ROMANCE DE LOBOS COMEDIA BARBARA LA ESCRIBIO DON RAMON DEL VALLE INCLAN OPERA OMNIA VOL XV (continued 2)
Reading edition
LA ROJA
Vámonos, cordera, que ya San Pedro anda tocando los fierros.
SABELITA
Vámonos….
LA ROJA
¿No le acordó una resolución la Santísima Virgen?
SABELITA
No.
LA ROJA
¿Sigue batallando con sus dudas?
SABELITA
¡Ay, Jesús!
Salen de la iglesia. En el cancel esperan las viudas de los náufragos para tratar del entierro con el señor abad. Es un grupo de mujeres que huelen a marinada, con los ojos encendidos y las greñas flojas, con los vestidos húmedos, pardos, de una tristeza salobre, restos de otros lutos.
LA ROJA
El Señor Don Juan Manuel dispuso que se diese a cada viuda una carga de maíz. ¡Fué la sola cosa que habló!
SABELITA
¡Vamos allá!
LA ROJA
¡Dios te lo premiará, mi hija!
[Ilustración]
JORNADA TERCERA
ESCENA SEGUNDA
Una antesala en la casona. Andreíña hila y otros criados desgranan maíz, a la redonda de una cesta colmada de mazorcas. Hablan en voz baja, atentos a los pasos que vienen y van en la alcoba donde murió la señora ama. La puerta está cerrada, y de tiempo en tiempo alguno de los criados se acerca sin ruido y escucha. Los otros callan contemplándole, y cuando se les junta, otra vez comienza el cálido susurro de la conversación. Y el rumor de los pasos que vienen y van, parece marcar todos los gestos y todas las actitudes de aquellos criados que desgranan mazorcas en la antesala oscura.
ANDREÍÑA
¡Tal como agora véis, de día y de noche!…
EL RAPAZ DE LAS VACAS
¡Por la noche se oían sus lamentos!…
LA RECOGIDA
¡Una voz de desespero que llenaba toda la casa!
ANDREÍÑA
¡La voz del enemigo que tenía en el cuerpo, y turraba por salir!…
LA REBOLA
¡Ave María!
DON GALÁN
¡Ahí lo tenéis arrepentido como un fraile, por lo mucho que hizo sufrir a la señora ama!
LA REBOLA
¿Y dejárase morir de hambre?
DON GALÁN
Antes rabiará.
LA REBOLA
¡Ni que fuera can!
EL RAPAZ DE LAS VACAS
¡Tengo dolidas las manos! ¿Desgrana bien ese carozo, Rebola?
LA REBOLA
Hace él solo la labor.
EL RAPAZ DE LAS VACAS
Yo no atopo uno bueno.
LA REBOLA
Éste lo tuve en el lar, por mor que endureciese.
DON GALÁN
Si me lo regalas, te doy palabra de casamiento.
ANDREÍÑA
¿Y ha de ser ella quien te dé el carozo?
EL RAPAZ DE LAS VACAS
¡Nunca tal ví, ser la mujer quien lleve el carozo!
DON GALÁN
Así juntábamos dos. ¡No tenéis oído que cuanto más, más gracia de Dios!
ANDREÍÑA
¡Gran maricallo!
Doña Moncha entra en la antesala, y los criados al verla, callan, aparecen graves, con algo de sombras en la vastedad de aquella antesala oscura. No se distinguen los rostros, son los ademanes de una rara lentitud y las figuras parecen vestir túnicas de niebla.
DOÑA MONCHA
¿Se oyen sus pasos?
ANDREÍÑA
Sí, señora.
DOÑA MONCHA
¡No descansa!….
DON GALÁN
¡Tiene un verme que le roe y no le deja!
ANDREÍÑA
¡Como si estuviese ya difunto, róele un verme!
Se acerca Doña Moncha a la puerta y escucha. Los pasos se alejan. Espera. Los pasos retornan ya. Doña Moncha pulsa tímidamente en la puerta. Todos callan y esperan.
DOÑA MONCHA
¡Tío!… ¡Tío!… ¡Que se está matando… ¡Tío!… ¡Tío!… ¡Que es un pecado lo que hace! ¡Tío!… ¡Tío!….
ANDREÍÑA
¡No contestará!
EL RAPAZ DE LAS VACAS
¡Hállase firme en dejarse morir de hambre!
DON GALÁN
¡Está adolecido!… ¡Tiene el alma ausente!….
Sin ruido, lentamente, Doña Moncha se aparta de la puerta y se sienta entre los criados a desgranar espigas. Se oye alguna voz apagada, y el alarido del viento y las pisadas que vienen y van. Desgranada una cesta de mazorcas, traen otra. En la antesala vaga ahora una sombra negra, la sombra del capellán.
EL CAPELLÁN
Los pasos no dejan de oírse ni de día ni de noche.
DOÑA MONCHA
¡Ni de día ni de noche!
EL CAPELLÁN
¡Concluirá por enloquecer!
DOÑA MONCHA
¡Enloquecido está ya!
EL CAPELLÁN
¡No debíamos dejarle!
DOÑA MONCHA
¡Pobres de nosotros, qué podremos hacer!… Yo tiemblo cuando me acerco a esa puerta.
DON GALÁN
¡Tiene un verme que le roe!
ANDREÍÑA
¡Como si estuviera ya difunto, cómele, cómele!….
El capellán se acerca a la puerta y pulsa con los artejos. Espera un momento, y como ninguna voz responde, vuelve a pulsar. Les pasos vienen y van.
EL CAPELLÁN
¡Señor Don Juan Manuel!… ¡Señor Don Juan Manuel!… ¡Dios nos manda tener valor! Debemos conservar la existencia como un dón precioso, y amarla a pesar de sus espinas….
ANDREÍÑA
¡No responderá!
LA RECOGIDA
¡Es como un rey, y a nadie escucha!
La sombra del clérigo vuelve a vagar por la antesala. Los criados comentan en voz baja, graves, lentos, reunidos a la redonda de la cesta llena de mazorcas, y sus voces supersticiosas, parece que van en la oscuridad, de un misterio hacia otro misterio. Y los pasos vienen y van.
