Note 382 — XI (continued 2)
Reading edition
Más fundamento tiene esta otra observación del insigne erudito:
«Aquel donoso pasaje de El Celoso Extremeño, en que antes de llegar Loaisa á verse con la incauta Leonora le exigen tan solemnes juramentos, está sin duda imitado de la escena XXVI, al fin, donde entre las prevenciones que hace Polandria á Celestina como requisitos para haber de recibir á su amante al concierto á que se presta, la dice:
«Polandria.—Madre, mira que le tomes muchos juramentos, y que mire de quién se fía; porque si mi señora (madre) algo barrunta, todo irá borrado.
«Celestina.—¡Ay hija! ¡angelito, angelito! En Dios y en mi ánima ¿qué, no te queda más en el estómago? ¿Y á Celestina avisas tu de secreto? ¡Dolor de mí, que este es el primer secreto que en este mundo yo he sabido encubrir! Calla, señora, que eres boba; ¡nora mala! que así te lo quiero decir, y perdóname.
«Antes ya hay otros juramentos graciosos sobre que no cuenten á Felides cómo Polandria ha leído un billete suyo.
«Quincia.—¡Guárdeme Dios, señora! ¿y de decirlo había?
Polandria.—Pues poné aquí la mano en la cruz, y tú también, Poncia. Y agora oid: señora mía, tu merecer y mi atrevimiento te darán á conocer...»
El pasaje á que Gallardo alude es aquel en que Loaisa jura por «la intemerata eficacia donde más santa y largamente se contiene, y por las entradas y salidas del Santo Líbano monte, y por todo aquello que en su proemio encierra la verdadera historia de Carlomagno, con la muerte del gigante Fierabrás, de no salir ni pasar del juramento hecho y del mandamiento de la más mínima de vuesas mercedes...»
En el primitivo borrador de la novela juraba además por «el espejo de la Magdalena» y por «las barbas de Pilato» (ed. crítica de Rodríguez Marín, pp. 72 y 73). Estos juramentos son análogos á los que usan los rufianes en la obra de Feliciano de Silva, y generalmente en todas las Celestinas.