Note 478 — VI
Reading edition
«La octava razon es porque nos hazen contemplativos, que tanto nos damos a la contemplacion de la hermosura y gracias de quien amamos, y tanto pensamos en nuestras passiones, que quando queremos contemplar la de Dios, tan tiernos y quebrantados tenemos los corazones, que sus llagas y tormentos parece que recebimos en nosotros mismos, por donde se conoce que tambien por aqui nos ayudan para alcanzar la perdurable holganza».
Otras razones son más profanas y también más sensatas; por ejemplo, las siguientes, que pongo como muestra del buen estilo de Diego de San Pedro, y curioso specimen de la galantería cortesana de la época:
«Por ellas nos desvelamos en el vestir, por ellas estudiamos en el traer, por ellas nos ataviamos... Por las mujeres se inventan los galanes entretalles, las discretas bordaduras, las nuevas invenciones. De grandes bienes por cierto son causa. Porque nos conciertan la musica y nos hacen gozar de las dulcedumbres della. ¿Por quién se asonan las dulces canciones, por quién se cantan los lindos romances, por quién se acuerdan las vozes, por quién se adelgazan y sutilezan todas las cosas que en el canto consisten?... Ellas crecen las fuerzas a los braceros, y la maña a los luchadores, y la ligereza a los que voltean y corren y saltan y hazen otras cosas semejantes... Los trobadores ponen por ellas tanto estudio en lo que troban, que lo bien dicho hazen parecer mejor. Y en tanta manera se adelgazan, que propiamente lo que sienten en el corazon, ponen por nuevo y galan estilo en la cancion o invencion o copla que quieren hazer... Por ellas se ordenaron las reales justas y los pomposos torneos y alegres fiestas. Por ellas aprovechan las gracias y se acaban y comienzan todas las cosas de gentileza».
De esta prosa á la de Boscán, en su traducción de El Cortesano de Castiglione, no hay ya más que un paso.