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Historia del famoso predicador Fray Gerundio de Campazas, alias Zotes (1 de 2)

LIBRO SEGUNDO.

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CAPITULO PRIMERO.

Concluído su Noviciado, passa á estudiar Artes.

Ya tenemos á Fray Gerundio en Campaña, como toro en plaza, Novicio hecho y derecho, como el mas pintado, sin que ninguno le echasse el pié adelante, ni en la puntual assistencia á los exercicios de Comunidad, porque guardaba mucho su coleto, ni en las travesuras que le havia pintado el Lego, quando podia hacerlas, sin ser cogido en ellas, porque era mañoso, dissimulado, y de admirable ligereza en las manos y en los piés. No obstante, como no perdia ocasion de correr un panecillo, de encajarse en la manga una racion, y en un santi-amen se echaba á pechos un Jesus, quando ayudaba al Refitolero á componer el Refectorio, llegó á sospecharse, que no era tan limpio como parecia, y assí el Refitolero como el Sacristan le acusaron al Maestro de Novicios, que, quando Fr. Gerundio assistia al Refectorio, ó ayudaba á las Missas, se acababa el vino de estas á la mitad de la mañana, y á un volver de cabeza se hallaban vacíos uno ó dos Jesuses, de los que juraria á Dios y á una Cruz, que ya havia llenado; y, aunque nunca le havian cogido con el hurto en las manos, pero que por el hilo se sacaba el ovillo, y que en Dios y en su conciencia no podia ser otra la lechuza,[24] que chupaba el aceyte de aquellas lámparas.

2. Era el Maestro de Novicios un bellíssimo Religioso, devoto y pio hasta mas no poder, pero sencillo y cándido como él mismo. En viendo á un Novicio con los ojos baxos, con la capilla calada, las manos siempre debaxo del escapulario, poco curioso en el hábito, traquiñándose al andar, y andando siempre arrimado á la pared, puntual á todos los actos de Comunidad, silencioso, rezador, y que en las recreaciones hablaba siempre de Dios; pues qué, si naturalmente era bien agestadillo y vergonzoso? si le pedia licencia para hacer mortificaciones y penitencias extraordinarias y ocultas, aunque nunca las hiciesse? si acudia frequentemente á comunicarle las cosas de su espíritu, y á darle quenta de los sentimientos, que tenia en la oracion, especialmente si havia algo, que oliesse á cosa de vision imaginaria? sobre todo, si en tono de caridad, de escrúpulo, ó de zelo, iba á contarle las faltas, que havia notado, ó que quizá solo havia aprendido en los otros su malicia? Para el buen Maestro no havia mas que pedir: no creeria cosa mala de este Novicio, aunque se la predicaran Frayles descalzos; y, si alguno le acusaba de alguna faltilla, lo tenia por envidia ó por emulacion, diciendo casi con lágrymas, que la virtud, hasta en los claustros, es perseguida. Los bellacos de los Novicios, aunque por la mayor parte de poca edad, ya tenian bastante malicia para conocer esta flaqueza ó esta bondad de su Maestro, y assí los mas ladinos se la pegaban tan lindamente, haciéndole creer, que eran los mas santos. Nuestro Gerundio no iba en zaga al mas raposilla de todos, ántes bien en esta especie de farándula los hacia muchas ventajas, y se sabia, que era el queridito del Maestro, y mas añadiéndose á su buen parecer, dissimulo, y afectada compostura el ser ahijado y tan recomendado de nuestro Padre Provincial; porque, si bien es verdad, que el Maestro de Novicios era Varon espiritual y mýstico, no embargante todo esso, á mayor gloria de Dios y por el mayor bien de la Religion, hacia con puríssima intencion su corte á los mandones, y no querria disgustar á un Padre grave, por quanto tuviesse el mundo.

3. En esta disposicion del Maestro, dicho se está lo mal recibidas que fueron las acusaciones del Refitolero y del Sacristan. Díxoles el bendito Varon, que conocian mal al Hermano Fr. Gerundio, y que no sabia, con qué conciencia hacian juicios tan temerarios y levantaban aquellos falsos testimonios á un Novicio tan Angelical; que, si supieran bien, quien era aquel mancebo, se tendrian por dichosos en poner la boca, donde él ponia los piés; y que, si era verdad, que les faltaba el vino, seria sin duda, porque el Diablo tomaba la figura del Santo Novicio para beberle, y para desacreditarle: concluyendo con decirlos, que, si la Orden tuviera media docena de Fr. Gerundios, essa media docena de Santos mas adoraria con el tiempo en los Altares.

4. Sucedió, que, miéntras el bueno del Maestro de Novicios estaba dando esta repasata á los dos Legos acusadores, el Angelical Fr. Gerundio passó (no se sabe, si por casualidad, ó por aviso que tuvo) por delante de la despensa, y, viendo á la puerta de ella una cesta de huevos, se embocó media docena en el seno, y con la mayor modestia del mundo siguió su camino para el Noviciado, y se fué derecho á la celda del Maestro, á darle cuenta de lo que le havia passado en la oracion de aquel dia. Entró, como acostumbraba, con los ojos clavados en el suelo, la capilla hasta como dos dedos sobre la frente, las manos en las mangas debajo del escapulario, sonroseado adredemente, para lo qual le vino de perlas la travesurilla, que acababa de hacer; y en todo caso (lo que era mucho del conjuro) amagando á una risita. Luego que el Maestro le vió entrar, se le renovó todo el cariño; mandóle sentar junto á sí, comenzó la cuenta de oracion, y comenzaron las mentiras, ensartando todas quantas se le vinieron á la cabeza, pero tan bien concertadas, y dichas con tanta gracia y con tanta compostura, que el bonazo del Maestro, sin poderse contener, se levantó de la silla y, para alentar mas y mas á su Novicio, le dió un estrechíssimo abrazo. En hora menguada se le dió; porque, como le apretó tanto en el Señor, se estrellaron en el pecho los huevos, que el Angelical mancebo trahia escondidos en él, y comenzaron á chorrear yemas y claras por el hábito abaxo, que parecia haverse vaciado el perol donde se batian los huevos para las tortillas de la Comunidad. El Maestro quedó atónito y confuso, y le preguntó al Novicio: «Pues, qué es esto, Hermano Fray Gerundio?» El santo mozo, que era assaz sereno y de imaginacion pronta y viva para salir con lucimiento de los lances repentinos, le respondió sin turbarse: «Padre, yo se lo diré á su Reverencia. Como ha dos meses, que su Reverencia me dió licencia para tomar disciplina en las espaldas, por no poderla ya tomar en otra parte, se me han hecho unas llagas, y llevaba estos huevos para ponerme una estopada; y no me atreví á decirlo á su Reverencia, porque su Reverencia no me privasse del consuelo de esta corta mortificacion.» Tragó el anzuelo el boníssimo Varon, y, pasmado de la estupenda mortificacion de su Novicio, volvió á darle otro abrazo, aunque ménos apretado que el primero, por no lastimarle en las llagas de las espaldas, y por no mancharse con la chorrera del hábito; y contentándose con advertirle blandamente, que mejor es la obediencia, que no los sacrificios, le despidió, dándole órden, de que se fuesse á mudar otra saya y otro escapulario.

5. Con estas trazas passó nuestro Fr. Gerundio su Noviciado, y hizo su profession inoffenso pede, sin que le faltasse voto; y, como todavía duraba el Provincialato de su Padrino y Padre de Hábito, le envió luego á estudiar las Artes á un Convento de los mas graves de la Provincia, sin que passasse por la regular aduana de Chorista, por dos ó por tres años, como passan los demas Frayles en canal, que no tienen arrimo.

