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Orígenes de la novela, Tomo III

Note 296 — XI

Reading edition

Síguese la tragicomedia de Calisto y Melibea, nueuamente trobada y sacada de prosa en metro castellano, por Juan Sedeño, vezino y natural de Areualo... 4.º let. gót. 114 pp.

(Colofón): «Acabose la tragicomedia de Calisto y Melibea: impressa en Salamanca, a quinze dias del mes de deciembre, por Pedro de Castro impresor de libros. Año de mil y quinientos y quarenta años».

El ejemplar de la Biblioteca Nacional, que no es por cierto el bellísimo que perteneció á D. Agustín Durán, carece de portada y está expurgado por Fr. Alonso Cano, calificador del Santo Oficio, en Madrid 28 de julio de 1639.

En el prólogo al lector se leen algunas especies curiosas, de las cuales pudiera inferirse que algo había descendido la popularidad de la Celestina en 1540, si no tuviésemos tantas pruebas de lo contrario. Es probable que Sedeño exagerase las cosas para justificar de algún modo su inútil trabajo de refundición.

«Escudriñando y buscando en qué mi grosera pluma exercitar pudiese, ocurriome a la memoria la no menos sutil y artificiosa que util y provechosa tragicomedia de Calisto y Melibea. La cual como algunas veces fuese por mí leida, siempre me hallaba nuevo en ella, hallando cada vez cosas dignas de ser vistas y notadas; consideraba el gran provecho que a los que (no parando en la corteza) sacan y toman el meollo de ella se sigue. Vi asi mismo que siendo un compendio tan fructuoso, como todas las novedades aplazen más; a causa de algunas nuevas cosas que en depravacion de las antiguas, de poco tiempo acá son salidas; de esta ya como raída y apartada de la memoria por olvido de la gente, están las públicas tiendas de los mercaderes y libreros tan solas como las secretas librerías de los sabios desamparadas; y que nadie cura de leerla para sacar de ella la utilidad que lícitamente podía conseguir... Muchos toman gusto en las cosas nuevas, y pocos (aunque algunos) toman sabor en las cosas antiguas; y al fin cada uno de diverso modo, y por esto, viendo que este breve libro por su antigüedad que entre las modernas cosas tenía, a muchos era odioso y cuasi a ningun favor acepto; quise dalle favor con alguna novedad en que los lectores se deleitasen, y esto no quise que fuese adicion de algun auto como algunos han hecho...(a). Y como esta obra estuviese del todo cumplida, y de ninguna cosa falta, no me pareció justo añadir en ella cosa alguna. Mudar la orden de su proceder, era en agravio de sus primeros autores, a quien tanta reverencia se debe. Pues considerando que todas las cosas que en metro son puestas traen a sus autores dos grandes provechos. Lo uno ser así a los oyentes como a los lectores más aceptas, y lo otro que más facilmente a la memoria de las gentes son encomendadas: aunque con trabajo de mucho tiempo me dispuse a lo hacer con determinada voluntad de no adicionar ni disminuir las sentencias y famosos dichos. I por tanto al discreto lector (a cuya correccion me someto) suplico si coplas o versos de esta mi obrilla el debido sonido no tuvieren, no por eso me culpe, pues no se sufria menos, para que la sentencia del verso de la prosa no discrepase; principalmente en obra de tanta fatiga y trabajo; antes su elocuencia emiende aquello que emienda requiere, y lo demas ampare con las alas de su prudencia y discrecion».

(a): Alude sin duda al de Traso.

Como muestra del trabajo de Sedeño, copio los primeros versos del acto primero, para que se comparen con los de Urrea:

Cal. En esto veo, Melibea, la grandeza de mi Dios cuán sublime y grande sea. Mel. Decid, porque yo lo vea, Calisto, en qué lo veis vos. Cal. En dar poder á natura que tan linda te hiciese y dotasse tu figura de tan alta hermosur que ninguna igual te fuese. Y a mí quisiese hacer, indigno, merced tamaña, que te alcanzase yo a ver en lugar do mi querer descubra mi pena estraña. Y para mi gran pasion juzgo yo, señora mía, ser mayor tal galardon que toda mi devocion ni cualquiera otra obra pia. Dime, si en ello has mirado, señora de mi alvedrio, quién ovo jamás hallado un cuerpo glorificado de la suerte que está el mio. Por cierto los muy gloriosos ante la viva existencia no se hallan tan graciosos, tan contentos ni gozosos como yo con tu presencia. Mas hay esta diferencia de su gloria a mi placer: que ellos gozan la apariencia de la divina excelencia sin temor de la perder; yo me alegro con recelo del tormento tan esquivo que tu ausencia y mi gran duelo dan a mí gran desconsuelo en grado muy escesivo. Mel. Tienes este galardon por muy grande y muy crecido? Cal. Júzgale mi corazon por tan alto y claro don cual otro jamás ha sido. Si en la gloria Dios me diese, y esto te digo en verdad, una silla en que estuviese, no pienso que lo tuviese por tanta felicidad.

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