno de ser armado orejon; é que no coma sino fuere maíz crudo, é que no coma carne, ni sal, ni aun tenga que hacer con mujer; y dende á un mes que este ayuno comenzare, los tales parientes le traigan una moza doncella que no haya conocido á varon, la cual moza, estando ansímismo en el ayuno, haga cierto cantarillo de chicha, el cual cantarillo llamen caliz[51]; y esta moza ande siempre en compañía deste mozo en los sacrificios é ayunos que mientras la fiesta durare [hiciere?], sirviéndole; y esta chicha hecha por la tal moza, los parientes del novel la tomen y lleven por delante, é ansímesmo la moza con él llevando aquel cantarillo de chicha llamado caliz; y ansí le llevan al tal novel á la guaca de Guanacaure, que es legua y media de la ciudad, y en una fuente que allí hay, los parientes laven todo el cuerpo á este novel, y despues de lavado, le tresquilen el cabello muy tusado, y despues de tusado, vístanle aquella camiseta que le hicieron aquellas mujeres primeras, de lana negra, y cálcenle unos zapatos hechos de paja, los cuales el mozo haya hecho estando en su ayuno, para que sepan, que si en la guerra anduviere y le faltaren zapatos, que los sepa hacer de paja y seguir los enemigos con ellos; y ansí estos zapatos calzados, pónganle en la cabeza una cinta negra, y encima desta cinta pónganle una honda blanca, y átenle al cuello una manta blanca que cuelgue á las espaldas, la cual haya de ser angosta de dos palmos en ancho é que le tome de la cabeza hasta los piés; y esto hecho, pónganle en las manos un manojo de paja del gordor de una muñeca, las puntas de la cual paja lleve para arriba, segun aquella nace, y del remate desta paja cuélguenle cierto copo de lana larga, que casi parece un copo de cáñamo blanco y largo; y ya questé ansí, llegue á do la guaca está, é la moza que ansí consigo lleva, de aquel cantarillo caliz hincha dos vasos pequeños de chicha y délos al novel, el cual beba el uno, y el otro délo á beber al ídolo, el cual derramará delante dél. Y esto hecho, se descienda el tal novel y sus parientes de la guaca, y vénganse á la ciudad; y el novel traiga aquella paja, así enhiesta, en las manos; é siendo ansí en la ciudad, vistan al novel una camiseta colorada é con una lista blanca de abajo arriba por medio de la camiseta, con cierta flocadura segun por el remate de la camiseta, y pónganle en la cabeza una cinta colorada con una lista de cualquier color; y estando ansí, pónganle aquella manera descapulario en las espaldas; y de allí, vayan á una guaca que yo mañana señalaré, la cual se llama Anaguarque, y llegados allí, hagan su sacrificio ofreciéndole cierta chicha y haciendo delante della un fuego, en el cual fuego le ofrezcan algun maíz é coca y sebo; é cuando ansí fueren, lleven los parientes deste novel, que casi quieren imitar á padrinos, unas alabardas grandes y altas de oro é plata, y siendo ya el sacrificio hecho, aten en lo alto, en los hierros destas alabardas, aquella paja que en las manos ansí llevan, colgando [de] los tales hierros aquella lana que ansí cuelga de la paja; y estando ya ansí atada esta paja, dén á cada uno de sus noveles una alabarda destas en las manos; y esto ya hecho, júntenlos todos á estos noveles que allí se hallaren y mándenles que partan de allí corriendo todos juntos con sus alabardas en las manos, bien ansí como si fuesen siguiendo alcance de enemigos, y este correr sea desde la guaca hasta un cerro do se parece esta ciudad; [é] estén allí en este sitio, para que vean ciertos y [seguros?] cómo llegan estos caballeros noveles corriendo, y quién es aquel que primero llegare corriendo, y este tal hónrenle los suyos y dénle cierta cosa y díganle que lo hizo como buen orejon, é dénle por sobrenombre guaman, que dice "halcon"; y estos tales que ansí se extremaren, cuando orejones fueron hechos, sean conocidos, para cuando la ciudad del Cuzco tuviere guerra, suban á los péñoles, como más ligeros, é combatan con los enemigos.

É otro dia salgan de la ciudad, é yo ansímismo señalaré otra guaca, la cual guaca se llamará Yavirá, la cual será el ídolo de las mercedes; é siendo ya en ella, hagan hacer un gran fuego é ofrezcan á esta guaca é al sol estas ovejas é corderos, degollándolos primero, con la sangre de los cuales les sea hecha una raya con mucha reverencia por los rostros, que les tome de oreja á oreja; y ofrezcan ansímismo á este fuego mucho maíz é coca, todo lo cual sea hecho con grande reverencia é acatamiento, ofreciéndolo al sol, y allí le pidan estos noveles, é cada uno por sí, que le dé prosperidades y le aumente sus ganados, y los mire y libre de cualquier mal que les venga. Y esto acabado, les sea tomado juramento á cada uno por sí, delante del ídolo, que ternán cuidado de siempre acatar y reverenciar al sol y labrarle sus tierras, y ser obedientes al Inca é siempre tratarle verdad y serle leal vasallo é no tratarle traicion, é que cada y cuando que sepa que traicion le hace alguno al Inca, se lo manifestará é dirá; é que lo mismo será leal á la ciudad del Cuzco; y que cada y cuando que el Inca tenga guerra ó la ciudad del Cuzco, que servirá con su persona é armas en la tal guerra, é que morirá en defensa della é del Inca.

