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852 Despues me contó un amigo que al Juez le había dicho el cura que yo era un cabeza dura y que era un mozo perdido; que me echaran del partido, que no tenía compostura.
853 Tal vez por ese consejo y sin que mas causa hubiera, ni que otro motivo diera, me agarraron redepente y en el primer contingente me echaron a la frontera.
854 De andar persiguiendo viudas me he curao el deseo; en mil penurias me veo, mas pienso volver tal vez a ver si sabe aquel Juez lo que se ha hecho de mi rodeo.
XX
855 Martín Fierro y sus dos hijos, entre tanta concurrencia, siguieron con alegría celebrando aquella fiesta. Diez años, los más terribles, había durado la ausencia, y al hallarse nuevamente era su alegría completa. En ese mesmo momento uno que vino de ajuera, a tomar parte con ellos suplicó aue lo almitieran. Era un mozo forastero de muy regular presencia, y hacía poco que en le pago andaba dando sus güeltas. Asiguran algunos que venía de la frontera; que había pelao a un pulpero en las últimas carreras; pero andaba despilcho, no traia una prenda güena: un recadito cantor daba fe de sus pobrezas. Le pidió la bendición al que causaba la fiesta y, sin decirles su nombre, les declaró con franqueza que el nombre de Picardía es el único que lleva. Y para contar su historia a todos pide licencia, diciéndoles que en seguida iban a saber quien era. Tomo al punto la guitarra, la gente se puso atenta, y ansí cantó Picardía en cuanto templó las cuerdas:
PICARDÍA
XXI
856 -Voy a contarles mi historia (perdónenme tanta charla), y les diré al principiarla, aunque es triste hacerlo ansí: a mi madre la perdí antes de saber llorarla.
857 Me quedé en el desamparo, y al hombre que me dió el ser no lo pude conocer; ansí, pues, dende chiquito, volé como el pajarito en busca de qué comer.
858 O por causa del servicio, que tanta gente destierra, o por causa de la guerra, que es causa bastante seria, los hijos de la miseria son muchos en esta tierra.
859 Ansí, por ella empujado, no sé las cosas que haría, y aunque con verguenza mía, debo hacer esta alvertencia: siendo mi madre Inocencia, me llamaban Picardía.
860 Me llevó a su lado un hombre para cuidar las ovejas, pero todo el día eran quejas y guascazos a lo loco, y no me daba tampoco siquiera unas jergas viejas.
861 Dende la alba hasta la noche, en el campo me tenía; cordero que se moría -mil veces me sucedió- los caranchos lo comían, pero lo pagaba yo.
862 De trato tan rigoroso muy pronto me acobardé; el bonete me apreté buscando los mejores fines, y con unos volantines me fuí para Santa Fé.
863 El pruebista principal a enseñarme me tomó, y ya iba aprendiendo yo a bailar en la maroma, mas me hicieron una broma y aquello me indijustó.
864 Una vez que iba bailando, porque estaba el calzón roto, armaron tanto alboroto que me hicieron perder pie; de la cuerda me largué y casi me descogotó.
865 Ansí me encontre de nuevo sin saber dónde meterme, y ya pensaba volverme cuando, por fortuna mía, me salieron unas tías que quisieron recogerme.
866 Con aquella parentela, para mí desconocida, me acomodé ya en seguida, y eran muy buenas señoras; pero las más rezadoras que he visto en toda mi vida.
867 Con el toque de oración ya principiaba el rosario; noche a noche un calendario tenían ellas que decir, y a rezar solían venir muchas de aquel vecindario.
868 Lo que allí me aconteció siempre lo he de recordar, pues me empiezo a equivocar y a cada paso refalo, como si me entrara el Malo cuanto me hincaba a rezar.
869 Era como tentación lo que yo esperimenté, y jamas olvidaré cuanto tuve que sufrir, porque no podia decir "Artículos de la fe".
870 Tenía al lao una mulata que era nativa de allí; se hincaba cerca de mí como el ángel de la guarda; ¡pícara!, Y era la parda la que me tentaba ansí.
871 "Rezá", me dijo mi tía, "Artículos de la fe". Quise hablar y me atoré; la dificultá me aflige; miré a la parda, y ya dije: "Artículos de Santa fé".
872 Me acomodó el coscorrón que estaba viendo venir, yo me quise corregir, a la mulata miré y otra vez volví a decir: "Artículos de Santa fé".
873 Sin dificultá ninguna rezaba todito el día, y a la noche no podía ni con un trabajo inmenso; es por eso que yo pienso que alguno me tentaría.
874 Una noche de tormenta vi a la parda y me entró chucho; los ojos -me asusté mucho- eran como refocilo: al nombrar a San Camilo, le dije San Camilucho.
875 Esta me da con el pie, aquella otra con el codo: ¡ah, viejas, por ese modo, aunque de corazón tierno, yo las mandaba al infierno con oraciones y todo!
876 Otra vez, que como siempre la parda me perseguía, cuando yo acordé, mis tías me habían sacao un mechón al pedir la estirpación de todas las herejías.
877 Aquella parda maldita me tenía medio afligido, y ansí; me había sucedido que, al decir "Estirpación", le acomodé "Entripación" y me cayeron sin ruido.
878 El recuerdo y el dolor me duraron muchos días; soñe con las herejías que andaban por estirpar y pedía siempre al rezar la estirpación de mis tías.
879 Y dale siempre rosarios, noche a noche sin cesar; dale siempre barajar salves, trisagios y credos; me aburrí de esos enriedos y al fin me mandé mudar.
XXII
880 Anduve como pelota, y más pobre que una rata: cuando empecé a ganar plata se armó no sé que barullo: yo dije: a tu tierra, grullo, aunque sea con una pata.
881 Eran duros y bastantes los años que allá pasaron; con lo que ellos me enseñaron formaba mi capital; cuanto vine, me enrolaron en la Guardia Nacional.
882 Me habia ejercitao al naipe, el juego era mi carrera; hice alianza verdadera y arreglé una trapisonda con el dueño de una fonda que entraba en la peladera.
883 Me ocupaba con esmero en floriar una baraja; el la guardaba en la caja en paquetes, como nueva; y la media arroba lleva quien conoce la ventaja.
884 Comete un error inmenso quien de la suerte presuma; otro mas hábil lo fuma, en un dos por tres lo pela, y lo larga que no vuela, porque le falta una pluma.
885 Con un socio que lo entiende se arman partidas muy güenas; queda allí la plata ajena, quedan prendas y botones: siempre cain a esas riuniones zonzos con las manos llenas.
886 Hay muchas trampas legales, recursos del jugador; no cualquiera es sabedor a lo que un naipe se presta: con una cincha bien puesta se la pega uno al mejor.
887 Deja a veces ver la boca, haciendo el que se descuida; juega el otro hasta la vida y es siguro que se ensarta, porque uno muestra una carta y tiene otra prevenida.
888 Al monte, las precauciones no han de olvidarse jamás; debe afirmarse además los dedos para el trabajo, y buscar asiento bajo que le dé la luz de atrás.
889 Pa tallar, tome la luz; dé la sombra al alversario; acomódese al contrario en todo juego cartiao: tener ojo ejercitao es siempre muy necesario.
