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Orígenes de la novela, Tomo I

Note 413 — V (continued 3)

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Casi todas estas imitaciones del Orlando están hábilmente agrupadas por el Sr. Borao (página 124 de su Memoria): «Aquella Cristilena tan ingrata con Orfelín después de haber sabido tan por sí propia su amor, y aquella Aquilina, tan infamemente desleal con su esposo Silván, recuerdan á Lidia, princesa de ese reino, que mata á desaires al gran guerrero Alcestes después de haberle obligado á trabajos como los de Hércules; aquella Coronea, reina de los palacios de Plutón; aquella Verecundia, señora de los Valles del Deleite, y aquella Recisunda, reina goda que mantenía costumbres intolerables contra los hombres, recuerdan á la Orontea del canto XX y á la Marfisa de los cantos XIX y XXXVIII; aquella celada resplandeciente de que se apoderó valientemente Clarisel recuerda el escudo deslumbrador con que Ruger venció á la orca que iba á devorar á Angélica; aquellas rosas blanca y roja del sabio Altineo, que denotaban con sus cambios de color la lealtad ó deslealtad de la mujer ausente, recuerdan el vaso de Melisa que, bebido sin derramarse el líquido, anunciaba fidelidad; aquella flecha de Paris y aquella yerba do Astrafelis, que hacían olvidar el antiguo amor é inclinaban á otro nuevo, recuerdan la fuente helada en que bebió Reinaldo, de que resultó desdeñar á Angélica; aquel fruto olvidador de Escocia recuerda la otra fuente en que el desdén, en forma de caballero, hizo beber al mismo Reinaldo».

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