PALABRAS DEL AUTOR
Reading edition
Muchos escritores son refractarios a corregir sus libros, una vez impresos.
Yo opino lo contrario: los libros deben ser examinados y pulidos a cada nueva edición, pues si el Tiempo nos altera las líneas del semblante y nos blanquea el cabello y nos encorva, ¿cómo no cambiaría también nuestros gustos? Las horas que transforman el cuerpo, ¿cómo no revolucionarían el espíritu, por antonomasia tan vibrante, tornadizo, andariego y mudable?... La experiencia y la lectura son los dos grandes vientos removedores de nuestro jardín interior. Un hombre inteligente vive en discusión perpetua consigo mismo; y discutir es dudar, rectificar «puntos de vista», sustituir una creencia por otra, modificarse, contradecirse. El progreso constituye una enmienda constante, y así la vida debe ser nada más que un pretexto para arrepentirnos hoy de lo que hicimos ayer.
Nadie extrañe, de consiguiente, las diferencias de pensamiento y de forma que separan los volúmenes que van apareciendo ahora, en el mediodía de mi vida, de aquellos que llamo de «mi primera época».
Escritos de prisa y vendidos a precios irrisorios[A], reconozco, con harto quebranto y luto de mi corazón, haberlos echado al mundo vestidos de andrajos. Realmente no merecían tan mal trato, y así quiero con la edición presente remediar en algo el daño que les hice. Ni la fábula, ni la arquitectura o distribución de los capítulos fueron alteradas; no creí necesario meter el escalpelo hasta tan hondo. Sólo he intentado aliviar su estilo de solecismos, repeticiones y demás vergüenzas gramaticales que lo manchaban. También procuré tranquilizarlo, simplificarlo, aligerarlo de frondosidades retóricas...
De consiguiente, la única edición de mis libros que me atrevo a recomendar es ésta, de Renacimiento. Todas las anteriores, mal impresas, mal corregidas y ensuciadas vilmente con portadas obscenas, son execrables y únicamente merecen silencio.
Por rescatar los millares de ejemplares que de ellas se han vendido en estos últimos diez y nueve años, daría el autor su mano derecha.
Eduardo Zamacois.
Madrid, enero 1916.