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Orígenes de la novela, Tomo III

Note 374 — XI (continued 2)

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Es curioso, sin embargo, notar ciertas coincidencias.

En la escena del jardín, con que la obra termina, hallamos este diálogo entre Polandria y su criada:

«Pol.—Hermosa noche hace, y gloria es estar debajo de las sombras de estos cipreses, á los frescos aires que vienen regocijando las aguas marinas por encima de los poderosos mares.

Poncia.—Señora, ¿cuál te paresce mejor, esta música que dizes destos airezicos en las hojas de los árboles ó la de la voz y cantar de Felides?

Pol.—Ay, Poncia, la de Felides; tanto cuanto va y no menos de la mezcla de la razon que con las consonancias viene mezclada, al regocijo que estos aires naturalmente hacen, sin ornamento de más razon de aquella que ellos guardan en su naturaleza; porque esta música pone descanso al cuerpo y la otra al ánima, porque goza el entendimiento en las palabras que en los oídos suenan». (pp. 498-99).

Involuntariamente se recuerdan las palabras de Lorenzo á Jéssica sobre el prestigio de la música en el acto V de El Mercader de Venecia:

How sweet the moonlight sleeps upon this bank! Here will we sit, and let the sounds of music Creep in our ears: soft stillness, and the night, Become the touches of sweet harmony. Sit, Jessica: look, how the floor of heaven Is thick inlaid with patines of bright gold: There's not the smallest orb which thou behold'st, But in his motion like an angel sings, Still quiring to the young-ey'd cherubins: Such harmony is in immortal souls; But whilst the muddy vesture of decay Doth grossly close it in, we cannot hear it.

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