Note 10 — NUEVO VIAJE AL PARNASO (continued 3)
Reading edition
Al leer esta semblanza, escrita ha más de treinta años, no puede menos de parecerme injusta. Revilla fué uno de los hombres de más talento que he conocido. Pero al mismo tiempo, siento en mi alma un cosquilleo de orgullo al pensar que tal violenta arremetida al crítico máximo de aquella época, que daba y quitaba reputaciones á su talante, fué obra de un joven literato de 23 años. Era lo que se ha llamado, después de la hazaña de Hernán Cortés, quemar las naves.
Cuando se publicó en la Revista Europea, mis juveniles compañeros del Ateneo me miraban con asombro y lástima, y se decían al oído: «¡Se ha perdido! ¡Se ha perdido para siempre!»
Por la noche me hallaba sentado entre ellos en un diván del pasillo de dicho centro, cuando acertó á pasar Revilla, que no me saludó, como era natural. Pero volvió á cruzar una y otra vez y yo advertí que estaba inquieto. Al fin se plantó delante de nosotros, se respaldó contra el armario de libros que guarnecía toda la pared del corredor, sacó un cigarrillo, lo encendió con calma, y mirándome fijamente me dijo:
—Ya he leído eso.
Yo me limité á sonreir sin contestar.
—No siento el ataque—profirió al cabo de un momento;—lo único que deploro es que está escrito sin gracia alguna.
—No lo he escrito para que le hiciese gracia á usted—respondí—sino al público.
—Pues se ha equivocado usted, porque al público tampoco le hace gracia.
—Será á sus amigos: á sus enemigos les ha hecho destornillarse de risa.
La conversación siguió en este tono algunos momentos y al cabo el insigne crítico se alejó con sonrisa amenazadora, diciendo:
—¡Nos encontraremos!
Por desgracia para él y para las letras patrias no pudo saciar su venganza. Poco tiempo después le acometió una enfermedad cerebral á la cual sucumbió.