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Los Sueños, Volume II

Note 207 — LA HORA DE TODOS Y LA FORTUNA CON SESO

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Con los mismos términos ridiculizó en el año anterior de 1634 aquella moda ingrata y desapacible de las mujeres el licenciado Luis de Benavente, en el entremés cantado El Guardainfante (parte primera). Un alguacil dice al alcalde (papel que hacía el regocijadísimo Juan Rana):

Presa os traigo una falduda, Porque, entrando por la plaza, Hasta que pasó, estuvieron Detenidas cien mil almas.

ALCALDE

¿Es muy gorda?

ALGUACIL

Una sardina.

ALCALDE

¿Iba sola?

ALGUACIL

Ella y sus faldas.

ALCALDE

No es mala la añadidura: Menos ocupa la guarda.

(Sacan atada con una maroma a la Falduda, admírase el Concejo y espántase el Alcalde).

TODOS (Cantando).

Por sus condiciones y por sus usos, Ya no caben las hembras dentro del mundo.

ALCALDE

Jeso Cristo: ¡ola! ¿Es mujer?

ALGUACIL

Pues ¿qué ha de ser?

ALCALDE

La tarasca, Que ya sale por el Corpus Medio sierpe y medio dama.

LA FALDUDA (Cantando y bailando, le responde.)

Lo que se usa, señor Alcaldito, Gracioso y bonito, Dice el refrancito Que nunca se excusa; Y por sólo hacer lo que vemos, Las hembras traemos, Aunque reventemos, Tanta garatusa, tusa, tusa.

ALCALDE

Si por ver lo que se han ensanchado, El padre o velado, A ojo cerrado, Les diera una tunda, Vive Cristo que el toldo bajaran, Y aunque regañaran, Ellas ahorraran De tanta baraúnda, unda, unda.

Benavente aprovecha, para arrojar todo el ridículo sobre tales faldas, las circunstancia de armarse con ballenas, aros de hierro, paja y esparto, disponiendo que los pescadores, los mozos de mulas y el invierno en cuerpo y alma les reclamen lo que es suyo. Pero la tiranía de la moda búrlase de la sátira de los poetas cuando hasta desoye las prescripciones de las leyes. Por pregón, se mandó en Madrid, a 13 de abril de 1639, que, excepto las mujeres públicas, ninguna pudiera traer guardainfante ni otro vestido que se le asemejase, pena de perder el traje y, por la primera vez, 20.000 maravedís. Pellicer, en sus Avisos de 26 de julio del mismo año, habla de la risa que en aquel día causó en la Corte ver colgados de los balcones de la cárcel más de 100 guardainfantes quitados a mujeres. Pero el mismo Pellicer refiere cómo en 18 de setiembre del año siguiente de 1640 se alborotó Madrid porque el nuevo Presidente quiso llevar adelante la extinción de aquella moda, abolida nada menos que por una pragmática. En una colección de Romances varios de diversos autores, que este mismo año de 1640 imprimió en Zaragoza Pedro Lanaja, se encuentra el siguiente rasgo:

Guardainfante era, y ya estoy Tan otro del que me vi, Que aprender podéis de mí Lo que va de ayer a hoy. Hoy risa del pueblo soy, Ayer fuí todo su vicio, Pues, frustrado mi ejercicio, Dicen a mi poca medra: Escollo armado de yedra, Yo te conocí edificio. Siempre pienso dónde voy, Cómo me veo y me vi, Que ayer maravilla fuí Y hoy sombra mía no soy. Galas, vivo ejemplo os doy, Pues, por salir de mis quicios, Os muestro en claros indicios Mi mal, que a todos excede, Ejemplo de lo que puede La carrera de los vicios. Acuérdome que tenía, Por gala de tan buen aire, Valentía en el donaire, Donaire en la valentía; Pero ya ha llegado el día En que estoy tan desvalido, Que las damas que he servido Me dicen al fin postrero: “¡De lo que fuiste primero Estás tan desconocido!” Aplauso que el mundo da, Por mi gala merecido, ¿Quién como yo le ha tenido? ¿Quién como yo le tendrá? Dicha que se pasó ya, Hoy es de penas abismo, Y así, deste silogismo Quedo tan desengañado, Que, de mí mismo olvidado, No me acuerdo de mí mismo. Pendiente me vi colgado Junto al lugar más dichoso, Yo, de ninguno envidioso, Y de todos envidiado; Mas ¡ay desdichas del hado, Cuánto acabas, cuánto puedes! Pues, araña entre las redes, Me cuelgan, como de almenas, En un retrete que apenas Se divisan las paredes. Por mí se puede cantar, Cuando mis desdichas toco: “¡Mundo loco, mundo loco: Nadie debe en ti fiar!” En pobre y solo lugar Me han puesto mis vanidades, Pues del tiempo las crueldades Me traen a aquestos retiros, Aquí, donde mis suspiros Pueblan estas soledades.

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