Note 184 — CAPÍTULO III
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Dijo Anaxímenes que el aire era Dios, y que era engendrado, y que era inmenso e infinito, y estaba siempre en movimiento: como si el aire, que no tiene ninguna forma, pudiese ser Dios, a quien no podemos concebir sino bajo la forma más hermosa, o como si todo lo que nace no estuviese sujeto a la muerte. (Cicerón: De nat. Deor, libro I.)