ANDREIÑA
¡Y así día y noche!
LA RECOGIDA
¡No descansa!
DON GALÁN
¡Ya tendrá su descanso, y qué luengo será!
LA RECOGIDA
¡Para siempre!
EL RAPAZ DE LAS VACAS
¡No escucha ninguna voz!
ANDREÍÑA
¡Ya escuchará la de Nuestro Señor!
LA RECOGIDA
¡Esa todos los nacidos la escuchamos!
ANDREÍÑA
¡Es más fuerte que el huracán!
EL RAPAZ DE LAS VACAS
¡Y más que los truenos!
DON GALÁN
¡Y más que el broar de la mar! LA RECOGIDA
Esta noche no dejó de oírse la mar de Corrubedo.
LA REBOLA
¡Dicen que se oye en la redondez de quince leguas!
ANDREÍÑA
¡En toda la redondez del mundo óyese la voz de Nuestro Señor!
Cesa de pronto la glosa de los criados que hacen rueda desgranando mazorcas. Artemisa la del Casal, moza blanca y rubia, briosa y rozagante, con manteo cercado de velludo y capotillo mariñán, acaba de aparecer en el umbral de la antesala. Se la tiene por hija bastarda del Caballero. Trae de la mano a un niño de ojos picarescos, que se tambalea sobre los zuecos blancos, que muestran no haber pisado la tierra. Un tirante amarillo cruza el pecho del rapaz con la prosapia de una banda, y sujeta el calzón de pana, que no llega a los zuecos. En una mano sostiene el gorro catalán, que aún tocaba su cabeza al parecer en la antesala, y en la otra estruja una rana viva.
ARTEMISA
¡Santas y buenas noches! Saluda, Floriano.
EL NIÑO
¡Bendito y alabado sea el Santísimo Sacramento del Altar!….
ARTEMISA
Besa la mano al señor capellán. Besa también la mano a Doña Moncha.
DOÑA MONCHA
¿Qué os trae?
ARTEMISA
Saber si ha tenido mudanza el señor.
EL CAPELLÁN
Parece resuelto a dejarse morir.
ARTEMISA
¡La Santísima Virgen de Gundarín no lo permitirá!
ANDREÍÑA
¿Y si lo quiere así la Santísima Virgen?
DON GALÁN
¡Tópanse con gana de pleitos en el Cielo!
ARTEMISA
Todo el día estuve con cuidado, y el pequeño, como sentíame suspirar, habían de ver qué consuelos me daba. ¿Y sigue de la misma conformidad el señor?
DOÑA MONCHA
De la misma.
ARTEMISA
¿Por qué le dejan así? Acabará por subírsele toda la sangre a la cabeza.
DOÑA MONCHA
Háblale tú a ver si te responde. ¡Yo tiemblo de acercarme a esa puerta!
Artemisa la del Casal, se acerca a la puerta con el niño de la mano. En la alcoba los pasos vienen y van obstinados y extraños como el pensamiento de los locos. Artemisa atiende algunos momentos.
ARTEMISA
¡Pasea en la oscuridad!
EL CAPELLÁN
Al entrar en la alcoba, mandó clavar las ventanas.
ARTEMISA
¡Señor!… ¡Señor!… ¿Ya no me conoce? ¡Soy Artemisa!… ¡Señor, franquee la puerta! ¡Por el alma de aquella santa! ¡Señor, que soy Artemisa!
Las pisadas que vienen y van dejan de oírse y la puerta se abre con estrépito. En el umbral, sobre el fondo oscuro de la alcoba, aparece la figura de Don Juan Manuel Montenegro. Tiene un fulgor de cólera en las pupilas, en las manos de marfil añoso la escopeta, y su barba se derrama sobre el pecho, trémula y blanca.
EL CABALLERO
¡Será preciso que mate a uno! ¡No me dejaréis morir en paz!… ¡Malditos todos, que llegáis a esta puerta y no respetáis mi dolor! ¡Yo también seré maldito, porque vosotros no me dejáis morir arrepentido! ¡Mis horas están contadas!… ¡Tengo ya la sepultura abierta! ¡Dejadme! ¡Toda la noche han aullado los perros!… ¡Cierro los ojos para morir, y vuestras voces me despiertan!… ¡Sois como las hienas, que desentierran a los cadáveres!… ¡Tendré que mataros!… ¡Dejadme, hienas y lobos y escorpiones!… ¡Dejadme que muera y que la tierra caiga a puñados sobre mis ojos!…
El viejo linajudo atraviesa la antesala y huye por el largo corredor lleno de resonancias. Todos se miran en silencio, con ojos de susto, y se acercan, uno a uno, al umbral de la alcoba que hiede a muerte. Allí agrupados dudan de entrar, como si continuasen oyendo aquellos pasos obsesos y viesen la sombra, en la sombra ir y venir.
ARTEMISA
¡Espanto en el alma me pusieron sus palabras!
DOÑA MONCHA
¡Son bien de espantar!
LA RECOGIDA
¡Quiere morir!
ANDREÍÑA
¡Y buscará la muerte!
ARTEMISA
¡Y condenará su alma!
LA RECOGIDA
¡Adonde irá!
DON GALÁN
¡Si no le temiere, iría tras él!
El CAPELLÁN
¡No acosemos al león!… Si nuestros ojos no pueden seguirle, que le sigan nuestras oraciones.
El capellán pasea la estancia de uno a otro testero, con un murmullo de rezo, y los criados, reunidos a la redonda de la cesta colmada de mazorcas, hablan en voz baja. De pronto se oyen pisadas de caballos refrenados ante el portón.
DOÑA MONCHA
¿Qué será en tal hora?
EL CAPELLÁN
Los lobos que bajan del monte. ¿Quiénes pueden ser sino los hijos?….
DON GALÁN
Llegan para repartirse la herencia.
ARTEMISA
¡Pronto tuvieron noticia!….
DON GALÁN
¡Alguna bruja!….
ANDREÍÑA
¡De hoy son nuestros amos.
