LIBRO PRIMERO POESÍAS PATRIÓTICAS
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I Á LA DERROTA DEL QUEBRACHO (CON MOTIVO DE LA MUERTE DE RUFINO VARELA)
Corramos al combate, á la venganza Y el que niegue su pecho á la esperanza Hunda en el polvo la cobarde frente. QUINTANA.
Cuando tremolen patrios pabellones Anunciando del pueblo la victoria, Entone el vate bélicas canciones Y cante los guerreros y la gloria; Mas si la patria yace en agonía Rompa el canto á la fúnebre elegía. Cuando en liza ó al pié de la muralla Derrotados se miren los valientes, Cuando vea que el plomo y la metralla Ha postrado patriotas eminentes, Arda su pecho en fuego sacrosanto Y entone de la guerra el noble canto. Cuando un laurel los déspotas levanten Y en medio de los brindis de la orgía El triunfo impío en su insolencia canten, Fulmine su tremenda profecía, Y anuncie con su voz aterradora De libertad la celestial aurora. Sí, que del vate la mision sagrada Es inflamar del bravo el ardimiento, Dar nuevo temple á la fulmínea espada Con el soplo encendido de su aliento, Y al fúnebre clamor de la derrota, Alzar del libre la bandera rota. Para probar los pueblos de la tierra, Para templar las almas de los bravos, En medio del estruendo de la guerra Dios suele coronar á los esclavos, Mas luego con su mano poderosa Los hunde de la noche en la honda fosa. En la derrota el pueblo valeroso Templa su brazo y su robusta lanza, Para volver despues mas ardoroso Y entre el polvo, la sangre y la matanza, Y entre el humo que envuelve la pelea Desafiar el cañon que centellea. Cancha-Rayada viera con denuedo A los héroes de Mayo caer vencidos, Pero sin dar cabida al torpe miedo Alzaron sus pendones abatidos, Al cielo sus espadas elevaron Y en sus hombros la patria sustentaron. Imitemos nosotros su alto ejemplo: El pendon de la patria enarbolando Marchemos de la gloria al sacro templo «O muerte ó libertad» todos clamando; Y apoyando la planta en los escombros La libertad alcemos en los hombros. Aquel cobarde que del triunfo dude, Quien al tirano eternizado crea, El que á los gritos del honor no acude Y do el pendon de libertad flamea, Ese es un vil de corazon cobarde Do el entusiasmo de la patria no arde. ¿Y quién no abriga fuego sacrosanto Y vuela con ardor á la batalla? ¿A quién detiene ni el amor, ni el llanto, Ni el silbo de la bala y la metralla? ¿Quién por la patria perecer no jura De Varela en la yerta sepultura? Los atrevidos cantos de la guerra Resuenen en la losa del soldado, Y de flores cubramos esa tierra Donde cayó sin vida, ensangrentado, Y de la patria el estandarte santo Sea de paz y proteccion su manto. No débil llanto su cabeza inunde! Que una corona del laurel sagrado Su frente polvorosa orne y circunde, Y empuñando su hierro ensangrentado, La juventud que á combatir se apresta Muestre la enseña de la patria enhiesta. El funeral del martir generoso Le corresponde al pueblo redimido, Cuando libre del yugo vergonzoso La pira encienda en el altar ungido, Y cuando puedan respirar sus almas Y sus manos alzar cívicas palmas. Vamos á conquistarle noble tumba En la tierra natal purificada, Para que aquel que en esta lid sucumba Pueda dormir en tierra libertada, Y no sean sus huesos quebrantados Por tiranos ni siervos pisoteados. Duerme en tanto en el campo de batalla Mientras su patria gime en servidumbre; Mientras la fé del corazon desmaya Y el hierro se carcome con la herrumbre; Cuando el tirano al vernos en derrota Con su lauro la espalda nos azota! ¿Quién es el vil que ríe, canta y danza Cuando el lamento de la patria suena, A sus hijos llamando á la venganza? Y si el cañon de la batalla truena, Quién el torpe que el miedo no sacude Y al grito ronco del honor no acude? Juventud de mi patria, los laureles Se conquistan peleando con bravura, Y la lira, la pluma ó los cinceles No eternizan jamás progenie impura: Los genios á los fuertes divinizan Y á los cobardes con su planta pisan. Vuestros padres, titanes todos fueron, Que desplegando al viento sus banderas Contra un poder gigante combatieron, Y encima de las altas cordilleras Lanzaron sobre el leon de las Españas Del pueblo irresistible las montañas. Y vosotros, qué sois? flojos pigmeos Sin brazos, sin espada, sin creencia, Temblando ante el tirano como reos Sofocando la voz de la conciencia...! Y bebereis oprobio eternamente Sin levantar la deslustrada frente! Mas así no será, que de Varela Todos van á clamar sobre la tumba, Que es un cobarde el que á pelear no vuela, Su canto de victoria ya retumba Y en medio de las huéstes debeladas Resuena el estridor de las espadas. En esa triste y yerma sepultura Entonad los cantares de la gloria, Ensalzad el martirio y la bravura Y volad en seguida á la victoria A recoger laureles inmortales, Cantando con denuedo: «Oid mortales!» Imitad su constancia y bizarría Y el alto ejemplo que su vida abona, Que de la Patria en el hermoso dia El pueblo os ceñirá sacra corona, Y vuestra muerte con guerrera pompa Publicará la fama con su trompa. Empuñad una lanza vibradora, Abandonad el ócio y la molicie, Arrimad una mano protectora Antes que nuestra patria se desquicie Y arrastre en su caida soberana, La libertad, la gloria americana.
II RECUERDOS DE BUENOS AIRES
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¡Oh patria! oh Buenos Aires! oh sueño de mi vida! Como inmortal recuerdo reinas en mi memoria Recorriendo los dias de dicha promisoria Que en tu seno amoroso, Buenos Aires, pasé. Recuerdo la ribera do á meditar yo iba Y el árbol perfumado que sombra me prestaba, Recuerdo los momentos en que se deslizaba Mi vida por un lago sereno de placer. ¡Oh patria, oh Buenos Aires! tú ocupas hoy la mente De miles de proscriptos por tierras estrangeras, De grandes ciudadanos á los que el ser tu dieras Y vagan desterrados del suelo de su amor; Y tu eres para ellos el sueño de su vida, Eres la blanca estrella que guia al peregrino, Y en noche tempestuosa le enseña su camino Como astro de los mares que alumbra al viajador. Pasaron ¡ay! pasaron las puras alegrias, Y errante y solitario por playas estrangeras Poeta peregrino, con quejas lastimeras, Al pais de mis recuerdos dirijo esta cancion. En vez de ornar con flores las cuerdas de mi lira, Pensando en Buenos Aires las riego con mi llanto, Y encuentro entre esas gotas amargas de quebranto En los recuerdos nobles viril consolacion. ¡Oh patria! Aunque de lodo te cubran la cabeza Yo siempre con orgullo pronunciaré tu nombre, Diré que con tus hechos ganaste un gran renombre Que oscurecer no pueden mil siglos de baldon. ¡Ah! vuélvante la espalda degenerados hijos: Yo inclinaré mi frente ante tu altar caído, Y besaré la orla del manto carcomido, Llorando tus desdichas, cantando tu esplendor. En vano en los albores de una existencia estéril Abandoné tus playas; no te olvidé por eso, Como al dejar la bella que nos brindó su beso Dá mas placer al alma pensar en él despues. Atravesando mares y recorriendo campos, La pluma manejando con la ñudosa lanza, Vivificado siempre por íntima esperanza Jamás he sacudido tu polvo de mis piés. Si leo algun escrito que nombra á Buenos Aires Sus páginas exalan magnético perfume, Y todas las palabras mi mente las asume Como el rocío puro que cae sobre la flor; Y entonces se presentan á mi memoria triste Tus torres, tus jardines, tus calles animadas, Tu cielo hermoso y puro, tus brisas perfumadas, Tu rio, tu horizonte, tu hermoso bicolor. ¿Dó están aquellas plazas llenas de movimiento, Sus altas catedrales, sus grupos bulliciosos, Sus verdes arboledas, sus alazanes briosos, Que ofrecen á la vista contínua variedad? ¿Qué es del perfume suave del polvo de la patria, De aquel aroma puro de sus lozanas flores, De sus flotantes nubes de vívidos colores, De la dulzura grata de su agua de cristal? Tus magas misteriosas contemplo entusiasmado El rayo de la luna bañando su alba frente, Con blancas vestiduras cruzar rápidamente, Cual cruza por los aires celeste aparicion. Mi mente acalorada poblando los espacios Admira la aérea forma que tienen las porteñas, Sus ojos que derraman miradas halagüeñas, Sus lábios que destilan el bálsamo de amor. Y veo en mis ensueños tus bailes voluptuosos, Salones que perfuman las ninfas Argentinas, Y grupos en que brillan sonrisas peregrinas— Cual no las ha fijado de Fidias el cincel.— Y siento entre los giros del valz, que corre, vuela, La brisa que producen las alas del ambiente Cargadas con efluvios que envuelven dulcemente Mi corazon y mi alma, mi espíritu y mi ser. ¡El valz! silfos alados sin duda lo inventaron Al ver entretegida la madreselva airosa En torno de la encina que altiva y vigorosa Se viste con sus galas cuando sus brazos dá! Así te me presentas ciudad fuerte y hermosa Pendientes de tus brazos tus hijas hechiceras, Como guirnaldas ténues que adornan las palmeras, Y al recibir su apoyo le dan su emanacion. No suenan en mi oido las dulces vidalitas Que en medio de la noche modula el tucumano, Ni los sentidos Tristes que repite el riojano, Ni el alegre cielito que el porteño hace oir; Cantares de mi patria, al abrir yo mis ojos Susurrabais suaves á la par de mi cuna, Y vuestro éco inefable en las noches de luna Es música del alma que el alma sabe oir. A veces, paseando de noche por las calles De la dulce guitarra el éco me encantaba, Cuando el amante tierno un Triste modulaba Al pié de los balcones del ángel de su amor. Mientras, tal vez la niña oyendo las canciones Que desde la ventana le enviaba su querido, Entre cendales albos el plácido sonido Llenaba su alma y mente de plácida ilusion. No veo el rio hermoso, de mástiles cubierto Como un espeso bosque de gigantescos pinos, Ni aquel conjunto bello de buques Argentinos Que ostentan sus pendones bañados por el sol; No veo el alta torre del templo magestuoso Cuyo círculo cubre la gloria con sus alas, Al verle acribillado de las rugientes balas Que el cañon Argentino lanzara á Whittelok. No veo aquellos muros que consagró la gloria Cuando asilado en ellos ejército estrangero, El pueblo omnipotente con ademan severo Hizo rendir la espada del bravo Berresford; No veo el foro inmenso do fueron nuestros padres A usar de los derechos que Dios les concedia, Ni el balconage rústico donde el Cabildo un dia La gran soberanía del pueblo proclamó. No veo la tribuna do ardientes oradores, El pan de la palabra caliente derramaban, Y desde lo alto de ella terribles fulminaban, Rayos á los tiranos con santa indignacion; No veo el pueblo inmenso la catedral llenando, Oyendo los sonidos del órgano, suaves, Ni entre nubes de incienso cruzando por las naves Leopardos, quinas, leones, mirar con emocion. ¡Oh patria! como esclava suspiras en cadenas, Cubiertas de cadalzos tus calles enlutadas, Marchitos tus laureles, tus glorias mancilladas, Ajada tu bandera de gloria y esplendor; Tu seno profanado por déspota cobarde Que duerme resguardado de míseros esclavos, Que en su calvario triste remachan férreos clavos Al pueblo generoso que en Mayo se elevó. Pero ¡ay! de tí, apartado y errante por el mundo, Hijo desheredado de tu cariño inmenso, De la estranjera playa te quemo el puro incienso Que á tí tan solo, oh madre! me es dado tributar. No solo en llanto estéril he de inundar la tierra: Mis vacilantes manos arrimaré á tus aras; Si derrumbadas bajan.... entre reliquias caras Feliz si entre su polvo, me puedo sepultar!
