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San Ignacio de Loyola

Note 172 — CAPÍTULO III

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Quid prodest homini mundum universum lucretur, anima vero sua detrimentum patiatur? Sentencia que, bien meditada por San Francisco Xavier, hizo de un maestro de la Universidad de París un Apóstol de las Indias (Principio y Fundamento de los Ejercicios, pág. IV) y que le hizo exclamar, improvisando el conocido y hermoso verso:

¿Yo para qué nací? Para salvarme. Que tengo de morir, es infalible. Dejar de ver a Dios y condenarme, Triste cosa será, pero posible. ¿Posible y río y canto y quiero holgarme? ¿Posible y tengo amor a lo visible? ¿Qué hago, en qué me ocupo, en que me encanto? ¡Loco debo de ser, si no soy santo!

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