Note 371 — XI (continued 2)
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«Pueblo.—Oh madre Celestina, ¿qué maravilla tan grande ha sido esta de tu resurreccion?
«Celest.—Hijos, los secretos de Dios no es lícito sabellos á todos, sino á quien él los quiere revelar, porque ya sabeis que lo que encubre á los sabios descubre á los pequeñuelos como yo. Sabed, hijos míos, que no vengo á descubrir los sucesos de allá, sino á enmendar la vida de acá, para con las obras dar el ejemplo, con aviso de lo que allí pasa; pues la misericordia de Dios fué de volverme al siglo á hacer penitencia. Y esto baste, hijos, para que todos os enmendeis, como en la predicacion de Jonás, porque no perescais; que las cosas de la otra vida no bastan lenguas á decillas, y por tanto todos vivamos bien, para que no acabemos mal...
«Pueblo.—Madre Celestina, tú seas muy bien venida, y Dios quede contigo. Parécenos que la vieja viene escarmentada. Trato le deben haber dado por donde quiere mudar el natural, que no se dirá agora que mudó la piel la raposa, mas su natural no despoja; pues con mudar la piel, viene mudadas las obras. No de valde se dice que el loco por la pena es cuerdo. Aquí podremos con razon decir, que de los escarmentados se hacen los arteros. Por cierto, caso de predestinacion paresce, pues la quiso Dios sacar de los infiernos para tornalla á hacer penitencia de sus pecados» (pp. 89-91 de la ed. de Libros raros y curiosos).