Note 142 — INTRODUCCIÓN (continued 2)
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«Lo cual bien experimentó un francés españolado viniendo á Portugal, y fué que partiendo de Narbona para Lisboa, le dijo un amigo suyo: Pues entrais en España, sed curioso en conocer las gentes della, porque en Aragon, por donde primero habeis de pasar, vereis que la gente es muy prima, y en Castilla nobles y bien criados»... (suprimo lo relativo á Portugal, que es de una groseria intolerable).
«Pues comenzando su camino, que venia de priesa, rogó á su huesped aragonés que le llamase cuando quisiese amanecer. El cual lo hizo así, poniendo al par de sí una caja con ciertas joyas de su mujer; y como estuviese el cielo escuro, dijo el francés: ¿En qué conoceis que quiere amanecer, señor huesped? Y él dixo: Presto será de dia, y véolo en el aljófar y perlas de mi mujer, que están frias con la frescura del alba. El francés confesó hasta allí no haber sabido aquel primor.
«Entrando en Castilla, y llegando á Toledo en casa de un ciudadano, que de su voluntad le llevó á su posada, rogóle también le despertase antes que amaneciese. Acostados, pues, el uno cerca del otro en una pieza grande, cuando queria amanecer, un papagayo que alli estaba hizo ruido con las alas. Y como el huésped toledano sintiese que el francés estaba despierto, dixo, casi hablando entre sí: Mucho ruido hace este papagayo. El frances, que lo oyó, preguntó qué hora era. El toledano respondió que presto amaneceria. Pues ¿por qué no me lo habeis dicho? dijo el frances. El castellano dixo: Pues me compeleis, yo os lo diré. Pareciome caso de menos valer, recibiendo yo en mi casa un huésped de mi voluntad, tal cual vuestra merced es, decirle se partiese della; y porque anoche me rogastes os despertase, sintiendo que estábades despierto, dije que el papagayo hacia ruido para que si quisiésedes partiros entendiésedes que el pájaro se alteraba con la venida de la mañana, y si quisiésedes reposar, lo hiciésedes, viendo que no aceleraba yo vuestra partida. Dixo el frances entonces: Agora veo y conozco la buena cortesia y nobleza que de Castilla siempre me han dicho». (Sales, I, 171-172.)