III LA MUERTE DE ZACARIAS ALVAREZ (EN LA BATALLA DEL SAUCE GRANDE)
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Los gritos de los bravos, El ¡ay! de los esclavos, Y el trueno del cañon; Del plomo los rugidos, Del sable los crugidos, Y el golpe del tambor. Del potro las carreras, Los vivas y los mueras, Y el toque del clarin, Cual trueno tramontano Que asorda todo el llano Retumba en el confin. Y en medio á las legiones Penachos y pendones Se miran tremolar; Y en la humareda envueltos, Como cabellos sueltos Del sol se ven flotar. Los bravos se adelantan, Y el polvo que levantan Con ímpetu veloz, Sus rostros ennegrece, Y entre él desaparece La enseña del honor. El Escuadron de Maza Sin casco ni coraza Se avanza con valor, Y su entusiasmo brilla Como en verde cuchilla Los reflejos del sol. Y con marcial fiereza Se mira á su cabeza Zacarias marchar: Alma grande y altiva Que renunció la oliva Del pacífico hogar. Y voló á la batalla, Y la acerada malla Y el plomo despreció, Y al frente de sus bravos De Rosas los esclavos Valiente acuchilló. Potentes escuadrones Al pié de los cañones, Su lanza dispersó, Y en medio á sus fusiles Y bayonetas viles Su caballo dejó.[1] Al frente de su tropa Zacarías galopa Y hace el suelo crugir, Y la potente lanza Blandida con pujanza Se mira relucir. Magnífica tremola La bella banderola Del ínclito campeon, Y en medio á la pelea La moharra centellea Como una exalacion. Escúchase un redoble: La infantería inmoble Sus armas descargó. Y al ver sus bayonetas «Á la carga, cornetas!» Zacarías gritó. Y todos enristraron Y en pos de él se arrojaron Sus lanzas á estrellar. ¿El plomo y la metralla, El foso y la alta valla Su furia detendrá? Proteja Dios al fuerte Que va á retar la muerte Cargando con valor! Y si caer le toca, Caiga como una roca Con ímpetu y fragor. Y en la veloz carrera Flameaba la bandera Del ínclito Escuadron, Y al ver la artillería Su gefe le decía: «Soldados, al cañon!» Mas ¡ay! bala traidora De pronto silvadora Su pecho traspasó; Y con ferrea pujanza Apretando la lanza Moribundo cayó. Alzando la cabeza Repite con firmeza: «Avance el Escuadron! «Este es mi adios postrero... «Yo por la patria muero... «Soldados, al cañon!» Ningun soldado gime, Pero dolor sublime Las frentes inundó; Mas él del hondo seno Lanzaba voz de trueno: «Soldados, al cañon!» Y el Escuadron valiente A la batalla ardiente Con furia se lanzó, Y en la garganta estrecha Y encima de la mecha Su gefe le miró. Y su bandera viendo Él esclamó muriendo: «¡Oh de mi Patria sol!» Y su cabeza noble Como gigante roble Al polvo descendió. Murió como un valiente De su Escuadron al frente Cargando con valor, En un túmulo inmenso Y en medio del incienso Del taco del cañon. No cánticos pagados... Sus voces sus soldados Alzaron en loor; No funerales fuegos... Ardientes lanzafuegos Brillaron en su honor. No triste terciopelo, Ni lágrimas de hielo, Ni orgullo y vanidad; Banderas le envolvieron, Y ¡vivas! le siguieron A la mansion de paz.
IV AL SOL DEL 25 DE MAYO DE 1844 (EN MONTEVIDEO SITIADO)
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Cascadas del Niagára y Tequendama Donde el agua de un mundo se derrama Para apagar de América la sed! Amazonas, Ontario, bello Plata, Donde la vírgen pura se retrata En la márgen bañándose los pies! Pampas inmensas, selvas olorosas, Del Andes cordilleras orgullosas Que corona la ardiente cruz del Sud! Perfumaos como nube de incensario, Armonizaos cual himno del santuario Para decir de Mayo al Sol: Salud! Salve, página inmensa de la historia, Divino resplandor de la memoria, Fuente de perennal inspiracion! En tus alas de fuego me sublimas, Y al entusiasmo sacro en que me animas Calientas mi cabeza y corazon. Hoguera abrasadora del gran Mayo, Do se incendió terrible como el rayo El fuego de un pensar generador; Que el corazon templó cual hierro fuerte, Y dió existencia á la materia inerte, Como el soplo divino del Creador. Al vivífico rayo de tu lumbre Se estremeció la inmensa muchedumbre Y el polvo del esclavo sacudió; Allí surgió la dignidad humana En la nacion potente y soberana Que el soplo democrático animó. Allí, genios pujantes, inspirados, Formularon derechos conculcados En solo una palabra: ¡Libertad! Y Dios vertió con generosa mano Perfumes sobre el mundo Americano, Y le dijo: «Naciones, levantad!» La inspiracion del alta inteligencia, El calor de la intrépida elocuencia En el astro de Mayo concentró; Y del ardiente labio de Moreno Se desprendió de su palabra el trueno Y el programa de Mayo formuló. «Derribemos su trono al despotismo, «Abramos ancha via al patriotismo, «Alcemos los fanales de la Ley; «Rompamos su barrera á la ignorancia, «Alumbremos la mente de la infancia, «Y ennoblezcamos á la humana grey!» Esta palabra el entusiasmo inflama, Prende en los corazones noble llama, Que como chispa eléctrica cundió: Y cual hierve entre escollos la marea, Hirvió entre las cabezas una idea Que dió vida á la gran revolucion. Revolucion sin lanzas ni fusiles, Un alto pensamiento fué su Aquiles, Y la razon su escudo tutelar; Revolucion fundada en la justicia, Que tuvo los principios por milicia, Y por columna ardiente la verdad. Revolucion con cauda de cometa, Que atravesó el espacio, cual saeta Despedida del arco del Señor; Parto de mil ideas generosas Que volaron en chispas luminosas Por todo el continente de Colon. Solo una vez brillaron sus espadas: Para romper cadenas execradas, Y sostener las tablas de la Ley; Para postrar esclavos y tiranos, Para afirmar los vínculos de hermanos, Y atarlos con cadenas de laurel. Tuvo ejércitos, grandes generales, Que pasearon gloriosas y triunfales Sus banderas, del pueblo paladion; Y de los Andes en la blanca cima, En Chile hermoso y opulenta Lima Postraron al ibérico leon. Legisladores de alta inteligencia Que encendieron la luz de la esperiencia Para legar un pacto al porvenir, De Independencia el acta formularon Y entre rayos y truenos proclamaron Decálogo del nuevo Sinaí. Sol de Mayo, que entonces refulgente Suspendido por Dios en el oriente Alumbraste la gran Revolucion, Al fecundar su universal semilla Hoy te doblan humildes la rodilla Los nietos de esa audaz generacion. Mira el árbol sembrado por sus manos, Que enarbola sus gajos soberanos Sombreando el Sud, el Norte y Ecuador; A cuyo pié la Libertad divina Vagando por el mundo peregrina La tienda americana levantó. En vano las segures cortadoras En su tronco se hundieron destructoras Sin conseguir sus ramas marchitar; Y aunque hollado por hondas cicatrices Estiende poderoso sus raices La América abarcando cual titan. Contempla al Norte, en trece fajas bellas Como flamea el pabellon de estrellas Simbolizando libertad y union; Y en la torre de su alto Capitolio La democracia antigua en su gran solio Con mas justicia y con mejor razon. De allí voló de Mayo la simiente, De allí de Libertad el soplo ardiente Que la mente del pueblo calentó; Como se esparcen jugos y colores En el fecundo polen de las flores, Que la brisa en sus alas derramó. Contempla al pueblo libre que en el Istmo Defendió con intrépido heroismo El suelo que dos mundos ha de atar; Al formarle parece que Dios quiso Dar á su Americano paraíso Vínculo de eternal fraternidad. Al Sud, siete Repúblicas hermanas Enarbolan banderas soberanas En vez del estandarte colonial, Y al soplo tempestuoso de la guerra Fortalecen sus astas en la tierra Como árbol que sacude el vendabal. Las Repúblicas hijas de Bolívar Beben en copa de oro miel y acíbar Caminando á un hermoso porvenir, Y Chile cual fanal del marinero Nos muestra mas seguro derrotero Porque debe la América seguir. ¿Y qué es de la República que un dia Hizo surgir de entre la noche fria De esclavitud, un mundo colosal; La que dando patrióticas lecciones Fundó en el Continente tres Naciones Sobre el polvo del trono colonial? De aquella que con brazos vigorosos Derribó los guerreros orgullosos Del Brasil, de la Iberia y Albión; La que abatió la cima de los Andes, Y dió á la historia de los hombres grandes Páginas inmortales de esplendor? La que envuelta en el manto de la gloria Sobre el carro triunfal de la victoria Se coronó la frente de laurel; Y en vez del negro trono de los reyes Supo elevar el ara de las leyes Y derramó sobre ella mirra y miel? La que libre, feliz y soberana Bebia la virtud republicana En el soplo viril del huracan; La que en alas del rápido pampero Parecía decir al mundo entero: «Adonde vá mi viento el brazo vá.» La que Atenas del mundo Americano Distribuyó con generosa mano De ilustracion y de verdad el pan, Y en la mente sin luz de la criatura Encerraba la ardiente levadura Que con la edad debia fermentar? Ahí la teneis en lo alto de un calvario, Envuelta por el fúnebre sudario Que le arrojó la torpe esclavitud; Reina con el cabello pisoteado, Laurel al que la lluvia no ha regado Y se marchita en flor de juventud. Su sociedad sin leyes, desquiciada, Y bajo férrea mano nivelada, Tiembla ante la cuchilla del terror; Los nombres de patriotas eminentes, No gravados en bronces relucientes Sino en tablas de ingrata proscripcion. Los principios de Mayo conculcados, Los derechos del hombre pisoteados, Sin que pueda decir: «yo tengo un pan»; Un pueblo destinado al sacrificio Sobre el horrendo tajo del suplicio Que sangre pura destilando está. Al deshonor sus hijas entregadas, Las madres en los templos azotadas Coronadas del moño de irrision, Arrastrando cual mulas torpe carro Donde llevan un ídolo de barro Que colocan al lado del Señor!! La tribuna de Agüero y de Dorrego, Cuya palabra descendió cual riego En medio de la barra popular, Hoy la ocupan estúpidos sectarios Donde leen un papel sin comentarios En defensa del crímen y maldad. La bandera que guiaba al combatiente Despojada del sol resplandeciente, Y ennegrecido su divino azul; Desterrado el honor de su milicia, Derrumbado el altar de la justicia, Sus poetas sin patria ni laud. En todo impreso del demonio el sello: El robo, la injusticia y el degüello Sancionados en ley y religion; Coágulo de los vicios mas inmundos Que emponzoñara el aire de mil mundos Si no se contuviese su espansion. El genio que preside esta anarquía Entre el vapor espeso de la orgía Desparrama en su aliento corrupcion: Aborto abominable del infierno, Ó maldicion tremenda del Eterno Porque el lazo rompimos de la union. Salvage que en sus raptos de demencia Volcó la hermosa antorcha de la ciencia Para encender con ella su fogon, Donde quemó del