Note 464 — VI
Reading edition
Véase, por ejemplo, la jerigonza con que acaba el libro:
«Fenescida (la Sátira) quando Delfico declinaba del cerco meridiano a la cauda del dragon llegado, e la muy esclarecida Virgen Latona en aquel mismo punto sin ladeza al encuentro venida, la serenidad del su fermoso hermano sufuscaba; la volante aguila con el tornado pico rasgaba las propias carnes e la corneia muy alto gridaba fuera del usado son; gotas de pluvia sangrientas moiaban las verdes yerbas; Euro e Zefiro, entrados en las concavidades de nuestra madre, queriendo sortir, sin fallar salida, la fazian temblar; e yo, sin ventura, padesciente, la desnuda e bicortante espada en la mi diestra miraba, titubando con dudoso pensamiento e demudada cara si era mejor prestamente morir o asperar la dubdosa respuesta me dar consuelo».