Note 3 — X El pueblo
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Cuando el pueblo era todavía un montón miserable de chozas, y en las mal llamadas calles crecía aún abundante la hierba, en aquellos tiempos en que durante la noche venían venados y jabalíes, llegó un día un viejo español de ojos profundos y que hablaba bastante bien el tagalo. Después de visitar y recorrer los terrenos en varios sentidos, preguntó por los propietarios del bosque en donde corrían aguas termales. Presentáronse algunos que pretendían serlo, y el viejo lo adquirió en cambio de ropas, alhajas y algún dinero. Después, sin saberse cómo, desapareció. La gente le creía ya encantado, cuando un olor fétido, que partía del vecino bosque, llamó la atención de unos pastores; rastreáronlo y encontraron al viejo en estado de putrefacción, colgado de la rama de un balitî3. En vida ya daba miedo por su voz profunda, cavernosa, por aquellos ojos hundidos y aquella risa sin sonido; pero ahora, habiéndose suicidado, turbaba el sueño de las mujeres. Algunas tiraron las alhajas al río y quemaron la ropa, y desde que el cadáver fué enterrado al pie mismo del balitî, ya no hubo persona que por allí se quisiese aventurar. Un pastor, que buscaba á sus animales, contó haber visto luces; fueron los mancebos, y éstos ya oyeron lamentos. Un infeliz enamorado, que para llamar la atención de la desdeñosa prometió pasar la noche debajo del árbol arrollando á su tronco un largo junco, murió de una fiebre rápida, que le cogió al día siguiente de la noche de su apuesta. Corrían aún sobre este paraje muchos cuentos y leyendas.