Y esto jurado, el señor que allí estuviere en la guaca, ante quien la jura hiciere, le responda en nombre é lugar del sol é de aquel ídolo, que se lo agradece, é que ansí lo haga; é que le diga que el sol há por bien que sea auqui[52], que dice "caballero." Y esto hecho, que el tal novel rinda gracias por ello ahí al sol, é que luego allí le vistan una camiseta muy pintada, y le pongan una manta muy pintada encima, todo lo cual sea ropa fina, y que le cuelguen de las orejas unas orejeras grandes de oro colgando, con un hilo colorado atadas, y que le pongan una venera de oro grande en los pechos, y que le calcen unos zapatos de enea, é que le pongan en la cabeza una cinta muy pintada, que llaman pillaca llauto; que encima desta cinta le pongan una patena de oro, y que hasta allí ningun mozo se la pueda poner, é si cosa fuere que allí se le olvidare de poner, nunca se le pueda poner en sus dias. Y que esto hecho, le hagan tender los brazos al tal novel, é que aquellos sus parientes que allí andan con él como padrinos, le dén ciertos azotes en los brazos con unas hondas, para que se acuerde y tenga memoria de la tal jura que allí hace y merced que le fué hecha. Y esto hecho, desciendan ansí todos juntos á la plaza desta ciudad, ansí vestidos é adornados como estuvieren, donde han de hallar á todos los señores del Cuzco vestidos de unas camisetas largas é coloradas que les dé hasta los piés, los cuales tengan sobre sus mesmas cabezas [pieles de leones con sus rostros][53], é los rostros destos leones tengan en drecho[54] de los suyos mismos, las cuales cabezas de leones tengan ansímismo unas orejas de oro; é ansímismo han de tener consigo estos señores que en la plaza ansí están, cuatro atambores de oro.

É como los noveles lleguen á la plaza, pónganse en ala á la parte de abajo, los rostros hácia do el sol sale; y como ansí lleguen, hinquen las alabardas que ansí traen, en el suelo, cada uno delante de sí. Y como esto sea hecho, los señores que allí están, comiencen su canto y toquen los atambores; y despues de haber cantado y holgádose, siéntense todos ansí en ala como están, y beban cada dos vasos de chicha y otros dos ansímismo ofrezcan al sol, derramándolos delante de sus alabardas, y dende á poco, levántense y tornen á su cantar; en el cual canto han de dar grandes loores al sol y rogarle que á su pueblo é á sus noveles guarde é aumente; y este canto acabado, tornen á beber. Y esto han de hacer treinta dias, desde el dia que comience.—Y desta manera van cada noche bien arropados de chicha; porque su principal felicidad, en todas sus obras é cosas que hacen, es el bien beber, y mientras más beben, más señor, porque tienen posibilidad para ello.

É ordenó que estos treinta dias cumplidos, se juntasen allí en la plaza los parientes destos noveles é trujesen los noveles allí consigo, é que hincada la alabarda, y estando ellos en pié, tomasen con las manos la alabarda, é ansí, tendidos los brazos, los parientes les diesen con una honda en ellos, para que tuviesen memoria é se acordasen desta fiesta; y que esto hecho, fuesen de allí á una fuente que dicen Calixpucquiu[55], que dice "el manantial del Calix"[56], y siendo ya allí, que se laven todos, á la cual fuente han de ir ya que quiera anochecer. É siendo ansí lavados, hánse de vestir otras camisas preciadas, y ansí vestidos, sus parientes los apedrean con unas tunas[57], y cada pariente, ansí como le haya apedreado con las tunas, sean obligados á les ofrecer á los tales noveles ciertas joyas é piezas de ropa, é denle ansímismo, en fin desto, á cada uno destos noveles, una honda. Y esto acabado, cada uno destos noveles ha de volver á su casa, la cual casa ha de hallar muy limpia, é muy buena lumbre hecha en ella, y todos sus parientes é parientas en ella; y entónces han de sacar los cuatro cántaros de chicha que hicieron en el principio de la fiesta, de los cuales cántaros han de beber todos, y al tal novel han de imbriagar con la tal chicha de tal manera, que no[58] tenga sentido; é desque ya esté ansí, hánle de sacar del aposento, y donde ellos mejor les pareciere, allí le horaden las orejas. Y otro dia de mañana, salgan todos los noveles á la plaza todos juntos y en órden de pelea y bien ansí como si quisieran dar batalla, con sus hondas en las manos y á los cuellos unas bolsas de redes, en las cuales traigan muchas chinas; y puestos tantos de un cabo como de otro en la plaza, comiencen á batallar; la cual batalla han de dar á fin de que han de entender que ansí han de pelear con sus enemigos. Y desta manera me parece que han de ser estas cirimonias, y deste arte ternan órden [en] el hacer de los orejones y no lo que ha sido hasta aquí.

