Note 94 — XV.
Reading edition
Un caso singular ocurrió en 1826 que explica la condición de Chapalangarra, y alguna de las causas del odio que este cobró a Mina. Salió a luz en un periódico inglés un artículo en que era acusado Chapalangarra, respecto al tiempo en que gobernaba a Alicante con poder absoluto, de actos, no solo de cruel y feroz tiranía, sino de rapiña. Presentose el así infamado ante un tribunal a demandar al escritor su enemigo de injuria y calumnia. Temió este, y con razón, ser condenado, y ofreció al querellante una suma razonable para que se retirase de la demanda. No era vergonzoso aceptar tal propuesta, acompañada de desmentirse el libelista a sí propio, como prometía hacer e hizo, porque en dinero habría pagado su exceso, si hubiese sido condenado, y en dinero dado en calidad de daños y perjuicios a la persona por él infamada. Pero Chapalangarra, no bien recibió el dinero cuando fue a entregarle a Mina para que le emplease en el restablecimiento de la libertad en España. Mina era hombre puro por demás, y no estaba necesitado, pero recibió la cantidad por no descorazonar o enojar al que la daba, siendo su política no dar un golpe ni aun leve a esperanzas con que estaban enlazados su crédito personal de patriota y su influjo. Pero Chapalangarra, que quería lanzarse a España a todas horas, y que juzgaba la suma que había dado, aunque pobrísima para una tentativa política, bastante a una empresa de las que él deseaba y estimaba oportunas, entró en un furor ciego contra Mina, y si bien no acusándole de haberse apropiado aquella cantidad, sino de haberla recibido para seguir engañando con esperanzas que no pensaba en hacer realidades.