NUESTROS CAZADORES.
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Es justo que dedique un capítulo de mi obrita como recuerdo á nuestros émulos de san Eustaquio. Los viejos cazadores de esta provincia van desapareciendo para no volver. La sencillez de sus costumbres, la poca importancia que daban al mérito y fama que en su tiempo conquistaran de excelentes cazadores, sus escopetas de chispa, los cañones Ripollenses, de los tres sietes, sus cacerías en los alrededores de Barcelona, la mortandad de perdices que continuamente hacian en lo que hoy llamamos el Putxet[1], sus salidas á los fosos de las murallas con traillas de perros, matando á la sazon más conejos allí donde ahora se levantan los mejores edificios de la capital, que actualmente en cualquiera salida á la distancia de veinte y cinco kilómetros, todo esto es digno de recordacion. ¡Y con cuánto placer se escuchan aún tan agradables conversaciones! ¿Quién no se deleita al oirles? Aún quedan restos de tan honrosa pléyade, disminuida por los achaques y la vejez, abriéndose paso los contemporáneos, para quienes se ha simplificado mucho la diversion, merced á los últimos adelantos, y sobre todo á las vías férreas, que permiten recorrer en poco tiempo la provincia de uno á otro confin.
Entre nosotros viven los Mateus, los Angladas, los Anfruns, los Torras, los Sandiumenges, los Martorells, los Suñols y muchos otros tan diestros como los mencionados, cuya aficion á la caza raya en delirio, lamentándose de verla desaparecer por las causas indicadas.
Lástima es que habiendo tanta predileccion en Barcelona por el ejercicio de la caza, carezcan los cazadores de un punto de reunion. Años atrás se abrió un casino con el objeto de hablar de cacerías y hasta para reclamar colectivamente sobre cualquiera infraccion de la ley de caza; pero... tuvo que cerrarse por algunas pequeñeces y miserias. Resultado de esto es, que el que quiere saber algo de las salidas debe acudir á los establecimientos de los amigos Anfruns y Maciá, y allí siempre se coge algo al vuelo.
Algun tiempo servian para el caso algunos establecimientos; pero como la política lo invade todo, ésta tiene siempre la palabra, y los cazadores que no están por música, poco á poco han dejado de frecuentar aquellos centros.
Esto ha contribuido á que el noble arte de la caza se haya elevado á poca altura en Barcelona y á que muchas de las buenas cacerías que todavía se llevan á cabo pasen completamente desapercibidas para el mercado de los cazadores.