Oido por los señores lo que Inca Yupanqui tenia ordenado, dijeron que aquello estaba muy bien ordenado é pensado, que así se hiciese de allí adelante, é que les dijese, que ¿desde cuándo queria que comenzase aquella fiesta? Les dijo, que de allí á treinta dias se podria comenzar, porque de allí comienza el mes de do principiaba el año; y ellos le rogaron, que porque hasta allí no habian tenido órden por do conociesen el año é los meses dél, que tuviese [por bien?] de señalárselo y decilles de donde comenzaban, é los nombres de los tales meses. Y el Ynca les respondió, que despues de aquella fiesta del sol, tenia él pensado de dar órden en aquello; mas, pues que ellos le rogaban que se los dijesen y señalasen (así), que él los queria hacer aquella merced; é que al presente no habia lugar de les dar razon de aquello, porque pensaba señalar y ordenar en los tales meses otras fiestas en que todos ellos se regocijasen é hiciesen sus sacrificios; que de allí á diez dias, les diria la órden que en aquello habian de tener é las fiestas que les habian de regocijar é sacrificios que ansí habian de hacer. Y esto dicho, salieron de su acuerdo él y los demás señores, los cuales se fueron cada uno á su posada, donde comenzaron á dar órden á sus fiestas, que ya habeis oido que dende á treinta dias habian de comenzar; los cuales treinta dias pasados, hicieron su fiesta en la manera que habeis oido; y dende entónces lo continuaron hacer en la manera ya dicha, hasta este año en que estamos de mill y quinientos y cincuenta y un años.—Esta fiesta y las demás que este Señor constituyó, aunque se las quieran quitar en esta ciudad del Cuzco, las suelen ellos hacer oculta ó secretamente en los pueblecillos que están en torno de la ciudad del Cuzco.

CAP. XV.—En que trata de cómo Inca Yupanqui señaló el año y los meses y los puso nombre, y de las grandes idolatrías que constituyó en las fiestas que ansí ordenó que se hiciesen en los tales meses; é de cómo hizo relojes de sol por los cuales viesen los de la ciudad del Cuzco cuando era tiempo de sembrar sus sementeras.

Pasados que fueron los diez dias que Inca Yupanqui dijo á los señores que despues de aquellos se juntasen con él otra vez, en la cual junta les habia de decir la órden que ansí le pedian que hiciese del año y meses é de las más fiestas que ellos habian de tener é guardar, Inca Yupanqui les dijo que él habia muchos años que habia imaginado los meses é tiempo del año, los cuales habia hallado que eran doce, é que no pensaba decilles destos doce meses é tiempos cosa, sino fuese bien ansí como fuesen entrando y las tales fiestas que ellos en ellos habian de hacer él fuese constituyendo; mas, pues ellos se lo habian pedido, que él se lo queria pedir (así) y decir y declararles las fiestas é sacrificios que en los tales meses ansí habian de hacer, que estuviesen atentos é los tomasen bien en su memoria; que demás desto, ansí mesmo habia pensado de hacer cierta cosa que él llamó Pachaunanchango, que quiere decir "conocedor de tiempo"[59],—que podemos presumir por relox,—por el cual ellos y sus descendientes, ya que perdiesen la cuenta de los meses, para que le entendiesen cuando era el tiempo del sembrar, é laborar, é aderezar sus tierras.

É ansí, los señores estando atentos, Inca Yupanqui les dijo: á este mes que viene, en el cual se han de hacer los orejones, como ya os tengo dicho, que es de donde el año comienza, le llamareis y llamarse ha Pucuy quillaimi[60], que es nuestro mes de diciembre; y al mes de enero llamaba ha tiempo Coyquis; y al mes de hebrero llamó Ccollappoccoyquis[61]; y al mes de marzo llaman Pachapoccoyquis[62]; y al mes de abril Ayrihuaquis[63]; y al mes de mayo llaman Aymorayquis quilla[64]. En este mes constituyó é mandó Inca Yupanqui que se hiciese otra fiesta al sol, muy solene, en la cual se hiciesen grandes sacrificios, á fin de quél les habia dado la tierra y el maíz que en ella tenian, y que desde que entónces comenzaran á cojer sus maíces, comenzase la fiesta y durase hasta en fin del mes de junio; y que en este mes de junio, que llamó Hátun cosqui quillan, que los que en el mes de diciembre pasado eran ordenados orejones, en aquesta fiesta que constituia en este mes de junio, se vistiesen de camisetas tejidas de oro y plata y de plumas tornasoles, y que ansí puestos de sus plumajes y patenas é brazaletes de oro, saliesen á esta fiesta; y que en esta fiesta diesen fin á sus ayunos y sacrificios, que desde que eran ordenados orejones hasta allí habian hecho; y comenzasen de allí a holgarse y celebrar la otra que ansí constituia que se habia de hacer al sol por las simenteras, á la cual fiesta que ansí comenzaba desde el mes de mayo hasta fin de junio, como ya habeis oido, llamó é nombró Yahuarincha aymoray[65]. La cual fiesta mandó que se hiciese en la plaza do agora es el espital, en la ciudad del Cuzco, que es á la salida desta ciudad, do llaman Rimacpampa; á la cual fiesta habian de salir vestidos los señores de la ciudad de unas camisetas coloradas que les daba hasta en pies; en la cual fiesta mandó que se hiciesen grandes sacrificios á los ídolos, do se les quemase é sacrificase muchos ganados é comidas é ropa, y en las tales guacas fuesen ofrecidos muchas joyas de oro y plata.

