Note 511 — VI (continued 2)
Reading edition
De esta versión, que desgraciadamente ha perecido como tantas otras cosas de su autor inmortal, nos da razón el mismo Quevedo en los comentarios de su Anacreon Castellano.
Oda V: Sólo es de advertir que el ingenioso Achiles Stacio, en los Amores de Clitophonte y Leucippe, lib. II, al principio, dice esto mismo de la rosa con las mismas palabras en boca de Leucippe, que canta sus alabanzas. Pongo, por haberle traducido, las palabras castellanas:
«Luego cantó otra cosa menos áspera, como fueron las alabanzas de la rosa, de esta manera: Si Júpiter hubiera de dar rey á las flores, á ninguna hallara digna de este imperio sino á la rosa, porque es honra del campo, hermosura de las plantas, ojo de las flores, vergüenza de los prados y la más hermosa de todas ellas. Espira amor, es incentivo de Venus, adórnase con olorosas hojas, deleita con ellas, pues de tiernas se ríen con Zéphiro temblando. Esto era en suma lo que cantaba». Hasta aquí Achiles Stacio Alexandrino. Tiénese por cierto que es himno de Sapho acomodado aquí.
Oda XLIII:
Confirma esto Achiles Stacio Alexandrino en su Clytophon y Leucippe, lib. I: «En el bosque de las aves, unas eran domésticas y regaladas con mantenimento humano, y así se sustentaban con él; otras libres jugaban en las copas de los árboles, y parte insignes por su propio canto, como las cigarras y las golondrinas». Y más adelante dice: «Las cigarras cantaban los retretes del Aurora, y las golondrinas las mesas de Tereo». Aquí también las llama insignes por su voz, y el decir que canta los aposentos del Aurora, no es más de decir que canta á la mañana, que puede ser en agradecimiento del sustento que le da en su rocío.
(Anacreon Castellano con Paraphrasis y Comentarios por Don Francisco Gomez de Quevedo... Madrid, 1794, en la Imprenta de Sancha, pp. 112-113 y 147).