890 El contrario abre los suyos, pero nada ve el que es ciego: dandole soga, muy luego se deja pescar el tonto; todo chapetón cre pronto que sabe mucho en el juego.
891 Hay hombres muy inocentes y que a las carpetas van; cuando azariados están -les pasa infinitas veces- pierden en puertas y en treses, y dándoles mamarán.
892 El que no sabe no gana aunque ruegue a Santa Rita; en la carpeta a un mulita se le conoce al sentarse, y conmigo era matarse: no podían ni a la manchita.
893 En el nueve y otros juegos llevo ventaja y no poca, y siempre que dar me toca el mal no tiene remedio, porque sé sacar del medio y sentar la de la boca.
894 En el truco, al más pintao solía ponerlo en apuro; cuando aventajar procuro, sé tener, como fajadas, tiro a tiro el as de espadas, o flor, o envite siguro.
895 Yo sé defender mi plata y lo hago como el primero: el que ha de jugar dinero preciso es que no se atonte; si se armaba una de monte, tomaba parte el fondero.
896 Un pastel, como un paquete, se llevarlo con limpieza; dende quc a salir empiezan no hay carta que no recuerde; sé cuál se gana o se pierde en cuanto cain en la mesa.
897 También por estas jugadas suele uno verse en aprietos; mas yo no me comprometo porque sé hacerlo con arte, y aunque les corra el descarte no se descubre el secreto.
898 Si me llamaban al dao, nunca me solía faltar un cargado que largar, un cruzao para el mas vivo, y hasta atracarles un chivo sin dejarlos maliciar.
899 Cargaba bien una taba, porque la sé manejar; no era manco en el billar, y por fin de lo que esplico, digo que hasta con pichicos era capaz de jugar.
900 Es un vicio de mal fin el de jugar, no lo niego; todo el que vive del juego anda a la pesca de un bobo, y es sabido que es un robo ponerse a jugarle a un ciego.
901 Y esto digo claramente porque he dejao de jugar; y le puedo asigurar, como que fuí del oficio: más cuesta aprender un vicio que aprender a trabajar.
XXIII
902 Un nápoles mercachifle que andaba con un arpista, cayó también en la lista sin dificultá ninguna: lo agarré a la treinta y una y le daba bola vista.
903 Se vino haciendo el chiquito, por sacarme esa ventaja; en el pantano se encaja, aunque robo se le hacía; lo cegó santa lucía y desocupó las cajas.
904 ¡Lo hubieran visto afligido llorar por las chucherías! "Me gañao con picardía", decía el gringo y lagrimiaba, mientras yo en un poncho alzaba todita su mercheria.
905 Quedó allí aliviao del peso sollozando sin consuelo; había caido en el anzuelo, tal vez porque era domingo, y esa calidá de gringo no tiene Santo en el cielo.
906 Pero poco aproveché de fatura tan lucida; el diablo no se descuida, y a mí me seguía la pista un ñato muy enredista que era Oficial de partida.
907 Se me presentó a esigir la multa en que había incurrido, que el juego estaba prohibido, qus iba a llevarme al cuartel tuve que partir con él todo lo que había alquirido.
908 Empecé a tomarlo entre ojos por esa albitrariedá; yo había ganao, es verdá, con recursos, eso sí; pero el me ganaba a mí fundao en su autoridá.
909 Decían que por un delito mucho tiempo anduvo mal; un amigo servicial lo compuso con el Juez, y poco tiempo después lo pusieron de Oficial.
910 En recorrer el partido continuamente se empleaba; ningún malevo agarraba, pero traia en un carguero gallinas, pavos, corderos que por ahi recoletaba.
911 No se debía permitir el abuso a tal estremo. Mes a mes hacía lo mesmo, y ansí decía el vecindario: "Este ñato perdulario ha resucitao el diezmo."
912 La echaba de guitarrero y hasta de concertador: sentao en el mostrador lo hallé una noche cantando y le dije: "Co…mo…quiando con ganas de oir un cantor."
913 Me echó el ñato una mirada que me quiso devorar, mas no dejó de cantar y se hizo el desentendido; pero ya había conocido que no lo podía pasar.
914 Una tarde que me hallaba de visita… vino el ñato, y para darle un mal rato dije juerte: "na…to…ribia, no cebe con la agua tibia", y me la entendió el mulato.
915 Era todo en el juzgao, y como que se achocó, ahi no más me contestó: "Cuanto el caso se presiente te he de hacer tomar caliente, y has de saber quién soy yo."
916 Por causa de una mujer se enredó más la cuestión; le tenía el ñato afición; ella era mujer de ley, moza con cuerpo de güey, muy blanda de corazón.
917 La hallé una vez de amasijo; estaba hecha un embeleso, y le dije: "Me intereso en aliviar sus quehaceres, y ansí, señora, si quiere yo le arrimaré los güesos."
918 Estaba el ñato presente sentado como de adorno; por evitar un trastorno ella, al ver que se dijusta, me contestó: "Si usté gusta, arrímelos junto al horno."
919 Ahi se enredó la madeja y su enemistá conmigo; se declaró mi enemigo, y, por aquel cumplimiento, ya sólo buscó el momento de hacerme dar un castigo.
920 Yo vía que aquel maldito me miraba con rencor, buscando el caso mejor de poderme echar el pial; y no vive más el lial que lo que quiere el traidor.
921 No hay matrero que no caiga, ni arisco que no se amanse; ansí, yo, dende aquel lance, no salía de algún rincón, tirao como el San Ramón después que se pasa el trance.
XXIV
922 Me le escapé con trabajo en diversas ocasiones; era de los adulones; me puso mal con el Juez; hasta que al fin una vez me agarró en las eleciones.
923 Ricuerdo que esa ocasión andaban listas diversas; las opiniones dispersas no se podían arreglar: decían que el Juez, por triunfar, hacía cosas muy perversas.
924 Cuando si riunió la gente vino a proclamarla el ñato, diciendo con aparato "Que todo andaría mal, si pretendía cada cual votar por un candilato."
925 Y quiso al punto quitarme la lista que yo llevé, mas yo se la mesquiné, y ya me gritó: "¡anarquista! Has de votar por la lista que ha mandao el Comiqué."
926 Me dió verguenza de verme tratado de esa manera; y como si uno se altera ya no es fácil que se ablande, le dije: "Mande el que mande, yo he de votar por quien quiera."
927 "En las carpetas de juego y en la mesa eletoral, a todo hombre soy igual, respeto al que me respeta, pero el naipe y la boleta naides me lo ha de tocar."
928 Ahi no más ya me cayó a sable la polecía; aunque era una picardía me decidí a soportar, y no los quise peliar por no perderme ese día.
929 Atravesao me agarró y se aprovechó aquel ñato; dende que sufrí ese trato no dentro donde no quepo; fi a jinetiar en el cepo por cuestión de candilatos.
930 Injusticia tan notoria no la soporté de flojo; una venda de mis ojos vino el suceso a voltiar: vi que teníamos que andar como perro con tramojo.
931 Dende equellas eleciones se siguió el batiburrillo; aquél se volvió un ovillo del que no había ni noticia, ¡es señora la justicia… Y anda en ancas del mas pillo!
XXV
932 Después de muy pocos días, tal vez por no dar espera y que alguno no se juera, hicieron citar la gente, pa riunir un contingente y mandar a la frontera.
