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Los Sueños, Volume II

Note 291 — LA HORA DE TODOS Y LA FORTUNA CON SESO

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Recuérdense los impertinentes advertimientos al Príncipe que de aquellas calendas se ven impresos; téngase en cuenta el fin principal y de importancia suma a que tiraba el castellano Lipsio; no se pierda jamás de vista que le era forzoso remedar y traducir aquí los desatinos de los áulicos y curanderos políticos, y entonces no nos parecerán menos ridículos e ingeniosos que los que había dejado por modelos el rey de los escritores españoles: los arbitristas de Dinamarca. Por lo bien dibujados, rivalizan con don Quijote, deseando aconsejen al Monarca junte en la Corte, y en un día señalado, a cuantos caballeros andantes vayan por la Península, que tal podría venir entre ellos que sólo bastase a destruir toda la potestad del turco. En lo extravagante se igualan casi al arbitrista del Hospital de la Resurrección, en Valladolid, proponiendo se mande a todos los vasallos de Su Majestad ayunar una vez en el mes a pan y agua, reduciendo a dinero el gasto de aquel día para que, con provecho de sus cuerpos y de sus almas, tuviesen el lauro de desempeñar en veinte años las cargas del Tesoro: ocurrencias felicísimas y muy difíciles de superar. El autor de El Diablo cojuelo queda muy inferior a Cervantes y Quevedo burlándose de estos abejarucos políticos. Los arbitristas no fueron una plaga del reinado de los Felipes: abundaron en todos los siglos.

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