6. Era Lector un Religiosito mozo, como de hasta treinta años escasos, de mediano ingenio, de bastante comprehension, de memoria feliz, estudianton de cal y canto, furiosamente Aristotélico, porque jamas havia leído otra Philosophía, ni podia tolerar, que se hablasse de ella; eterno disputador, para lo qual le ayudaba una gran volubilidad de lengua, una voz clara, gruessa, y corpulenta, una admirable consistencia de pecho, y una maravillosa fortaleza de pulmones: en fin, un Escholástico essencialmente tan atestado de voces facultativas, que no usaba de otras, ni las sabia, para explicar las cosas mas triviales. Si le preguntaban como lo passaba, respondia, materialiter, bien; formaliter, subdistingo; reduplicative ut homo, no me duele nada; reduplicative ut Religioso, no dexa de haver sus trabajos. En una ocasion se le quejó su madre, de que en las Cartas, que la escribia, no la hablaba palabra de su salud; y él la respondió: «Madre y Señoría mia, es cierto, que signate no decia á Vm. que estaba bueno, pero exercite ya se lo decia. Ahora pongo en noticia de Vm. como estoy explicando á mis discípulos la transcendencia á la intranscendencia del Ente: yo llevo la analogía, y niego la transcendencia. A mi hermana Rosa dirá Vm. que me alegro mucho lo passe bien, assí ut quo, como ut quod, y que, en quanto á las calcetas con que me regala, la materia ex qua me pareció un poco gorda, pero la forma artificial viene con todos sus constitutivos. De las quatro libras de chocolate, que Vm. me envía, diré in rei veritate lo que me parece: las qualidades intrínsecas son buenas, pero las accidentales le echaron á perder, por haver estado aplicado mas tiempo del conveniente á la naturaleza ignea, mediante la virtud combustiva. B. L. M. de Vm. su hijo inadæquate, et partialiter, y su Capellan totaliter, et adæquate. Fr. Toribio, Lector de Artes.»

7. Por aquí se puede sacar el carácter del P. Lector Fray Toribio, que en un argumento á todos se los llevaba de calle, porque con la voz sonora, con el pecho fuerte, con la lengua expedita, y con la abundancia de términos no havia quien le resistiesse, y assí le llamaban el azote de los concursos. Tenia atestada la cabeza de apelaciones, ampliaciones, alienaciones, equipolencias, reducciones, y de todo lo mas inútil y mas ridículo, que se enseña en las Súmulas, sirviendo solo para gastar el tiempo en aprender mil cosas inútiles. Exercitábase él, y hacia que sus discípulos se exercitassen, en componer contradictorias, contrarias, sub-contrarias, y sub-alternas, en todo género de proposiciones, en las cathegóricas, en las hypothéticas, en las simples, en las complexas, en las necessarias, en las contingentes, y en las de impossible, gastando meses enteros en estas vagatelas impertinentíssimas. Sobre la importante y gravíssima question de si Blictiri es término, era cosa de espiritarse; y, si alguno le queria defender, que la union era tan término, como todos los demas, y que en ella se resolvia la proposicion tan resolvidamente, como en el sugeto y en el predicado, era negocio de volverse loco, y á lo ménos no le faltaba un tris para perder el juicio.

8. El mismo exquisito gusto y la misma buena eleccion, que tenia en las Súmulas, mostraba en lo perteneciente á la Lógica. Aunque sabia muy bien, que esta no es mas que un arte, que ayuda á la razon natural á discurrir con penetracion y con solidez, enseñándola el modo de buscar y descubrir la essencia de las cosas, de formar diferentes idéas de una misma, segun los diversos respetos, nociones, ó formalidades, con que se presenta al entendimiento; y que estas diferentes formalidades, nociones, y respetos le dan bastante fundamento, no para que de una sola cosa haga dos, sino para que conciba, como si fueran dos, la que en realidad es una sola; y que, supuesta esta penetracion y esta division ideal, pueda ir despues raciocinando y discurriendo acerca de ellas, hasta llegar muchas veces á la demonstracion, y casi siempre á un prudentíssimo assenso: repito, que, aunque el buen P. Lector no ignoraba, que esta, y no otra, era la verdadera Lógica, de nada ménos cuidaba, que de instruir á sus discípulos en lo que conducia para esto, y de los nueve meses del Curso gastaba los siete en enseñarlos, lo que de maldita la cosa servia, sino de llenarles aquellas cabezas de idéas confusas, de representaciones impertinentes, y de idolillos, ó figuras imaginarias. Si consiste en un único hábito, qualidad, ó facilidad científica, ó en un complexo de muchos, correspondientes á la variedad de los actos logicales? Si es ciencia práctica ó especulativa? Si la docente se distingue de la utente, esto es, si la instruccion en las reglas se distingue del uso de ellas? Si su objeto es un entecillo duende, enteramente fingido por el entendimiento, ó una entidad, que tiene verdadero y real ser, aunque puramente intelectual? Si la Lógica artificial es tan necessaria para aprender otras Ciencias, que sin ella ninguna pueda aprenderse ni bien ni mal? Y assí de otras questiones proemiales, que de nada sirven, y para nada conducen, sino para perder tiempo, y para quebrarse la cabeza lo mas inútilmente del mundo.

9. Esto es, por paridad, como si un Maestro de obra prima (que assí se llama, no se sabe por qué, á los Zapateros), con un aprendiz, que quisiesse instruírse en el oficio, gastasse un mes en enseñarle, si la facultad zapateril era arte ó ciencia; y si arte, si era mecánico ó liberal? Otro en instruírle, si era lo mismo saber cortar, que saber coser, saber coser, que saber desvirar, ó si para cada una de estas operaciones era menester un hábito, ó instruccion científica, que las dirigiesse? — Señor, que yo quiero aprender á hacer zapatos. — Espérate tonto, como has de saber hacerlo, si no sabes si el objeto del arte zapateril es el zapato, que realmente se calza, ó aquel, que se representa en la imaginacion, como idéa del que despues se ha de hacer? — Señor, que yo no quiero hacer zapatos imaginarios, sino estos, que se palpan, se tocan, y se calzan. — Eres un Orate: por ventura sabrás nunca hacer essos zapatos, no estando bien enterado de si las reglas, que se dan para hacerlos, son ó no son diferentes del uso y práctica de ellas? — Señor, qué se me da á mí, que lo sean, ni dexen de serlo? Enséñeme usted essas reglas, pues ha quatro meses, que estoy en su casa, y hasta ahora ni siquiera una me ha enseñado. — Ven acá, idiota: como te las he de enseñar yo, ni como las has de aprender tú, miéntras no estés pleníssimamente instruído en que esta Arte, que llamamos de Obra prima, es en parte práctica, y en parte especulativa? Práctica, porque su fin es enseñar á hacer zapatos, ajustados, ayrosos y duraderos; especulativa, porque las reglas, que da para esso, es menester, que dirijan primero á la razon, sin lo qual no se gobernarian bien las manos. — Por vida de... (y echóle redondo), que Vm. matará á un Santo. Y dígame, señor, para que yo aprenda essas reglas, qué me importará saber, si el Oficio es plático, ó culativo, ó la perra, que me parió?

