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Orígenes de la novela, Tomo III

Note 105 — INTRODUCCIÓN X (continued 2)

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Como apelativo está usado en la copla 441:

E busca mensajera de unas negras pecas(A), Que vsan mucho frayres, monjas e beatas; Son mucho andariegas e merescen las çapatas; Estas trota-conventos fasen muchas baratas... (Nota A: Verso sin rima y evidentemente estragado, pero no nos atrevemos á corregirle. ¿Acaso picazas, por el mucho hablar?).

Pero las rúbricas de los manuscritos del libro del Arcipreste prueban que el apelativo se convirtió muy pronto en nombre propio, puesto que nunca lleva artículo en ellas, aunque se remontan al siglo XIV.

El nombre de Urraca consta en el epitafio:

Urraca so que yago so esta sepultura... (Copla 1576).

Reaparece la palabra trotaconventos en el Arcipreste de Talavera, al parecer como nombre propio: «Llámame á Trotaconventos, la vieja de mi prima, que vaya de casa en casa» (Reprobación del Amor mundano, parte 2.ª, capítulo I, pág. 120 de la edición de los Bibliófilos Españoles), y luego en la Celestina (aucto II), donde dice Pármeno: «e lo que más dello siento es venir a manos de aquella trotaconuentos, despues de tres veces emplumada». No recuerdo ningún texto intermedio.

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