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Romancero selecto del Cid

XIX

Reading edition

A
A

Á concilio dentro en Roma

el Padre Santo ha llamado.

Por obedecer al Papa

este noble rey Fernando

para Roma fué derecho,

con el Cid acompañado.

Por sus jornadas contadas

en Roma se han apeado:

el Rey con gran cortesía

al Papa besó la mano,

y el Cid y sus caballeros,

cada cual de grado en grado.

En la iglesia de San Pedro

don Rodrigo había entrado,

do vido las siete sillas

de siete reyes cristianos,

y vió la del Rey de Francia

junto á la del Padre santo,

y á la del Rey su señor

un estado más abajo.

Fuése á la del Rey de Francia,

con el pié la ha derribado;

la silla era de marfil,

hecho la ha cuatro pedazos,

y tomó la de su Rey

y subióla en lo más alto.

Habló allí un honrado duque,

que dicen el Saboyano:

—Maldito seas, Rodrigo,

del Papa descomulgado,

porque deshonraste un Rey,

el mejor y más preciado.

Oyendo el Cid sus razones

d’esta manera ha fablado:

—Dejemos los reyes, Duque;

y si os sentís agraviado

hayámoslo entre los dos;

de mí á vos sea demandado.—

Allegóse cabe el Duque,

un gran rempujón le ha dado;

el Duque sin responder

se quedó muy mesurado.

El Papa cuando lo supo

al Cid ha descomulgado;

sabiéndolo el de Vivar

ante el Papa se ha postrado.

—Absolvedme, dijo, Papa;

sino, seráos mal contado.—[1]

Illustration from Romancero selecto del Cid
Illustration from Romancero selecto del Cid

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