pueblo los derechos, Y el bello libro de los grandes hechos... Mas ¡ah! su cifra está en el corazon. Entonces en demanda tuya, ¡oh Mayo! Armamos nuestra diestra con tu rayo Para acorrer la patria en su orfandad, Dando al viento de nuevo los colores Que engalanó en los nítidos albores De nuestra patria el sol de libertad. Pero la diestra que mi patria azota La revolcó en el campo de la rota, Y vió abatido su inmortal pendon; Los cruzados de Mayo sucumbieron Y á las playas de Oriente se acojieron Cual la paloma que huye del halcon. Hijo del pabellon del Argentino Su bandera dió sombra al peregrino Como el palmero al pobre viajador; Pero el feroz tirano, en torvo ceño, Los despertó de su ajitado sueño En la tierra de lenta proscripcion. Al mirar levantarse agigantado Un pueblo por las leyes gobernado, Vió su trono sangriento bambolear; Ante la ley retrocedió el salvage Y sus hordas hambrientas de pillage Bajo rojo pendon hizo juntar. Y dijo:—«Al otro lado de este rio «Se levanta con fuerte poderío «El odiado pendon de libertad; «Corred allí, mis bravos federales, «Y quemad esos libros infernales «En que se habla de Patria y de Igualdad. «A la carga! á degüello! mis sicarios, «Que mueran los salvages unitarios «Por mi mazhorca á filo de puñal; «Despedazad sus cráneos con la bola «Y arrastrad de los potros á la cola «Sus cabezas en medio de un cardal! «Que vista en pocos dias triste luto «Y que me pague en llanto su tributo «La que llaman República Oriental: «Atádmela á la cincha con un lazo «Que dando espuela y rienda á mi picazo «La vereis por las pampas arrastrar. «Predicad que á los pies de mi caballo «He borrado los códigos que en Mayo «Una turba de locos escribió, «Y he formado en la palma de mi mano «Un famoso sistema americano «Para reinar sobre las leyes, yo!» La mesnada de torpes asesinos Que deshonran el nombre de Argentinos Volaron cual hambriento gavilan, Y al barbárico son de un clamoréo Llegan ante la gran Montevideo, Donde los libres en su puesto están. Llegan, y se detienen asombrados Ante los fuertes muros, levantados Del pueblo por la mano colosal: Y en el Cerrito de eternal memoria Donde Rondó se coronó de gloria El invasor levanta su real. No ya cual otro tiempo, en las almenas Van á trozar las bárbaras cadenas De tres siglos de oprobio y opresion: Renegando las glorias de esos dias Vienen á traer satánicas orgías, Vienen á traer degüello y proscripcion. Por las orillas fértiles del Plata La gavilla de Rosas se dilata Amenazando hundir la Libertad: Montevideo grande, fiel, sublime, Bajo el enorme peso que la oprime Alza tranquila el último fanal. Oponiendo su espada á la venganza Guarda el arca de la última esperanza Como el pueblo elejido de Jehová; Y en ella cual depósito sagrado Se encierra el porvenir ilimitado Que en los tiempos su luz proyectará. En ella, como en surcos misteriosos Fructifican los gérmenes hermosos Que fecunda la sangre y el sudor, Y dia y noche la ciudad invicta Guardando con amor su arca bendita Vela al pié del sagrado pabellon. En vano viejos pueblos enervados Escriben por el miedo dominados «El oro! el oro es de la tierra Dios;» Que ella dice con hechos elocuentes: «En los pueblos viriles y valientes «El Dios, es de la patria el santo amor.» Funde cañones, arma ciudadanos, Y al niño, á la muger y los ancianos Les infunde su aliento varonil; Amasa con su sangre su muralla Bajo el fuego de la hórrida metralla Y el mortífero plomo del fusil. La pólvora y la sangre siempre humea, De sol á sol su ejército aun pelea, Y uno á uno sus hijos vé caer; Pero ella mas heróica y mas constante Los envuelve en su manto rutilante Y les ciñe coronas de laurel. Al que infame, cobarde y miserable Deserta su defensa inimitable Le estampa el sello ardiente del traidor, Y teje siempre-viva y mustio lirio Para ceñir coronas de martirio Al que le dé su vida en oblacion. Y sus hijas tambien, con patriotismo, Bendan al que cayó con heroismo Defendiendo su hogar y castidad; Y comprendiendo su mision inmensa Se entregan de la patria á la defensa Ofreciendo sus hijos en su altar. Oh, mil veces, mil veces venturosa La juventud que en lucha tan hermosa Puede toda su sangre derramar; La que serena ante el embate rudo De los tiranos, cae en el escudo Del mártir de una causa universal. Estos tus hijos son, los que á tus dogmas Hoy tributan sus cánticos y aromas Su brazo y su poder intelectual: Que acaudillan de Mayo aquellos hombres Cuyos gloriosos é inmortales nombres Son nuestro patrimonio nacional. Cada viejo de Mayo es flor divina De la corona cívica Argentina Y la corona cívica Oriental; Y si el viento arrebata alguna hoja Tu luz seca las gotas de congoja De nuestra patria en la divina faz. Detente, oh Sol, y mira ese caido:— Fué un guerrero de nombre esclarecido Que en holocausto tuyo se ofreció, Y hasta lanzar sus postrimer aliento Á tí te consagró su pensamiento, Y al ver tu faz contento sucumbió. Grande, entre los gigantes de aquel Mayo Que robaron á Dios su ardiente rayo Para decir al pueblo: Fiat Lux, Hoy miró su postrer aniversario, Sirviéndole de espléndido sudario De la ciudad el estandarte azul. Tuvo seis hijos, del amor el fruto, Que presentó á la Patria por tributo Cuando miró su estátua bambolear, Y á la cabeza de su prole hermosa Desenvainó su espada victoriosa Para poner á raya la maldad. Y en cien combates de eternal memoria, Do la ciudad se coronó de gloria Relampagueó su acero vencedor, Y el entusiasmo puro en que en él ardía Á sus valientes hijos infundía Entre el silvo del plomo matador. Hermosa cual su vida, fué su muerte: Con el aliento varonil del fuerte Peleando por la patria sucumbió. En hombros de su ejército esforzado, De balazos el pecho acribillado El campo de batalla abandonó. Estendido en el lecho de agonía Reconcentró de su alma la energía Para poderte contemplar ¡oh Sol! Y á veces repetia el fuerte anciano: «Pueda mirar el astro soberano «Que el dia de la América alumbró!» El cielo oyó su ruego. Esta mañana Cuando tocaba á vuelo la campana Y tronaba la salva del cañon, Sintió fuego patriótico en el alma Y cual hojas al tronco de la palma Su valerosa prole le rodeó. Sobre su calva é inspirada frente Relucía la chispa refulgente Que fijó con su dedo el Hacedor: Abrió sus ojos á la luz süave, Y arrojó una mirada dulce y grave A sus retoños, que en amor regó. Los estrechó con paternal terneza, Y elevando exaltada su cabeza En las nubes de Oriente la fijó: Cayeron de rodillas ante el lecho El corazon en lágrimas deshecho Y así les dió postrera bendicion: «Benditos seais, para salvar la Patria «Y fecundar de Mayo la simiente, «Para adornar con palma refulgente «De nuestra patria el pabellon triunfal. «Benditos seais, para morir por ella, «Entre el ardor de la feral batalla, «Para oponer incontrastable valla «En la tribuna al despotismo audaz. «Benditos seais, para rasgar el pecho «Del torpe Rosas, con robusta mano, «Y dar al pueblo en que nació Belgrano «De libertad y gloria la señal. «El mundo entero aplaudirá ese golpe, «La humanidad consagrará loores, «Y el cincel de los grandes escultores «Os armará del salvador puñal. «Himnos sin cuento os rendiran los vates, «Párvulos tiernos, santas bendiciones, «Casta doncella, puras emociones, «Y admiracion la noble ancianidad. «El pueblo grato os ceñirá de lauros, «Enjugareis de una nacion el lloro, «Que vuestro nombre escribirá con oro «En las fajas del Lávaro triunfal. «Grandes sereis por mil generaciones, «Y vuestra gloria inundará este suelo, «Y vuestro padre desde el alto cielo «Os enviará su bendicion de paz. «Benditos seais, para salvar la Patria «Y dar al mundo ese inmortal ejemplo «Volar de gloria al sacrosanto templo «Y de Mayo las aras levantar.» Dijo el anciano, y el gran sol de Mayo Vertió sobre su frente un puro rayo Que en misteriosa auréola la ciñó. Le contempló con ojo entusiasmado Diciendo: «¡Patria mia!».... y apagado Quedó su inteligente resplandor! Así de Libertad sucumbe el hijo: Sobre la Patria el pensamiento fijo, Abrazando las gradas de su altar; Como Castelli y cual Beron de Astrada, Como Lavalle de alma no domada, Muere para vivir, vida inmortal. Con mártires de grandes corazones Se alzan y regeneran las naciones Y su sangre es la ofrenda que les dan: Mártir fué el Redentor, y de un madero Do lo enclavó el impio, al mundo entero Regeneró con su mision de paz. Bebiendo el entusiasmo de sus hechos Buscaremos del hombre los derechos Á la radiante luz de la verdad; En el templo de Mayo elevaremos Hostia de paz y allí profesaremos Su doctrina de amor y de hermandad. Profética la mente ve otros dias En que se oirán sublimes armonías Bajo el domo que habremos de elevar No habrá tiranos, ni sangrienta guerra, Tierra de promisión será esta tierra, Norma de la aflijida humanidad. ¡Oh Mayo! de tu espíritu invisible Penetrarás un mundo indivisible, Como la luz la vasta la inmensidad: Y al relucir tu sol del alto cielo Se elevará sonoro desde el suelo Un coro de alabanza universal.
Coro
«Gran lámpara del templo soberano, «Vasta concretacion del ser humano, «Condensacion de la inmortal verdad; «Fuente perenne de fecunda idea «Que en los espacios, nuevos mundos crea, «Antorcha de la inmensa eternidad. «Inagotable manantial de vida «Que fecunda la savia bendecida «Del árbol de la sacra libertad; «Árbol que ostenta flores inmortales «Teñidas de colores celestiales, «Con que perfuma Dios la humanidad. «Cosmopolita cifra que concreta «Las utopias doradas del poeta «Y el ideal del genio pensador; «Efluvio poderoso de otros mundos, «Que haces brotar los gérmenes fecundos «En el limbo del surco de labor. «Del gran dia celeste monumento, «Donde arde su divino pensamiento «Como el fuego sagrado en el altar: «Tú alumbrarás del mundo las edades «En medio de las negras tempestades «Para impedir al mundo naufragar. «Númen del libre, signo de victoria, «Luz de los pueblos, astro de la gloria, «Que das al genio noble inspiracion: «Tú, la divina imágen que soñaron, «Los hombres que tus luces invocaron, «Realizas con tu sola emanacion. «Tú guardas de los hombres el tesoro «Y en tus altares, de las urnas de oro «Derramas democrático raudal; «Tú bañas con tu linfa á las naciones, «Y viertes en sedientos corazones «De la justicia universal maná. «Bajo la ígnica cruz del cristianismo «Que corona tu domo, el despotismo «Yace herido del rayo popular, «Y la divina imágen que soñaron «Los hombres que tu basa levantaron «Le oprime con su planta de titan.»