10. Si alguno fuera al Padre Lector con este quento, bien sé yo, que no lo havia de contar por gracia; porque, sobre abundar de un humor escolástico flavo-bilioso, que, hiriendo en un momento las fibras del celebro, se comunicaba rápidamente al corazon por el nervio intercostal, con movimiento crispatorio, y de aquí, por una instantanea repercussion, volvia al mismo celebro, donde agitaba con igual ó con mayor crispatura las fibras, que se ramifican en la lengua, estaba tan furiosamente posseído de todas estas vanas inutilidades, que era capaz de chocar con el mismo Sol, si pretendia alumbrarle en este punto. En primer lugar, luego daba en los hocicos con aquella prodigiosa multitud de hombres grandes, que se han ocupado loablemente en estas materias, y eran tenidos de todo el mundo por hombres sapientíssimos. Si alguno le replicaba, que los hombres mas sabios y los hombres mas grandes al fin son hombres, y que no se havian acreditado, ni de grandes, ni de sabios, por haver gastado el tiempo en essas fruslerías, sino por haver escrito grave y doctamente otras materias utilíssimas; y, si se havian empleado en aquellas impertinencias, no era por no conocer, que lo fuessen, sino porque la obediencia ó la política los havia precisado á no desviarse del camino carretero, y á seguir el uso comun: le faltaba poco para romperle los cascos, y, si lo dexaba de hacer, era de pura compassion, despreciándole como á un pobre mentecato. Despues echaba mano de aquel otro lugar comun, con que se defienden los que no tienen bastante valor ni bastante generosidad para confessar, que estas son impertinencias, diciendo, que sirven de mucho, aunque no sirvan de otra cosa, que de materia para aguzar los ingenios, y para exercitarlos en la disputa.

11. No havia que reponerle lo primero, que, siendo la Lógica la que enseña á discurrir y á disputar, parecia cosa ridícula comenzar á aprenderla arguyendo y disputando. Porque, ó ya se sabian las reglas de la disputa, ó se ignoraban: si se sabian, era ociosa la Lógica; si se ignoraban, como era possible, que se disputasse, sino diciendo en la materia y en la forma quatrocientos disparates? Y assí vemos, que las Artes mas mecánicas y los Oficios mas fáciles no se comienzan á aprender por el exercicio, sino á lo ménos por aquellas reglas generales, que son necessarias para saber imperfectamente exercitarle. No hay oficio mas fácil, que el de Aguador, porque en sabiendo echar al burro la albarda, y el camino del rio ó de la fuente, está aprendido el oficio: con todo es indispensable, ántes de ir por agua, saber echar la albarda al burro, y saber el camino. Si á un Aprendiz de Herrero le dixessen desde el primer dia, que hiciesse una sarten, se reiria del Maestro. Primero es menester darle una noticia general de todos los instrumentos del oficio, del uso particular de cada uno, del modo de manejarlos y de disponer la materia, para recibir la forma artificial, que se pretende darla; despues irle exercitando en lo mas fácil. Pues ahora: hay cosa mas graciosa, que comenzar disputando, si la Lógica docente se distingue de la utente, y empedrar por precision la disputa de toda la doctrina, que se da acerca de los hábitos naturales, infusos, y adquiridos, suponiendo ya sabido el modo, con que estos se engendran, y en que consiste la virtud, que tienen, para producir despues unos hijos, enteramente parecidos á sus abuelos, esto es á los actos, que engendraron á los hábitos; siendo assí, que el pobre niño no tiene idéa ni noticia de otros hábitos, que de los Hábitos largos de los Curas, ó de los Hábitos de los Frayles, que vió predicar la Quaresma y pedir el Agosto en su Lugar? Qué concepto formará de toda aquella algaravía de hábitos, de actos, de semejanza específica, de semejanza genérica, que es indispensable entienda, aun solo para penetrar los términos de la question, si nada de esto se le ha de explicar, hasta que estudie la Metaphýsica, ó la Animástica?

12. No havia que reponerle lo segundo, que tolerado, y no concedido, que, para exercitar el entendimiento en la disputa, fuesse conveniente excitar algunas questiones Proemiales, seria razon tomarlas de aquellos puntos históricos, que pertenecen al fin, invencion, progressos, y estado actual de la misma Lógica. Como v. gr. para qué fin fué inventada la Lógica, si solamente para enseñar á discurrir bien, ó para evitar, que otros no nos alucinassen con sofismas y con paralogismos? Si la Lógica es mas antigua ó mas moderna que la Philosophía en todas sus partes? Y aquí entraba naturalmente un curioso resúmen historial del orígen de la Philosophía, y de su division en tanta variedad de Sectas, la Iónica, la Itálica, la Cyrenaica, la Eliaca, la Megárica, la Cýnica, la Estoyca, la Académica, la Peripatética, la Eleánica, la Pyrrhónica ó Scéptica, la Epicuréa, y finalmente la Ecléctica, ántes de hablar de los diversos systemas de la Philosophía moderna. Hallaríase, que la Lógica, respecto de unas Sectas havia sido muy posterior, muy anterior respecto de otras, y respecto de algunas sýnchrona ó coetanea.

13. Despues se podia preguntar, si la Lógica se inventó por casualidad, ó de propósito? Y suponiendo, como suponen todos, que se inventó por casualidad, haciendo algunas observaciones para descubrir y para desembarazarse de los sofismas, se seguia la pregunta de quien fué el primero, que hizo estas observaciones y formó una coleccion de ellas, para enseñar y para abrir los ojos á los demas? Si Zenon Eleátes, si Sócrates, si Platon, si Aristóteles, ó si Speusippo? Y constando por la historia, que Zenon hizo algunas observaciones, Sócrates otras, y Platon otras, todos tres anteriores á Aristóteles, de quien Platon fué Maestro, preguntar, por qué, no obstante esso, se tiene comunmente á Aristóteles por inventor de la Lógica ó de la Dialéctica? A lo qual se ha de responder necessariamente, que porque fué el primero, que hizo una Coleccion de todas las observaciones de aquellos tres Philósophos, añadiendo él otras muchas de suyo, disponiéndolas en estilo didascálico ó instructivo, y dándolas un méthodo seguido, claro, conexo, y natural. Assí como Pedro Lombardo, por otro nombre el Maestro de las Sentencias, se llama regularmente el Inventor de la Theología Escolástica, no porque lo fuesse de los Tratados, de que se compone, sino porque los que estaban esparcidos y sin órden en las Obras de los Padres, especialmente Latinos, los reduxo á un méthodo uniforme en los quatro Libros de los Sentenciarios, disponiéndolos de manera, que formassen un cuerpo bien repartido de facultad y de doctrina; añadiendo de suyo, ademas de esso, el poner en estilo de Escuela y de disputa algunos puntos, que en las Obras de los Padres se leen en estilo puramente doctrinal.

14. Despues de todas estas questiones, se concluía naturalíssimamente con las pertenecientes á los progressos y estado actual de la misma Lógica: si Aristóteles la concluyó, ó la dexó imperfecta? si la que hoy tenemos es la misma, que enseñó aquel Philósopho, ú otra diferente? si la misma, aunque muy añadida, qué partes son las que se añadieron? quando? por quienes, y con qué ocasion ó motivo? y de estas partes añadidas, quales son necessarias, quales útiles, y quales impertinentes? Ve aquí unos Proemiales de mucha utilidad, de mucha curiosidad, y de muchos y bellos materiales, para que los entendimientos se exerciten en disputas históricas y críticas, pertenecientes á la misma Lógica, con tanto gusto como aprovechamiento. Pero ve aquí tambien lo que oía nuestro Padre Lector Fray Toribio, unas veces con una cólera espantable, y otras con una risa falsa y despreciativa, que le caía muy en gracia. Decia por toda respuesta, que todos eran tiquis-miquis, fruslerías de entendimientos superficiales, y que essos Proemiales eran buenos para una Lógica de corbatin ó de sofocante: en una palabra, admirables questiones para aquellos Lógicos, que leían Gacetas y encargaban á un corresponsal de Madrid, que los enviasse el Mercurio.

