HORA DE ESTRELLAS 1920
Reading edition
EL silencio redondo de la noche Sobre el pentágrama Del infinito. Yo me salgo desnudo a la calle, Maduro de versos Perdidos. Lo negro, acribillado Por el canto del grillo, Tiene ese fuego fatuo, Muerto, Del sonido. Esa luz musical Que percibe El espíritu. Los esqueletos de mil mariposas Duermen en mi recinto. Hay una juventud de brisas locas Sobre el río.
EL CAMINO
NO conseguirá nunca Tu lanza Herir al horizonte. La montaña Es un escudo Que lo guarda. No sueñes con la sangre de la luna Y descansa. Pero deja camino, Que mis plantas Exploren la caricia De la rociada. ¡Quiromántico enorme! ¿Conocerás las almas Por el débil tatuaje Que olvidan en tu espalda? Si eres un Flanmarión De las pisadas, ¡Cómo debes amar A los asnos que pasan Acariciando con ternura humilde Tu carne desgarrada! Ellos solos meditan donde puede Llegar tu enorme lanza. Ellos solos, que son Los Bhudas de la Fauna, Cuando viejos y heridos deletrean Tu libro sin palabras. ¡Cuánta melancolía Tienes entre las casas Del poblado! ¡Qué clara Es tu virtud! Aguantas Cuatro carros dormidos, Dos acacias, Y un pozo del antaño Que no tiene agua. Dando vueltas al mundo, No encontrarás posada. No tendrás camposanto Ni mortaja, Ni el aire del amor renovará Tu substancia. Pero sal de los campos Y en la negra distancia De lo eterno, si tallas La sombra con tu lima Blanca ¡oh, camino! ¡Pasarás por el puente De Santa Clara!