[Ilustración]
JORNADA TERCERA
ESCENA TERCERA
Don Juan Manuel Montenegro cruza una y otra calle, calles angostas asombradas por altas tapias, sobre las cuales ya se derrama una higuera, ya descuella un ciprés. ¡Viejas calles de una vieja villa feudal, con iglesias, con caserones, con huertos conventuales! De los negruzcos aleros gotea la lluvia, y en las angostas ventanas que se abren debajo asoma el contorno de un gato, alguna rara vez.
EL CABALLERO
¿Dónde esperar la muerte sin que me acosen con sus voces?… ¿En qué oscura cueva de lobo o de león iré a esconderme?… ¡No hallo paz en la vida!¡Fui pastor de lobos y ahora mis ganados me comen ¡Engendré monstruos y estoy maldito! ¿Por qué de aquel vientre de mujer santa salieron demonios en vez de ángeles con alas? ¡Estaba maldito el sembrador! ¡Estaba maldita la simiente! ¡Muerte, no tardes! ¡Sácame de este pozo de sierpes y dame a tus gusanos!… ¡Que me coman tus hijos, pero no los míos! ¡Muerte, no tardes! ¡Dios, si por mis pecados no me quieres, deja que me arrebate Satanás!
El Caballero cruza ante dos mujeres que se asustan del encuentro. Pasa sin verlas y solamente se detiene cuando le llaman con plañideros gritos. Entonces reconoce a la vieja criada y a Sabelita.
LA ROJA
¡Señor mi amo, adónde camina en esta hora?
SABELITA
¡Don Juan Manuel! ¡Madre de Dios!
LA ROJA
¡Señor, adónde camina con la blanca cabeza descubierta a la lluvia?
EL CABALLERO
¿De qué infierno habéis salido? ¿Por qué me detenéis? ¿Por qué me habláis cuando huyo de vuestras voces?… ¡Isabel, qué me quieres? ¡Me abandonaste un día y ahora vuelves a mí, acompañada de una bruja! ¿De qué infierno sales, Isabel? ¿Cuál es tu nombre ahora?
SABELITA
¡Soy Isabel, señor!….
EL CABALLERO
¡El demonio no te llama Isabel!… ¡El demonio te llama voz de mentira, cuervo de ingratitud, sierpe de hipocresía, brasa de lujuria!¡Sólo la santa de quien fuimos verdugos te llama Isabel! ¡Ay, para ella todos éramos sus hijos!… ¡Pero Satanás no tiene en los labios el amor de aquella boca ya muda!… ¡Isabel, tú para mi te llamas remordimiento, y esa bruja, bruja!
Desaparece el Caballero en la sombra. Las dos mujeres, asustadas, no se atreven a seguirle. Por algunos momentos se oyeron pasos en la soledad de la calle. ¡Huecos y resonantes pasos! El Caballero baja a la playa. El viento bordonea en el mar.
EL CABALLERO
¡Mar, tus olas no se abrieron para tragarme!… ¡Quisiste aquellas vidas y no quisiste la mía!¡Si me tragases, mar, y no arrojases mi cuerpo a ninguna playa!¡Si me sepultases en tu fondo y me guardases para ti!… ¡No me quisiste aquella noche, y soy más náufrago que esos cuerpos desnudos que bailan en tus olas!… ¡Tengo la pobreza y la desnudez y el frío de un náufrago! ¡No sé adonde ir!… ¡Si la muerte tarda, pediré limosna por los caminos!… ¡Y el mar, aquella noche, pudo caer sobre mi cuerpo, como la tierra de la sepultura, y no me quiso!… ¡Ya soy pobre! ¡Todo lo he dado a los monstruos! ¡Mi alma en otra vida, aquella vida de que huyo, también fué un mar, y tuvo tempestades, y noches negras, y monstruos que habían nacido de mí! ¡Ya no soy más que un mendigo viejo y miserable! ¡Todo lo he repartido entre mis hijos, y mientras ellos se calientan ante el fuego encendido por mí, yo voy por los caminos del mundo, y un día, si tú no me quieres, mar, moriré de frío al pie de un árbol tan viejo como yo! ¡Las encinas que plantó mi mano no me negarán su sombra, como me niegan su amor los monstruos de mi sangre!….
A lo largo de la playa bajan tres negras figuras. Sobre sus hombros se alarga un palo, que allá en su extremo parece levantar hacia la luna en dos cuernos, la dentadura de una vieja. Las tres figuras negras van delante del Caballero. De tiempo en tiempo se detienen, y sobre las olas crestadas de espuma alargan sus varales, y los dientes de bruja que se abren al extremo desaparecen sepultos en el mar. El Caballero pasa por entre aquellas figuras que, asombradas, le reconocen. Son tres mendigos que en las noches de resaca catean por la playa buscando los tesoros de un naufragio. El viejo linajudo también reconoce aquellas sombras. El Morcego, la coima, y un loco que se llama Fuso Negro.
EL CABALLERO
¿Qué trasgo o qué bruja os ha convocado aquí?
FUSO NEGRO
La luna….
LA MUJER DEL MORCEGO
Buscamos los tesoros de una gran nave que venía no se sabe de dónde….
EL MORCEGO
Un gran bergantín, que naufragó en la mar de Corrubedo.
LA MUJER DEL MORCEGO
Pudiera suceder que las olas tuviesen más caridad que algunos corazones, y esta noche nos arrojasen alguna cosa, remedio de nuestra pobreza.
EL CABALLERO
¡Las olas no tienen caridad!
LA MUJER DEL MORCEGO
Para muchos la tuvieron….
EL MORCEGO
Y no hay otra playa como esta, adonde salgan tantas tablas de navíos.
LA MUJER DEL MORCEGO
Y por veces cosas de gran riqueza….
FUSO NEGRO
Plata fina, y joyas….
EL CABALLERO
¡Y también algún ahogado comido de los peces!
FUSO NEGRO
Hace años salió el cuerpo de un rey con su corona de oro y pedrería… Traíala tan bien puesta, que no se le pudo arrancar y fué menester cortarle la cabeza….
