Note 436 — XI (continued 3)
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El rasgo de la hipocresía está finamente acentuado en Marcelia más que en ninguna otra de las Celestinas secundarias, incluso la de Feliciano de Silva. Véase singularmente la escena nona:
«Gracilia.—Pues dónde con manto y sombrero tan de mañana?
«Marcelia.—Á Nuestra Señora de los Remedios; luego en oyendo la missa primera soy de buelta...
«Liberia.—Gran cosa es ésta, que no ha de faltar mi madre esta missa. Pero haze bien, que siempre trae su par de panecillos, y algo para ayuda de costa.
«Grac.—Ya ves, prima, por tal señora lo haze. Pero no en balde dize ella tanto bien del sacristan, y agora veo que tiene razon...»
En el camino se encuentra con el paje Polytes, que no quiere creer que ella vaya á la misa del alba:
«Polytes.—Ni aun soy tan bouo como esso, que agora passé por junto á la Trinidad, y no ay sueño de abrir puerta.
«Marc.—Y aun esto quiero.
«Polyt.—Peor es de entender una muger que un Concejo. Pero atento que vas a missa donde no ay puerta abierta, las que como tú he topado disfraçadas, cruzando callejuelas, dime, van contigo a representar autos de comedias en cas de los abades o van por las llaues para abrirte la puerta donde tú vas?...
«Marc.—Calla ya, no apures tanto las cosas, que con algo se han de mantener en honra las que se defienden de la pobreza, de lo que a mí cabe gran parte por mis pecados.
«Polyt.—Y aun creo yo que tú y las otras andays estos passos en busca de los tales pecados.
«Marc.—Ay, qué dizes? alguna malicia, asuadas.
«Polyt.—La mesma. Pero digo que me agradas en darme a entender que andays estas andolencias a partir con los encerrados las quentas del rezar, y las obladas con los sacristanes, y las raciones y capellanias y los beneficios con los clérigos». (Pág. 192).
En la escena XV se vale de su fingida devocion para hacer llegar á manos de Belisea una carta de Floriano: «Por mi vida, pues que no hay una criatura en la yglesia, que quiero auenturarme a poner esta carta en la grada del altar de la Madre de Dios; porque si ellas son, no dexará Belisea de llegar la primera a hazer su oracion». (Pág. 208).
En cambio, la parte de hechicerias es insignificante en esta pieza. «Quiero echar unos polvillos del cabron en esta carta, que ya los he hallado aprobados», dice Marcelia poco antes. No hay rastro de evocaciones ni de conjuros ni de fórmulas supersticiosas.