Note 59 — IX.
Reading edition
No quiero copiar este soneto, harto conocido. De él tuvo noticia el conde de La Bisbal, y después de restablecida la Constitución, procuró y logró entrar en trato, aunque no frecuente, amistoso conmigo, quejándoseme en una ocasión de que yo le había tratado mal por no conocer los motivos de su conducta. Sabido es que otra vez (en 1823) faltó el conde a la confianza que en él pusieron los constitucionales más ardorosos. Aunque yo entonces en Sevilla, en las Cortes, hablé con violencia suma contra él, hoy, sin disculparle, debo decir de su carácter lo que siento. Si el conde de La Bisbal cometió varios y gravísimos actos de falta a la fe jurada y a la obligación contraída, no tenía el carácter propio de un traidor, no obrando con premeditación ni doblez continuada. Era ligero como pocos hombres. Una hora después de haber pensado una cosa pensaba la contraria. Así obraba con sinceridad en sus mudanzas violentas.