Note 376 — XI (continued 2)
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Estos olivares están citados otra vez en la Segunda Celestina, cuando la vieja proyecta el casamiento de su sobrina Elicia:
«Pandulfo.—Ha, ha, ha. ¿Agora la quiere casar, despues de haber corrido á ceca y á meca y á los olivares de Santander?». (Pág. 192).
También en la Tragicomedia de Lisandro y Roselia (pág. 55) se encuentra la misma frase: «Descreo de tal... que haya yo corrido la casa de ceca y meca, y los cañaverales y los olivares de Santander, y pasan ya de cien mujeres las que me han sustentado en mi estado y honra en públicos burdeles, y todas me han tenido acatamiento con obediencia, y que esta hechicera al cabo de mi vejez, despues de traídos treinta años los atabales acuestas, burle de mí con menosprecio!».
Trátase casi seguramente de la mancebía de la villa, que, á pesar de su escaso vecindario en tiempo de Carlos V, es muy probable que la tuviera como puerto muy frecuentado por marineros gascones, ingleses, flamencos y de todo el Norte de Europa. Pero á fines del siglo XVI había desaparecido del mapa picaresco de España. Cervantes no la cuenta entre las diversas partes del mundo por donde había buscado aventuras el ventero. También debió de haberla en Bilbao, y de ella guardaba recuerdo el rufián Palermo de la Tragedia Policiana: «Medio ojo me arrebataron en Bilbao, y este rascuño me dieron en Jerez de la Frontera». (Pág. 44).