933 Se puso arisco el gauchaje: la gente está acobardada; salió la partida armada y trujo como perdices unos cuantos infelices que entraron en la voltiada.
934 Decía el ñato con soberbia: "¡Esta es una gente indina! Yo los rodié a la sordina: no pudieron escapar; y llevaba orden de arriar todito lo que camina."
935 Cuando vino el Comendante dijeron: "¡Dios nos asista!" Llegó les clavó la vista (yo estaba haciendome el zonzo); le echó a cada uno un responso y ya lo plantó en la lista.
936 "¡Cuadráte!", Le dijo a un negro. "Te estás haciendo el chiquito, cuando sos el más maldito que se encuentra en todo el pago. Un servicio es el que te hago, y por eso te remito."
A OTRO
937 "Vos no cuidás tu familia ni le das los menesteres; visitás otras mujeres, y es preciso, calavera, que aprendás en la frontera a cumplir con tus deberes."
A OTRO
938 "Vos también sos trabajoso; cuando es preciso votar hay que mandarte llamar y siempre andás medio alzao; sos un desubordinao, y yo te voy a filiar."
A OTRO
939 "¿cuánto tiempo hace que vos andás en este partido? ¿Cuantas veces has venido a la citación del juez? No te he visto ni una vez: has de ser algún perdido."
A OTRO
940 "Este es otro barullero que pasa en la pulpería predicando noche y día y anarquizando a la gente: irás en el contingente por tamaña picardía."
A OTRO
941 "Dende la anterior remesa vos andás medio perdido; la autoridá no ha podido jamás hacerte votar: cuando te mandan llamar te pasás a otro partido."
A OTRO
942 "Vos siempre andas de florcita: no tenés renta ni oficio; no has hecho ningún servicio; no has votado ni una vez. ¡Marchá!… Para que dejés de andar haciendo perjuicio."
A OTRO
943 "Dame vos tu papeleta: yo te la voy a tener. Esta queda en mi poder; despúes la recogerás, y ansí, si te resertás, todos te puedan prender."
A OTRO
944 "Vos, porque sos ecetuao, ya te querés sulevar; no vinistes a votar cuando hubieron eleciones; no te valdrán ececiones: ¡yo te voy a enderezar!"
945 Y a éste por este motivo y a otro por otra razón, toditos, en conclusión, sin que escapara ninguno, jueron pasando uno a uno a juntarse en un rincón.
946 Y allí las pobres hermanas, las madres y las esposas redamaban cariñosas sus lágrimas de dolor; pero gemidos de amor no remedian estas cosas.
947 Nada importa que una madre se desespere o se queje, que un hombre a su mujer deje en el mayor desamparo; hay que callarse, o es claro que lo quiebran por el eje.
948 Dentran despúes a empeñarse con este o aquel vecino; y, como en el masculino, el que menos corre, vuela, deben andar con cautela las pobres, me lo imagino.
949 Muchas al Juez acudieron, por salvar de la jugada; el les hizo una cuerpiada, y, por mostrar su inocencia, les dijo: "Tengan pacencia pues yo no puedo hacer nada."
950 Ante aquella autoridá permanecían suplicantes, y, después de hablar bastante, "Yo me lavo"; dijo el Juez, "Como Pilatos los pies: esto lo hace el Comendante."
951 De ver tanto desamparo el corazón se partía; había madre que salía con dos; tres hijos o más, por delante y por detrás, y las maletas vacías.
952 "¿Dónde irán?", Pensaba yo, "¿a perecer de miseria? Las pobres, si de esta feria hablan mal, tienen razón; pues hay bastante materia para tan justa aflición."
XXVI
953 Cuando me llegó mi turno dije entre mí: "Ya me toca", y aunque mi falta era poca no sé por que me asustaba; les asiguro que estaba con el Jesús en ia boca.
954 Me dijo que yo era un vago, un jugador, un perdido; que dende que fí al partido andaba de picaflor; que había de ser un bandido como mi antesucesor.
955 Puede que uno tenga un vicio y que de él no se reforme, mas naides esta conforme con recebir ese trato: yo conocí que era el ñato quien le había dao los informes.
956 Me dentro curiosidá, al ver que de esa manera tan siguro me dijera que jué mi padre un bandido; luego, lo habrá conocido, y yo inoraba quien era.
957 Me empeñé en aviriguarlo; promesas hice a Jesús; tuve por fin una luz y supe con alegría que era el autor de mis días el guapo sargento Cruz.
958 Yo conocía bien su historia y la tenía muy presente: sabía que Cruz, bravamente, yendo con una partida, había jugado la vida por defender a un valiente.
959 Y hoy ruego a mi Dios piadoso que lo mantenga en su gloria; se ha de conservar su historia en el corazón del hijo; el al morir me bendijo yo bendigo su memoria.
960 Yo juré tener enmienda y lo conseguí de veras; puedo decir ande quiera que, si faltas he tenido, de todas me he corregido dende que supe quién era.
961 El que sabe ser güen hijo a los suyos se parece; y aquel que a su lado crece y a su padre no hace honor, como castigo merece de la desdicha el rigor.
962 Con un empeño costante mis faltas supe enmendar; todo conseguí olvidar, pero, por desgracia mía, el nombre de Picardía no me lo pude quitar.
963 Aquel que tiene güen nombre muchos dijustos se ahorra, y entre tanta mazamorra no olviden esta alvertencia: aprendí por esperencia que el mal nombre no se borra.
XXVII
964 He servido en la frontera en un cuerpo de milicias; no por razón de justicia como sirve cualesquiera.
965 La bolilla me tocó de ir a pasar malos ratos por la facultá del ñato, que tanto me persiguió.
966 Y sufrí en aquel infierno esa dura penitencia, por una malaquerencia de un Oficial subalterno.
967 No repetiré las quejas de lo que se sufre allá: son cosas muy dichas ya y hasta olvidadas, de viejas.
968 Siempre el mesmo trabajar, siempre el mesmo sacrificio, es siempre el mesmo servicio, y el mesmo nunca pagar.
969 Siempre cubiertos de harapos, siempre desnudos y pobres, nunca le pagan un cobre ni le dan jamás un trapo.
970 Sin sueldo y sin uniforme lo pasa uno aunque sucumba: confórmese con la tumba; y si no… No se conforme.
971 Pues si usté se ensoberbece o no anda muy voluntario, le aplican un novenario de estacas… Que lo enloquecen.
972 Andan como pordioseros sin que un peso los alumbre, porque han tomao la costumbre de deberle años enteros.
973 Siempre hablan de lo que cuesta; que allá se gasta un platal: ¡pues yo no he visto ni un rial en lo que duró la fiesta!
974 Es servicio estrordinario bajo el jusil y la vara, sin que sepamos qué cara le ha dao Dios al comisario.
975 Pues si va a hacer la revista se vuelve como una bala: es lo mesmo que luz mala para perderse de vista.
976 Y de yapa cuando va, todo parece estudiao: van con meses atrasaos de gente que ya no está.
977 pues si adrede que lo hagan, podrán hacerlo mejor: cuando cai, cai con la paga del contingente anterior.
978 porque son como sentencia para buscar al ausente, y el pobre que está presente que perezca en la endigencia;
979 hasta que, tanto aguantar el rigor con que lo tratan o se resierta, o lo matan, o lo largan sin pagar.