Al mes de julio le llamaron Cahuarquis[66], en el cual no mandó que se le hiciese fiesta ninguna, mas de que les dijo que en este mes se habian de regar sus tierras, é habian de comenzar á sembrar su maíz é papas é quinua[67] hasta el mes que entraba é salida del setiembre; y al mes de agosto llamó Capacsiquis[68]; y al mes de setiembre llamó Cituaiquis[69]. En este mes dicen que constituyó Inca Yupanqui que se hiciesen dos fiestas, la una que casi quiere parecer á la que nos hacemos de San Juan, porque se levantan á media noche y se lavan hasta que rie el dia, y llevan ciertos hachos encendidos; y despues de ser lavados, dánse con estos hachos en las espaldas, é dicen que echan de sí toda dolencia é mal que tengan. É la otra fiesta es [la] que llamó este Inca Yupanqui Purappucquiu[70], [é] ansímismo la hacia é mandó hacer en este mes; la cual mandó que se hiciese á las aguas, é que ansímismo las hiciesen sacrificios; y en estos sacrificios mandó que se ofreciese mucha ropa y ovejas y coca, y que de todas cuantas yerbas y plantas que habia en los campos, trujesen las flores dellas; todo lo cual mandó que ofreciesen á las aguas en esta manera: que tomasen mucha cantidad de ropa y la echasen en aquel rio del Cuzco en la parte do se juntan los dos rios; que ansímismo trujesen muchas ovejas é corderos é que los ofreciesen al agua y los degollasen en aquel lugar do la ropa era echada, y que hiciesen luego allí un gran fuego en el cual quemasen estas ovejas é corderos, é la ciniza de los tales ansí quemados, la lanzasen en el agua en aquel mesmo sitio, y que luego tras esto, lanzasen en el rio las flores que ya habeis oido; é tras esto, mandó que echasen en el agua mucha coca molida é desmenuzada. Y tras esto se ponia, cuando se ponia el sol[71], en cierto sitio, en el cual estuvo seguro en pié en una parte donde bien ver se pudiese, y ansí como conociese desde aquel sitio do él se paraba, el curso por do el sol iba cuando se ponia, en aquel derecho, en lo más alto de los cerros, hizo hacer cuatro pirámides ó mármoles de cantería, los dos en medio menores que los otros dos de los lados, y de dos estados de altor cada uno, cuadrados, é apartado uno de otro una braza, salvo que los dos pequeños de enmedio hizo más juntos, que del uno al otro habrá media braza. Y cuando el sol salia, estando uno puesto do Inca Yupanqui se paró para mirar y tantear este derecho, sale y va por el derecho y medio destos dos pilares, y cuando se pone, lo mismo, por la parte do se pone; por donde la gente comun tenia entendimiento del tiempo que era, ansí de sembrar, como de coger; porque los relojes eran cuatro á do el sol salia, y otros cuatro á do se ponia, do se diferenciaban los transcursos y movimientos que así el sol hace en el año. Erróse el Inca Yupanqui en el tomar del mes para que vinieran á una y á nuestra cuenta los meses del año que ansí señaló, porque tomó de diciembre, habiendo de tomar de enero; mas, al fin, él supo de entenderse y dar órden á su república.

CAP. XVI.—En que trata cómo Inca Yupanqui reedificó la ciudad del Cuzco, é cómo la repartió entre los suyos.

Despues que Inca Yupanqui hubo hecho é dado órden en el año é meses é fiestas que en él se habian de celebrar, y hechos los relojes, habiéndose recreado é holgado en las cosas que habeis oido tiempo y espacio de dos años, el cual tiempo gastó este Señor en estarse en su pueblo, porque los naturales é caciques que á él estaban sujetos tuviesen espacio y tiempo para holgarse en sus tierras del trabajo que habian pasado en el reparo que ansí habian hecho en los arroyos de la ciudad del Cuzco, é porque ansí tuviesen espacio é tiempo de sembrar é coger grandes sementeras, con las cuales se reparasen de comidas é todos proveimientos, é tuviesen con que poder servir é contribuir á la ciudad del Cuzco y á los depósitos que en ella eran; pareciéndole que ya rescibia su persona é los demás algun tanto de pena por la ociosidad que ansí tenian él y los demás, ajuntóse un dia con los principales de la ciudad del Cuzco é díjoles: que ya habia ociosidad; que le parecia que ya era tiempo que los caciques é señores á él subjetos viniesen con sus comidas é bastimentos á la ciudad del Cuzco é trajesen consigo toda la más gente que ser pudiese, porque tenia en sí acordado de hacer reedificar la ciudad del Cuzco de tal manera, que para perpetuamente fuese hecha y fabricada de ciertos edificios que él en sí tenia pensado, é que despues que fuesen hechos, ellos los verian; para lo cual era necesario mucha y muy gran cantidad de gente, é que para esto era necesario que saliesen de la ciudad ciertos señores de los que allí en aquella junta con él eran; é que luego allí viesen los que querian ir, porque, con los que quedasen, él tenia necesidad, mientras los que habian de ir fuesen, de hacer é proveer lo que para el tal edificio fuese necesario. É luego allí fueron nombrados diez señores, con veinte orejones, los cuales se partieron luego de allí é fueron á los pueblos é provincias á hacer traer y proveer lo que ya habeis oido.

