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Noli me tángere

Note 12 — VI Capitán Tiago

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Fué gobernadorcillo del rico gremio de mestizos, á pesar de la protesta de muchos que no le tenían por tal. En los dos años de su mando estropeó diez fracs, otros tantos sombreros de copa y media docena de bastones: el frac y el sombrero de copa en el Ayuntamiento, en Malacañang y en el cuartel; el sombrero de copa y el frac en la gallera, en el mercado, en las procesiones, en las tiendas de los chinos, y debajo del sombrero y dentro del frac, capitán Tiago sudando con la esgrima del bastón de borlas, disponiendo, arreglando y descomponiéndolo todo con una actividad pasmosa y una seriedad más pasmosa todavía. Así que las Autoridades veían en él un hombre, dotado de la mejor voluntad, pacífico, sumiso, obediente, agasajador, que no leía ningún libro ni periódico de España, aunque hablaba bien el español; le miraban con el sentimiento con que un pobre estudiante contempla el gastado tacón de su zapato viejo, torcido gracias á su modo de andar.—Para él resultaban verdaderas ambas frases cristiana y profana de beati pauperes spiritu y beati possidentes y muy bien se le podía aplicar aquella, según algunos, equivocada traducción del griego: ¡‘Gloria á Dios en las alturas y paz á los hombres de buena voluntad en la tierra’! pues, como veremos más adelante, no basta que los hombres tengan buena voluntad para vivir en paz. Los impíos le tomaban por tonto, los pobres por despiadado, cruel explotador de la miseria, y sus inferiores por déspota y tirano. ¿Y las mujeres? ¡Ah, las mujeres! Rumores calumniosos zumban en las miserables casas de nipa12 y se asegura oirse lamentos, sollozos, mezclados á veces con los vagidos de un infante. Más de una joven es señalada por el dedo malicioso de los vecinos: tiene la mirada indiferente y el seno marchito. Pero estas cosas no le quitan el sueño; ninguna joven turba su paz; una vieja es la que le hace sufrir, una vieja que le hace la competencia en devoción, y que ha merecido de muchos curas más entusiastas alabanzas y encomios que él en sus mejores días consiguiera. Entre capitán Tiago y esta viuda, heredera de hermanos y sobrinos, existe una santa emulación, que redunda en bien de la Iglesia, como la competencia de los vapores de la Pampanga redundaba entonces en bien del público. ¿Regala capitán Tiago un bastón de plata con esmeraldas y topacios á una Virgen cualquiera? pues ya está doña Patrocinio encargando otro de oro y con brillantes al platero Gadáunez; que en la procesión de la Naval capitán Tiago levantó un arco con dos fachadas, de tela abollonada, con espejos, globos de cristal, lámparas y arañas, pues doña Patrocinio tendrá otro con cuatro fachadas, dos varas más alto, más colgajos y pelendengues. Pero entonces él acude á su fuerte, á su especialidad, á las misas con bombas y fuegos artificiales, y doña Patrocinio tiene que morderse con sus encías los labios, pues, excesivamente nerviosa, no puede soportar el repiqueteo de las campanas y menos las detonaciones. Mientras él sonríe, ella piensa en su revancha y paga con el dinero de los otros á los mejores oradores de las cinco Corporaciones de Manila, á los más famosos canónigos de la Catedral y hasta á los Paulistas para predicar en los días solemnes sobre temas teológicos y profundísimos á los pecadores que sólo comprenden lengua de tienda. Los partidarios de capitán Tiago han observado que ella se duerme durante el sermón, pero los partidarios de ella contestan que el sermón está ya pagado, y por ella, y en todas las cosas pagar es lo primordial. Ultimamente le anonadó regalando á una iglesia tres andas de plata con dorados, cada uno de los cuales le costará más de tres mil pesos. Capitán Tiago espera que esta anciana acabe de respirar el mejor día ó que pierda cinco ó seis de sus pleitos, para servir solo á Dios; desgraciadamente los defienden los mejores abogados de la Real Audiencia, y en cuanto á su salud, no tiene por donde cogerla la enfermedad: parece un alambre de acero, sin duda para edificación de las almas, y se agarra á este valle de lágrimas con la tenacidad de una erupción de la piel. Sus partidarios tienen la confianza segura de que á su muerte será canonizada, y de que capitán Tiago mismo la ha de venerar aún en los altares, lo que él acepta y promete con tal de que muera pronto.

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