V EL CORSARIO (PROSPECTO DE UN PERIÓDICO POLÍTICO EN 1840)
Es mi barco mi tesoro, Es mi Dios la libertad. Espronceda.
Es una linda goleta Ligera como la brisa, Que en el Plata se desliza Cual fantástica vision. Ruge el viento enfurecido En la blanquecina vela, Mientras ligero revuela Del corsario el pabellon. Sentado un hombre en la popa El ancho rio admirando Meditabundo fumando, Entre una nube se vé: Es su frente ancha y altiva, Es tostado su semblante, Es su mirar penetrante Y su brazo de temer. Entre sus manos robustas Una guitarra se mira, Que blandamente suspira Como querella de amor, Y mientras ruge en los cables El pampero embravecido, De su guitarra al sonido Entona aquesta cancion.
CANCION
"Es mi goleta el cisne de este rio Que tiende el ala cuando brilla el sol: Es en el puerto libre como el viento Y en altos mares libre como yo. A mi querida la llaman La goleta «Libertad,» Porque asila al hombre libre Y hace fuego á la maldad. Y de todos tiranos los pendones Se abaten al rugir de sus cañones. Ha navegado hasta la vieja Europa Enarbolando el argentino sol, Y en su crucero, al pabellon de Iberia Con sus rayos ardientes eclipsó: Y al divisarse sus velas De Cádiz en la ciudad, Decían los gaditanos: «Allí viene la «Libertad!» Y flotaba el pendon Americano Desafiando las balas del tirano. Cubierto el puente de caliente sangre Izando al tope flámula de honor Ha visto la bandera de un Imperio Sepultarse entre el humo del cañon. Y al pasar por su costado Brown que el combate ordenaba Con su bocina de mando A los bravos saludaba. En el Juncal, donde con pecho fuerte Clamaban todos: «Libertad ó muerte!» Ora corsario de los hombres libres Se vé mi enseña por do quier flotar, Y el marinero en medio de la noche Suele decir: «Ahí vá la «Libertad!» Soy el amigo del pueblo, Ante nadie me arrodillo, Ni á los esclavos halago, Ni á los déspotas me humillo. Vivo en el mar, desprecio los tiranos, Nunca con ellos enlacé mis manos. Cuando cruzando el Rio de la Plata Veo flamear de Rosas el color, De alerta el grito doy á mis marinos Empuñando la barra del timon. Y cuando al frente aparecen Grito á mis valientes ¡fuego! Por no tomar esas presas A las llamas las entrego. Que allí mi Libertad tan solo impera: Bajo sus fuegos rinden su bandera. Mi divisa es:—«Valor é Independencia.» Mi ley:—«Aborrecer al opresor.» Mi religion:—«La libertad del mundo.» Mi patria:—«El continente de Colon.» Y sin tener mas tesoro Que mi barco y mi puñal, Primero daré la vida Que rendir la Libertad. Que ese pendon que brilla con la luna Jamás se abate ante bandera alguna.» El marinero que en la cofa estaba Gritó al Corsario que tambien velaba, «Un barco viene.» El se levanta magestuoso y mudo, Y de los vientos al silvido rudo Todo previene. Era francés el buque que venia, Y allá en su mástil ondear se via De Julio el pabellon. Viva la Francia! gritan muchas veces; Vivan los libres! gritan los franceses De noble corazon. Sigue el buque francés su derrotero Impelido del soplo del Pampero Por el piélago azul. En tanto que el Corsario navegaba Y al divisar sus velas esclamaba «A los libres, salud.» Un negro bergantin pasó á lo lejos, Y de la mústia luna á los reflejos, Dijo, al ver su pendon: «Mirad, se llama de la mar señora «Esa bandera que enlutada llora «En el templo de Dios. «Hoy de la Francia muéstrase celosa «Porque cree que fuerte y poderosa «Nos podrá sojuzgar. «Islas quiere la Francia? Ya el Britano «Ha robado en el mundo Americano «Malvinas y Roatan. «Quiere nuestras ciudades? los pedazos «De la bandera inglesa, que á balazos «Supimos conquistar, «Y son de gloria nuestra herencia rica, «Levantados en lo alto de una pica «A la Europa dirán: «Que en todo el continente Americano «Ni el francés, ni el inglés, ni el castellano «Su mano asentará. «A ver! que alguno la conquista intente «Y de todo un ejército insolente «Los cráneos mostrará.» Dijo el Corsario, y en su altiva frente Relámpago de luz cruzó luciente Como una exalacion. Volvió á la popa, y se acostó en su asiento, Y en medio de la música del viento Tranquilo se durmió. —— La aurora aparece con dulce sonrisa Y llena de aromas la atmósfera está, Hermosa goleta que impele la brisa Surcando va el agua del gran Paraná. En tanto el Corsario la costa admirando Saluda aquel rio de gracia inmortal, Y en alto levanta, su sien desnudando, Tres fajas de blanco y azul celestial. Y dice las islas y el bosque mirando:— «Lavalle y sus bravos aquí me hallarán, «Y el rio en mi barco, veloces pasando, «Mi vida y mi barco por suyo tendrán!» De pronto en el llano se ven mil guerreros, Bandera Argentina se mira lucir, Y al pié resplandecen los fuertes aceros Que van sus valientes con gloria á esgrimir. «Salud, hombres libres, la patria os espera, «Guerreros antiguos y nuevos, salud.» Gritóles, y todos al ver su bandera Bajaron sus lanzas diciendo: «Salud.»
VI ELEGÍA AL GENERAL LAVALLE
Mejor se triunfa muriendo que matando.
INTRODUCCION En la region andina que libertó Bolívar Reposa la cabeza del mártir esforzado, Que en sus membrudos hombros potente ha sustentado La inmensa pesadumbre de gran revolucion. Robusto como el pino que bate la tormenta Sus ramas han crujido con ímpetu violento, Y hoy yace por el suelo tendido y sin aliento... Tendido y sin aliento, pero domado nó! Donde un mortal sucumbe, un héroe se levanta, Sus formas luminosas se animan lentamente.... Relámpagos y nubes coronan su alta frente A par de los gigantes que doman la creacion: Los Andes, atrevidas pirámides del mundo Vestidas por la pompa severa del invierno; Inmensos pedestales que levantó el Eterno De pedestal le sirven y de eternal panteon. Cual página mas grande para inscribir su nombre Que esas gigantes moles que mundos equilibran, En cuyas canas frentes los huracanes vibran Como arpas misteriosas que pulsa el vendabal? Atleta americano lanzóse de su cumbre Por conquistar á hierro la libertad de un mundo, Y de su altivo paso se vé surco profundo Que el tiempo despeñado se para á contemplar. Su vida fué un invierno, sañudo, interminable: Envuelto por el hielo, luchando brazo á brazo, Y el fuego de la patria guardando en su regazo Para encender la antorcha de gloria y libertad. Por eso para libro de sus heróicos hechos Los Andes han abierto su inmensurable seno, Como para la tumba del inmortal Moreno Bastar pudo tan solo la inmensidad del mar.
EL CENTINELA Trémula brilla en la celeste esfera La blanca antorcha que sucede al dia, Y de la noche la mortaja fria Sus anchos pliegues tiende en derredor. Soberbia en tanto entre la espesa bruma Se vé la cumbre de los altos Andes, Donde un gran pueblo con alientos grandes La alta bandera de igualdad clavó. Sordo fragor en sus entrañas ruge Al despeñarse el agua del torrente, Cual si arrastrase en rápida corriente De un mundo el esqueleto colosal. Y allá en su cima los eternos hielos Brillan como el almete de un guerrero, Cuando cubierto de fulmineo acero Se vé atrevido su creston ondear. Y en ancho mar de blanquecina nieve Solo una forma humana se elevaba: La de un fiel centinela que velaba Apoyada la mano en su fusil. Blancos cabellos su cabeza orlaban, Hondos surcos cruzaban su semblante, Y su mirada firme y penetrante Revelaba un aliento varonil. Era una sombra de las grandes huestes Que de Mendoza al Ecuador partieron, Y que del grande San Martin siguieron Por entre abismos la pisada audaz; Era un guardian de la ignorada tumba De los caidos sin legar su nombre, Que esperaba á los héroes de renombre Para dar á otro mundo la señal. Asi velaba en medio de dos mundos Los vivos y los muertos custodiando, Cuando un rumor los ámbitos llenando La montaña en su base conmovió. ¿Quién vive? preguntó, y tristes voces «Quien murió por la Patria,» contestaron, Y cuarenta adalides avanzaron Alzando un desgarrado pabellon. Negros los rostros y la frente roja, La mano herida y como sierra el sable Llevaba aquella hueste formidable, Fugitiva del campo del honor. Envueltos en banderas argentinas Conducian los restos de un soldado, Y brillaba en su cráneo descarnado La aureola que al mártir coronó. El centinela comprendió que á un héroe Aquellos huesos frios sustentaron: Sus lágrimas ardientes resbalaron Y su fusil al hombro levantó. ¿Quién es el héroe? preguntó, y un jóven De veinte Mayos é inspirada frente, Doblando la rodilla reverente En discurso elocuente respondió:
DISCURSO «Su nombre está escrito del pueblo en el seno, De sus altas glorias el mundo está lleno, Su frente circuye laurel inmortal; Atleta de Mayo, venció los esclavos, De un pueblo de siervos rompiendo los clavos Bañó su cabeza con óleo de paz. «Los Andes le vieron alzarse á su cumbre, Y allí derramando magnética lumbre De América el mundo con ella alumbró; Le vieron soberbio venciendo á los Reyes, Llevando el programa de glorias y leyes Grabado en el sable que grillos trozó. «Con lanza enristrada cruzó como rayo Llevando la enseña del pueblo de Mayo Del Plata á los Andes y ardiente Ecuador; Y reales diademas, y tronos y cetros Se hicieron pedazos, cual viejos espectros, Crujiendo á las plantas del gran lidiador.» —— El centinela alzó la noble frente Que súbito relámpago cruzó; Y atónito, el fusil resplandeciente Ante los huesos frios presentó. —— «Alzóse en su patria soberbio tirano, De libres la senda mostrónos su mano Y heróico el primero por ella cruzó. Y justos principios alzando en su espada Llevó el estandarte de santa cruzada Que en rota y victoria seis veces se vió. «Pero él en su espada, con nervio pujante La patria y sus glorias sostuvo constante, Y nunca cobarde su espalda dobló: Miró su bandera de polvo cubierta, Miró de la lucha la arena desierta, Y entonces su frente soberbia rindió. «Su grande destino la muerte ha cortado! La causa camina, pero ¡ay! está helado El soplo de fuego que vida le dió! Así en otros tiempos en circo estendido El fuerte guerrero yacia caido Y el carro que hollaba seguir triunfador!» —— El centinela atento le escuchaba Y el corazon guerrero arder sintió, Y aquel fusil que al frente presentaba Rendido hasta sus plantas abatió. —— «Envueltos sus restos por patria bandera Encuentren al menos en tierra estrangera La tumba que al mártir su patria negó. Sus fieles soldados cavando su fosa Cubrirán de tierra con mano piadosa La frente laureada que el mundo admiró. «Al pié de su tumba que calle la envidia! Su espíritu noble preside á la lidia Que aun arde en nosotros su llama inmortal. Apóstol y mártir su pueblo le nombra, Y grande y serena su pálida sombra De dulce esperanza levanta el fanal. «Un dia los hijos del pueblo argentino Orlando sus sienes con lauro divino, Darán á sus manes sagrada ovacion, Y entonces nosotros los Andes cruzando Vereis que volvemos en triunfo llevando Los huesos proscriptos del grande campeon.» —— El centinela contempló aquel muerto Que un huracan del mundo arrebató, Y arrodillado sobre el suelo yerto Humilde ante su gloria se postró.