980 De ese modo es el pastel, porque el gaucho -ya es un hecho- no tiene ningún derecho, ni naides vuelve por él.
981 ¡La gente vive marchita! Si viera cuando echan tropa: les vuela a todos la ropa que parecen banderitas.
982 De todos modos lo cargan, y al cabo de tanto andar, cuando lo largan, lo largan como pa echarse a la mar.
983 Si alguna prenda le han dao se la vuelven a quitar: poncho, caballo, recao, todo tiene que dejar.
984 Y esos pobres infelices, al volver a su destino, salen como unos longinos sin tener con que cubrirse.
985 A mí me daba congojas el mirarlos de ese modo, pues el más aviao de todos es un perejil sin hojas.
986 Aura poco ha sucedido, con un invierno tan crudo, largarlos a pie y desnudos pa volver a su partido.
987 Y tan duro es lo que pasa que, en aquella situación, les niegan un mancarrón para volver a su casa.
988 ¡Lo tratan como a un infiel! Completan su sacrificio no dándole ni un papel que acredite su servicio.
989 Y tiene que regresar más pobre de lo que jué; por supuesto, a la mercé del que lo quiere agarrar.
990 Y no averigüe después de los bienes que dejó: de hambre, su mujer vendió por dos lo que vale diez.
991 Y como están convenidos a jugarle manganeta, a reclamar no se meta, porque ése es tiempo perdido.
992 Y luego, si a alguna estancia a pedir carne se arrima, al punto le cain encima con la ley de la vagancia.
993 Y ya es tiempo, pienso yo, de no dar más contingente: si el Gobierno quiere gente, que la pague y se acabó.
994 Y saco así en conclusión, en medio de mi inorancia, que aquí el nacer en estancia es como una maldición.
995 Y digo, aunque no me cuadre decir lo que naides dijo: la provincia es una madre que no defiende a sus hijos.
996 Mueren en alguna loma en defensa de la ley, o andan lo mesmo que el güey, arando pa que otros coman.
997 Y he de decir ansí mismo porque de adentro me brota que no tiene patriotismo quien no cuida al compatriota.
XXVIII
998 Se me va por donde quiera esta lengua del demonio: voy a darles testimonio de lo que vi en la frontera.
999 Yo sé que el único modo, a fin de pasarlo bien, ee decir a todo: amén, y jugarle risa a todo.
1000 El que no tiene colchón en cualquier parte se tiende; el gato busca el jogón y ese es mozo que lo entiende.
1001 De aquí comprenderse debe, aunque yo hable de este modo, que uno busca su acomodo siempre lo mejor que puede.
1002 Lo pasaba como todos este pobre penitente; pero salí de asistente, y mejoré en cierto modo;
1003 pues aunque esas privaciones causen desesperación, siempre es mejor el jogón de aquel que carga galones.
1004 De entonces en adelante algo logré mejorar, pues supe hacerme lugar al lado del Ayudante.
1005 El se daba muchos aires: pasaba siempre leyendo; decían que estaba aprendiendo pa recebirse de flaire.
1006 Aunque lo pifiaban tanto, jamás lo vi dijustao; tenía los ojos paraos como los ojos de un Santo.
1007 Muy delicao, dormía en cuja; y no sé por qué sería, la gente lo aborrecía y le llamaban La Bruja.
1008 Jamás hizo otro servicio ni tuvo mas comisiones que recebir las raciones de víveres y de vicios.
1009 Yo me pasé a su jogón al punto que me sacó, y ya con el me llevó a cumplir su comisión.
1010 Estos diablos de milicos de todo sacan partido: cuando nos vían riunidos se limpiaban los hocicos.
1011 Y decían en los jogones como por chocarrería: "Con La Bruja y Picardía van a andar bien las raciones."
1012 A mí no me jué tan mal, pues mi Oficial se arreglaba; les diré lo que pasaba sobre este particuiar.
1013 Decían que estaba de acuerdo La Bruja y el provedor, y que recebía lo pior; puede ser, pues no era lerdo.
1014 Que a más en la cantidá pegaba otro dentellón, y que por cada ración le entregaban la mitá.
1015 y que esto lo hacía del modo como lo hace un hombre vivo: firmando luego el recibo, ya se sabe, por el todo.
1016 Pero esas murmuraciones no faltan en campamento. Déjenme seguir mi cuento, o historia de las raciones.
1017 La Bruja las recebía, como se ha dicho, a su modo; las cargabamos, y todo se entriega en la mayoría.
1018 Sacan allí en abundancia lo que les toca sacar, y es justo que han de dejar otro tanto de ganancia.
1019 Van luego a la compañía; las recibe el Comendante, el que, de un modo abundante, sacaba cuanto quería.
1020 Ansí la cosa liviana va mermada, por supuesto; luego se le entrega el resto al oficial de semana. Araña, ¿quien te arañó? Otra araña como yo.
1021 Este le pasa al sargento aquello tan reducido, y, como hombre prevenido, saca siempre con aumento.
1022 Esta relación no acabo si otra menudencia ensarto, el sargento llama al cabo para encargarle el reparto.
1023 El también saca primero y no se sabe turbar: naides le va a aviriguar si ha sacado más o menos.
1024 Y sufren tanto bocao y hacen tantas estaciones, que ya casi no hay raciones cuando llegan al soldao.
1025 ¡Todo es como pan bendito! Y sucede de ordinario tener que juatarse varios para hacer un pucherito.
1026 Dicen que las cosas van con arreglo a la ordenanza. ¡Puede ser! Pero no alcanzan; ¡Tan poquito es lo que dan!
1027 Algunas veces, yo pienso, y es muy justo que lo diga, solo llegaban las migas que habían quedao en los lienzos.
1028 Y esplican aquel infierno en que uno está medio loco diciendo gue dan tan poco porque no paga el Gobierno.
1029 Pero eso yo no lo entiendo, ni a aviriguarlo me meto; soy inorante completo nada olvido y nada apriendo.
1030 Tiene uno que soportar el tratamiento mas vil: a palos en lo civil a sable en lo militar.
1031 El vistuario es otro infierno; si lo dan, llega a sus manos en invierno el de verano, y en el verano el de invierno.
1032 Y yo el motivo no encuentro ni la razón que esto tiene, mas dicen que eso ya viene arreglao dende adentro.
1033 Y es necesario aguantar el rigor de su destino; el gaucho no es argentino sino pa hacerlo matar.
1034 Ansi ha de ser, no lo dudo; y por eso decía un tonto: "Si los han de matar pronto, mejor es que estén desnudos,"
1035 pues esa miseria vieja no se remedia jamás; todo el que viene detrás como la encuentra la deja.
1036 Y se hallan hombres tan malos que dicen de güena gana: "El gaucho es como la lana: se limpia y compone a palos."
1037 Y es forzoso el soportar aunque la copa se enllene; parece que el gaucho tiene algún pecao que pagar.
XXIX
1038 Esto contó Picardía y después guardó silencio, mientras todos celebraban con placer aquel encuentro. Mas una casualidá, como que nunca anda lejos, entre tanta gente blanca llevó tambien un moreno, presumido de cantor y que se tenía por güeno. Y como quien no hace nada, o se descuida de intento, pues siempre es muy conocido todo aquel que busca pleito, se sentó con toda calma, echo mano al estrumento y ya le pegó un ragido: era fantástico el negro; y para no dejar dudas, medio se compuso el pecho. Todo el mundo conoció la intención de aquel moreno: era claro el desafío dirigido a Martín Fierro, hecho con toda arrogancia, de un modo muy altanero. Tomó Fierro la guitarra, pues siempre se halla dispuesto, y ansí cantaron los dos, en medio de un gran silencio:
XXX
MARTÍN FIERRO 1039 Mientras suene el encordao, mientras encuentre el compás yo no he de quedarme atrás sin defender la parada, y he jurado que jamás me la han de llevar robada.