15. No puede omitir la Historia un caso curioso, que sucedió con nuestro escolasticíssimo Padre Lector. Cierto Padre Maestro de su misma Orden, hombre de vasta erudicion, y de igualmente grave que amena literatura, harto mejor instruído en lo que era verdadera Lógica y verdadera Philosophía, que el bendito Fray Toribio, viéndole tan escolastizado en aquellas vaníssimas sofisterías, y no pudiendo reducir á la razon aquella mollera endurecida y callosa, le dixo por burla cierto dia: «Pues de esse modo, Padre Lector, para usted no havrá en el mundo question mas importante, que aquella, que se defendió en Alemania: Utrum chimæra bombilians in vacuo possit comedere secundas intentiones?» Quedóse atónito y como pasmado al oír semejante question el Metaphysiquíssimo Fray Toribio; porque, aunque no havia Curso Thomista, Scotista, Suarista, Okamista, Nominalista, ni Baconista, que, á su parecer, no huviesse rebuelto, no hacia memoria de haver leído jamas aquella question in terminis. Suplicó al Padre Maestro, que se la volviesse á repetir; hízolo este con grande socarronería. Quedóse el Lector suspenso por un rato, como quien repassaba allá para consigo los términos de la question, queriendo penetrarlos; y despues de haver repetido dos ó tres veces en voz inteligible: Utrum chimæra bombilians in vacuo possit comedere secundas intentiones? Utrum chimæra bombilians in vacuo possit comedere secundas intentiones? dió una gran patada en el suelo, y prorrumpió, diciendo: Por el santo Hábito que visto, que mas quisiera ser Autor de esta question, que si desde luego me hicieran Presentado;[25] y concluído me vea yo en las primeras Sabatinas,[26] si no la defendiere en acto público, llevando la afirmativa. Rióse á su satisfaccion el bellacon del Maestro del fanático Lector, y para echar el sello á la burla, que estaba haciendo de él, le dixo con bufonada: «Hará bien, Padre Lector, hará bien; y muérase con el consuelo de que le podrán poner sobre la piedra este Epitaphio, que se puso sobre la sepultura de otro, que era de su mismo genio y gusto:

Hic jacet Magister noster, Qui disputavit bis aut ter In Barbara et Celarent, Ita ut omnes admirarent In Fapesmo et Frisesomorum; Orate pro animis eorum.»

CAPITULO II.

Prosigue Fr. Gerundio estudiando su Philosophía, sin entender palabra de ella.

La verdad sea dicha (porque, qué provecho sacará el curioso lector, de que yo infierne mi alma?), que, quanto mas cuidado ponia el incomparable Fr. Toribio en embutir á sus discípulos en estas inútiles sutilezas, ménos entendia de ellas nuestro Fr. Gerundio: no porque le faltasse bastante habilidad y viveza, sino porque, como el genio y la inclinacion le llevaban hácia el Púlpito, que contemplaba carrera mas amena, mas lucrosa, y mas á propósito para conseguir nombre y aplauso, le causaban tedio las materias Escolásticas, y no podia acabar consigo el aplicarse á estudiarlas. Por esso era gusto oírle las idéas confusas, embrolladas, y ridículas, que él concebia de los términos facultativos, conforme iban saliendo al teatro en la explicacion del Maestro. Llegó este á explicar los grados metaphýsicos de ente, substancia, criatura, cuerpo, etc., y por mas que se desgañitaba en enseñar, que todo lo que existe es ente; si se ve, y se palpa, es ente real, phýsico, y corporeo; si no se puede ver, ni palpar, porque no tiene cuerpo, como el alma y todo quanto ella sola produce, es ente verdadero y real, pero espiritual, immaterial, é incorporeo; si no tiene mas ser, que el que le dá la imaginacion y el entendimiento, es ente intelectual, ideal, é imaginario: siendo esta una cosa tan clara, para Fray Gerundio era una algaravía; porque, habiendo oído muchas veces en la Religion, quando se trataba de algun sugeto exótico y estrafalario, vaya que esse es ente, jamas pudo entender por ente otra cosa que un hombre irregular, ó risible por algun camino. Y assí, despues que oyó á su Lector las propiedades del ente, contenidas en las letras iniciales de aquella palabra bárbara R. E. V. B. A. U., quando veía á alguno de genio extravagante, decia, no sin vanidad de su comprehension escolástica: este es un Reubau, como lo explicó mi Lector.

2. Por la palabra substancia, en su vida entendió otra cosa, mas que caldo de gallina, por quanto siempre havia oído á su madre, quando havia enfermo en casa, voy á darle una substancia. Y assí se halló el hombre mas confuso del mundo, el año que estudió la Phýsica. Tocándole arguir á la question, que pregunta, si la substancia es immediatamente operativa? su Lector defendia que no; y Fray Gerundio perdia los estrivos de la razon y de la paciencia, pareciéndole, que este era el mayor disparate, que podia defenderse, pues era claramente contra la experiencia, y á él se le havia ofrecido un argumento, á su modo de entender demonstrativo, que convencia concluyentemente lo contrario. Fuése, pues, al General muy armado de su argumento, y propúsole de esta manera: El caldo de gallina es verdadera substancia; sed sic est, que el caldo de gallina es immediatamente operativo: luego la substancia es immediatamente operativa. Negáronle la menor, y probóla assí: Aquello, que, administrado en una ayuda, hace obrar immediatamente, es immediatamente operativo. Sed sic est, que el caldo de gallina, administrado en una ayuda, hace obrar immediatamente: luego el caldo de gallina es immediatamente operativo. Rióse á carcajada tendida toda la mosquetería del Aula; negáronle la menor de este segundo sylogismo; y él enfurecido, parte con la risa, y parte con que le huviessen negado una proposicion, que tenia por mas clara, que el Sol que nos alumbra, sale del General precipitado y ciego, sin que nadie pudiesse detenerle, sube á la Celda, llama al Enfermero, dícele, que luego luego le eche una ayuda con caldo de gallina, si por dicha havia alguno prevenido para los enfermos. El Enfermero, que le vió tan turbado, tan inquieto, y tan encendido, creyendo sin duda, que le havia dado algun accidente cólico, para el qual havia oído decir, que eran admirable específico los caldos de pollo, juzgando, que lo mismo serian los de gallina, va volando á su cocinilla particular, dispónele la lavatiba, y adminístrasela; hace prontamente un prodigioso efecto; llena una gran vasija, de las que se destinan para este ministerio, y, baxando al General sin detenerse, dixo colérico al Lector, al que sustentaba, y á todos los circunstantes: Los que quisieren ver si el caldo de gallina hace ó no hace obrar immediatamente, vayan á mi Celda, y allí encontrarán la prueba; y despues que se vayan á defender, que la substancia no es immediatamente operativa.

3. Este lance acabó de ponerle de muy mal humor con todo lo que se llamaba estudio Escolástico. Y, aunque algunos Padres graves y verdaderamente doctos, que le querian bien, procuraron persuadirle, que se dedicasse algo á este estudio, á lo ménos al de aquellas materias, assí Phýsicas, como Metaphýsicas, que no solo eran conducentes, sino casi necessarias para la inteligencia de las questiones mas importantes de la Theología en todas sus partes, Escolástica, Expositiva, Dogmática, y Moral, sin cuya noticia era impossible saber hacer un Sermon, sin exponerse á decir mil necedades, heregías, y dislates, no fué possible convencerle; ni, aunque le dieron algunos panes y agua, hasta llegar tambien á media docena de despojos, ni por essas se pudo conseguir, que se aplicasse á lo que no le llevaba la inclinacion, y mas haviendo en casa quien le ayudaba á lo mismo.

