Note 556 — VII
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La patria de Guevara consta de una manera explícita en su letra al abad de San Pedro de Cardeña, que es la XXXIV de la primera serie de las Epístolas Familiares: «Que como naci en Asturias de Santillana y no en el potro de Cordoba, ninguna cosa pudiera enviarme a mí más acepta que aquella carne salada» (alude á unas cecinas que le había regalado el abad).
Los que creen salir del paso con decir que ésta es una frase proverbial y metafórica, harían bien en presentar algún ejemplo de ella. Entretanto séanos permitido tomarla en su sentido recto, mucho más cuando, sin salir de la misma carta, la corroboran otras palabras del mismo Guevara, tan terminantes como éstas: «A los que somos montañeses no nos pueden negar los castellanos que cuando España se perdió, no se hayan salvado en solas las montañas todos los hombres buenos, y que despues acá no hayan salido de alli todos los nobles. Decia el buen Iñigo López de Santillana que en esta nuestra España, que era muy peregrino o muy nuevo el linaje que en la Montaña no tenia solar conocido». Y en la epístola XV de la segunda serie á D. Alonso Espinel, corregidor de Oviedo: «Verdad es que los viejos de mi tierra, la Montaña, más cuenta tienen con la taberna que no con la botica».
Contra afirmaciones tan terminantes nada prueba el epitafio de Guevara donde se le llama patria alavensis, aunque se le suponga compuesto por él mismo. La voz patria admite varias acepciones, entre ellas la de origen. No hay duda que el linaje de Guevara procede de Álava, y en este sentido, Fr. Antonio pudo llamarse alavés. Pero en el verbo nacer no cabe anfibología alguna. Nació, pues, Fr. Antonio de Guevara en la merindad de Asturias de Santillana, nombre que antiguamente se daba á la parte mayor de lo que hoy es provincia de Santander, denominada también montañas de Burgos, ó simplemente la Montaña, como todavía la llaman, por antonomasia, castellanos y andaluces. En cuanto al lugar de su nacimiento, apenas puede dudarse que lo fue Treceño (en el actual ayuntamiento de Valdáliga), donde persevera la torre de los de su apellido y donde consta que pasó su infancia: «Acuerdome que siendo muy niño, en Treceño, lugar de nuestro mayorazgo de Guevara, vi a D. Ladron, mi tio, y a D. Beltrán, mi padre, traer luto por vuestro padre». (Letra al obispo de Zamora, D. Alonso de Acuña). Pudiéramos añadir otras pruebas genealógicas, pero serían superfluas después de lo dicho.