1040 Atiendan, pues, los oyentes y cáyense los mirones; a todos pido perdones, pues a la vista resalta que no está libre de falta quien no está de tentaciones.
1041 A un cantor le llaman güeno cuando es mejor que los piores; y sin ser de los mejores, encontrándose dos juntos, es deber de los cantores el cantar de contrapunto.
1042 El hombre debe mostrarse cuando la ocasión le llegue; hace mal el que se niegue, dende que lo sabe hacer; y muchos suelen tener vanagloria en que los rueguen.
1043 Cuando mozo fuí cantor (es una cosa muy dicha); mas la suerte se encapricha y me persigue costante: de ese tiempo en adelante canté mis propias desdichas.
1044 Y aquellos años dichosos trataré de recordar; veré si puedo olvidar tan desgraciada mudanza, y quien se tenga confianza tiemple, y vamos a cantar.
1045 Tiemple y cantaremos juntos; trasnochadas no acobardan. Los concurrentes aguardan, y porque el tiempo no pierdan, haremos gemir las cuerdas hasta que las velas no ardan.
1046 Y el cantor que se presiente, que tenga o no quien lo ampare, no espere que yo dispare aunque su saber sea mucho: vamos en el mesmo pucho a prenderle hasta que aclare.
1047 Y seguiremos si gusta hasta que se vaya el día; era la costumbre mía cantar las noches enteras: había entonces, donde quiera, cantores de fantasía.
1048 Y si alguno no se atreve a seguir la caravana, o si cantando no gana, se lo digo sin lisonja: haga sonar una esponja o ponga cuerdas de lana.
EL MORENO 1049 yo no soy, señores míos, sino un pobre guitarrero, pero doy gracias al Cielo porque puedo, en la ocasión, toparme con un cantor que esperimente a este negro.
1050 Yo también tengo algo blanco, pues tengo blancos los dientes; sé vivir entre las gentes sin que me tengan en menos: quien anda en pagos ajenos debe ser manso y prudente.
1051 Mi madre tuvo diez hijos, los nueve muy regulares; tal vez por eso me ampare la providencia divina: en los güevos de gallina el décimo es el mas grande.
1052 El negro es muy amoroso, aunque de esto no hace gala; nada a su cariño iguala ni a su tierna voluntá; fs lo mesmo que el macá: cría los hijos bajo el ala.
1053 Pero yo he vivido libre y sin depender de naides; siempre he cruzado los aires como el pájaro sin nido; cuanto se lo he aprendido porque me lo enseñó un flaire.
1054 Y sé como cualquier otro el porqué retumba el trueno; por qué son las estaciones del verano y del invierno; sé también de donde salen las aguas que cain del cielo.
1055 Yo sé lo gue hay en la tierra en llegando al mesmo centro; en dónde se encuentra el oro, en dónde se encuentra el Fierro y en dónde viven bramando loe volcanes que echan juego.
1056 Yo sé del fondo del mar donde los pejes nacieron; yo sé por que crece el árbol, y por que silban los vientos: cosas que inoran los blancos las sabe este pobre negro.
1057 Yo tiro cuando me tiran; cuando me aflojan, aflojo; no se ha de morir de antojo quien me convide a cantar; para conocer a un cojo lo mejor es verlo andar.
1058 Y si una falta cometo en venir a esta riunión, echándola de cantor, pido perdón en voz alta pues nunca se halla una falta que no esista otra mayor.
1059 De lo que un cantor esplica no falta qué aprovechar y se le debe escuchar aunque sea negro el que cante: apriende el que es inorante, y el que es sabio, apriende más.
1060 Bajo la frente mas negra hay pensamiento y hay vida. La gente escuche tranquila, no me haga ningún reproche: tambien es negra la noche y tiene estrellas que brillan.
1061 Estoy, pues, a su mandao; empiece a echarme la sonda, si gusta que le responda, aunque con lenguaje tosco: en leturas no conozco la jota, por ser redonda.
MARTÍN FIERRO 1062 ¡Ah, negro!, si sos tan sabio no tengás ningun recelo: pero has tragao el anzuelo y al compás del estrumento has de decirme al momento cuál es el canto del Cielo.
EL MORENO 1063 cuentan que de mi color Dios hizo al hombre primero, más los blancos altaneros, los mesmos que lo convidan, hasta de nombrarlo olvidan y sólo le llaman negro.
1064 Pinta el blanco negro al diablo, y el negro, blanco lo pinta; blanca la cara o retinta no habla en contra ni en favor: de los hombres el Criador no hizo dos clases distintas.
1065 Y después de esta alvertencia que al presente viene al pelo, veré, señores, si puedo, sigún mi escaso saber, con claridá responder cuál es el canto del cielo.
1066 Los cielos lloran y cantan hasta en el mayor silencio: lloran al cair el rocío cantan al silbar los vientos lloran cuando cain las aguas. Cantan cuando brama el trueno.
MARTÍN FIERRO 1067 Dios hizo al blanco y al negro sin declarar los mejores; les mandó iguales dolores bajo de una mesma cruz; mas también hizo la luz pa distinguir los colores.
1068 Ansi, ninguno se agravie; no se trata de ofender, a todo se ha de poner el nombre con que se llama, y a naides le quita fama lo que recibio al nacer.
1069 Y ansí me gusta un cantor que no se turba ni yerra; y si en tu saber se encierra el de los sabios projundos; decíme cual en el mundo es el canto de la tierra.
EL MORENO 1070 es pobre mi pensamiento, es escasa mi razón, mas pa dar contestación mi inorancia no se arredra: también da chispas la piedra si la golpia el eslabón.
1071 Y le daré una respuesta sigún mis pocos alcances: forman un canto en la tierra el dolor de tanta madre, el gemir de los que mueren y el llorar de los que nacen.
MARTÍN FIERRO 1072 moreno, alvierto que trais bien dispuesta la garganta; sos varón, y no me espanta verte hacer esos primores; en los pájaros cantores solo el macho es el que canta.
1073 Y ya que al mundo vinistes con el sino de cantar, no te vayás a turbar, no te agrandés ni te achiques; es preciso que me expliques cuál es el canto del mar.
EL MORENO 1074 a los pájaros cantores ninguno imitar pretiende; de un don que de otro depende naides se debe alabar, pues la urraca apriende a hablar, pero sólo la hembra apriende.
1075 Y ayúdame, ingenio mío, para ganar esta apuesta; mucho el contestar me cuesta. Pero debo contestar; yoy a decir en respuesta cuál es el canto del mar.
1076 Cuando la tormenta brama, el mar, que todo lo encierra, canta de un modo que aterra, corno si el mundo temblara: parece que se quejara de que lo estreche la tierra.