Inca Yupanqui é los demás señores que allí quedaron, así como fueron salidos de su consulta, fueron por todo el torno de la ciudad en cinco leguas, y en el [lugar] que les pareció, buscaron é miraron do hobiesen sierras é sitios do se pudiese sacar piedra y cantería, é barro, é tierras para hacer las mezclas que los tales edificios habian de llevar; donde hallaron que en el sitio de Saluoma[72] habia mucha y muy gran cantidad de piedra é muy grandes canteras. É visto por el Inca é los demás señores que ya allí tenian aparejo é recaudo é mucha y muy gran cantidad de cantería, se volvieron á la ciudad, donde dieron órden, luego que llegados fueron, en la manera que ansí habian de traer é acarrear la tal cantería; para lo cual mandaron que fuesen hechas muchas y muy gran cantidad de sogas gruesas, é maromas de niervos é de cueros de ovejas.

[Ya] que esto ansí fué hecho, Inca Yupanqui trazó la ciudad é hizo hacer de figuras de barro, bien ansí como él la pensaba hacer y edificar; é luego questo fué hecho, llegaron en aquella sazon é tiempo aquellos orejones é señores que habian ido á hacer traer proveimiento y comida é cantidad de gente para hacer los tales edificios, como ya la historia os ha contado; é como ansí llegasen, los caciques saludaron al Inca en la manera que ya os digimos, y el Inca los recibió con intrañable amor, con los cuales le pareció que seria bien holgarse con ellos cinco dias, y así fué hecho. En cabo de los cuales, paresciéndole al Inca que seria bien dar órden en que se comenzase á poner por obra el fabricar de la ciudad, pareciéndole que ya la tal gente que ansí era llegada habia de descansar el tiempo que le bastase, luego mandó á los caciques que cada uno juntase su gente en cierta campaña é llano é la pusiesen cada uno por sí, porque les queria repartir á todos ellos la obra que ansí habian de hacer, é dalles la órden que en ello habian de tener. Y siendo ansí juntas las tales gentes, repartió su obra entre los tales caciques, mandando á unos que acarreasen piedra tosca para los cimientos, y á otros que trujesen barro el que les pareciese, que fuese bueno é pegajoso; con el cual barro é piedra tosca mandó hacer los cimientos de los tales edificios, sacándolos de cimiento, que era el cimiento y asiento de ellos desde donde topaban con agua, para lo cual mandó que se edificasen de piedra tosca é barro pegajoso, á fin de que si el agua entrase por ellos, no fuese parte á deshacer é comer este barro; porque, como ya os dijimos, todo lo más del asiento de la ciudad eran ciénegas é manantiales de agua; todos los cuales manantiales mandó que fuesen tomados é repartidos de tal manera, que á las casas de la tal ciudad fuesen por sus caños y hechos fuentes para el servicio y proveimiento della.

Y ansímesmo á otros mandó que sacasen y abriesen los cimientos de las tales casas y edificios de la ciudad, y á otros mandó que acarreasen cantería para el edificio que se habia de edificar despues que estos cimientos fuesen ansí altos en el peso y ser que habian de ser; é á otros mandó hacer adobes de barro é tierra pegajosa, en los cuales adobes se echase mucha cantidad de paja; la cual paja es á manera de esparto d'España; la cual tierra é paja fuese amasada de tal manera, que los tales adobes fuesen bien hechos y tupidos, con los cuales adobes se habia de edificar desde la obra de cantería para arriba hasta que los tales edificios é casas estuviesen en el altor y ser que habian de llevar. Á otros mandó que trujesen y acarreasen mucha cantidad de maderos de aliso[73] largos é derechos, dándoles el largor y medida que habian de tener. Y ansímesmo mandó que para cuando fuesen hechos y altos los edificios é puestos en proporcion y en el ser que habian de tener, que para [que] la mezcla que ansí habian de llevar en el lucimiento de las casas, ansí por de dentro como por de fuera, pegase y no se resquebrajase, mandó que trujesen para aquel tiempo mucha cantidad de unos cardones que ellos llamaban aguacolla quizca[74], con el zumo de los cuales fuesen untadas las tales paredes; é siendo la mezcla muy bien amasada é mezclada con mucha cantidad de lana, fuese puesta en las tales paredes sobre la mojadura que ya habeis oido de los tales cardones, y que en la tal mezcla, si no quisiesen echar lana, echasen paja, la qual fuese muy mucho molida, é ansí se diese lustre á las tales paredes y edificios.