EL CABALLERO
¡Con cuántos náufragos no habrá hecho lo mismo vuestra codicia!
FUSO NEGRO
Aquel era un rey de morería. La sangre que le manaba del cuello era negra.
EL CABALLERO
Si yo hubiera naufragado aquella noche, vosotros también habríais segado mi cabeza, aun cuando no llevase una corona. Se la venderíais a mis hijos y os la pagarían bien.
LA MUJER DEL MORCEGO
¡No diga, tal señor!
FUSO NEGRO
Se la presentaríamos en una fuente de plata cuando estuviesen sentados a la mesa.
EL CABALLERO
Y se la comerían como un rico manjar.
FUSO NEGRO
Don Pedrito diría: ¡Yo quiero la lengua! Don Gonzalito diría: ¡Yo quiero los ojos! ¡Y cómo le habían de chascar bajo los dientes!
EL CABALLERO
¡Y se matarían disputándoselos!
FUSO NEGRO
Los huesos serían para los canes.
EL CABALLERO
Los canes no comen a los amos.
LA MUJER DEL MORCEGO
¿Y pueden los hijos comer a los padres, mi señor?
EL CABALLERO
¡A mí me comieron el corazón!
FUSO NEGRO
Aun cuando lo arrancaren del pecho con los dientes, vuelve otro a nacer. Retoña como un verde laurel… ¡No hay que tener miedo!
LA MUJER DEL MORCEGO
Sólo lo come de raíz, el verme de la muerte. En tanto dure la vida, es como una fontela donde todos acuden a beber y nadie la seca.
EL MORCEGO
Una fontela tiene agua para todas las sedes.
EL CABALLERO
¿Y no habéis visto fuentes secas?
EL MORCEGO
En tiempo de calores.
LA MUJER DEL MORCEGO
Mas aquéllas habíalas secado el sol, y no la boca de un sediento.
FUSO NEGRO
Los lobos que quieren beberse toda el agua de las fuentes, mueren como odres reventadas.
EL CABALLERO
¿Por qué habéis dicho que el corazón es como una fuente? En las fuentes se envenenan las aguas y mueren los que beben de ellas….
EL MORCEGO
¡También el corazón tiene su ponzoña!
EL CABALLERO
Pero no la vierte en las bocas que le muerden, sino que las recibe de ellas.
FUSO NEGRO
El corazón es como la niña del ojo. Adonde mira aquello tiene en el fondo. Unas veces fuente, y otras roquedo… Unas veces los dientes arregañados de un lobo, y otras un resplandor.
EL CABALLERO
¿Por qué dirán que estás loco, Fuso Negro?
LA MUJER DEL MORCEGO
Dícelo él, por no trabajar.
FUSO NEGRO
Lo dicen los rapaces por poder tirarme piedras. En todas las villas tiene de haber un loco y un mayorazgo.
EL MORCEGO
Ya baja la marea. Hoy las ondas no quisieron hacer nuestra suerte.
LA MUJER DEL MORCEGO
¡Si la hace con una limosna el señor mayorazgo!…
EL CABALLERO
He llegado a ser tan pobre como vosotros. Si no tuviese abierta la sepultura, tendría que ir en vuestra caravana por los caminos, mendigando el pan. La muerte ya marcó mis horas, y para poder morir en paz, he abandonado a mis hijos todo cuanto tenía.
LA MUJER DEL MORCEGO
¿Y adónde va en esta noche?
EL CABALLERO
Ya os dije que voy a morir.
LA MUJER DEL MORCEGO
La muerte viene sin que la llamen. ¡No la busque que es muy grande pecado, señor!
EL CABALLERO
No la busco… ¡La espero porque me fué anunciada!… Un gran cirio, todo de luz, se ha encendido dentro de mi y me guía y me alumbra. He visto en abismos donde sólo se ve cuando se tiene cavada la fosa. He aprendido, al final de mis días, que todos debemos traer por lecho de muerte un muladar, y voy a él. La tierra ha de dármelo, mucho antes que el mar, a vosotros, esos tesoros de naufragios que buscáis….
El Caballero se aleja lentamente. Los tres mendigos le miran desvanecerse entre los roquedos de la playa. La Luna parece agigantar la figura del viejo hidalgo y poner un nimbo en su cabeza blanca y desnuda.
[Ilustración]
JORNADA TERCERA
ESCENA CUARTA
Una costa brava ante un mar verdoso y temeroso. Lomas de arena, con pinares desmedrados en lo alto, y en la bajada un charcal salobre, donde blanquean los huesos de una vaca. Larga bandada de cuervos revolotea sobre aquella carroña, bajo un cielo gris de amanecer. En el fondo de una caverna socavada por el mar, el viejo linajudo espera la muerte como un viejo león. Ante sus ojos nublados ve aparecer la sombra de Fuso Negro.
FUSO NEGRO
Tou! ¡Tou! ¡Tou!… Ya somos dos.
EL CABALLERO
¡Tampoco aquí podré estar sólo para morir en paz!…
FUSO NEGRO
El señor mayorazgo tiene sus palacios y su cama con dosel… Aquí haránsele llagas las costas….Para el cuerpo de los señores es muy duro el cocho de Fuso Negro.
EL CABALLERO
¿Duermes en esta cueva?
FUSO NEGRO
Unas veces duermo y otras veces velo.
EL CABALLERO
¡Yo te pido que me dejes morir aquí!
FUSO NEGRO
¿Quiere hacerse ermitaño el señor mayorazgo? Iráse el loco a reinar en sus palacios. Tendrá su manto de una sábana blanca y su corona ribeteada de papel. Tendrá su mesa con pan de trigo y cuatro odres haciendo una cruz. El uno de vino del Rivero, el otro de vino de la Ramallosa, el otro de vino blanco Alvariño y el otro del buen vino que beben los abades en la misa, y si parida, el ama en la cama. ¡Iráse el loco a los palacios del señor mayorazgo!
EL CABALLERO
Ya no tengo palacios. Todo lo he repartido entre mis hijos para que no acabasen en la horca y fuesen deshonra de mi linaje. ¡Todo lo di!