4. Era el caso, que por mal de sus pecados se encontró nuestro Fr. Gerundio con un Predicador mayor[27] del Convento, el qual era un mozalvete, poco mas ó ménos de la edad de su Lector, pero de traza, gusto, y carácter muy diferente.

5. Hallábase el Padre Predicador mayor en lo mas florido de la edad, esto es, en los treinta y tres años cabales. Su estatura procerosa, robusta, y corpulenta; miembros bien repartidos, y assaz symétricos y proporcionados; muy derecho de andadura, algo salido de panza; cuelli-erguido, su cerquillo copetudo, y estudiosamente arremolinado; hábitos siempre limpios, y muy prolixos de pliegues, zapato ajustado, y sobre todo su solidéo de seda, hecho de aguja, con muchas y muy graciosas labores, elevándose en el centro una borlita muy ayrosa; obra toda de ciertas Beatas, que se desvivian por su Padre Predicador. En conclusion, él era mozo galan, y juntándose á todo esto una voz clara y sonora, algo de cecéo, gracia especial para contar un cuentecillo, talento conocido para remedar, despejo en las acciones, popularidad en las modales, boato en el estilo, y osadía en los pensamientos, sin olvidarse jamas de sembrar sus Sermones de chistes, gracias, refranes, y frases de chimenéa, encajadas con grande donosura, no solo se arrastraba los concursos, sino que se llevaba de calles los estrados.

6. Era de aquellos cultíssimos Predicadores, que jamas citaban á los Santos Padres, ni aun á los Sagrados Evangelistas por sus propios nombres, pareciéndoles, que esta es vulgaridad. A San Mathéo le llamaba el Angel Historiador, á San Márcos el Evangélico Toro, á San Lucas el mas divino Pincel, á San Juan el Aguila de Patmos, á San Gerónimo la Púrpura de Belen, á San Ambrosio el Panal de los Doctores, á San Gregorio la Alegórica Thiara. Pensar, que al acabar de proponer el tema de un Sermon, para citar el Evangelio y el capítulo de donde le tomaba, havia de decir sencilla y naturalmente: Joannis capite decimo tertio: Matthæi capite decimo quarto, esso era cuento, y le parecia, que bastaria esso, para que le tuviessen por un Predicador Sabatino: ya se sabia, que siempre havia de decir: Ex Evangelica lectione Matthæi, vel Joannis capite quarto decimo; y otras veces, para que saliesse mas rumbosa la colocacion: Quartodecimo ex capite. Pues qué! dexar de meter los dos deditos de la mano derecha, con garbosa pulidez, entre el cuello y el tapacuello de la Capilla, en ademan de quien desahoga el pescuezo, haciendo un par de movimientos dengosos con la cabeza, miéntras estaba proponiendo el tema, y, al acabar de proponerle, dar dos ó tres brinquitos dissimulados, y, como para limpiar el pecho, hinchar los carrillos, y, mirando con desden á una y otra parte del Auditorio, romper en cierto ruído gutural, entre estornudo y relincho! esto afeytarse siempre que havia de predicar, igualar el cerquillo, levantar el copete, y, luego que, hecha ó no hecha una breve oracion, se ponia de pié en el Púlpito, sacar con ayroso ademan de la manga izquierda un pañuelo de seda de á vara y de color vivo, tremolarle, sonarse las narices con estrépito, aunque no saliesse de ellas mas que ayre, volverle á meter en la manga á compas y con harmonía, mirar á todo el concurso con despejo, entre ceñudo y desdeñoso, y dar principio con aquello de sea ante todas cosas bendito, alabado, y glorificado, concluyendo con lo otro de en el primitivo instantaneo ser de su natural animacion: no dexaria de hacerlo el Padre Predicador mayor en todos sus Sermones, aunque el mismo San Pablo le predicara, que todas ellas eran, por lo ménos, otras tantas evidencias de que allí no havia ni migaja de juicio, ni assomo de syndéresis, ni gota de ingenio, ni sombra de meollo, ni pizca de entendimiento.

7. Sí, andaos á persuadírselo, quando á ojos vistas estaba viendo, que solo con este preliminar aparato se arrastraba los concursos, se llevaba los aplausos, conquistaba para sí los corazones, y no havia estrado ni visita, donde no se hablasse del último Sermon, que havia predicado.

8. Ya era sabido, que siempre havia de dar principio á sus Sermones, ó con algun refran, ó con algun chiste, ó con alguna frase de bodegon, ó con alguna cláusula emphática ó partida, que á primera vista pareciesse una blasfemia, una impiedad, ó un desacato; hasta que, despues de tener suspenso al Auditorio por un rato, acababa la cláusula, ó salia con una explicacion, que venia á quedar en una grandíssima friolera. Predicando un dia del Mysterio de la Trinidad, dió principio á su Sermon con este período: Niego, que Dios sea Uno en Essencia, y Trino en Personas; y paróse un poco. Los oyentes, claro está, comenzaron á mirarse los unos á los otros, ó como escandalizados, ó como suspensos, esperando en qué havia de parar aquella blasfemia heretical. Y quando á nuestro Predicador le pareció, que ya los tenia cogidos, prosigue con la insulsez de añadir: Assí lo dice el Evionista, el Marcionista, el Ariano, el Manichéo, el Sociniaino; pero yo lo pruebo contra ellos con la Escritura, con los Concilios, y con los Padres.

9. En otro Sermon de la Encarnacion, comenzó de esta manera; A la salud de ustedes, Cavalleros; y, como todo el Auditorio se riesse á carcajada tendida, porque lo dixo con chulada, él prosiguió, diciendo: «No hay que reírse, porque á la salud de ustedes, de la mia, y la de todos, baxó del Cielo Jesu-Christo, y encarnó en las Entrañas de María. Es artículo de Fé. Pruébolo: Propter nos homines, et propter nostram salutem, descendit de cœlis, et incarnatus est.» Al oír esto, quedaron todos como suspensos y embobados, mirándose los unos á los otros, y escuchándose una especie de murmurío en toda la Iglesia, que faltó poco para que parasse en pública aclamacion.

10. Havia en el Lugar un Zapatero, truhan de profession y eterno decidor, á quien llamaban en el Pueblo el azote de los Predicadores, porque en materia de Sermones su voto era el decisivo. En diciendo del Predicador: Gran pájaro! pájaro de quenta! bien podia el Padre desvarrar á tiros largos, porque tendria seguros los mas principales Sermones de la Villa, incluso el de la Fiesta de los Pastores, y el de San Roque, en que havia Novillos y un Toro de muerte. Pero, si el Zapatero torcia el hozico, y al acabar el Sermon decia: Polluelo! Cachorrillo! Iráse haciendo; mas que el Predicador fuesse el mismíssimo Vieyra, en su mesma mesmedad, no tenia que esperar volver á predicar en el Lugar, ni aun el Sermon de San Sebastian, que solo valia una rosca, una azumbre de hypocras, y dos quartas de cerilla. Este, pues, formidable censor de los Sermones estaba tan pagado de los del Padre Fray Blas (que esta era la gracia del Padre Predicador mayor), que no encontraba voces para ponderarlos: llamábale pájaro de pájaros, el non prus hurta de los Púlpitos, y en fin el Orador por Antonio mesía, queriendo decir, el Orador por Antonomasía; y, como el tal Zapatero llevaba en el lugar, y aun en todo aquel contorno, la voz de los sermones, no se puede ponderar lo mucho que acreditó con sus elogios á Fray Blas, y la gran parte que tuvo, en que se hiciesse incurable su locura, vanidad, y bobería.

