Note 301 — LA HORA DE TODOS Y LA FORTUNA CON SESO
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Quevedo, en El Chitón de las taravillas, escribió que al comenzar el año de 1630 se hablaba del doblón y del real de a ocho como de los difuntos y se decía: “El oro que pudre, la plata que Dios tenga”. Aquí, en 1636, se acuerda de ellos como Jorge Manrique se acordaba de los sucesos de su juventud en la copla XVI:
“¿Qué se hizo el rey don Juan? Los Infantes de Aragón, ¿Qué se hicieron?”
De modo que, habiendo tocado a gloria nuestro escritor en el primer discurso, abrigando la esperanza de que habían desaparecido para siempre los males ocasionados al reino por las desacertadas leyes del trueco de la plata, tuvo que refrenar su gozo cuando vió, transcurridos seis años, que el Gobierno era impotente para restaurar la Hacienda de España, cancerada desde los tiempos de Felipe II.