Note 156 — DISCURSO
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“Había muchas mujeres tras éstos besándoles las ropas, que en besar algunas son peores que Judas, porque aquél besó (aunque con ánimo traidor) la cara del Justo, Hijo de Dios y Dios verdadero, y ellas besan los vestidos de otros tan malos como Judas. Atribúyolo, más que a devoción (a algunas) a golosina en el besar. Otras iban cogiéndoles de las capas para reliquias, y algunas cortan tanto, que da sospecha que lo hacen más por verlos en cueros o desnudos, que por fe que tengan con sus obras. Otras se encomiendan a ellos en sus oraciones, que es como encomendarse al diablo por tercera persona. Vi alguna pedirles hijos, y sospecho que marido que consiente en que pida hijos a otro la mujer, se dispone a agradecérselo si se les diere. Esto digo por ver que, pudiendo las mujeres encomendar sus deseos y necesidades a san Pedro, a san Pablo, a san Juan, a san Agustín, a santo Domingo, a san Francisco y otros santos que sabemos que pueden con Dios, se den a éstos que hacen oficio la humildad y pretenden irse al cielo de estrado en estrado y de mesa en mesa. Al fin conocí que iban éstos arrebozados”, etc. (Edición de Pamplona, 1631).