11. Compadecido igualmente de la sandez del Predicador, que de la perjudicial simpleza del Zapatero, un Padre grave, religioso, docto, y de gran juicio, que, despues de haver sido Provincial de la Orden, se havia retirado á aquel Convento, emprendió curar á los dos, si podia conseguirlo; y, como el dia despues del famoso Sermon de la Anunciacion, le fuesse á calzar el Zapatero (porque era el Maestro de la Comunidad), y este, con su acostumbrada bachillería comenzasse á ponderar el Sermon del dia antecedente, pareciendo tambien, que en aquello lisongeaba al Reverendíssimo, por ser Frayle de su Orden, el buen Padre Ex-Provincial quiso aprovechar aquella ocasion, y sacando la caxa dió un polvo á Martin (que este era el nombre del Zapatero), hízole sentar junto á sí, y encarándose con él le dixo con grandíssima bondad:

12. «Ven acá, Martin, qué entiendes tú de Sermones? Para qué hablas de lo que no entiendes, ni eres capaz de entender? Si no sabes escribir, ni apénas sabes deletrear, como has de saber, quien predica mal, ni bien? Díme: si yo te dixera á tí, que no sabias cortar, coser, desvirar, ni estaquillar, y que todo esto lo hacia mejor fulano ó citano, de tu misma profession, no me dirias con razon: Padre, déxelo, que no lo entiende; métase allá con sus libros, y déxenos á los Maestros de obra prima con nuestra tixera, con nuestra lesna, y con nuestro trinchete? Esto siendo assí, que saber qual zapato está bien ó mal cosido, bien ó mal cortado, es cosa, que puede conocer qualquiera, que no sea ciego. Pues, si un Maestro y un Predicador haria mal en censurar, y mucho peor en dar reglas de cortar ni de coser á un Zapatero; será tolerable, que un Zapatero se meta en dar reglas de predicar á los Predicadores, y en censurar sus Sermones? Mira, Martin: lo mas mas que tú puedes conocer, y en que puedes dar tu voto, es en si un Predicador es alto ó baxo, derecho ó corcobado, Cura ó Frayle, gordo ó flaco, de voz gruessa ó delgada, si manotéa mucho ó poco, y si tiene miedo ó no le tiene; porque para esto no es menester mas que tener ojos y oýdos: pero, en saliendo de aquí, no solo te expones á decir mil disparates, sino á elogiar cien heregías.»

13. — «Vítor, Padre Reverendíssimo, dixo el truhan del Zapatero. Y por qué no acaba su Reverendíssima con Gracia y Gloria, para que el Sermoncillo tenga su debido y legítimo final? Segun esso tendrá V. Rma. por heregía aquella gallarda entradilla, con que el Padre Predicador mayor dió principio al Sermon de la Santíssima Trinidad: Niego, que Dios sea Uno en Essencia, y Trino en Personas.» — «Y de las mas escandalosas, que se pueden oír en un Púlpito Cathólico,» respondió el grave, y docto Religioso. — «Pero, si dentro de poco (replicó Martin) añadió el Padre Fr. Blas, que no lo negaba él, sino el Evarista, el Marconista, el Marrano, el Macabéo, y el Sucio Enano, ó una cosa assí, y sabemos, que todos estos fueron unos perros Hereges; qué heregía de mis pecados dixo el buen Padre Predicador, sino puramente referir la que estos Turcos y Moros dixeron?» Sonrióse el Reverendo Ex-Provincial, y, sin mudar de tono, le replicó blandamente: «Dígame, Martin; si uno echa un voto-á-Christo redondo,[28] y de allí á un rato añade valillo, dexará de haver echado un juramento?» — «Claro es que no, respondió el Zapatero, porque assí lo he oído cien veces á los Theatinos, quando vienen á missionarnos el alma. Y á fé, que en esto tienen razon; porque el valillo, que se sigue despues, ya viene tarde, y es assí á la manera que digamos de aquel lo que dice el refran: romperle la cabeza, y despues labarle los cascos.» — «Pues á la letra sucede lo mismo en essa proposicion escandalosa, y otras semejantes, que profieren muchos Predicadores de mollera por cocer (repuso el buen Padre): la heregía ó el disparate sale rotundo, y en todo caso descalabran con él al Auditorio, y esso es lo que ellos pretenden, teniéndolo por gracia; despues entran las hilas, los parchecitos y las vendas para curarle. De manera que todo el chiste se reduce á echar por delante una proposicion, que escandalice, y quanto sea mas dissonante, mejor; despues se la da una explicacion, con la qual viene á quedar una grandíssima friolera. No te parece, Martin, que, aun quando assí se salve la heregía, á lo ménos no se puede salvar la insensatez y la locura?»

14. — «No entiendo de Tulogías, respondió el Zapatero; lo que sé, es que, por lo que toca á la entradilla del Sermon de ayer: á la salud de ustedes, Cavalleros, ni V. Rma. ni todo el Concilio Trementino me harán creer, que allí huvo heregía, porque la probó claramente con el Credo: proter nostra salute descendit de Cœlos, y que á todos nos dexó aturdidos.» — «Es cierto (replicó el Rmo.), que en esso no huvo heregía; pero no me dirá Martin, en que estuvo el chiste ó la agudeza, que tanto los aturdió?» — «Pues qué (respondió el Maestro de obra prima), no es la mayor agudeza del mundo comenzar un Sermon, como quien va á echar un bríndis; y, quando todo el Auditorio se rió, juzgando, que iba á sacar un jarro de vino para convidarnos, echarnos á todos un jarro de agua con un texto, que vino, que ni pintado?» — «Oygase, Martin, le dixo con sosiego el Rmo., quando en una Taberna comienza un borracho á predicar, qué se suele decir de él?» — «A essos, respondió Martin, nosotros los Cofrades de la cuba, los llamamos los borrachos desahuciados; porque sabida cosa es, que borrachera, que entra por la mýstica ó á la apostólica, es incurable.» — «Pues venga acá, buen hombre (replicó el Ex-Provincial), si la mayor borrachera de un borracho es hablar en la Taberna, como hablan en el Púlpito los Predicadores, será gracia, chiste, y agudeza de un Predicador, usar en el Púlpito las frases, que usan en la Taberna los borrachos? Y á estos Predicadores alaba Martin! á estos aplaude! Vaya, que tiene poca razon.» — «Padre Maestro, respondió convencido y despechado el Zapatero: yo no he estudiado Lógica ni garambaynas; lo que digo es, que lo que me suena me suena. V. Paternidad es de essa opinion, y otros son de otra, y son de la misma lana, y en verdad, que no son ranas. El mundo está lleno de envidia, y los Claustros no están muy vacíos de ella. Viva mi Padre Fray Blas, y V. Paternidad deme su licencia, que me voy á calzar al Padre Refitolero.»

