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Los Sueños, Volume I

Note 314 — DISCURSO

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“¡Válame Dios, dije, llegándome a Lutero como a mal hombre, por no decir como a mal fraile: te atreviste a decir que no se habían de adorar las imágenes, si en ellas no se adora sino la espiritual grandeza que a nuestro modo representan! Si dices que para acordarte de Dios no has menester imágenes, es verdad y no te las dan para eso, sino para que te muevan afectos la representación de la verdad que reverenciamos y del Señor que amamos sobre todo bien. Como los enamorados, que el retrato de su dama no le traen para acordarse della, pues ya presuponen memoria della en acordarse de que la traen, sino para deleitarse con la parte que se les concede del bien ausente. Dices también que Cristo pagó por todos y que no hay sino vivir como quisiéremos, porque el que me hizo a mí sin mí, me salvará a mí sin mí. Bien me hizo a mí sin mí; pero hecho, siente que yo destruya su obra y manche su pintura y borre su imagen. Y si, como confiesas, sintió en el primer hombre tanto un pecado, que por satisfacerle mostrando su amor murió, ¿cómo te dejas decir que murió para darnos libertad de pecar quien siente tanto que pequemos? Y si murió y padeció Cristo para enseñarnos lo que cuesta un pecado y lo que hemos de huirle, ¿de dónde coliges que murió para darnos licencia para hacer delitos? Que satisfizo por todos es verdad, ¿luego no tenemos que trabajar nosotros? Mientes, pues hay que trabajar en no caer en otros y pagar los cometidos delitos. Enojóse Dios por un pecado, cuando no le debemos sino la creación sola, y ¿no sentiría las culpas, cuando le debemos redempción costosa y trabajosa? Espántome, Lutero, de que supieses nada. ¿De qué te aprovecharon tus letras y agudeza? Más le dijera, si no me enterneciera la desventurada figura en que estaba el miserable Lutero. Estaba ahorcado”, etc. (Edic. de Pamplona, 1631, y Ms. de la Bibl. de las Cortes, F. 3, pág. 109; L. 31, pág. 98).

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