MARTÍN FIERRO 1077 toda tu sabiduría has de mostrar esta vez; ganarás sólo que estés en baca con algún Santo. La noche tiene su canto, y me has de decir cuál es.
EL MORENO 1078 no galope, que hay aujeros, le dijo a un guapo un prudente le contestó humildemente: la noche por cantos tiene esos ruidos que uno siente sin saber por dónde vienen.
1079 Son los secretos misterios que las tinieblas esconden; son los ecos que responden a la voz del que da un grito; como un lamento infinito que viene no sé de dónde.
1080 A las sombras sólo el sol las penetra y las impone; en distintas direcciones se oyen rumores inciertos: son almas de los que han muerto, que nos piden oraciones.
MARTÍN FIERRO 1081 moreno, por tus respuestas yo te aplico el cartabón, pues tenés desposición y sos estruido, de yapa: ni las sombras se te escapan para dar esplicación.
1082 Pero cumple su deber el lial diciendo lo cierto, y, por lo tanto, te alvierto que hemos de cantar los dos, dejando en la paz de Dios las almas de los que han muerto.
1083 Y el consejo del prudente no hace falta en la partida; siempre ha de ser comedida la palabra de un cantor. Y aura quiero que me digas de dónde nace el amor.
EL MORENO 1084 a pregunta tan escura trataré de responder, aunque es mucho pretender de un pobre negro de estancia, mas conocer su inorancia es principio del saber.
1085 Ama el pájaro en los aires que cruza por donde quiera, y si al fin de su carrera se asienta en alguna rama, con su alegre canto llama a su amante compañera.
1086 La fiera ama en su guarida, de la que es rey y señor; allí lanza con juror esos bramidos que espantan, porque las fieras no cantan: las fieras braman de amor.
1087 Ama en el fondo del mar el pez de lindo color; ama el hombre con ardor; ama todo cuanto vive: de Dios vida se recibe, y donde hay vida, hay amor.
MARTÍN FIERRO 1088 me gusta, negro ladino, lo que acabás de esplicar; ya te empiezo a respetar; aundue al principio me rei, y te quiero preguntar lo que entendés por la ley.
EL MORENO 1089 hay muchas dotorerías que yo no puedo alcanzar; dende que aprendí a inorar de ningún saber me asombro, mas no ha de llevarme al hombro quien me convide a cantar.
1090 Yo no soy cantor ladino y mi habilidá es muy poca; más cuando cantar me toca me defiendo en el combate, porque soy como los mates: sirvo si me abren la boca.
1091 Dende que elige a su gusto, lo más espinoso elige; pero esto poco me aflige y le contesto a mi modo: la ley se hace para todos, mas sólo al pobre le rige.
1092 La ley es tela de araña -en mi inorancia lo esplico-. No la tema el hombre rico; nunca la tema el que mande; pues la ruempe el bicho grande y sólo enrieda a los chicos.
1093 Es la ley como la lluvia: nunca puede ser pareja; el que la aguanta se queja, pero el asunto es sencillo: la ley es como el cuchillo: no ofiende a quien lo maneja.
1094 Le suelen llamar espada y el nombre le viene bien; los que la gobiernan ven a dónde han de dar el tajo: le cai al que se halla abajo y corta sin ver a quién.
1095 Hay muchos que son dotores, y de su cencia no dudo; mas yo soy un negro rudo y aunque de esto poco entiendo, estoy diariamente viendo que aplican la del embudo.
MARTÍN FIERRO 1096 moreno, vuelvo a decirte: ya conozco tu medida; has aprovechao la vida, y me alegro de este encuentro; ya veo que tenés adentro capital pa esta partida.
1097 Y aura te voy a decir; porque en mi deber está (y hace honor a la verdá quien a la verdá se duebla) que sos por juera tinieblas y por dentro claridá.
1098 No ha de decirse jamás que abusé de tu pacencia, y en justa correspondencia, si algo querés preguntar, podés al punto empezar, pues ya tenés mi licencia.
EL MORENO 1099 no te trabes lengua mía; no te vayas a turbar; nadie acierta antes de errar, y, aunque la fama se juega, el que por gusto navega no debe temerle al mar.
1100 Voy a hacerle mis preguntas, ya que a tanto nne convida, y vencerá en la partida si una esplicación me da sobre el tiempo y la medida, el peso y la cantidá.
1101 Suya sera la vitoria si es que sabe contestar; se lo debo declarar con claridá, no se asombre, pues hasta aura ningún hombre me lo ha sabido esplicar.
1102 Quiero saber y lo inoro, pues en mis libros no está -y su respuesta vendrá a servirme de gobierno-, para que fin el Eterno ha criado la cantidá.
MARTÍN FIERRO 1103 moreno, te dejas cair como carancho en su nido; ya veo que sos prevenido, mas también estoy dispuesto; veremos si te contesto y si te das por vencido.
1104 Uno es el sol, uno el mundo, sola y única es la luna ansí han de saber que Dios no crió cantidá ninguna.
1105 El ser de todos los seres solo formo la unidá; lo demás lo ha criado el hombre después que aprendió a contar.
EL MORENO 1106 verernos si a otra pregunta da una respuesta cumplida: ei ser que ha criado la vida lo ha de tener en su archivo, mas yo inoro que motivo tuvo al formar la medida.
MARTÍN FIERRO 1107 escuchá con atención lo que en mi inorancia arguyo: la medida la inventó el hombre para bien suyo;
1108 y la razón no te asombre, pues es fácil presumir: Dios no tenía que medir sino la vida del hombre.
EL MORENO 1109 si no falla su saber por vencedor lo confieso; debe aprender todo eso quien a cantar se dedique; y aura quiero que me esplique la que significa el peso.
MARTÍN FIERRO 1110 Dios guarda entre sus secretos el secreto que eso encierra, y mandó que todo peso cayera siempre en la tierra;
1111 y sigún compriendo yo, dende que hay bienes y males, jué el peso para pesar las culpas de los mortales.
EL MORENO 1112 si responde a esta pregunta tengase por vencedor (doy la derecha al mejor); y respóndame al momento: ¿cuándo formó Dios el tiempo y por que lo dividió?
MARTÍN FIERRO 1113 Moreno, voy a decir, sigún mi saber alcanza: el tiempo sólo es tardanza de lo que está por venir;
1114 no tuvo nunca principio ni jamás acabará, porque el tiempo es una rueda. Y rueda es eternidá.
1115 Y si el hombre lo divide, sólo lo hace, en mi sentir, por saber lo que ha vivido o le resta que vivir.
1116 Ya te he dado mis respuestas, mas no gana quien despunta; si tenés otra pregunta o de algo te has olvidao, siempre estoy a tu mandao para sacarte de dudas.
1117 No procedo por soberbia ni tampoco por jactancia, mas no ha de faltar costancia cuando es preciso luchar; y te convido a cantar sobre cosas de la estancia.
1118 Ansi prepará, moreno, cuanto tu saber encierre, y sin que tu lengua yerre, me has de decir lo que empriende; el que del tiempo depende, en los meses que train erre.
EL MORENO 1119 De la inorancia de naides ninguno debe abusar; y aunque me puede doblar todo el que tenga más arte, no voy a ninguna parte a dejarme machetiar.
