← Table of contents
Orígenes de la novela, Tomo I

Note 602 — VII

Reading edition

Hay que exceptuar dos ó tres únicamente: el que comienza

Las tremolantes banderas Del grande Fajardo parten Para las nevadas sierras Y van camino de Ohánez, ¡Ay de Ohánez!... (cap. X),

que tiene mucho ímpetu bélico y produce cierto efecto de tañido fúnebre con la repetición de las palabras finales, y el de la toma de Galera (cap. XXII), que no es de Pérez de Hita, sino de un amigo suyo, y conserva algunos felices rasgos del bellísimo romance popular de El Conde Arnaldos. Pero la joya poética de esta segunda parte son las proféticas y sombrías endechas que canta una mora delante de Aben Humeya, «haciendo un sonido sordo y melancólico con un plato de estaño» y cayendo muerta al terminar su lúgubre canción:

La sangre vertida De mi triste padre Causó que mi madre Perdiese la vida. Perdí mis hermanos En batalla dura, Porque la ventura Fue de los cristianos. Sola quedé, sola, En la tierra ajena; ¡Ved si con tal pena Me lleva la ola! La ola del mal Es la que me lleva Y hace la prueba De dolor mortal. Dejadme llorar La gran desventura Desta guerra dura Que os dará pesar. De las blancas sierras Y ríos y fuentes, No verán sus gentes Bien de aquestas guerras; Menos en Granada Se verá la zambra En la ilustre Alhambra Tanto deseada; Ni á los Alijares Hechos á lo moro, Ni á su río de oro, Menos á Comares. Ni tú, don Fernando, Verás tus banderas Tremolar ligeras Con glorioso bando; Antes destrozadas, Presas y abatidas Y muy doloridas, Tus gentes llevadas A tierras ajenas; Metidas en hierros Por sus grandes yerros Pasarán mil penas. No verán los hijos Dónde están sus padres, Y andarán las madres Llenas de letijos, Con eternos llantos Muy descarriados En sierras, collados, Hallarán quebranto. Y tú, don Fernando, No verás los males De los naturales Que te están mirando; Porque tus amigos Quiere el triste hado Te habrán acabado Siéndote enemigos. Otro rey habrá También desdichado, Que amenaza el hado Como se sabrá. Y tú, Habaquí, Por cierto concierto También serás muerto ¡Mezquino de ti! El cristiano bando Viene poderoso; Volverá glorioso Despojos llevando; Y yo estoy llorando Mi gran desventura, Y la sepultura Ya me está aguardando (Cap. XIV).

Return to VII
Explore with AITake your curiosity a little further.

Reading settings