EPILOGO Como una chispa de la luz divina Se vé brillar en la region andina La estrella matinal; Y una mano invisible, misteriosa, Levanta de la noche silenciosa El fúnebre cendal. Y descubre un cadáver coronado, De lágrimas y espinas incrustado Su lauro triunfador: Y en su presencia el ángel del aurora Levanta con su voz consoladora El himno del dolor.
HIMNO Lavalle, tu cabeza De penas fué calvario, Y vaso lacrimario Tu grande corazon: Y los cautivos pueblos Vertieron en tu seno El llanto de amor lleno Que el pueblo derramó. Luchando cuerpo á cuerpo Caiste en noble guerra, Sobre la misma tierra, Que tu sudor regó. Y el corazon del mártir Que atesoraba el llanto Un génio sacrosanto Del cuerpo arrebató. Alzóse hasta las cumbres Del alto Chimborazo, Y allí con fuerte brazo Tu corazon clavó; Y cual en noble túmulo Brilla la urna de oro, La urna de nuestro lloro Allí vierte esplendor. Torrente de dolores Por Dios atesorado, Cual dictamo sagrado Que destiló el amor! ¡Oh corazon que fuiste El cáliz de amarguras, A las espadas duras Dá el templo del honor! Acérquese allí el jóven Y beba fortaleza, Allí busquen firmeza Los brazos sin vigor; Allí vaya ese pueblo Que dobla su garganta, Y beba la ira santa Que hiera al opresor. Allí vaya la vírgen A derramar sus flores, Para jurar amores Al que combata al vil; Acérquese allí el niño Y en su dolor templado Levante el grito osado De lucha varonil. Y diga á los que duermen En el polvo sangriento: «Dad otra vez al viento «De Mayo el pabellon; «Y vencidos cien veces, «Otras tantas deshechos, »Oponed duros pechos «A la dura opresion.» Sí, que la voz del niño Oráculo es del cielo Para anunciar consuelo A un pueblo en horfandad, Y sus puras palabras Al tiempo de verterlas Se convierten en perlas En la urna funeral.
VII JOSÉ CAMPON (PÁGINA DE UN DIARIO MILITAR EN 1839)
I
Cuando las huestes de Rosas Pisaron de Oriente el suelo, Al toque de la corneta Seis mil bravos acudieron: A su cabeza se vió Al héroe antiguo de Haedo, Acaudillando los bravos Que de la patria en el seno Heróicos se levantaron En sosten de sus derechos. Todo Oriental que abrigaba De la libertad el fuego, Bajo el pendon de la gloria Iba á desnudar su acero, Lleno de noble energía, Y de patriotismo lleno.
II
Campon tranquilo vivía Bajo del paterno techo: Ciñóse al punto su espada, Montó un veloz parejero, Y voló do le llamaban De la corneta los ecos. Ni le detuvo el peligro, Ni el triste llanto materno, Ni del amor las dulzuras, Ni del dolor los lamentos: Solo escuchó al patriotismo Que atesoraba en su pecho.
III
A la orilla de un arroyo Se vén veinte coraceros Dispersados en guerrilla Sobre caballos lijeros; Se ven al frente asomar Bajo los talas y seibos Que baña Santa Lucía Míl y quinientos guerreros; Y el denodado Campon Mandando los coraceros Con firmeza les repite: «Antes que rendirse... ¡fuégo!» Lanzando grito salvaje Viene la tropa de siervos, Como una nube de polvo O una bandada de cuervos. Campon, cual muro de bronce El choque espera sereno, Y á sus valientes soldados Manda hacer continuo fuego, Y cuando balas no tuvo Dijo la espada blandiendo: «La carabina á la espalda «Sable en mano, coraceros!»
IV
Santander con su Escuadron Se lanza en el entrevero; Cuadra, ¡A la carga! ¡á la carga! Repite con voz de trueno: Sigue Blanco con sus bravos Montados en moros negros. Por su valor y su arrojo Es conocido el primero, Y se distingue el segundo Por su semblante sereno: La calva frente de Blanco Es de su alma fiel espejo, Pues se retratan en ella La honradez y el ardimiento. Trescientos hombres le siguen Cargando al son de degüello, En proteccion de los bravos Que lidiando como héroes, Mas que hombres de hueso y carne Parecen hombres de hierro! Ni les intimida el número, Ni el morir les causa miedo; Con sables hechos pedazos Sus ojos despiden fuego, Está abollado el morrion Y sangre vierten sus miembros, Ruge el plomo en sus cabezas Y retiembla el pavimento; Pero ellos imperturbables En medio del entrevero, Sueltan la rienda al caballo, Descargan golpes tremendos; Y ante su diestra valiente Llenos de susto los siervos, Bajan la mústia cabeza, Abren un ancho sendero; Y allí donde el clarin Resuenan los tristes ecos Llenos de sangre y de polvo Júntanse los coraceros. Blanco, que fué rechazado En el encuentro primero, Al frente del enemigo Organiza los dispersos, Hace tocar á la carga Y otra vez los lleva al fuego.
V
Campon y Alberdi entretanto De los esclavos en medio, Abandonados se miran Del hombre, no de su aliento. De su alarido de guerra Retumba el éco á lo lejos; Al galopar sus corceles Con fragor retumba el suelo; Sobre sus negras corazas Rechina el fúlgido acero, Los sables cubren la luz Sobre sus cráneos sangrientos. Heróicamente lidiaron, Cien heridas recibieron, Y clamando—¡Libertad! Al suelo cayeron muertos. Y la divina corona Que la Patria dá al guerrero, Sobre sus frentes marchitas Se vió caer desde el cielo. Blanco á la carga conduce A sus valientes de nuevo, Pero al querer batallar Todos se miran envueltos, Y cual las hojas de otoño Por la campaña dispersos. En vano el buen coronel Levanta su voz de trueno, Abandonado y sin gente Solo le ampara su acero.
VI
En la inmediata cuchilla Un relámpago de fuego Brilló, rugiendo con furia Del cañon el ronco trueno. Nuñez avanza atrevido Con setecientos guerreros, Blandiendo lanza potente, Montando un tordillo negro. Es imponente su marcha, Y por su rostro moreno El entusiasmo asomaba Como en la noche un reflejo. Al marchar de sus campeones, Al relumbrar de sus hierros, Y al tremolar su estandarte Los enemigos huyeron. Los libres en vez de rostros Espaldas tan solo vieron.
VII
Cuando los viles esclavos Riendas al caballo dieron, De cadáveres y de armas El campo quedó cubierto, En expiacion de los libres Que con honor sucumbieron. Cuarenta bravos perdimos En este glorioso encuentro, Y al otro dia al pasar Aquel campo de los muertos Nuestros soldados decian: «Tanta sangre vengaremos, «Por cada gota de sangre «Un arroyo verteremos.»
VIII
En los campos de Cagancha En medio al humo y al fuego, El escuadron de Campon Admiró por su denuedo. El ala izquierda ocupaba, Y en el furibundo encuentro El campo quedó sembrado De hombres y caballos muertos. Quedó en medio á la cuchilla De sangre un ancho reguero: ¿Quién lo hizo? el escuadron Que por vengar sus guerreros, Pasó legiones de esclavos A los filos de su acero.
VIII HIMNO Á LOS MÁRTIRES DE LA LIBERTAD
INVOCACION
Llegad en torno mio, Venid, sombras nocturnas, Y alzad con poderío Las cinerarias urnas, Cubiertas con el lirio Que consagró el martirio: Alzad, sombras, alzad! Bañadlas con el llanto Del pueblo que suspira, Y el ardoroso canto Que se alce con mi lira, Por todo el hemisferio Libre del cautiverio. Llevad, sombras, llevad!
CORO
De América las vírgenes Con mano temblorosa, La cabellera frígida, Sangrienta y polvorosa De las heróicas víctimas, Con flores ceñirán. Entre perfumes célicos Y grata melodía De cánticos suavísimos, Hasta la tumba fria Entre aureolas fúlgidas Los héroes bajarán. Sobre la huesa húmeda Donde su lauro brilla, Los pueblos redimidos Doblando la rodilla, Al trono del Altísimo Plegarias alzarán. El Bardo de la América Invocará sus manes, Y al son de la arpa armónica Que pulsan los titanes, Sobre su frente pálida La inspiracion caerá.
POETA
La tumba del valiente No pide débil llanto, Sino del vate ardiente El estridente canto, Que imite en su armonía, Vibrante vocería Del campo del honor. Qué importan á los bravos La pompa de los templos Que compran los esclavos! Les bastan sus ejemplos, Su inmarcesible gloria, Su tumba, su victoria, Sus lauros, su valor! Cual rinde su alta frente El sol al Océano, Como el audaz torrente Que baja al ancho llano, Debe ser la caida Del que rinde la vida Del pueblo en el altar. Cantemos á los muertos En la feral pelea, Que sus despojos yertos De América presea, Valen mas que la pompa Que celebra la trompa Del poeta servil. Indómitos guerreros Ante el altar caidos, Blandiendo los aceros De sangre reteñidos, Venid, llegó la hora: La América hoy valora Vuestra mision viril. Llegad, nubes de incienso Bañando vuestras frentes, Oireis el himno inmenso Que pueblos reverentes Cantan en el osario, No al génio sanguinario, Ni al Régulo opresor. Generaciones nuevas Ricas de independencia, Tras dolorosas pruebas Por fecundar tu herencia, Se acercan á las aras Que con tu sombra amparas Del Plata al Ecuador. Oh brazos tan robustos Que á un mundo estremecieron, Y en dias mas augustos Sus aras contuvieron, Poderosos se eleven Y á la mansion me lleven De sacra inspiracion!
CORO
Sus lívidos cadáveres Veranse entre humo denso, Del pueblo, del incienso, Y entre la pompa nítida Del templo de Israel. Relucirán las lámparas Ante el sombrío coro, Y al órgano sonoro Se mezclarán melódicas Las arpas de Sion. Resonará en la bóveda El cántico suave, Y en medio á el ancha nave Se elevará en el túmulo La gloria y libertad. Y el inspirado vate, Envuelto por el manto Del entusiasmo santo, Exclamará profético: «Tu nombre vivirá.»