FUSO NEGRO
¡Tou! ¡Tou! ¡Tou!… ¡Ya somos hermanos!
EL CABALLERO
Un ángel y un demonio me están abriendo la sepultura, a la luz de un cirio. El ángel cava, el demonio cava… Uno a la cabecera, otro a los pies… El demonio con una guadaña, el ángel con una concha de oro. ¿No los ves, hermano Fuso Negro? El ángel cava, el demonio cava….Uno a la cabecera, otro a los pies….
FUSO NEGRO
El ángel cava, el demonio cava….¡Bien que los veo! El demonio agora enciende un cigarro con un tizón que saca del rabo.
EL CABALLERO
¿Tú los ves, Fuso Negro?
FUSO NEGRO
¡Si que los veo!
EL CABALLERO
¿Estás seguro?
FUSO NEGRO
¡Sí que los veo!
EL CABALLERO
Yo dudaba que fuese delirio de mis sentidos…. Apenas distingo tu sombra en esta cueva. He venido aquí para morir….Fuí toda mi vida un lobo rabioso, y como lobo rabioso quiero perecer de hambre en esta cueva….Hermano Fuso Negro, me cortarás la cabeza y se la llevarás a mis hijos. Verás cómo te visten de seda esos monstruos nacidos de mi sangre.
FUSO NEGRO
¿Cuántos son?
EL CABALLERO
Cinco.
FUSO NEGRO
¡Cinco cirios, cinco rabos, cinco demonios coronados!
EL CABALLERO
¡Demonios son!
FUSO NEGRO
Hijos del Demonio Mayor, que cinco veces estuvo en la cama con aquella que ya dejó el mundo.
EL CABALLERO
¡No la nombres, boca miserable! ¡Boca de escorpión! ¡Boca de serpiente!
FUSO NEGRO
¿Ya no somos hermanos?….¡Y todo porque le cuento las burlerías del Demonio Mayor! Los cinco mancebos son hijos de su ciencia condenada. ¡Arreniégola! ¡Arreniégola!….De la su mano derecha a cada cual dióle un dedo con su uña, para que rabuñasen en el corazón de mi hermano el señor mayorazgo. Hermano de este día, por parte de los caminos, y de pedir por las puertas, y de la cueva para morir….Hermano de este día….¡Tou! ¡Tou!….Van por un camino toda la vida los hermanos y no se reconocen….Van por un camino. ¡Tou! ¡Tou! ¡Tou!
EL CABALLERO
¡Hermanos todos, todos hijos de Satanás! ¡Y no se reconocen!…
FUSO NEGRO
También hay los hijos de Dios Nuestro Señor….
EL CABALLERO
Todos hermanos por parte de la tierra, que es nuestra madre. ¿Tú dices que mis hijos tienen un dedo de Satanás? Todos los tenemos para robar, para matar, para hacer una higa….
FUSO NEGRO
Los cinco mancebos son hijos del Demonio Mayor. A cada uno le hizo un sábado, filo de media noche, que es cuando se calienta con las brujas, y todo rijoso, aullando como un can, va por los tejados quebrando las tejas, y métese por las chimeneas abajo para montar a las mujeres y empreñarlas con una trampa que sabe….Sin esa trampa, que el loco también sabe, no puede tener hijos….Y las mujeres conocen que tienen encima al enemigo, porque la flor de su sangre es fría. El Demonio Mayor anda por las ferias y las vendimias, y las procesiones, con la apariencia de una moza garrida, tentando a los hombres. Frailes y vinculeros son los más tentados. ¡Ay, hermano, cuántas veces habremos estado con una moza bajo las viñas sin cuidar que era el Demonio Mayor de los Infiernos! El gran ladrón se hace moza para que le demos nuestra sangre encendida de lujuria, y luego, dejándonos dormidos, vuela por los aires….Con la misma apariencia del marido se presenta a la mujer y se acuesta con ella. ¡Cata la trampa, porque entonces tiene la calor del hombre la flor de su sangre y puede empreñar! Al señor mayorazgo gustábanle las mozas, y por aquel gusto el Diablo hacíale cabrón y se acostaba con Dama María.
EL CABALLERO
Yo no soy cabrón.
FUSO NEGRO
El Diablo púsole sus cuernos.
EL CABALLERO
Tendrían que ser cabrones todos los hombres para que lo fuese Don Juan Manuel Montenegro.
FUSO NEGRO
¡Todos lo son, y por eso está lleno el mundo de hijos de Satanás!
Aquí Fuso Negro saca un mendrugo de entre la camisa y comienza a roerlo, con la mirada adusta y obstinada. El Caballero cierra los ojos y se recuesta sobre las algas que sirven al loco de camada. Se oye el bordón del viento y el tumbo de las olas en la playa. El Caballero suspira sin abrir los ojos.
EL CABALLERO
¿Tienes hambre, hermano Fuso Negro?
FUSO NEGRO
Los vinculeros y los abades siéntanse a una mesa con siete manteles, y llenan la andorga de pan trigo y chicharrones. Luego a dormir y que amanezca. ¡Jureles asados!….¡Sartenes sin rabos!….¡Una vieja con los ojos encarnados!… El loco tiene siempre hambre!….
EL CABALLERO
¡La furia de tus dientes me desvela!
FUSO NEGRO
¡Es duro como un hueso este rebojo!
EL CABALLERO
¡Yo hace dos días que no como, y toda el hambre dormida se despierta oyéndote roer!….
FUSO NEGRO
¡Parezco un can!
EL CABALLERO
¿Es el mar o son tus dientes en el mendrugo?
FUSO NEGRO
¡Cómo broa el mar!
EL CABALLERO
¡No sé si el mar, si tus dientes, hacen ese gran ruido que no me deja descansar y se agranda dentro de mí!
FUSO NEGRO
¡Es la voz de la cueva!
