Note 480 — XI (continued 3)
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Véase, como muestra, el principio de una de las narraciones más felices: «El invierno entraba áspero, y nuestra gente, por lo que habia padecido en el sitio y la extrema necesidad que pasaba, estaba muy descontenta, por lo cual invié á llamar á Tassis para que recogiendo el trigo que se pudiese hallar en la Tuvent, lo llevase dentro de la villa. Y considerando que habia mucho tiempo que no llovia, y que ordinariamente hácia la fin del otoño, como no llueva, el Rin está más baxo que en todo el año, y por consiguiente los demás brazos dél, y más con los vientos orientales; venido, le ordené que buscase vado, no dudando de que le hallaria (por tener alguna experiencia de aquel rio, del tiempo del Duque de Alba, el cual me invió de guarnicion á Deventer con el coronel Mondragon), y hallándole, que pasase y tentase si por detras podria ganar los fuertes que el enemigo habia dexado, y en caso que no, se entrase por la Velluva adelante a executar las contribuciones que habian prometido y no pagado y para este efecto le proveí de más gente de la que él tenia. Avisóme que habia hallado el vado, y que pasaba y seguia la orden que yo le habia dado. Hubo dificultad en el pasar, porque por el rio venian ya los hielos grandes, por los cuales se perdieron algunos de nuestra caballeria; la infanteria pasaba en barcas y a ancas de caballos, muy poco a poco y con mucho trabajo. Hacía una niebla tan espesa, que impedia que los de los fuertes del enemigo no los viesen, mas oyendo algun ruido, inviaron cuarenta o cincuenta soldados a reconocer, y hallaron que los primeros de nuestra infanteria habian pasado, y que, hecho fuego, se estaban calentando alrededor de él, y por la escuridad de la niebla estuvieron muy cerca unos de otros antes de verse. Nuestros soldados desesperadamente cerraron con ellos, sin capitanes, porque todos estaban de la otra parte del rio ocupados con Tassis en hacer pasar la gente, fuéronlos siguiendo hasta hacerlos meter en su fuerte, y con el mesmo ánimo cerraron con él, y ayudandose los unos a los otros con las picas y alabardas lo mejor que pudieron, le entraron y degollaron más de cien hombres». (Pág. 83).