POETA
La libertad se encumbra Sobre sangrienta pira, Y con su antorcha alumbra Las cuerdas de la lira, Que el vate pulsa altivo Al son del éco divo Del férvido huracan. Su luz, los nombres dora De la urna funeraria, Donde enlutada llora La musa solitaria, Los mártires valientes Cuyas soberbias frentes Humeando sangre estan. Miradlos sobre el suelo Que hollamos con la planta, Mirad: en raudo velo Su espíritu levanta La célica bandera, Que ondear hace altanera La ráfaga veloz. Cayeron cual jigantes En medio de la gloria: Sus páginas brillantes Abrió la inmensa historia, Y en letras de granito Su triunfo ha sido inscrito Con fúlgido esplendor. Ese pendon miraron Yaciendo moribundos, Del suelo se aferraron Con brazos tremebundos, Cual si al morir peleando La tierra asi abrazando Quisieran defender. Sublime abrazo inmenso Rodeado por las balas, En medio al humo denso; Bajo las negras alas De la terrible muerte Y con la sien inerte Ceñida de laurel! Y al abrazar la tierra Con ánimo esforzado, Su alarido de guerra Por el viento llevado Resonó en los hogares, Y en los undosos mares, Cual voz de redencion. Y hoy sus huesos dispersos, En la estéril llanura, Blanqueados por los cierzos, Se estiman mas que el oro Y forman el tesoro Del mundo de Colon. Si existe una creencia Y un pabellon triunfante, Si es libre la conciencia, Si en libro de diamante Se esculpen altos hechos, Debémoslo á los pechos Que el hierro atravesó. A los varones fuertes Que la espada blandieron, Que arrostrando mil muertes En el campo cayeron Del noble sacrificio, Bajo el marcial auspicio Del alto galardon. De todo un pueblo el luto, De todo un mundo el llanto, Es mísero tributo Para su polvo santo, En que renacen palmas, Y en que resurgen almas Al soplo del creador. No necesitan urnas Ni estátuas levantadas, Porque las horas diurnas De estrellas coronadas Guardan el monumento, Que cubre el firmamento Del hemisferio austral.
CORO
De la tierra sangrienta Se elevarán los muertos, Y con rayos inciertos La luna amarillenta, El esqueleto pálido Trémula alumbrará. De luces coronada La sombra de los fuertes, En túmulos inertes Relucirá animada, Cual la vision fantástica Del Cristo Salvador. Las fúlgidas espadas, Las bélicas banderas, Trotones y cimeras, Y lanzas destrozadas, Cual súbito relámpago Fulmíneas brillarán. Se elevarán ardientes Atléticas legiones Al pié de sus pendones, Cuando el Omnipotente Les diga como á Lázaro: «Del polvo levantad.»
POETA
Cuando la densa bruma Los valles enlutaba, Cuando la blanca espuma Los mares circundaba, Cual mágicos concentos Nacian los acentos Del arpa de Ossian. Al eco melodioso La bruma relucía, Y en carro vaporoso Celeste aparecía Poblando la colina, La sombra de Malvina, De Morven y Fingal. ¿Y el Bardo arrebatado Que invoca realidades, No ha de poder osado Anticipar edades Del tiempo en la penumbra, Cuando su mente alumbra Inspiracion mas fiel? ¿La losa de la tumba Levantará mi lira?— Oid: el viento zumba, El Hacedor me inspira, Siento su soplo ardiente Que en alas del ambiente El polvo hace tremer. ¡Campeones inmortales! Alzad la noble frente, Que adornan las señales De la metralla ardiente, Alzaos del frio lecho, Con voces en el pecho, Latiendo el corazon. Rasgad con mano fuerte La fúnebre mortaja Con que os vistió la muerte, Y oireis la sorda caja Que toca ¡á bayoneta! La voz de la corneta, Y el trueno del cañon. La luna brilla hermosa Cual lámpara divina Rielando misteriosa; En la region Andina Su genio se levanta, Y en torno se quebranta La tierra con fragor. Los cascos resplandecen Cual rápido meteoro, Las plumas que se mecen Entre celajes de oro Anuncian mil campeones, Y en medio á las lejiones Se eleva un pabellon. Mil ecos fragorosos Producen los aceros, Los potros ardorosos Relinchan altaneros, Y en masas apiñadas De sombras laureadas Se forma una legion. Descance con mi plectro Mi cítara de acero, Desfile cada espectro Con ademan severo, Al son de los clarines Que llenan los confines Con son atronador! ¡Silencio! los tambores Ya la señal han dado, Y rayo de fulgores El campo ha iluminado. ¡Gloria á los inmortales Que pisan los umbrales De un mundo superior! Mirad, ya no es del alma Fantasma vaporoso, Vestidos con la palma Del mártir generoso, Despues de su caida Renacen á la vida De glorias perennal!
CORO
De América las lágrimas Bañando los cabellos De los gigantes mártires, Cual nítidos destellos, Una corona bélica A sus virtudes cívicas Y á su valor serán. En las eternas páginas Del libro de los hombres, Como inmortal espíritu Revivirán sus nombres, Y las coronas pálidas De las edades áridas De gloria teñirán. El santo tabernáculo De la igualdad preciosa Protegerán impávidos Con su égida gloriosa, Guardando el testo bíblico Del inmortal decálogo Que á un mundo redimió. Aéreo coro de ángeles Entonará mil cánticos Como la brisa plácidos; La libertad en tanto, Como vision espléndida, Tendiendo el ala rápida Se elevará hasta Dios.
POETA
Del tiempo la corriente Bramando se derrumba, Como la voz rugiente Del huracan retumba, Y en rápida carrera La humanidad lijera Se hunde en la eternidad. Despeñados los siglos Cruzan los hemisferios, Como inmensos vestiglos Se abaten los imperios, Y en medio á la ruina Encúmbrase divina La santa Libertad. Como en el Andes brama El huracan tremendo, Cuando veloz derrama El trueno ronco estruendo, Y en tanto el polo cruje, Resisten al empuje Sus quicios de cristal; Así del tiempo el vuelo Que abate las barreras, Estiende por el suelo Sus ondas altaneras, Chocando resonantes El muro de diamantes Del alma libertad. Y ella con faz serena Sus furias dominando, Desde la escelsa almena Los cielos contemplando, Mira nacer la aurora Que al mundo es precursora De paz y de igualdad. Y su sagrada enseña Al viento desplegando, A tiranos domeña Pueblos emancipando, Y concita á sus bravos Rompan de los esclavos La argolla y el cordel. Y por eso los nombres De redentores fuertes Alientan á los hombres, Y cuando caen inertes Las almas se electrizan, Y gratas divinizan Su nombre y su laurel. Vuestros restos divinos Son nítidas lumbreras, Que alumbran los caminos De edades venideras, Por donde ardientemente La juventud valiente Se lanza al porvenir, Son cual la luz bendita De la columna ardiente Del pueblo Israelita; La estrella reluciente Cuyos reflejos vagos, A los tres Reyes Magos Condujo hasta el Señor. Vendrán horas serenas Que vuelen en pedazos Las últimas cadenas Que amarran nuestros brazos, Alzando los escudos Que con brazos membrudos Vuestro aliento elevó. En ellos sostendremos Al génio Americano, Y altivos hundiremos A todo vil tirano Que con su torpe planta A la corona santa Manche de libertad. Y de Colon la sombra El ámbito cruzando Sobre celeste alfombra, Se elevará clamando: «La aurora de Dios brilla! «Tiranos, de rodilla! «Naciones, levantad.»
IX INVOCACION (EN EL ANIVERSARIO DE LA INDEPENDENCIA DE CHILE)
I
Pueblos, batid vuestro pendon glorioso Del Atacama al Cabo tempestuoso Donde se estrella el mar; Que en este dia la nacion Chilena Lo hizo flamear sobre la antigua almena De independencia al grito popular.
II
Guerreros, por la sangre consagrados, De inmarcesibles lauros coronados En el campo de honor; Despertad del cañon al estampido, Que hoy rememora un pueblo agradecido Que os debe de su gloria el esplendor.
III
Niños, alzad las inocentes palmas Y ardan en entusiasmo vuestras almas Honrando á la virtud, Que niños cual vosotros vuestros padres Descendieron del seno de sus madres Para destruir la dura esclavitud.
IV
Vírgenes puras, como el sol hermosas, Que os coronais con perfumadas rosas La frente virginal; Cubrid con ellas los sepulcros yertos De los valientes por la patria muertos Que duermen sobre almohada terrenal.
V
Sacerdotes del Dios crucificado, Quemad sobre el altar inmaculado Inciensos al Señor, Y suba entre la nube de humo denso La sublime oracion de un pueblo inmenso Que ensalza de la patria al Redentor.
VI
Legisladores de alta inteligencia, Que alumbrasteis del pueblo la conciencia Clamando: Fiat lux! Si los campeones dieron altos hechos, Vosotros proclamasteis los derechos De la igualdad, que predicó Jesus.
VII
Ancianos, cuya mano temblorosa Nos indica la ruta misteriosa Que debemos seguir; Bendecid con amor á vuestros hijos, Para que sigan con los ojos fijos La estrella que los lleve al porvenir.
VIII
Jóvenes, de la patria la riqueza, El porvenir está en vuestra cabeza, Bella es vuestra mision: Es coronar el noble monumento, Que simboliza el grande pensamiento Que inauguró la tierra de Colon.
IX
Sombras de las falanges militares Que alzaron los escudos tutelares Al pié del patrio altar; Dejad caer el casco rutilante Dejad caer el hierro fulminante Y vuestra obra venid á contemplar.
X
Naves, alzad las flámulas hermosas Envueltas por las nubes magestuosas Del humo del cañon, Conmemorando los gloriosos dias En que Chile botó á las ondas frias En leño audaz su invicto pabellon.
XI
Campos feraces do la mies ondea, Selvas en donde el pájaro gorjea, Rios que vais al mar: Un himno alzad con voz estrepitosa, Que os fecundó la sangre jenerosa Que enrojeció las gradas de su altar.
XII
Andes, en cuya frente encanecida La historia americana está esculpida En cifra colosal; Tú que levantas la cabeza al cielo, Pídele á Dios la lluvia del consuelo Y á la América baña en su raudal.
X AL CONDOR DE CHILE[2]
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Tú que en las nubes tienes alto nido, Tiende tu vuelo, condor atrevido, Que sustentas de Chile el paladion; Sigue del sol la luminosa huella, Y trae cual Prometeo una centella Para incendiar con ella á la nacion. Para incendiarla en alto patriotismo, Para animar la antorcha del civismo Para encender del pueblo la virtud; Para templar los tibios corazones, Para quemar los últimos girones Del manto de la torpe esclavitud. Estiende, estiende el ala vigorosa, Cual la vela que en noche procelosa Alza la nave en negra tempestad; Vuela á traer la vívida centella Que en ochocientos diez, fulgente y bella, La antorcha reanimó de libertad. Tú sabes ya el camino, ave altanera, Fuiste de nuestros padres mensajera Para pedir á Dios chispa inmortal Y dar fuego de alarma los cañones, Y derretir los ferreos eslabones De la innoble cadena colonial. Tú los viste lanzarse á la pelea, Blandir la espada, sacudir la tea, Vencer, y caer en la pujante accion Mientras que tú, cruzando las esferas Dabas aire de Chile á las banderas, Y fuego del patriota al corazon. Tú los viste en la noche tempestuosa Guiados por tu pupila luminosa, Cual por la estrella el navegante audaz, Escalar de los Andes las montañas, Esculpiendo en su cima las hazañas Que realizaron con vigor tenaz. Allí tambien reverberó tu lumbre Cuando bajó rodando de la cumbre Desmelenado el iracundo leon, A par que retumbaba en la eminencia El grito atronador de independencia Que repetia el mundo de Colon. Desde entonces tu llama se ha apagado, El corazon del pueblo se ha enfriado, Y ha muerto el fuego patrio en el altar, Fuego necesitamos: danos fuego, Que nuestros ojos abundante riego De libertad al árbol dieron ya. Haz por los hijos lo que en otros dias Hiciste por sus padres, cuando hendias Las esferas con ímpetu veloz, Para traer la centella salvadora Que de ese sol, que el universo adora, Brotó, y en tus pupilas puso Dios. Las alas tiende y sube hasta los cielos, Cual si fueras á traer á tus hijuelos El alimento que la vida dá; Y mientras bajas desde el alta esfera Nuestra voz de Setiembre á la bandera Con himno popular saludará. Y cuando venga la centella ardiente Que del cobarde el corazon caliente Y nos llene de aliento varonil; Danos sombra propicia con tus alas, Mientras que en el espíritu que exalas Impregnamos la túnica viril. Despues condúcenos á la victoria, Traza con luz la senda de la gloria Que nos lleve sin sangre á la igualdad; Toma luego en tu pico oliva y palma Y arrancando una chispa á nuestra alma Vuélvesela á ese sol de libertad.