El Caballero se tiende sobre las algas que sirven de camada a Fuso Negro. En la concavidad del escabón parece aletear un gran pájaro invisible que acordase su vuelo con la voz del viento y el tumbo de las olas. La cortina cenicienta de la lluvia ondula en el claro de luz que recorta la boca de la cueva. Algunas sombras llegan a cobijarse y se agrupan en el umbral, alentando afanosas de la carrera. Aquellas figuras que huyen del nublado se destacan por oscuro sobre el fondo del mar tendido de espuma. Son cuatro niños descalzos, con los pelos crespos y una mujer de luto.
LA MUJER
¡Tiempo de aguas!….¡Tiempo de tormentas!…. ¡Tiempo maldito!….¡Miseria para los pobres!….¡Lutos y hambres!….¡Cúbrese el sol!….¡Sentarvos en la tierra a descansar, mis hijos!…¡Aún hemos de ir mucho por este arenal!…¡Vos dolerán los pies si no descansáis!… ¡Repartirvos ese pan!….¡Tiempo de tormentas!….¡Tiempo de dolor!…
FUSO NEGRO
Si tuviésemos un amparo de leña encenderíamos una hoguera.
LA MUJER
No se distingue en esta oscuridad … ¿Eres tú, Fuso Negro? Si bajaste por este arenal de lobos, acaso sabrás en qué playa echaron las olas el cuerpo de un ahogado. A la media noche llegaron a decírmelo. Batieron en la ventana. No conocí quién era.
FUSO NEGRO
¿Inda la mar no quiso darte el cuerpo de Venturoso?
LA MUJER
Dijo la voz que en la playa de Campelos….Allá voy por ver si le reconozco. Las cuatro criaturas despertáronse llorando al oír petar en la ventana…. ¡Creían que era el ánima de su padre! Esta mañana, rayando el día, fuí a la casa grande por tener un socorro para este camino tan largo. ¡Echáronme los canes!….¡Malditos sean todos los ricos!
FUSO NEGRO
Largo camino haces para las criaturas. Si les atares una cuerda, podías descansadamente llevarlas por la mar y tú ir por la tierra.
LA MUJER
…¡Y tenían dicho que darían socorro a las viudas y a los huérfanos! ¡El mayorazgo huyóse para no cumplirnos la manda! ¡Cinco lobos dejó alrededor de su silla vacía! ¡Ay, Montenegro, negro de corazón! ¡Por tu imperio se hicieron aquellos pobres a la mar, en una noche tan fiera! ¡Cuando seáis mozos, reclamarle cuentas, mis hijos, que él os dejó sin padre! ¡Mal can le arranque el corazón y lo lleve por este arenal! ¡Mal cuervo le coma los ojos! ¡Malas ortigas le broten en el pecho! ¡Mal avispero le nazca en la lengua!
EL CABALLERO
¡Calla, mujer, que tus maldiciones ya se cumplen!
El Caballero se incorpora en el lecho de algas, y la viuda y los cuatro niños tiemblan al reconocerle. En la oscuridad de la cueva apenas se distingue la sombra del viejo linajudo, y su voz tiene una resonancia oscura de caos y tinieblas como si saliese de la oquedad del roquedo.
LA MUJER
¡Tanta es la dolor de mi alma, que hablo sin sentido!… ¡Por estas cuatro criaturas, no me haga mal, señor Vinculero!
EL CABALLERO
¡Fuiste a mi casa y encontraste cerrada la puerta!
LA MUJER
¡Me echaron los canes!….¡Pedía un bien de caridad para abrir una cueva!….
FUSO NEGRO
¡Cinco cirios, cinco rabos, cinco demonios coronados!
EL CABALLERO
¡Yo cavaré la cueva para tu marido! Si faltase azada, la cavaré con mis manos….Para la mortaja iré a pedir una limosna en la casa que fue mía, y si hallo la puerta cerrada la derribaré para que entres tú con tus hijos….
FUSO NEGRO
¡Y el loco también!
EL CABALLERO
¡Haré respetar mi voluntad! Los muertos serán sepultos y amparados los vivos. Se cumplirán todas las mandas que ordené. Venid conmigo, y en el umbral de mi Casa me veréis pedir una limosna para vosotros. Después, cúmplanse tus maldiciones, y lleven los perros por este arenal mi corazón desesperado.
El Caballero sale de la cueva. La lluvia moja su cabeza blanca y su barba patriarcal que aborrasca el viento, llevándola de uno al otro hombro. La viuda, el loco y los niños le siguen como sombras de su delirio. Van los niños atenazados a la falda de la madre, y llorando de miedo. Todos parecen perdidos en la vastedad del páramo.
EL CABALLERO
¡Desfallezco de hambre!….¡No veo!…¡Apenas puedo andar!… Esos niños que me den un poco de su pan.
LA MUJER
¡Ya nada les queda, señor!
EL CABALLERO
¡Dios haga que no caiga muerto en medio del camino! ¡Vamos!
[Ilustración]
JORNADA TERCERA
ESCENA QUINTA
La hueste de mendigos descansa al sol ante el portal de la casona y se tiende por la orilla del camino aldeano. Sobre la veleta del hórreo, el gallo clarinea, en el sol, dorado y soberbio.
DOMINGA DE GÓMEZ
¡De toda la vida lo recuerdo! Al son de las doce repartíase el pan y las berzas a los pobres que acudíamos a este portal. Era una caridad de fundación. Venía desde los difuntos señores que levantaron la casona.
EL MANCO DE GONDAR
¡Y esta puerta, que siempre estuvo franca para los desvalidos, ciérrase agora!
EL MANCO LEONES
¡No heredaron los hijos la honrada ley de los padres!
LA MUJER DEL MORCEGO
Catailos los amos. Murió la madre, y el padre fuese por el mundo, dejándolo todo. En la ribera del mar lo topamos que iba con la cabeza descubierta a la lluvia.
EL MORCEGO
¡Clamaba por la muerte!
EL POBRE DE SAN LÁZARO
Todo lo dejó para ser pobre como nosotros y tener su silla de oro en el Cielo.
EL MANCO LEONÉS
Los herederos la tendrán de espinas en el Infierno.