Todo lo cual que oido habeis siendo proveido, todas estas cosas é cada una de ellas, se levantaron aquellos caciques y luego pusieron por obra los tales edificios y proveimientos de pertrechos que así les era mandado que para lo tal era necesario, y luego mandó Inca Yupanqui que se saliesen todos de la ciudad del Cuzco de sus casas, é sacasen todo lo que dentro dellas tenian, é se pasasen á los pueblezuelos que por allí juntos eran; é como esto fuese ansí hecho, mandó que las tales casas fuesen derribadas por tierra. Donde, como esto fuese hecho é limpio é llano[75], él mesmo por sus manos juntamente con los demás señores de la ciudad, haciendo traer un cordel, les[76] señaló y midió con el tal cordel los solares é casas que ansí se habian de hacer, é cimientos é edificios dellas; de todo lo cual ansí señalado abiertos los cimientos, y siendo los pertrechos necesarios para la tal obra [traidos, aparejados?], comenzaron á hacer y edificar su ciudad é casas della; los cuales edificios y casas fueron hechos andando en la obra y edificios dellos continuamente, mientras la obra duró, cincuenta mill indios; é tardóse, desde que Inca Yupanqui mandó comenzar á reparar las tierras é rios de la ciudad é la tal hacer y edificar, hasta que todo lo cual que oido habeis fué hecho y acabado, veinte años.

É como ya la ciudad fuese hecha é puesta en perficion, mandó Inca Yupanqui que todos los principales del Cuzco é los demás vecinos é moradores dél, fuesen juntos en cierta campaña rasa; é siendo ansí juntos, mandó traer allí la traza de la ciudad é pintura que ansí habia mandado hacer de barro, é tiniéndolas delante de sí, dió é repartió las casas é solares ya edificados y hechos como oido habeis, á los señores del Cuzco y á los demás vecinos é moradores dél, todos los cuales eran orejones descendientes de su linaje é de los demás Señores que hasta él habian sucedido desde el principio de Manco Capac, poblándolos é mandándolos poblar en esta manera: que los tres señores sus amigos poblasen desde las Casas del Sol para abajo, hácia la junta de los dos rios, en aquel espacio de casas que entre los dos rios se hicieron, y desde las Casas del Sol para abajo, al cual sitio mandó que se llamase Hurin Cuzco, que dice "lo bajo del Cuzco," y el remate postrero de la punta desto, mandó que se nombrase Pumap Chupan, que dice "cola de leon;" en el cual sitio poblaron estos tres señores, ellos y los de su linaje, de los cuales y de cada uno por sí comenzaron é decindieron los tres linajes de los de Hurin Cuzco; los cuales señores se llamaron Vica Quirao, y el otro Apu Mayta, y otro Quilliscachi Urco Guaranga[77]. É de las Casas del Sol para arriba, todo lo que tomaban los dos arroyos hasta el cerro do agora es la fortaleza, dió é repartió á los señores más propincos deudos suyos é descendientes de su linaje por línia recta, hijos de señores é señoras de su mesmo deudo é linaje; porque los tres señores que de las Casas del Sol para abajo mandó poblar, segun que ya habeis oido, eran hijos bastardos de señores, aunque eran de su linaje, los cuales habian habido en mujeres extrañas de su nacion é de baja suerte, á los cuales hijos ansí habidos, llaman ellos Guaccha Cconcha, que quiere decir "provenidos de pobre gente é baja generacion;" y estos tales, aunque sean hijos del Inca, son llamados ansí, é no son tenidos ni acatados ninguno destos, ansí hombres como mujeres, de los demás señores, sino por un orejon de los otros comunes.

Porque habrán de saber, que el Inca que ansí es Señor, tiene una mujer principal: esta [no] ha de ser deuda de pobres, y esta tal mujer ha de ser principal é deuda, hermana ó prima hermana suya, á la cual mujer llaman ellos Pihuihuarmi[78] y por otro nombre Mamanguarmi; y la gente comun, como á tal mujer principal del Señor, llaman, cuando ansí la entran á saludar, Pocaxa (?) intichuri capac coya guacchacuyac[79], que dice "Hija del Sol é sola reyna amigable á los pobres;" y esta tal señora habia de ser de padre é madre derechamente señor é deuda del Inca, sin que en ella hubiese raza ni junta de Guaccha Concha, que es lo que ya habeis oido. Y esta tal señora recibia el Inca por mujer principal suya el dia que tomaba la borla del Estado é insinia real, é los hijos que ansí en esta tal señora habia, se nombraban Pihuichuri, que dice como si dijésemos hijos legítimos; y el mayor destos era señor del Estado y heredero legítimo; é si caso fuese que el Inca muriese dejando este tal niño que no supiese gobernar, hacíanle[80] Señor, é poníanle la borla en la cabeza, aunque este tal estuviese mamando, é llamábanle al tal niño Guayna Capac, que dice "mancebo rey;" aunque los que construyen este nombre, no entendiendo lo que quiere decir, [dicen?] que dice mancebo rico; porque habrán de saber, que Capa, siendo postrera, dice rico, y Guaina dice mancebo; é si dijera este nombre Capa Guaina, dijera mancebo rico; mas dice Guaina Capac, con c postrera, que dice mancebo rey.