15. No bien havia salido Martin de la Celda del Padre Ex-Provincial, quando entró en ella Fray Blas á despedirse de su Reverendíssima, porque el dia siguiente tenia que ir á una Villa, que distaba quatro leguas, á predicar de la colocacion de un Retablo. Como estaban frescas las especies del Zapatero, y el buen Reverendíssimo, ya por la honra de la Religion, ya por la estimacion del mismo Padre Predicador, á quien realmente queria bien, y sentia ver malogradas unas prendas, que, manejadas con juicio, podian ser muy apreciables, deseaba lograr coyuntura de desengañarle, y pareciéndole, que era muy oportuna la presente, le dixo luego, que le vió: «Padre Predicador, siento, que no huviesse llegado Vm. un poco ántes, para que oyesse una conversacion en que estaba con Martin el Zapatero, y él me la cortó, quando yo deseaba proseguirla.» — «Apuesto, respondió Fray Blas, que era acerca de Sermones, porque no habla de otra cosa, y en verdad, que tiene voto.» — «Podrále tener, replicó el Ex-Provincial, en saber donde aprieta el Zapato, pero en saber donde aprieta el Sermon, no sé por qué ha de tenerle.» — «Porque para saber quien predica bien, ó mal, respondió Fr. Blas, no es menester mas, que tener ojos y oídos.» — «Pues de essa manera, replicó el Ex-Provincial, todos los que no sean ciegos, ni sordos, tendrán tanto voto como el Zapatero.» — «Es que hay algunos, respondió el Padre Fray Blas, que, sin ser sordos, ni ciegos, no tienen tan buenos ojos, ni tan buenos oídos como otros.» — «Esso es decir, replicó el Ex-Provincial, que para calificar un Sermon, no es menester mas, que ver como lo acciona, y oír como lo siente el Predicador.» — «No, Padre nuestro, no es menester mas.» — «Con que, segun esso, arguyó el Ex-Provincial, para ser buen Predicador, no es menester mas, que ser buen Representante.» — Concedo consequentiam, dixo Fray Blas, muy satisfecho.

16. — «Y es possible, que tenga aliento para proferir semejante proposicion un Orador christiano, y un Hijo de mi Padre San N. que viste su santo Hábito? Ora bien, Padre Predicador mayor: qual es el fin, que se debe proponer en todos sus Sermones un christiano Orador?» — «Padre nuestro, respondió Fray Blas, no sin algun desenfado, el fin que debe tener todo Orador christiano, y no christiano, es agradar al auditorio, dar gusto á todos, y caerles en gracia: á los doctos, por la abundancia de la doctrina, por la multitud de las citas, por la variedad y por lo selecto de la erudicion; á los discretos, por las agudezas, por los chistes, y por los equívocos; á los cultos, por el estilo pomposo, elevado, altisonante, y de rumbo; á los vulgares, por la popularidad, por los refranes, y por los cuentecillos, encajados con oportunidad, y dichos con gracia; y en fin, á todos, por la presencia, por el despejo, por la voz, y por las acciones. Yo á lo ménos, en mis Sermones no tengo otro fin, ni para conseguirle me valgo de otros medios; y en verdad, que no me va mal, porque nunca falta en mi Celda un polvo de buen tabaco, una jícara de chocolate rico; hay un par de mudas de ropa blanca; está bien proveída la frasquera; y finalmente, no faltan en la naveta quatro doblones para una necessidad, y nunca salgo á predicar, que no trayga cien Missas para el Convento, y otras tantas para repartirlas entre quatro amigos. No hay Sermon de rumbo en todo el contorno, que no se me encargue, y mañana voy á predicar á la colocacion del Retablo de..., cuyo Mayordomo me dixo, que la limosna del Sermon era un doblon de á ocho.»

17. Apénas pudo contener las lágrymas el Religioso y docto Ex-Provincial, quando oyó un discurso tan necio, tan aturdido, y tan impío en la boca de aquel pobre Frayle, mas lleno de presuncion y de ignorancia, que de verdadera sabiduría; y compadecido de verle tan engañado, encendido en un santo zelo de la gloria de Dios, de la honra de la Religion, y del bien de las almas, en las quales podia hacer gran fruto aquel alucinado Religioso, si empleara mejor sus naturales talentos, quiso ver si podia convencerle y desengañarle. Levantóse de la silla, en que estaba sentado, cerró la puerta de la Celda, echó la aldabilla por adentro, para que ninguno los interrumpiesse, tomó de la mano al Predicador mayor, metióle en el estudio, hízole sentar, y sentándose él mismo junto á él, con aquella autoridad, que le daban sus canas, su venerable ancianidad, su doctrina, su virtud, sus empléos, su crédito, y su estimacion en la Orden, le habló de esta manera:

CAPITULO III.

Del grave y docto razonamiento, que un Padre Ex-Provincial de la Orden hizo al Predicador mayor de la Casa, donde estudiaba las Artes nuestro Fr. Gerundio.

«Aturdido estoy, Padre Fray Blas, de lo que acabo de oírle, tanto, que aun ahora mismo estoy dudando, si me engañan mis oídos, ó si sueño lo que oygo. Bien temia yo al oírle predicar, y al observar cuidadosamente todos sus movimientos, ántes del Púlpito, en el Púlpito, y despues del Púlpito, que en sus Sermones no se proponia otro fin, que el de la vanidad, el del aplauso, y del interés; pero este temor no passaba de ofrecimiento, y ni aun se atrevia á ser sospecha, porque no se fuesse arrimando á juicio temerario. Mas ya veo, por lo que acabo de oírle, que me propasé de piadoso.»

2. «Con que el fin de un Orador Christiano, y no christiano, es agradar al Auditorio, captar aplausos, grangear crédito, hacer bolsillo, y solicitar sus convenenzuelas! A vista de esto, ya no me admiro de que el Padre Predicador se disponga para subir al Púlpito, como se dispone un Comediante para salir al Theatro: muy rasurado, muy afeytado, muy copetudo, el mejor Hábito, la capa de lustre, la saya plegada, zapatos nuevos, ajustados, y curiosos, pañuelo de color sobresaliente, otro blanco, cumplido, y de tela muy delgada, ménos para limpiar el sudor, que para hacer ostentacion, de lo que debiera correrse un Religioso, que professa modestia, pobreza, y humildad. Un Predicador Apostólico, que subiesse á la Cáthedra del Espíritu Santo con el único fin de enamorar á los oyentes de la virtud, y moverlos eficazmente á un santo aborrecimiento del pecado, se avergonzaria de essos afectados adornos, tan impropios de su estado, como de su ministerio; pero, quien sube á profanarla con fines tan indecentes, y aún estoy por decir tan sacrílegos, ni puede ni debe usar otros medios. No quiero decir, que el desaliño cuidadoso sea loable en un Predicador; solo pretendo, que la afectada curiosidad en el vestido, ó en el trage, es la cosa mas risible, y no hay hombre de juicio, que no tenga por loco al Religioso, que pone mas cuidado en componer el Hábito, que en componer el Sermon, pareciéndole, que el afeyte de la persona puede suplir la tosca grosería del papel. En una palabra, Padre mio, el que se adorna de essa manera para predicar, bien da á entender, que no va á ganar almas para Dios, sino á conquistar corazones para sí. No sube á predicar, sino á galantear; tiene mas de Orate, que de verdadero Orador.»