XI LA ORACION DE SETIEMBRE
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Doblemos la rodilla: ya luce en el oriente El sol, que en otros dias con brillo refulgente Inauguró del pueblo la estátua colosal. Miradle en este templo que alzó la providencia: Sobre el altar se eleva, fijando la creencia Que llena nuestras almas de espíritu inmortal. Chile es el templo inmenso: los Andes sus altares, Sus flores el incienso, sus cedros los pilares, Sus aves la armonía, su cielo el pabellon; Valparaiso el pórtico que sobre el mar se inclina, Y el sol que nos alumbra, la lámpara divina. Do arde sagrado fuego de eterna religion. Mirad cual lo saludan del muro los cañones, Cual alzan los guerreros sus ínclitos pendones, En que la estrella luce cual signo de hermandad; Mirad como se riza del mar la blanca espuma, Cual se disipa en torno la misteriosa bruma, Y cual se tiñen de oro los Andes, ¡contemplad! Oid como resuenan los ¡vivas! nacionales, Cual desde el alta torre sus glorias inmortales Publica la campana con lenguas de metal; Oid como retumban los bélicos tambores, Los cantos de la infancia, del pueblo los clamores, Que llenan todo el templo cual coro universal. Doblemos la rodilla, y en nuestros labios vibre, Una oracion solemne digna de un pueblo libre, Que en alas de los ángeles remonte hasta el Señor; Doblemos la rodilla, y alzando el pensamiento, En un amor unidos y un mismo sentimiento, Roguemos al abrigo de un manto protector. Roguemos por la suerte del mundo Americano, Porque sus nobles hijos con palmas en la mano En nombre de un principio se abracen con amor; Roguemos porque caigan los réprobos caudillos, Que en el altar sagrado dan filo á los cuchillos, Para apagar, matando, de libertad el clamor. Roguemos, porque nunca naufrague la creencia, Para que tenga un culto la excelsa inteligencia Que dice á la barbarie:—«¡De aquí no pasarás!» Roguemos porque todos escriban en sus pechos Con sangre de sus venas, sus leyes y derechos, ¡Que nunca borrar pueda la tiranía audaz! Pidamos para el campo las mieses abundosas, El pan para los pobres, virtud á las hermosas, Y para el pueblo todo, la luz de la razon; Y ante la tumba fria do yacen nuestros padres, Que de laurel eterno cubrieron nuestras madres, Pidamos para todos de paz la bendicion! Este es el ruego digno de un pueblo generoso, El único que al sólio del Todo-Poderoso En alas de los ángeles la brisa llevará; Roguemos, que templados por el sublime ruego, El alma encandecida del entusiasmo al fuego A otras generaciones su ardor trasmitirán. Doblemos la rodilla: ya luce en el Oriente El sol que á nuestros padres encandenció la mente Para vaciar en ella de Chile la nacion; ¡Silencio! en nuestros lábios como en el arpa vibre Una oracion solemne digna de un pueblo libre Que pida para todos Amor y Redencion.
XII Á LA AMÉRICA
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Por las fieras hambrientas perseguido Cruza indómito potro las llanuras, Y amarrado con fuertes ligaduras En sus hombros Mazzepa va tendido. Por la carrera al fin desfallecido El bruto cae sobre las breñas duras, Y libre de sus recias ataduras Mazzepa se levanta rey ungido. Asi América gime entre cordeles Al rudo potro colonial atada, Seguida por la jauría de lebreles; Y exánime, y sangrienta y lacerada Corre, cae, se levanta y de laureles, Resplandece su frente coronada.
XIII Á LOS MÁRTIRES DE LA INDEPENDENCIA
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Herido por un dardo en la pelea Epaminondas cae sobre su escudo, Abierto el pecho por el dardo agudo Que mata el cuerpo, pero no la idea. Y al ver triunfal que su pendon flamea Afloja de la muerte el fiero nudo Y dice á Tebas: «Madre, te saludo! «Quedan mis hijas: Leuctra y Mantinea!» Tambien dos hijas bellas nos dejaron Los que el libre pendon dieron al viento, Y á su sombra su espíritu entregaron; Hijas son de su esfuerzo y su ardimiento: La Independencia que ellos proclamaron, La libertad que dió su pensamiento.
XIV EL INVÁLIDO
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No mirais aquel mendigo De aquella iglesia á la puerta, Cuya miseria despierta Simpática compasion; Y que á todos los que pasan Tendiendo mano transida, Pide con voz dolorida Una limosna por Dios! Es un mártir de la patria, Un soldado valeroso Del estandarte glorioso Que el hemisferio cruzó; Soldado que en otro tiempo Hizo temblar al guerrero Y que hoy pide al pasagero: Una limosna por Dios! Ved: en su manga derecha Se perciben dos galones, Y de Maipo los cordones Que la patria le donó: Cabo inválido, sin brazo, Solo le resta en la tierra Pedir despues de la guerra Una limosna por Dios! A la puerta de la iglesia Rememora sus hazañas, Y las gloriosas campañas Que en otros siguió; Y mostrando con orgullo De su frente un ancha herida, Pide con voz dolorida Una limosna por Dios! «Fuí soldado de los Andes, «En Maipo Cabo me hicieron, «Y las balas deshicieron «Mi brazo en Ituzaingó: «Entonces mi voz se oia «En medio del fuego recio, «Y hoy me arrojan con desprecio «Una limosna por Dios! «De frente! A la bayoneta! «El coronel nos gritaba, «Y sin miedo nos llevaba «A la boca del cañon. «Al brazo el arma llevaba, «Metralla y bala llovia, «Y entonces yo no pedia «Una limosna por Dios! «Cuantas veces en los Andes «Al venir la madrugada, «En medio de una nevada «Mi bigote emblanqueció. «Hoy la nieve de los años «Mi cabello ha encanecido, «Y estiendo la mano y pido «Una limosna por Dios! «Dónde están mis camaradas «Del Cerrito y Ayacucho, «Que mordian el cartucho «Con indomable valor? «Dónde están? tal vez ahora «Duermen en la tumba helada, «Ó piden con voz quebrada «Una limosna por Dios! «Como ellos yo moriré, «Y en la tierra de mi fosa «¿Qué alma verterá piadosa «Una gota de dolor? «Y cuando en algun camino «Bajo los años sucumba «¿Quién dará para mi tumba «Una limosna por Dios!» Cesa, cesa en tus lamentos Cabo lleno de laureles, Que hay olvidos mas crueles Que los que llora tu voz: La República Argentina Bajo el yugo de un tirano Pide al mundo americano Una limosna por Dios! 1838
XV LA CAMPANA
Profético metal, los ciudadanos Que de agüero y comento son exentos A tu voz bailarán por estos llanos, En tanto que tu voz y tus acentos Oyen descoloridos los tiranos Y te atienden los reyes macilentos. QUEVEDO. (Polimnia—Musa II.)
I
¡Oh, Campana! de mi Patria Eres símbolo de gloria: O heraldo de la victoria, O intérprete del dolor; Eres corona de bronce En los aires suspendida, Que los fastos de la vida Publicas con tu clamor. Tú concretas nuestra historia: Has dado la voz de alerta, Golpeando de puerta en puerta Con tu metálica voz; Has anunciado las paces Adornada con la oliva, Y envuelta con palma altiva La guerra cruenta y feroz. Has sido la grave orquesta De los cánticos triunfales, Y en los tristes funerales, Melancólico pregon; Y colgado de tus cuerdas Un pueblo de audacia lleno, Ha hecho brotar de seno La voz de revolucion. Y tus ecos tempestuosos Por el aire resonaron Cuando en Mayo saludaron El sol de la redencion, Cuyo vivífico rayo Como un martillo de oro Te dió el acento sonoro De la estátua de Memnon. Has publicado cien veces Por el mundo americano, Las victorias de Belgrano, De San Martin y Alvear; Has proclamado á los pueblos En medio de la matanza, Y alentado su esperanza Los triunfos al publicar. En las contiendas civiles Esclava de las facciones, Te ha arrancado tristes sones La espada del vencedor, Y dominando el murmullo Del pueblo desenfrenado, Ante el mundo has protestado Con dolorido clamor. Y cuando por un tirano El pueblo se vió oprimido, Tú articulaste un gemido Con tu lengua de metal, Y otra vez sobre tu torre Sonaras estrepitosa, Cuando mires victoriosa La bandera azul flotar. Eres la voz del destino Que presides á las horas, Que con sus alas sonoras Te golpean sin cesar, Y tú, su vuelo marcando, Generosa en demasía, Devuelves una armonía Por el golpe que te dan.
II
Al pueblo siempre anuncia la campana Lo que ha sido, lo que es, lo que será: Cuando á su trono se alza soberana La virtud que combate á la maldad; Y cuando los tiranos en su cuello Han posado su planta ignominiosa ¡Ay! entonces resuena dolorosa Cual llorando perdida libertad. ¡Ah! de mi patria saludó el bautismo Cuando subiendo al rango de Nacion, Sobre su frente el oleo del civismo Dios derramó cual sacra bendicion. Mas hoy llora, cual llora por los muertos, Porque no tiene pueblo soberano, Y es el despojo de feroz tirano La que en sus puños desgarró un leon! Pero ella ha de sonar en algun dia En la torre de la alta Catedral, Para mi Patria anuncio de alegría; Para el tirano un eco funeral. Y se alzarán los cánticos sagrados Como cuando cayeron los leones, Y cuando cien Británicos pendones En su techumbre el pueblo hizo colgar. Y entre incienso, plegarias y armonía, Entre gritos de Patria y Libertad, Descenderá la horrenda tiranía, Se elevará radiante la Igualdad: No existirán divisas de partidos, Será el color azul, de los hermanos, Que para combatir á los tiranos Se abraza con amor la sociedad. Envuelto en un pendon ensangrentado En el pendon azul de la Nacion, Conducirán el cuerpo de un soldado Tendido en la cureña de un cañon, Y al pié de la pirámide de Mayo El cadáver del mártir colocando, De laureles su frente coronando Le votarán espléndida ovacion! ¡Muera yo así en mi Patria redimida Dejándola con gloria y libertad! ¡Muera yo así cantando en mi caida El himno de la Paz y la Igualdad! ¡Pueda llegar hasta el hermoso dia, En que suba mi Patria á su alto asiento, Y ábranse con estruendo en el momento Las puertas de la negra eternidad! 1839
XVI SATIRA Á SANDOVAL AL TRAIDOR QUE ENTREGÓ Á ORIBE Á LAS ILUSTRES VÍCTIMAS AVELLANEDA Y VILELA
Le traite se fait justice Il se chasse de nos rangs Ah! que son nom retentise Maudit par nos veterans! Barthelemi.