É ansí mesmo construyen otro nombre los que no lo entienden, que dice mancebo[81] Viracocha, que quiere decir y podremos tener dice Dios, porque este nombre nombran ellos al que dicen é tienen que fué el Hacedor; é como los españoles viniesen á esta tierra y ellos viesen gente muy agena de su sér, como la historia adelante os contará, llamáronlos á todos y á cada uno por sí, Viracocha; y queriendo construir este nombre los que les parecia que iban entendiendo el hablar, parábanse á pensar y imaginar que vira quiere decir en esta lengua "manteca," y cocha dice "mar;" todo lo cual declaraban é decian que queria decir "manteca de la mar," y "espuma de la mar;" lo cual no quiere decir aquello, sino propiamente Dios. Y ansí, cuando los españoles vinieron á esta tierra, los llamaron deste nombre é tuvieron por dioses.

É volviendo á nuestra historia, á este tal niño señalábanle sus ayos y gobernadores, los cuales gobernasen todo el tiempo que viesen que no era de edad para gobernar; é si el Inca, despues de haber recibido á esta por mujer, ó ántes desta, tuviese otras cincuenta mujeres hermanas y deudas suyas, porque ansí era su costumbre de tener á todas sus hermanas por mujeres, los tales hijos que en estas habia no heredaban ninguno destos su estado, si no fuese el hijo de la tal Pihui, mujer legítima, que ellos dicen. Y si caso fuese que esta tal no hobiese el Inca en ella hijos, ó la tal pariese hijas, en el tal caso el Estado se daba, por fin de los dias del Inca, al hijo mayor que ansí hobiese habido en cualquiera de las otras mujeres sus hermanas ó deudas, como viesen que el tal mostraba en sí ser é capacidad para rigir y gobernar su reino é república; é si no era tal cual debiese, escogian entre sus hermanos el que mejor les parecia que los podria gobernar, é á este tal é con este tal daban é casaban la tal su hermana, en la manera que ya habeis oido, que ansí su padre habia habido en la tal Pihuihuarmi ó mujer principal, á la cual tenian é respetaban, ansí los señores de la ciudad del Cuzco como los demás señores de toda la tierra, como á su tal reina é señora principal de todos ellos.

É volviendo al propósito del repartir de la ciudad é casas della, Inca Yupanqui las repartió en la manera que habeis oido, tomando él para sí en ella las casas é solares que ansí vió que le bastaban. Y esto ansí hecho, mandó, que porque no hubiese en esta ciudad mezcla de otras gentes ni generacion, sino fuese la suya y de sus orejones, porque esta ciudad tenia él que habia de ser la más insigne ciudad de toda la tierra, y aún que todos los demás pueblos habian de servir é reverenciar, segun que antiguamente fué nuestra Roma; que los del linaje de Allcahuiza[82], el cacique señor que Manco Capac hallara poblado en aquel sitio, segun que ya la historia os ha contado, que estos tales poblasen allí junto al Cuzco, casi dos tiros de arcabuz de la ciudad; é ansí poblaron; á los cuales dió Inca Yupanqui favor y ayuda para que les ayudasen á hacer sus casas; el cual pueblo, despues que lo tuvieron hecho y acabado, mandó Inca Yupanqui que se nombrase este pueblo Cayaucachi; é ansí, estos de Allcahuiza[83] fueron echados de la ciudad del Cuzco, é ansí quedaron subjetos é avasallados; los cuales podrian decir que les vino güesped que los echó de casa.

CAP. XVII.—En que trata de cómo los señores del Cuzco quisieron que Inca Yupanqui tomase la borla del Estado, viendo su gran saber é valerosidad, y él no la quiso rescebir, porque su padre Viracocha Inca era vivo, é si no fuese por su mano, que no la pensaba rescebir; é cómo vino su padre Viracocha Inca y se la dió; é de cierta afrenta que despues desto hizo á su padre Viracocha Inca, é de la fin é muerte de Viracocha Inca.

