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Orígenes de la novela, Tomo III

Note 429 — XI (continued 3)

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Sobre esta invocación de la perversa bruja me comunica mi querido amigo el admirable escritor D. Francisco Rodríguez Marín las curiosísimas noticias que van á leerse, y que son pequeña muestra de lo mucho que ha descubierto su tenaz investigación en el campo de las supersticiones populares.

«La fórmula de conjuro:

Con dos que te miro...

que Sebastián Fernández insertó en el acto XVI de la Tragedia Policiana, parece tomada, más bien que de la tradición oral inmediatamente, de una de las Epístolas familiares de Fr. Antonio de Guevara, de la IV de la segunda parte de su colección, único lugar en donde encuentro tal fórmula con el que del verso primero y con el verbo escantar del segundo. Este conjuro era comunísimo entre las hechiceras, y así, aparece citado con frecuencia en los procesos inquisitoriales, unas veces como fórmula completa y otras como fragmento de otras de mayor extensión.

«En la causa seguida en 1600 contra Alonso Berlanga (Archivo Histórico Nacional, Inquisición de Valencia, legajo 28, núm. 1), figura entre los papeles que se hallaron en la casa de su manceba, uno en que los versillos en cuestión se dirigen á la valeriana, como remate de un conjuro hecho á esta hierba:

Valeriana hermana, Yo te conjuro con Dios y con Santa María; Valeriana, Yo te conjuro con la luz del alba; Valeriana, Yo te conjuro con la claridat del dia; Con el libro misal Y con el cirio pascual...

«Y termina de esta manera:

Con tres te miro (sic), Con cinco te ato, Con sangre de leon tu vertut te pido, Que seas en mi favor de contino.

«Esta última parte de la fórmula se empleaba no sólo para hacerse querer, sino también, y cerca andaba lo uno de lo otro, para hacer mansos y sufridos á los hombres. Así, entre los cargos que se enumeran en la sentencia contra Isabel Bautista, año de 1638 (Inquisición de Toledo, legajo 82, núm. 28), figura el siguiente: «Y enseñó esta oración á dichas personas, que quando viniese su marido ó su galán, dixesen:

Con dos te miro, Con tres te tiro, Con cinco te arrebato, Calla, bobo, que te ato.

«Y dándose una puñada en la rodilla, dixesen:

Tan humilde vengas á mí Como la suela de mi çapato,

y que con esto quedarían desenojados y como un borrego». Y en otra causa, seguida en 1645 contra Francisca Rodríguez, por el mismo tribunal toledano del Santo Oficio (legajo 94, núm. 230), dice acusando el Fiscal: «En otra ocasión dixo á cierta muger que si quería que un conjunto suyo callase aunque la viese hacer qualquier cosa, que lo haría; y quiriendo la dicha muger ir á consultar á otras hechizeras, esta rea (sic) la advirtió dello y la enseñó el conjuro siguiente:

Con dos te miro, Con una te hablo, Con las pares de tu madre La boca te tapo. Señor San Silvestre, encántalo.

con que el conjunto se amansaba». Á idéntico fin, Bautista Hernández, procesada en 1723 por la Inquisición de Valencia (legajo 25, núm. 14), hacía tres nudos en una cinta, diciendo:

Con dos te miro, Con tres te sigo, Con cuatro te ato, De tu sangre bebo, El corazón te parto, Con las parias (sic) de tu madre La boca te tapo.

«Más interesante que todas las lecciones transcritas es otra para ligar á las personas, conservada asimismo en un proceso seguido en la Inquisición de Valencia por los años de 1639 (legajo 28, núm. 3). Entre los papeles que se recogieron en la casa de la procesada Juana Ana Pérez y que están unidos á los autos, hay uno que dice así:

Con dos te miro, Con cinco te ato, Tu sangre bebo, Tu corazón te arrebato, Con las pares de tu madre y mía La boca te tapo. La garfia del fiero león Que te ligue y te ate el corazón. Asno, mira que te ligo Y te ato y te reato y te vuelvo á reatar, Que no puedas comer ni beber, Ni armar ni desarmar, Ni en campo verde estar, Ni en campo seco pasear, Ni en casa de nenguna mujer entrar, Ni con ella holgar, Ni en viuda ni en casada Ni en doncella ni en soltera á efeto llegar, De aquí delante de mis ojos vengas atado, Hechizado, conjurado, Á quererme, [á] amarme; Todos tus dineros vengas á darme. Que vengas, que vengas, que vengas; Que hombre ni mujer te me detenga.

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