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Orígenes de la novela, Tomo II

Note 227 — INTRODUCCIÓN (continued 3)

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«En un gran banquete, que hizo un señor á muchos caballeros, despues de haber servido muy diversos manjares, sacaron barbos enteros, y pusieron á un capitan de una Nao, que estaba al cabo de la mesa, un pez muy pequeño, y mientras que los otros comian de los grandes, tomó él el pececillo y púsole á la oreja. El señor que hacia el banquete, paróse mientes, y preguntóle la causa. Respondió: «Señor, mi padre tenia el mismo oficio que yo tengo, y por su desdicha y mía anegóse en el mar y no sabemos adónde, y desde entonces á todos los peces que veo, pregunto si saben de él. Díceme éste, que era chiquito, que no se acuerda».

(Floresta Española... Sexta parte, Capítulo VIII, n. XII de «dichos de mesa», pág. 254 de la ed. de 1790.)

Pequeñas variantes tiene el cuento de Garibay:

«Sirvieron a la mesa del Señor unos peces pequeños y al Señor grandes. Estaba a la mesa un fraile, y no hacia más que tomar de los peces chicos y ponellos al oido y echallos debajo de la mesa. El Señor miró en ello, y díjole: «Padre ¿huelen mal esos peces?» Respondió: «No, señor, sino que pasando mi padre un rio, se ahogó, y preguntábales si se habian hallado a la muerte de mi padre. Ellos me respondieron que eran pequeños, que no, que esos de V. S.ª que eran mayores, podría ser que se hubiesen hallado». Entendido por el Señor, dióle de los peces grandes, diciéndole: «Tome, y pregúntesle la muerte de su padre» (Sales Españolas, de Paz Melia, II, p. 52).

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