Note 486 — VI
Reading edition
Véase, por ejemplo, este pasaje bastante agradable, á pesar de ciertas afectaciones retóricas: «Esperaba con estremo deseo la venida del dichoso nuncio, cuando el Amor mandó en una cerrada nube con melodiosos cantares llevarme; y al tiempo que suelen los rayos de Febo, relumbrando, esclarecer el dia, yo me hallé en un campo tan florido, que mis sentidos, ya muertos, al olor de tan excellentes olores resucitaban: cerrado el derredor de verdes e altas montañas, encima de las quales tan dulces sones se oian, que olvidando a mí, la causa de mi venida olvidaba; mas despues de cobrado mi juicio por lo poco que mi alma en alegrias descansaba, maravillado de cómo tan subitamente en tan plácido e oculto lugar me hallase, volvi los ojos a todas partes de la floresta, en medio de la qual vi un pequeño monte de floridos naranjos, e de dentro tan suave armonia fazian, que las aves que volaban, al dulzor de tan concertadas voces en el aire pasaban; circuido al derredor todo de un muy claro e caudal rio, a la orilla del qual llegado, vi un pequeño barco que un viejo barquero regia».
Esta composición alegórica está ya en el Cancionero de Toledo de 1527.