DOMINGA DE GÓMEZ
Cierran su puerta a los pobres, que son hijos de Dios Nuestro Señor.
ADEGA LA INOCENTE
El Divino Jesús también anduvo pidiendo por los caminos del mundo con unas alforjinas a cuestas que le bordara la Virgen Madre.
EL MANCO LEONÉS
¿Y adónde se habrá retirado el noble Caballero?
LA MUJER DEL MORCEGO
¡Y quién lo sabe!
DOMINGA DE GÓMEZ
Para hacer penitencia iríase al monte, donde tiene un gran pazo.
EL POBRE DE SAN LÁZARO
Allí guarda cinco mozas, y no iría si está talmente arrepentido.
LA MUJER DEL MORCEGO
¡Escuchad la voz de los hijos en la casona!
DOMINGA DE GÓMEZ
¡Vanse a matar!
EL MORCEGO
¡Pelean haciendo las participaciones!
EL POBRE DE SAN LÁZARO
¡En la gran Jerusalén, hace cientos de años, oyéronse estas mismas voces, que las daban los judíos, repartiéndose la túnica de Nuestro Señor Jesucristo!
DOMINGA DE GÓMEZ
¡Talmente son judíos!
EL POBRE DE SAN LÁZARO
¡Como tales judíos obran, cerrando su puerta a los pobres y echándolos al camino! ¡Las migajas de su mesa se las dan a los canes!
DOMINGA DE GÓMEZ
¡La suerte de un pobre es más triste que la de un can!
EL POBRE DE SAN LÁZARO
¡Porque un pobre sabe resignarse, y un can rabia!
Se abre un postigo en el gran portón de la casona, y uno a uno van saliendo los criados:—La Roja, Don Galán, La Recogida.—Tras ellos, el postigo vuelve a cerrarse.
LA ROJA
¡Bien mala cosa es la vejez!
DON GALÁN
¡Un hueso que nadie lo quiere roer, si no es la muerte!
LA RECOGIDA
¿Adonde iremos, señora Micaela?
LA ROJA
Tú eres moza, y en cualquier banda hallarás acomodo…. ¡Pero yo, triste de mí, con tantos años a cuestas, que voy a cumplir el ciento!… ¿Adonde iré, despedida de esta casa, donde gané el pan toda mi vida?… ¡Bien se me alcanza que no podía ya ganarlo!… ¡Y una boca, aun cuando no tenga dientes, es una carga muy grande!… ¡Y lo mucho es poco, cuando se reparte! ¡Y si los reinos se deshacen, qué no será las casas!… ¡Esta casa fué muy grande, mas agora repartida no será nada!… ¡Por eso, si culpo, es a la muerte que tanto me tarda!
LA RECOGIDA
Solamente tuvo suerte la señora Andreíña.
DON GALÁN
Porque tiene tres cabras que se acochan con los lobos.
LA ROJA
Moriré en un camino, al pie de un bardal.
LA RECOGIDA
¡Juntas nos atrapó la tormenta, señora Micaela!
DON GALÁN
Iremónos los tres por luengas tierras pidiendo una limosna. A mí llevaréisme en un carretón.
LA ROJA
¡Pudiera yo como tú trabajar!
DON GALÁN
Pero no tengo voluntad.
LA ROJA
¡Se me parte el corazón al separarme de estas piedras!… ¡Pierdo a mis amos, piérdolos para siempre, yo que los vi nacer!….
DON GALÁN
¡Nosotros somos ovejas y ellos son lobos que nos enseñan los dientes!
LA ROJA
¡Son leones y de mucha nobleza!
Don Juan Manuel llega por aquel camino aldeano, de verdes orillas. El loco, la viuda y los huérfanos le acompañan. El Caballero camina entre ellos como un viejo patriarca entre su prole: Dolor, Miseria y Locura.
DON GALÁN
¡Catay, el amo que torna!
DOMINGA DE GÓMEZ
¡Vuelve a su silla el rey de Castilla!
EL MANCO LEONÉS
¡Vuelven los desvalidos a tener padre!
LA ROJA
¡Con cuánta dolor camina!
LA RECOGIDA
¡Nos topábamos como ovejas sin pastor, y cuidad que llega!
DON GALÁN
¡No es el pastor, sino el mastín! ¡Veredes qué dientes le muestra a los lobos!
El Caballero, con el andar desfallecido, llega a la puerta y pulsa. Apoyado en la jamba, espera. Los mendigos y los criados se agrupan detrás, todos en un gran silencio. El Caballero vuelve a pulsar en la puerta, y acompaña con grandes voces los golpes de su puño cerrado.
EL CABALLERO
¡Abrid, hijos de Satanás! ¡Abrid estas puertas que cierra vuestra codicia! ¡Abridlas de par en par, como tenéis abiertas las del Infierno! ¡Abridlas para que entren los que nunca tuvieron casa! ¡Soy yo quien después de habéroslo dado todo, llego a pediros una limosna para ellos! ¡Soy yo, quien pobre y miserable, golpea esta puerta cerrada! ¡Hijos de Satanás, no hagáis que mi cólera la derribe y entre por ella, como quien es, Don Juan Manuel Montenegro! ¡Abrid, hijos de Satanás!
Resuenan en el ancho zaguán los golpes del Caballero. Ante la puerta hostil y cerrada se levanta, como un oleaje, el vocerío de la hueste mendicante y los viejos criados despedidos de la casona.
LA VOZ DE TODOS
¡Abran a su padre! ¡Abran a su padre!
EL CABALLERO
¡Derribad la puerta! ¡Mis verdaderos hijos sois vosotros!
LA VOZ DE TODOS
¡Tengan caridad para su padre! ¡Caridad y respeto! ¡Caridad y respeto!
EL CABALLERO
¡Eso lo da sólo el amor!
Por las mejillas del viejo linajudo ruedan dos lágrimas que se pierden en la nieve de su barba. Los mendigos y los criados se arrojan sobre la puerta.
LA VOZ DE TODOS
¡Tengan ley de Dios!
EL CABALLERO
¡Dadme un hacha!