1120 He reclarao que en leturas soy redondo como jota; no avergüence mi redota, pues con claridá le digo: no me gusta que conmigo naides juegue a la pelota.
1121 Es güena ley que el más lerdo debe perder la carrera; ansí le pasa a cualquiera, cuando en competencia se halla un cantor de media talla con otro de talla entera.
1122 ¿No han visto en medio del campo al hombre que anda perdido, dando güeltas afligido, sin saber donde rumbiar ansí le suele pasar a un pobre cantor vencido.
1123 También los árboles crujen si el ventarrón los azota, y si aquí mi queja brota con amargura, consiste en que es muy larga y muy triste la noche de la redota.
1124 Y dende hoy en adelante, pongo de testigo al Cielo para decir sin recelo que, si mi pecho se inflama. No cantaré por la fama sino por buscar consuelo.
1125 Vive ya desesperao quien no tiene qué esperar; a lo que no ha de durar ningún cariño se cobre; alegrías en un pobre son anuncios de pesar.
1126 Y este triste desengaño me durará mientras viva; aunque un consuelo reciba jamás he de alzar el vuelo: quien no nace para el cielo de balde es que mire arriba.
1127 Y suplico a cuantos me oigan que me permitan decir que, al decidirme a venir, no sólo jué por cantar, sino porque tengo a más otro deber que cumplir.
1128 Ya saben que de mi madre jueron diez los que nacieron, mas ya no esiste el primero y mas querido de todos: murió por injustos modos a manos de un pendenciero.
1129 Los nueve hermanos restantes como güerfanos quedamos; dende entonces lo lloramos sin consuelo, creanmeló, y al hombre que lo mató, nunca jamás lo encontramos.
1130 Y queden en paz los güesos de aquel hermano querido; a moverlos no he venido, mas, si el caso se presienta, espero en Dios que esta cuenta se arregle como es debido.
1131 Y si otra ocasión payamos para que esto se complete, por mucho que lo respete, cantaremos, si le gusta, sobre las muertes injustas. Que algunos hombres cometen.
1132 Y aquí, pues, señores míos, diré, como en despedida, que todavía andan con vida los hermanos del dijunto, que recuerdan este asunto y aquella muerte no olvidan.
1133 Y es misterio tan projundo lo que está por suceder, que no me debo meter a echarla aquí de adivino; lo que decida el destino después lo habran de saber.
MARTÍN FIERRO 1134 al fin cerrastes el pico después de tanto charlar; ya empezaba a maliciar, al verte tan entonao, que traías un embuchao y no lo querías largar.
1135 Y ya que nos conocemos, basta de conversación; para encontrar la ocasión no tienen que darse priesa; ya conozco yo que empieza otra clase de junción.
1136 Yo no sé lo que vendrá; tampoco soy adivino; pero firme en mi camino hasta el fin he de seguir: todos tienen que cumplir con la ley de su destino.
1137 Primero jué la frontera por persecución de un juez; los indios jueron después, y, para nuevos estrenos, aura son estos morenos pa alivio de mi vejez.
1138 La madre echó diez al mundo, lo que cualquiera no hace, y tal vez de los diez pase con iguales condiciones: la mulita pare nones, todos de la mesma clase.
1139 A hombre de humilde color nunca sé facilitar; cuando se llega a enojar suele ser de mala entraña: se vuelve como la araña, siempre dispuesta a picar.
1140 Yo he conocido a toditos los negros mas peliadores; había algunos superiores de cuerpo y de vista…¡Ahijuna! si vivo, les daré una… historia de las mejores.
1141 Mas cada uno ha de tirar en el yugo en que se vea; yo ya no busco peleas, las contiendas no me gustan, pero ni sombras me asustan ni bultos que se menean.
1142 La creia ya desollada, mas todavía falta el rabo, y por lo visto no acabo de salir de esta jarana; pues esto es lo que se llama remacharsele a uno el clavo.
XXXI
1143 Y después de estas palabras que ya la intención revelan, procurando los presentes que no se armara pendencia, se pusieron de por medio y la cosa quedó quieta. Martín Fierro y los muchachos, evitando la contienda, montaron y paso a paso, como el que miedo no lleva, a la costa de un arroyo llegaron a echar pie a tierra. Desensillaron los pingos y se sentaron en rueda, refiriéndose entre sí infinitas menudencias porque tiene muchos cuentos y muchos hijos la ausiencia. Allí pasaron la noche a la luz de las estrellas, porque ese es un cortinao que lo halla uno donde quiera, y el gaucho sabe arreglarse como ninguno se arregla: el colchón son las caronas, el lomillo es cabecera, el cojinillo es blandura y con el poncho o la jerga; para salvar del rocío, se cubre hasta la cabeza. Tiene su cuchillo al lado -pues la precaución es güena-, freno y rebenque a la mano, y, teniendo el pingo cerca, que pa asigurarlo bien la argolla del lazo entierra -aunque el atar con el lazo da del hombre mala idea-, se duerme ansí muy tranquilo todita la noche entera; y si es lejos del camino, como manda la prudencia, mas siguro que en su rancho uno ronca a pierna suelta pues en el suelo no hay chinche y es una cuja camera que no ocasiona disputas y que naides se la niega. Ademas de eso, una noche la pasa uno como quiera, y las va pasando todas haciendo la mesma cuenta; y luego los pajaritos al aclarar lo dispiertan, porque el sueño no lo agarra a quien sin cenar se acuesta. Ansí, pues, aquella noche jué para ellos una fiesta, pues todo parece alegre cuando el corazón se alegra. No pudiendo vivir juntos por su estado de pobreza, resolvieron separarse y que cada cual se juera a procurarse un refugio que aliviara su miseria. Y antes de desparramarse para empezar vida nueva, en aquella soledá Martín Fierro, con prudencia, a sus hijos y al de Cruz les habló de esta manera:
XXXII
1144 -Un padre que da consejos más que padre es un amigo; ansi como tal les digo que vivan con precaución: naides sabe en que rincón se oculta el que es su enemigo.
1145 Yo nunca tuve otra escuela que una vida desgraciada: no estrañen si en la jugada alguna vez me equivoco, pues debe saber muy poco aquel que no aprendió nada.
1146 Hay hombres que de su cencia tienen la cabeza llena; hay sabios de todas menas, mas digo, sin ser muy ducho: es mejor que aprender mucho el aprender cosas gúenas.
1147 No aprovechan los trabajos si no han de enseñarnos nada; el hombre, de una mirada, todo ha de verlo al momento: el primer conocimiento es conocer cuándo enfada.
1148 Su esperanza no la cifren nunca en corazón alguno; en el mayor infortunio pongan su confianza en Dios; de los hombres, sólo en uno; con gran precaución en dos.
1149 Las faltas no tiene límites como tienen los terrenos; se encuentran en los mas güenos, y es justo que les prevenga: aquel que defetos tenga, disimule los ajenos.
1150 Al que es amigo, jamás lo dejen en la estacada, pero no le pidan nada ni lo aguarden todo de el: siempre el amigo más fiel es una conducta honrada.
1151 Ni el miedo ni la codicia es güeno que a uno le asalten, ansi, no se sobresalten por los bienes que perezcan; al rico nunca le ofrezcan y al pobre jamás le falten.
