Note 391 — XI (continued 2)
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A la infernal botica de Celestina había añadido Elicia «otras cosas muchas que con mi buen trabajo y propio sudor y mayor esperiencia he yo adquirido, conviene a saber: hieles de perro negro macho y de cuervo, tripas de alacran y cangrejo, testículos de comadreja, meollos de raposa del pie izquierdo, pelos priapicos del cabron, sangre de murcíelago, estiércol de lagartijas, huevos de hormigas, pellejos de culebras, pestañas de lobo, tuétanos de garza, entrañuelas de torcecuello, rasuras de ara, ciertas gotas de olio y crisma que me dio el cura, zumos de peonía, de celidonia, de sarcocola, de tryaca, de hipericon, de recimillos y una poca de hierba del pito que hobe por mi buen lance; tengo tambien la oracion del cerco que no tenía mi tia que Dios haya, que es esta: avis, gravis, seps, dipa, unus, infans, virgo, coronat; y si todo lo de mi tienda acabase de contar, sería cosa para nunca acabar... Este oficio me bastaba, éste mantiene mi casa, sustenta mi honra, y me hace ser temida y acatada de todos, y afama mi nombre por la ciudad, que nadie hay que me vea que no me llame: madre acá, madre acullá, el uno me dexa, el otro me toma, el vicario me convida, el arcediano me llama, que ningun señor de la iglesia me ve que no quiera ganar por la mano cuál me llevará primero á su casa» (pp. 74-75).
Ciertamente que los que fuesen entonces vicario y arcediano de Salamanca quedarían muy agradecidos al Maestro Muñón por el modo de señalar.