Prendiendo fuego á un templo portentoso Erostrato su nombre eternizó; Vendiendo Judas á Jesus piadoso Su fama en el Madero se esculpió. Entregando al verdugo dos cabezas Te has hecho en nuestros fastos inmortal, Que si no tienes que contar proezas, Tienes una traicion ¡vil Sandoval! ¡Vil Sandoval! tu nombre será eterno, Como un remordimiento le has de oir, Y hasta tocar el linde del infierno La maldicion de Dios te ha de seguir. Siete veces traidor, tú, miserable, De la historia en el libro vivirás, Como en jardín ameno y deleitable Vive entre flores el reptil audaz. Tú te has hecho justicia con tu crimen: Mi noble patria batirá las manos, Al ver que en tí sacuden sucio limen Los libres que combaten á tiranos. Signe por esa huella ensangrentada Que el verdugo señala con su planta, Y encontrarás al fin de la jornada Un buen cordel que oprima tu garganta. Y mientras tu amo el látigo sangriento Hace sobre tu espalda resonar, Yo empuñaré el azote del tormento Para tu nombre infame flajelar. Tu nombre dije! En qué gloriosas lides Entre la voz del plomo resonó? Entre qué renombrados adalides Tu acero vencedor relampagueó? Mas no en batallas se probó tu aliento: En pulperías fueron tus campañas, Armado con un naipe mas mugriento Que el corazon que abrigan tus entrañas. Pérfido el vaso de licor tendiendo Y bajo el poncho armando la cuchilla, Y á tus contrarios por la espalda hiriendo, Seguido por vandálica gavilla; Tendido entre las patas del caballo, En vez de sangre revolcado en vino: Tales son tus proezas, vil lacayo; Tales tus hechos son, vil asesino. Escoria de la fragua de los vicios, Tahur, ladron, borracho y asesino! Tu eterno compañero es el suplicio; Traicionar á los libres, tu destino. Ojos de gato, lengua de serpiente, Garras de tigre, boca de lagarto! Satan sin duda con un beso ardiente Selló tu rostro en la hora de tu parto. Y al contemplarte mísero gusano En medio de una gloria colosal Dijiste tú:—«Ya no pondré mi mano, «Adonde alcance con su pié triunfal:» Y envidiando el laurel de la derrota, Y de los libres la postrera gloria, Fuiste á vender cual miserable ilota, Los hijos de la patria y la memoria. Sí, que la inmensa gloria de los bravos No era para tus hombros sin pujanza: Debes cargar cadenas entre esclavos, No de los libres la quebrada lanza. Los libres solos su bandera alzando Con doble esfuerzo treparán los Andes, Y entre Argentinos el aliento dando Los buenos solo llamaránse grandes. Tú, Sandoval, tan ínclita guirnalda Con tus manos inmundas no ajarás, Porque ese hierro que marcó tu espalda Te ha impreso ya su cicatriz tenaz. No azul pendon te prestará su sombra Sino la planta del señor feroz, Que haciéndote servir como de alfombra Te lanzará iracundo, torpe coz. El lodo cubra tu cabeza infame, Tu cuello dobla al récio bofeton, De tu señor el pié sangriento lame, Y de tu labio mane corrupcion! Sicario vil entre sicarios seas, Sucios insectos cubran tus heridas, Arrastrado cual vívora te veas, Y Dios te dé para sufrir, mil vidas! Sangre bebas en vez de linfa pura, Sangre tan solo bebas por do quier, Y al entrar en el lecho, sangre impura De la almohada veas tú correr! El mas cobarde escúpate á la cara, Tu nombre sea voz de deshonor, Mientras mi musa con candente vara Fija en tu frente el nombre de TRAIDOR! La maldicion del mundo eternamente En tu oido resuene noche y dia, Y las furias con látigo crujiente Te precipiten á la tumba fria! Que por las furias siempre perseguido Llegues á la mansion de Satanás, Y al darte abrazo estrecho, estremecido, Dedos ardientes sientas por detrás. Y que te brinde copa reluciente, Y al apurarla lleno de embriaguez, En la lengua te pique una serpiente, Que surja enfurecida de la hez. Luego te traiga naipes caldeados, Y te obligue con ellos á jugar, Y sientas por tus dedos abrasados Tu negra sangre á chorros destilar. Y levantando un coro de clamores Los demonios, al son de ronca trompa, Te arrojen donde yacen los traidores, Con infernal y con grotesca pompa! 1841
XVII GRITO DE ALARMA (DESPUES DE LA DERROTA DEL ARROYO GRANDE EN 1841)
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Alzaos del polvo inerte Vencidos, no domados, Cerniendo la melena Como soberbio leon; Alzaos, y ante los bustos De hermanos degollados, Levante un pueblo libre Su alejado pabellon. Si conservais alientos Y sangre en vuestras venas, El aire que os circunda De fuego llenaré, Y la dorada copa Que el entusiasmo inspira, Al silvo de las balas Tranquilo os brindaré. Mas si temblais cobardes, En vez de altivos cantos Viriles maldiciones Levantará mi voz; Y en vez de alzar la copa Del génio de la patria, Os lanzaré mi lira Con ímpetu feroz. Oid, que del poeta Las voces son augustas, Ya entonen la agonía O el cántico triunfal A su eco se levantan Los pueblos oprimidos, Y en pechos maldecidos Esconden el puñal. A su eco se alza el pueblo Rompiendo sus cadenas, Con brazos vigorosos Mas duros que el metal, Y si en la dura lucha Dan vuelta las espaldas, Vuelven, si dá la lira De alarma la señal. Un dia fué en la Grecia Que en medio á la derrota Los cantos de Tirteo Se oyeron resonar, Y revolviendo al punto Los escuadrones rotos, El lauro de victoria Supieron rescatar. Será que ya en el mundo No exista el entusiasmo, Ni acorran á la patria Los hombres de esta edad? ¡Oh, no! los corazones Sacudan ese pasmo, Y asiendo de la espada Gritemos: «¡Libertad!» La libertad no ha muerto, Y en la sangrienta arena Donde se vé postrada Su aliento no rindió: De heridas traspasada, Y en rojo humor teñida, En sus convulsas manos Nuestro laurel salvó. Secad el triste lloro Que baña las mejillas Al sol de la esperanza Que miro ya lucir, Los pueblos no se salvan Con infecundo llanto, Sinó queriendo altivos Ser libres ó morir. Agrúpense los libres Al pié de la bandera, Que las legiones rotas Aun hacen tremolar, Y firmes, denodados, Velando en la trinchera, Como la sombra al cuerpo La sigan sin cesar. Al que á su puesto falte, Al que la muerte tema, Al que cobarde tiemble ¡Oprobios veces mil! Los cascos de los potros Que doman los valientes Pisen esas cabezas Sin nervio varonil. Verán á los bandidos Sus puertas derribando, Violadas en su lecho Las prendas de su amor, Y en medio á la algazara De torpes asesinos Los cráneos de sus hijos Colmados de licor! Honor á los valientes Que vibren el acero Confiando en nuestra causa Con grande corazon; Y firmes como roca La espada levantando, De esclavos y tiranos Detengan la invasion! Honor al que en las filas Peleando como bueno, Consagre á sus hermanos La vida en oblacion! La palma del martirio Circundará su frente, Que de los hombres libres Tendrá la bendicion! El fuego y el acero Llevamos en las manos, Lidiemos con denuedo, Caigamos con valor, Y antes que ver la patria Revuelta por el fango, En pálidas cenizas Salvemos el honor. Luchad como valientes, Porque do quier que vayais, Como á traidores viles El mundo escupirá; Luchad, que defendemos El último baluarte, Donde salvar podremos La gloria y el hogar. ¡Al arma! Al arma! Al arma! Y el grito repetido Haga vibrar las almas Con súbita emocion, Y en torno de la hoguera Que brilla moribunda, Encienda sus antorchas Del pueblo la legion. Arriba, ciudadanos, Dando de ¡alarma! el grito Alzad vuestra bandera, Rodead el patrio altar, Antes que el nuevo Atila Pisando vuestras sienes Os haga á latigazos Del polvo levantar. De frente, infantería! La boca en el cartucho, La cara al enemigo, La mano en el fusil, Soldados, adelante, Rompamos esas filas: Quien caiga será grande, Quien huya será vil! Valientes escuadrones Que en ardorosos potros Oís con lanza en ristre Los ecos del clarin, En cargas redobladas Romped esas legiones, Que alzan bandera roja Del campo en el confin! Tranquilos artilleros, Al pié de la cureña, Ardiente lanza-fuego Tended sobre el cañon; Y entre humo y entre sangre, Y en nubes de metralla Vomite cada bronce Muertes y destruccion! Prudentes timoneros Que con membrudos brazos Luchais contra las olas Que agita el huracan, Poned la proa al viento Con ánimo esforzado, Fijando el gobernalle Con mano de tiran! Alzad, de alarma al grito, Vencidos, no domados, Cerniendo la melena Como soberbio leon; Alzad y ante los bustos De hermanos degollados, Levante un pueblo libre Su ajado pabellon.
XVIII HIMNO AL 25 DE MAYO (ARREGLADO Á MÚSICA)
Coro Libertad, sube á tu trono De la gloria en el broquel, Agitando nobles palmas, Coronada de laurel. Estrofa Como la flor hermosa De cáliz recojido, Que se abre al estallido Del rayo destructor, La Patria, al ronco estruendo Del rayo de la guerra, En Mayo dió á la tierra Su aroma y esplendor. Coro Libertad, sube á tu trono De la gloria en el broquel, Agitando nobles palmas, Coronada de laurel. Estrofa Esclava Buenos Aires Gemía en desconsuelo, Cuando brilló en el cielo De libertad el sol, Y entre flotantes nubes El astro colocando, Dijo, su sien orlando: «¡Mirad mi pabellon!» Coro Libertad, sube á tu trono De la gloria en el broquel, Agitando nobles palmas, Coronada de laurel. Estrofa Dando de alarma el grito Con eco poderoso, El pueblo generoso La espada desnudó; Y destrozó cadenas, Y derribó coronas, Y en las opuestas zonas Laureles conquistó. Coro Libertad, sube á tu trono De la gloria en el broquel, Agitando nobles palmas, Coronada de laurel. Estrofa Los héroes con su sangre Sellaron la victoria, Cayendo con su gloria Bajo el sagrado altar, Y el pueblo agradecido Sus nombres rememora, Que el sol de Mayo dora En la urna tumular. Coro Libertad, sube á tu trono De la gloria en el broquel, Agitando nobles palmas, Coronada de laurel. Estrofa Alzando verdes palmas Tejidas con el lirio, La gloria y el martirio Reciba su ovacion; Y alzando patrios himnos Que vuelen por los aires, Levante Buenos Aires Su invicto pabellon. Coro Libertad, sube á tu trono De la gloria en el broquel, Agitando nobles palmas, Coronada de laurel.