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Recuerdos de un anciano

Note 45 — VIII.

Reading edition

En días muy posteriores, y (si bien me acuerdo) en la Gaceta de Bayona, publicada hacia 1830 y escrita en castellano, fue censurada con extremos de aspereza, aunque no sin mucho de justicia, la aquí citada obra de Capmany, llegando los censores a punto de citar, para usarla en sentido contrario, la famosa frase de Quintiliano, cuando dice tocante a Cicerón: Ille se profecisse sciat cui Cicero valde placebit, afirmando que da pruebas de buen gusto quien condena a Capmany. Aquí se mezclaban con odios literarios los políticos, porque los críticos, antes servidores de José Napoleón, y pasados a protegidos de Fernando VII, no perdonarían ocasión en que pudiesen cebar su odio a los que se mantuvieron firmes en defender la causa de su patria.

Sin duda, las rarezas de que llenó Capmany la nueva edición de su obra, nunca más que mediana, justificaban no poco la severidad de la censura. ¿No son dignas de Gracián o aun del supuesto Gerundio frases como las que siguen, «corriendo se vendían antiguamente las rosas», «porque galas tan caducas no permitían asiento»; o esta otra; «los antiguos nos daban dentro de una medalla todo un César, porque los grandes hombres se han de medir de pescuezo arriba»?

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