LA VOZ DE TODOS
¡Tengan ley de Dios!
EL CABALLERO
¡Poned fuego a la casa por sus cuatro esquinas! ¡Perezcan entre llamas los hijos del Infierno!
LA VOZ DE TODOS
¡No hay ley de Dios! ¡No hay ley de Dios!
De pronto cesa el clamor. Espantados de sus voces, mendigos y criados oyen en un gran silencio descorrer los cerrojos de la puerta: Se abre rechinando, y sobre el umbral, como una sombra de malas artes, aparece Andreíña. Al mismo tiempo, asoman con bárbara violencia los cuatro segundones en aquel balcón de piedra que remata con el escudo de armas: ¡Águilas y Lobos! Todos hablan en un son.
DON MAURO
¡Ya tenéis franca la puerta!
DON ROSENDO
¡Entrad, si os atrevéis!
DON MAURO
¡El que cruce esos umbrales no vuelve a salir!
DON GONZALITO
¡Atreveos, miserables!
DON FARRUQUIÑO
¡Ya no gritáis, mal nacidos!
EL CABALLERO
¡Entrad conmigo todos! ¡Mis verdaderos hijos sois vosotros! ¡Ayudadme para que pueda saciar vuestra hambre de pan y vuestra sed de justicia! ¡Ayudadme como hijos! ¡Ayudadme como animales hambrientos, como arcángeles o como demonios! ¡Rabiad, ovejas!
Todos permanecen ante la puerta cobardes, mudos y quietos. El Caballero entra solo, y sus voces bajo la bóveda del zaguán, se alejan y se pierden. Los cuatro mancebos se retiran del balcón, unánimes en el impulso violento y fiero. Andreiña empuja la puerta para cerrarla, y en aquel momento adelántase la Figura gigante del pobre lazarado, derriba por tierra a la bruja y penetra en el zaguán clamando, y todos le siguen repitiendo sus voces.
EL POBRE DE SAN LÁZARO
¡Es nuestro padre! ¡Es nuestro padre!
LA VOZ DE TODOS
¡Es nuestro padre!
[Ilustración]
JORNADA TERCERA
ESCENA FINAL
La cocina de la casona. En el hogar arde una gran fogata y las lenguas de la llama ponen reflejos de sangre en los rostros. Los cuatro segundones aparecen sobre el fondo oscuro de una puerta, cuando la cocina es invadida por la hueste clamorosa que sigue al Caballero.
EL CABALLERO
¡Soy un muerto que deja la sepultura para maldeciros!
DON FARRUQUIÑO
¡Padre, tengamos paz!
DON ROSENDO
¡Fuera de aquí toda esa gente!
EL CABALLERO
¡Son mis verdaderos hijos! ¡Para ellos os pedí una limosna y hallé cerrada la puerta!
DON MAURO
¡Ya la tiene franca!
EL CABALLERO
¡Llego para hacer una gran justicia, porque vosotros no sois mis hijos!… ¡Sois hijos de Satanás!
DON FARRUQUIÑO
Entonces somos bien hijos de Don Juan Manuel Montenegro.
EL CABALLERO
¡Ay, yo he sido un gran pecador, y mi vida una noche negra de rayos y de truenos!… ¡Por eso a mi vejez me veo tan castigado!… ¡Dios, para humillar mi soberbia, quiso que en aquel vientre de mujer santa engendrase monstruos Satanás!… ¡Siento que mis horas están contadas; pero aún tendré tiempo para hacer una gran justicia. Vuelvo aquí para despojaros, como a ladrones, de los bienes que disfrutáis por mí! ¡Dios me alarga la vida para que pueda arrancarlos de vuestras manos infames y repartirlos entre mis verdaderos hijos! ¡Salid de esta casa, hijos de Satanás!
A las palabras del viejo linajudo, los cuatro segundones responden con una carcajada, y la hueste que le sigue calla suspensa y religiosa. El Caballero adelanta algunos pasos, y los cuatro mancebos le rodean con bárbaro y cruel vocerío, y le cubren de lodo con sus mofas.
DON MAURO
¡Hay que dormirla, Señor Don Juan Manuel!
DON ROSENDO
¿Dónde la hemos cogido, padre?
DON GONZALITO
¡Buen sermón para Cuaresma!
DON FARRUQUIÑO
¡No mezclemos en estas burlas las cosas sagradas!
DON ROSENDO
¿Dónde hay una cama?
DON MAURO
Vosotros, los verdaderos hijos, salid, si no queréis que os eche los perros. ¡Pronto! ¡Fuera de aquí! ¡A pedir por los caminos! ¡A robar en las cercas! ¡A espiojarse al sol!
El segundón atropella por los mendigos y los estruja contra la puerta con un impulso violento y fiero, que acompañan voces de gigante. La hueste se arrecauda con una queja humilde: Pegada a los quicios inicia la retirada, se dispersa con un murmullo de cobardes oraciones. El Caballero interpone su figura resplandeciente de nobleza: Los ojos llenos de furias y demencias, y en el rostro la altivez de un rey y la palidez de un Cristo. Su mano abofetea la faz del segundón. Las llamas del hogar ponen su reflejo sangriento, y el segundón, con un aullido, hunde la maza de su puño sobre la frente del viejo vinculero, que cae con el rostro contra la tierra. La hueste de siervos se yergue con un gemido y con él se abate, mientras los ojos se hacen más sombríos en el grupo pálido de los mancebos. Y de pronto se ve crecer la sombra del leproso, poner sus manos sobre la garganta del segundón, luchar abrazados, y los albos dientes de lobo y la boca llagada, morderse, y escupirse. Abrazados caen entre las llamas del hogar. Transfigurado, envuelto en ellas, hermoso como un haz de fuego, se levanta el Pobre de San Lázaro.
EL POBRE DE SAN LÁZARO
¡Era nuestro padre!
LA VOZ DE TODOS
¡Era nuestro padre! ¡Era nuestro padre!….
LA VOZ DE LOS HIJOS
¡Malditos estamos! ¡Y metidos en un pleito para veinte años!
[Ilustración]