Despues de haber Inca Yupanqui dado é repartido la ciudad del Cuzco en la manera que ya habeis oido, puso nombre á todos los sitios é solares, é á toda la ciudad junta nombró Cuerpo de Leon, diciendo que los tales vecinos y moradores dél eran miembros del tal Leon, y que su persona era la cabeza dél. É como los tales señores de la ciudad hubiesen visto las grandes y crecidas mercedes que les habia hecho é cada dia les hacia, é considerando ellos que si[84] su gran sabiduría y el celo grande que ellos en él conocian que tenia del bien de su república, andaban imaginando todos ellos juntos y cada uno por sí, cómo le hiciesen un servicio señalado, del cual servicio él fuese dellos bien servido y á él fuese agradable. Para lo cual todos ellos se juntaron un dia, en la cual junta ordenaron é concertaron que el servicio que le debian hacer era ponerle la borla del Estado é insignia de rey que ellos tenian, segun era su usanza é costumbre antigua, é darle otro nuevo nombre. Todo lo cual ansí hecho é acordado por ellos, se salieron muy alegres, pensando que habian acordado con qué el Inca le fuese agradable; y esto ansí acordado, se salieron todos é se fueron, ansí todos juntos como estaban, á la casa del Inca; al cual hallaron que no estaba ocioso, el cual estaba pintando é debujando ciertas puentes y la manera que[85] habian de tener, é cómo habian de ser edificados; y ansí mesmo debujaba ciertos caminos que de un pueblo salian y iban á dar á aquellas puentes é rios. Como esto fuese ageno del entender de aquellos señores, que quisiesen ver este debujo, luego que llegaron do el Inca estaba, despues de le haber saludado y hecho su debido acatamiento, le preguntaron ¿qué era aquello que ansí debujaba? Á los cuales respondió, como los vió ansí venir a todos juntos, todos los cuales habian entrado muy alegres delante dél: "Decime vosotros, ¿qué demanda traeis todos juntos é á qué venís, que me parece que venís alegres? ¿Qué es esto que me preguntais? Cuando sea tiempo, yo os lo diré é mandaré que ansí se haga y á cada uno de vosotros, en la suerte que ansí le cupiere; é no me lo torneis á preguntar, porque, como ya os digo, yo os lo diré; que ya habreis entendido de mí, que cuanto ha que de aquí salió mi padre, que yo no [he] entendido sino ha sido en cosas que os convengan é más bien os sea vuestro; lo cual, tened de mí, que todo el tiempo que yo viviere, siempre haré y acostumbraré á hacer."

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Note 1 · Repartieron, en n. orig.Note 2 · Requipa, en n. orig.Note 3 · Ó Sallu, más propiamente. En el cap. XVI lo escribe de otro modo, Saluoma [Sallu Uma].Note 4 · Xutas, en n. orig.Note 5 · Manchas, en n. orig.Note 6 · En el epígrafe y en casi todo el texto del presente capítulo usó el copista equivocadamente del verbo reparar por el de repartir.Note 7 · Mandado, en n. orig.Note 8 · Con, en n. orig.Note 9 · No entiendo esta palabra, como no venga de chapascca, cosa poseida y hecha propia, que se aplicaba principalmente á los terrenos baldios.Note 10 · Así en n. orig. ¿Qué palabra habrá dado lugar á este gazafaton del copiante?Note 11 · Colcidelon, en n. orig.Note 12 · Machina, en n. orig.Note 13 · Machina, en n. orig.Note 14 · Así. ¿No será kquepi, avíos?Note 15 · Así en n. orig; quizá debiera decir, por los de todas las ciudades de la tierra (de su imperio, se entiende).Note 16 · Así en n. orig. ¿regocijaba?Note 17 · Del, en n. orig.Note 18 · Guacha y Coya, en n. orig.Note 19 · Padres, en n. orig.Note 20 · No doy con esta palabra, que debe estar notablemente alterada por el amanuense ó no ser de la lengua quíchua. Pero es de notar, que uno de lNote 21 · Avaqui, en n. orig.Note 22 · Suplimos esta frase, imitando el monótono estilo que Betánzos empleaba en su traduccion, y seguros de no equivocarnos en su parte sustancialNote 23 · Trecho, en n. orig.Note 24 · Calixpuqüco, en n. orig.Note 25 · Pero no se entienda por el vaso así llamado; porque Calíx, ó es nombre propio mal escrito, ó corrupcion de Callis, que alguien traduce esforNote 26 · Es decir, con el fruto, que es á modo de los higos chumbos ó de pala, llamado coco ó quizco (Cereus peruvianus).Note 27 · Sinó, en n. orig.Note 28 · Más propiamente, señalador del tiempo.Note 29 · Pucorquillame, en n. orig.Note 30 · Allapocuyquis, en n. orig.Note 31 · Pachapocoyquis, en n. orig.Note 32 · Ayngaquis, en n. orig.Note 33 · Aricayquesquilla, en n. orig.Note 34 · Yaguaricha ymaray, en n. orig.Note 35 · Caguaquil, en n. orig.Note 36 · Quintuya, en n. orig.Note 37 · Carpasiquis, en n. orig.Note 38 · Situayquis, en n. orig.Note 39 · Porapuipia, en n. orig.Note 40 · Corregimos así con toda reserva este pasaje, que dice en n. orig.: Y tras esto se ponia segun do se ponia, el qual se puso en cierto sitio, Note 41 · Sallu Oma ó Sallu Uma. Antes, en el cap. XI, le llama simplemente Salu [Sallu].Note 42 · Betula nigra.Note 43 · Cereus peruvianus.Note 44 · El limpió é allanó, en n. orig.Note 45 · Del, en n. orig.Note 46 · Quilis cochevra guaranga, en n. orig.Note 47 · Piviganarme, en n. orig.Note 48 · Pocaxa yndinsus capaicoiagua echacoiac, en n. orig.—Segun la traduccion que da Betánzos, sobra la palabra pocaxa, que no he podido encontrarNote 49 · Haciéndole, en n. orig.Note 50 · Esta palabra parece que sobra.Note 51 · Alcavica, en n. orig.Note 52 · Alcavica, en n. orig.Note 53 · Sobra el que si ó está quizás por ansí, tambien.Note 54 · De, en n. orig.
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