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Orígenes de la novela, Tomo III

Note 490 — XI (continued 3)

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Compárese el monólogo de Macías (pág. 393) con el final del primer acto de la Nise lastimosa:

«Con quánta fuerça, o Amor, arrojas las inuisibles flechas, cuyas heridas se sienten en medio del coraçon, donde con ser ciego tan incierto aciertas, derramando por las venas el oculto veneno, con que enciendes la pureza de los más elados. Qué cetro ay que te pueda hazer resistencia, teniendolos todos a tu dominio sujetos? Quién puso a Troya en tanta ruina y desuentura, que d'ella no dexó casi cenizas? Quién afeminó el robusto y fuerte braço de Hercules, y puso en sus vengadoras manos, en lugar de la pesada maça, vna ligera rueca? Si no tú, que escudriñando los más escondidos senos del mar, en su profundo abismo a los mudos peces enciendes, a las aues en la region del aire no perdonas; ni menos a los brutos animales, a quien traes en continua guerra. Qué braueza muestran los feroces leones, los crueles tigres, los fuertes toros y los ligeros cieruos, quando se sienten heridos de su flecha! Al fin, todo este mundo, y el que no vemos, no es otra cosa sino una vnion y suaue liga con que todas estan trauadas; tú las crias, conseruas y entretienes; por ti respiran y no se acaban; serian los hombres peores que las fieras si tú no fuesses el cebo y alimento de sus coraçones». (Pág. 393).

¡Oh con cuánta crueza y osadía Sus flechas contra todo el mundo arroja! .......................................................... En el medio del alma siempre acierta, Este joven cruel, cruel y ciego, De alli derrama por las altas venas, Su tósigo mortal, su fuego vivo... ...Todos á su yugo Están sujetos, sabios, altos, fuertes, Del poderoso rey el ceptro rico... .......................................................... O Troya, Troya, ¿quién te puso fuego, Y no dejó de ti ni aun las cenizas? .......................................................... Y tú, de Alchimena hijo valeroso, ¿Por qué la piel dejaste leonina? ¿Por qué la fuerte maza, las saetas? .......................................................... ¿Por qué aviltaste con mujeril traje Aquel robusto cuerpo, y ocupaste con huso y rueca aquellas crudas manos? .......................................................... Coro Tambien el mar sagrado Se abrasa en este fuego... Tambien las ninfas suelen, En el húmido abismo De sus cristales frios, Arder en estas llamas; Tambien las voladoras Y las músicas aves, Y aquella sobre todas De Júpiter amiga... ¡Qué guerras, qué batallas Por sus amores hacen Los toros; qué braveza Los mansos ciervos muestran! Pues los leones bravos Y los crueles tigres, Heridos desta flecha, ¡Cuán mansos que parecen! ¿Qué cosa hay en el mundo Que del amor se libre? Antes el mundo todo, Visible, y que no vemos, No es otra cosa en suma, Si bien se considera, Que un spirito inmenso, Una armonía dulce, Un fuerte y ciego nudo, Una suave liga De amor, con que las cosas Están trabadas todas. Amor puro las cría, Amor puro las guarda, En puro amor respiran, En puro amor acaban!... Seriamos peores Los hombres que las fieras Si Amor no fuese el cebo De nuestros corazones...

El origen remoto de este pasaje está en Virgilio (Georg., III, v. 242 y ss.):

Omne adeo genus in terris hominumque, ferarumque Et genus aequoreum, pecudes, pictaeque volucres, In furias, ignemque ruunt. Amor omnibus idem...

Pero el desarrollo pertenece á Antonio Ferreira, y de su imitador Bermúdez le tomó Velázquez de Velasco, como lo prueban las frases que he subrayado.

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