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Orígenes de la novela, Tomo III

Note 340 — XI

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Véase una muestra: «Lozana.—Mira, no te ahogues, que este Tiber es carnicero como Tormes, y paréceme que tiene este más razon que no el otro. «Sagüeso.—¿Por qué éste más que los otros? «Loz.—Has de saber que esta agua que viene por aquí era partida en munchas partes, y el emperador Temperio quiso juntarla y que viniese toda junta, y por más excelencia quiso hacer que jamás no se perdiese ni faltase tan excelente agua á tan magnífica cibdad, y hizo hacer un canal de piedras y plomo debaxo á modo de artesa, y hizo que de milla á milla pusiesen una piedra y escrito de letras de oro su nombre, Temperio, y {andaban dos mil hombres en la labor cada día; y como los arquimaestros fueron á la fin que llegaban á Ostia Tiberiana, antes que acabasen vinieron que querían ser pagados. El Emperador mandó que trabajasen sin entrar en la mar; ellos no querían, porque si acababan, dubitaban lo que les vino, y demandaron que les diese su hijo primogénito, llamado Tiberio, de edad de diez y ocho años, porque de otra manera no les parecía estar seguros; el Emperador se lo dió, y por otra parte mandó saltar las aguas, y ansí el agua con su ímpetu los ahogó á maestros y laborantes y al hijo, y por eso dicen que es y tiene razon de ser carnicero Tiber á Tiberio» (pp. 262-263).

Ignoro el origen de esta leyenda, que no encuentro en el precioso libro de Graf, Roma nella memoria e nelle inmaginazioni del Medio Evo.

Otros rasgos de esta arqueología infantil hay en la Lozana: «Os puedo mostrar al Rodriguillo español de bronce; hecha fué estátua en Campidolio, que se saca una espina del pie y está desnudo» (pág. 48).

«Lozana.—¿or dó hemos de ir?

«Rampin.—Por aquí, por plaza Redonda, y vereis el templo de Panteon, y la sepultura de Lucrecia Romana, y el aguja de piedra que tiene la ceniza de Rómulo y Rémulo, y la coluna labrada, cosa maravillosa». (Pág. 69).

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