Note 5 — VIII Recuerdos
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El coche seguía rodando: se encontraba con una carromata tirada por uno ó dos caballos, cuyos arneses de abaká5 delataban su origen provinciano. El carromatero procuraba ver al viajero del brillante coche y pasaba sin cambiar palabra, sin un solo saludo. A veces un carretón, tirado por un carabao de paso lento é indiferente, animaba las anchas y polvorosas calzadas, bañadas por el brillante sol de los trópicos. Al melancólico y monótono canto del guía, montado sobre el búfalo, acompaña el estridente rechinar de la seca rueda con el descomunal eje del pesado vehículo; á veces es el sonido sordo de los gastados patines ó plantas de un paragos, ese trineo de Filipinas, que se arrastra penosamente sobre el polvo ó los charcos del camino. En los campos, en las tendidas eras pasta el ganado, mezclado con las blancas garzas, tranquilamente posadas sobre el lomo del buey, que rumía y saborea medio cerrando los ojos la hierba de la pradera; á lo lejos yeguadas triscan, saltan y corren, perseguidas por un potro de genio vivo, cola larga y abundantes crines: el potro relincha, y salta la tierra á los golpes de sus poderosos cascos.