Note 45 — JUAN FRANCISCO MANZANO.
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Escribió dichos Apuntes autobiográficos á vivas y repetidas instancias del propio Delmonte, á quien asimismo debemos el que se hayan conservado. Se guardan aun varias de sus ingenuas cartas en que contestaba desde la Habana á las de aquel insigne humanista, residente entonces en Matanzas: todas concluyen: «A los piés de Su Merced, su humilde siervo Juan Francisco Manzano.» En una de ellas dice: «Me he preparado para hacer á Su Merced una parte de la historia de mi vida, reservando los más interesantes sucesos de ella para si algun dia me hallo sentado en un rincon de mi patria tranquilo, asegurada mi suerte y subsistencia, escribir una novela propiamente cubana»......... «Mañana empezaré á hurtar á la noche algunas horas para el efecto.» (Manzano Habana carta á Delmonte, Matanzas, Junio 4, 1835)......... «He estado más de cuatro ocasiones por no seguirla: un cuadro de tantas calamidades no parece sino un exagerado protocolo de embusterías, y más cuando desde tan tierna edad los crueles azotes me hacian conocer mi humilde condicion»...... «Me abochorna el contarlo, y no sé como demostrar los hechos dejando la parte más terrible en el tintero, y ojalá tuviera otros con qué llenar la relacion de mi vida, sin recordar el escesivo rigor con que me ha tratado mi antigua ama, poniéndome en la forzosa necesidad de apelar á una arriesgada fuga para aliviar mi triste cuerpo de las contínuas mortificaciones que no podia ya sufrir más.» (25 Junio 1835.)
En otra de igual fecha y tambien contestando á las insinuaciones para que escribiera su historia, dice: «Idos preparando á ver á una débil criatura, rodando en los más graves padecimientos, entregada á diversos mayorales, siendo sin la menor ponderacion el blanco de los infortunios. Temo desmerecer de su aprecio un ciento por ciento, pero acuérdese Su Merced cuando lea, que yo soy un esclavo y que el esclavo es un ser muerto ante su señor; y no pierda en su aprecio lo que he ganado. Considéreme un mártir, y hallará su merced que los infinitos azotes que han mutilado mis carnes aún no formadas, jamás envilecieron á su afectísimo siervo; que fiado en la prudencia que lo caracteriza á su merced, se atreve á emitir una palabra sobre esta materia, y más cuando vive aún quien me ha dado tan largos ratos que gemir.» (carta Junio 1835). Nadie negará que á través de sus incorrecciones esas cartas resplandecen en la sublime resignacion de los mártires cristianos.