1152 Bien lo pasa, hasta entre pampas, el que respeta a la gente; el hombre ha de ser prudente para librarse de enojos: cauteloso entre los flojos, moderado entre valientes.
1153 El trabajar es la ley, porque es preciso alquirir; no se espongan a sufrir una triste situación: sangra mucho el corazón del que tiene que pedir.
1154 Debe trabajar el hombre para ganarse su pan; pues la miseria, en su afán de perseguir de mil modos, llama en la puerta de todos y entra en la del haragán.
1155 A ningún hombre amenacen, porque naides se acobarda; poco en conocerlo tarda quien amenaza imprudente: que hay un peligro presente y otro peligro se aguarda.
1156 Para vencer un peligro, salvar de cualquier abismo -por esperencia lo afirmo-, más que el sable y que la lanza suele servir la confianza que el hombre tiene en si mismo.
1157 Nace el hombre con la astucia que ha de servirle de guía; sin ella sucumbiría: pero, sigún mi esperencia, se vuelve en unos prudencia y en los otros picardía.
1158 Aprovecha la ocasión el hombre que es diligente; y, tenganló bien presente: si al compararla no yerro, la ocasión es como el fierro: se ha de machacar caliente.
1159 Muchas cosas pierde el hombre que a veces las vuelve a hallar; pero les debo enseñar, y es gúeno que lo recuerden: si la verguenza se pierde, jamás se vuelve a encontrar.
1160 Los hermanos sean unidos porque ésa es la ley primera tengan unión verdadera en cualquier tiempo que sea, porque, si entre ellos pelean, los devoran los de ajuera.
1161 Respeten a los ancianos: el burlarlos no es hazaña; si andan entre gente estraña deben ser muy precavidos, pues por igual es tenido quien con malos se acompaña.
1162 La cigüeña, cuando es vieja, pierde la vista, y procuran cuidarla en su edá madura todas sus hijas pequeñas: apriendan de las cigüeñas este ejemplo de ternura.
1163 Si les hacen una ofensa, aunque la echen en olvido, vivan siempre prevenidos; pues ciertamente sucede que hablará muy mal de ustedes aquel que los ha ofendido.
1164 El que obedeciendo vive nunca tiene suerte blanda, mas con su soberbia agranda el rigor en que padece: obedezca al que obedece y será gúeno el que manda.
1165 Procuren de no perder ni el tiempo ni la vergüenza; como todo hombre que piensa, procedan siempre con juicio; y sepan que ningún vicio acaba donde comienza.
1166 Ave de pico encorvado le tiene al robo afición; pero el hombre de razón no roba jamás un cobre, pues no es vergúenza ser pobre y es vergúenza ser ladrón.
1167 El hombre no mate al hombre ni pelé por fantasía; tiene en la desgracia mía un espejo en que mirarse; saber el hombre guardarse es la gran sabiduría.
1168 La sangre que se redama no se olvida hasta la muerte; la impresión es de tal suerte, que, a mi pesar, no lo niego, cai como gotas de juego en la alma dei que la vierte.
1169 Es siempre, en toda ocasión, el trago el pior enemigo; con cariño se los digo, recuérdenlo con cuidado: aquel que ofiende embriagado merece doble castigo.
1170 Si se arma algun revolutis, siempre han de ser los primeros, no se muestren altaneros, aungue la razón les sobre: en la barba de los pobres aprienden pa ser barberos.
1171 Si entriegan su corazón a alguna mujer querida, no le hagan una partida que la ofienda a la mujer: siempre los ha de perder una mujer ofendida.
1172 Procuren, si son cantores, el cantar con sentimiento, ni tiemplen el estrumento por sólo el gusto de hablar, y acostúmbrense a cantar en cosas de jundamento.
1173 Y les doy estos consejos que me ha costado alquirirlos, porque deseo dirigirlos; pero no alcanza mi cencia hasta darles la prudencia que precisan pa seguirlos.
1174 Estas cosas y otras muchas medité en mis soledades; sepan que no hay falsedades ni error en estos consejos: es de la boca del viejo de ande salen las verdades.
XXXIII
1175 Después a los cuatro vientos los cuatro se dirigieron; una promesa se hicieron que todos debían cumplir; mas no la puedo decir pues secreto prometieron.
1176 Les alvierto solamente -y esto a ninguno le asombre, pues muchas veces el hombre tiene que hacer de ese modo-; convinieron entre todos en mudar allí de nombre.
1177 Sin ninguna intención mala lo hicieron, no tengo duda; pero es la verdá desnuda -siempre suele suceder-: aquel que su nombre muda tiene culpas que esconder.
1178 Y ya dejo el estrumento con que he divertido a ustedes; todos conocerlo pueden que tuve costancia suma: este es un botón de pluma que no hay quien lo desenriede.
1179 Con mi deber he cumplido, y ya he salido del paso; pero diré, por si acaso, pa que me entiendan los criollos: todavía me quedan rollos por si se ofrece dar lazo.
1180 Y con esto me despido sin espresar hasta cuándo; siempre corta por lo blando el que busca lo siguro, mas yo corto por lo duro, y ansí he de seguir cortando.
1181 Vive el águila en su nido, el tigre vive en su selva, el zorro en la cueva ajena, y, en su destino incostante, solo el gaucho vive errante donde la suerte lo lleva.
1182 Es el pobre en su orfandá de la fortuna el desecho, porque naides toma a pechos el defender a su raza: debe el gaucho tener casa, escuela, iglesia y derechos.
1183 Y han de concluir algún día estos enriedos maaditos; la obra no la facilito porque aumentan el fandango los que están, como el chimango sobre el cuero y dando gritos.
1184 Mas Dios ha de permitir que esto llegue a mejorar; pero se ha de recordar, para hacer bien el trabajo, que el juego, pa calentar, debe ir siempre por abajo.
1185 En su ley está el de arriba si hace lo que le aproveche; de sus favores sospeche hasta el mesmo que lo nombra siempre es dañosa la sombra del árbol que tiene leche.
1186 Al pobre, al menor descuido, lo levantan de un sogazo, pero yo compriendo el caso y esta consecuencia saco: el gaucho es el cuero flaco: da los tientos para el lazo.
1187 Y en lo que esplica mi lengua todos deben tener fé; ansí; pues, entiendanmé, can codicias no me mancho: no se ha de llover el rancho en donde este libro esté.
1188 Permítanme descansar, ¡pues he trabajado tanto! En este punto me planto y a continuar me resisto: estos son treinta y tres cantos, que es la mesma edá de Cristo.
1189 Y guarden estas palabras que les digo al terminar: en mi obra he de continuar hasta dárselas concluida, si el ingenio o si la vida no me llegan a faltar.
1190 Y si la vida me falta, tenganló todos por cierto que el gaucho, hasta en el desierto, sentirá en tal ocasión tristeza en el corazón, al saber que yo estoy muerto.
1191 Pues son mis dichas desdichas las de todos mis hermanos; ellos guardaran ufanos en su corazón mi historia: me tendrán en su memoria para siempre mis paisanos.
1192 Es la memoria un gran don, calidá muy meritoria; y aquellos que en esta historia sospechen que les doy palo, sepan que olvidar lo malo también es tener memoria.
1193 Mas naides se crea ofendido pues a ninguno incomodo, y si canto de este modo, por encontrarlo oportuno, no es para mal de ninguno sino para bien de todos.