3. «El fin de este, sea sagrado, sea profano, siempre debe ser convencer al entendimiento y mover á la voluntad, ya sea á abrazar alguna verdad de la Religion, si el Orador es sagrado, ya á tomar alguna determinacion honesta y justa, si fuere profano el Orador. No havrá leído, ni leerá jamas el Padre Predicador, que un Orador profano, por profano que fuesse, se huviesse jamas propuesto otro fin. Este es el único, que se propusieron en sus Oraciones Demósthenes, Ciceron, y Quintiliano, dirigiéndose todas á algun fin honesto y laudable; unas á conservar á la República, otras á encender los ánimos contra la tyranía; estas á defender á la innocencia, aquellas á reprimir la injusticia; muchas á implorar la misericordia, no pocas á excitar toda la severidad de las leyes contra los atrevimientos de la insolencia. Si se huviera olido, que alguno de aquellos famosos Oradores no tenian otro fin en sus declamaciones, que hacerse oír con gusto, captar el aura popular, ostentar el asséo ó la magestad del vestido, el ayre de la persona, el garbo de las acciones, lo sonoro de la voz, lo bien sentido de los afectos, la pomposa ojarasca de las palabras, y la agudeza ó falsa brillantez de los pensamientos; si se huviera llegado á entender, que sus harengas no se dirigian á otro fin, que á solicitar aplausos, á conquistar corazones, y á ganar dinero, huvieran sido el objeto de la risa, del desprecio, y aun de la indignacion de todos. Y si algunos concurriessen á oírlos, no seria ciertamente para dexarse persuadir de ellos, como de Oradores, sino para divertirse con ellos, como se divertian con los Histriones, con los Pantomimos, y con los Charlatanes. Porque en suma, mi Padre Predicador, el Orador no es mas que un hombre, dedicado por su ministerio á instruir á los hombres, haciéndolos mejores de lo que son. Y dígame: los hará mejores de lo que son, el que, desde que se presenta en el púlpito, se muestra tan dominado de las passioncillas humanas, como el que mas? Hará humilde al vano y al sobervio, el que en todas sus acciones y movimientos está respirando presuncion y vanidad? Corregirá la profanidad de los adornos, y el desordenado artificio de los afeytes, el que, dentro de los términos á que puede extenderse su estado y su profession, sube al Púlpito de gala? Emendará los desórdenes de la codicia, el que se sabe, que hace tráfico de su ministerio, que predica por interés, y que rebuelve al mundo, para que le encarguen los Sermones, que mas valen? Finalmente, á quien persuadirá, que á solo Dios debemos agradar, el que confiessa, que en sus Sermones no tiene otro fin, que el agradar á los hombres?»

4. «No me dirá el Padre Predicador, si los Apóstoles se propusieron este bastardo fin en los sermones, con que doce hombres rústicos, groseros, y desaliñados convirtieron á todo el mundo? Dirá, que Dios hacia la costa. Y quien le ha dicho, que no la haria tambien ahora, si se predicara con el espíritu, con que predicaron los Apóstoles? Replicará, que aquellos eran otros tiempos, y que los nuestros son muy diferentes, que aquellos. Qué quiere decir en esso, Padre mio? Si quiere decir, que los Apóstoles predicaron á una gente idiota, bárbara, inculta, ignorante, que se convencia de qualquiera cosa, y en qualquiera manera que se la propusiessen, acreditará, que está mas versado en leer Libros de conceptillos, que llaman predicables, y yo llamo intolerables y contentibles, que en la historia Ecclesiástica y profana. Sabe, que nunca estuvo el mundo mas cultivado, que quando Dios embió sus Apóstoles á él? Ignora, que aún duraban, y duraron por algun tiempo las preciosas reliquias del dorado Siglo de Augusto, dentro del qual nació Christo, y en el qual florecieron mas, que en otro alguno, todas las Artes y Ciencias, especialmente la Oratoria, la Poesía, la Philosophía, y la Historia? Nuestro Siglo presume, con razon ó sin ella, de mas cultivado, que otro alguno; y no se puede negar, en algunas determinadas Facultades y Artes se han hecho descubrimientos, que ignoraron los que le precedieron. Con todo esso, en aquellas, que cultivaron los Antiguos, no se ha decidido hasta ahora entre los Críticos la famosa question sobre la preferencia de estos á los Modernos; y sepa el Padre Predicador, que, aunque las razones, que se alegan por unos y por otros, son de mucho peso, pero el número de votos, que están por los primeros, hace incomparables excessos al que cuentan los segundos. Vea ahora, si eran ignorantes, bárbaros, é incultos aquellos, á quienes predicaron y convirtieron los Apóstoles, quando se disputa con grandes fundamentos, si nos excedieron en comprehension, en ingenio, en buen gusto, y en cultura.»

5. «Responderá, que aun por esso mismo los Apóstoles no convertian mas que á la gente popular, idiota, y del vulgacho. Otra alucinacion, que nace del mismo principio. No me hará merced el Padre Predicador de decirme, si era idiota, popular, y del vulgacho Cornelio el Centurion? si el Eunucho de la Reyna Candace era tambien del vulgacho, y popular? si era idiota San Dionysio Areopagita? si era un pobre ignorante San Justino Mártyr? si San Clemente Alexandrino fué idiota? si era popular, del vulgacho San Lino, y sus Padres Herculano y Claudia, ambos de las familias mas ilustres de Toscana? si tantos Reyes, tantos Príncipes, y tantos Magistrados, como convirtieron los Apóstoles en sus respectivas Provincias, eran del vulgacho, y populares? Un Predicador, que siquiera se tomasse el corto y necessario trabajo de leer las Vidas de los Santos, de quienes predica, no incurriria en semejante pobreza; pero como no ha de incurrir en esta, y en mas crassas ignorancias, quando muchas veces quien tiene ménos noticia del Santo, á que se predica, es el mismo Predicador, haciendo vanidad de tomar assuntos tan abstraídos, que un mismo Sermon se pueda predicar á San Liborio, á San Roque, á San Cosme y San Damian, á la Vírgen de las Angustias, y, en caso necessario, á las benditas Animas del Purgatorio?»

6. «Pero, si acaso quiere decir el Padre Predicador, que aquellos primeros tiempos de la Iglesia, aunque no eran ménos instruídos, eran ménos estragados que los nuestros, y consiguientemente no era tan dificultoso reducirlos á la verdad del Evangelio con razones claras, naturales, desnudas, y sencillas, dirá otra necedad, que en conciencia no se le puede perdonar. Con que, eran ménos estragados, que los nuestros, unos tiempos, en que los vicios eran adorados como virtudes, y las virtudes aborrecidas como vicios? Unos tiempos, en que la incontinencia recibia inciensos en Cytheréa, la embriaguez adoraciones en Bacho, el latrocinio sacrificios en Mercurio? Unos tiempos en que se adoraba á Júpiter estrupador, á Vénus incestuosa, á Hércules usurpador, y á Caco ratero? Unos tiempos, en que la vanidad se llamaba grandeza de corazon, el orgullo elevacion de espíritu, la sobervia magnanimidad, la usurpacion heroismo, y al contrario, la modestia, el encogimiento, la moderacion, y el retiro, se trataban como baxeza de ánimo, como apocamiento, no solo inútil, sino pernicioso á la sociedad?»

7. «Mas no quiero estrecharle tanto: no quiero hacer cotejo de nuestro Siglo con el primer Siglo de la Iglesia; conténtome con hacer la comparacion entre nuestros tiempos y aquellos, en que floricieron los Paduas, los Ferreres, los Thomases de Villanueva. Dígame: hay mucha diferencia entre nuestras costumbres y las de aquellos tiempos? Si sabe algo de historia, precisamente responderá, que, si hay alguna diversidad, es en los trages, en las modas, en la mayor perfeccion de las lenguas, y en algunos usos puramente accidentales y exteriores; que en lo demas reynaban entónces, como ahora, las mismas costumbres, las mismas passiones, las mismas inclinaciones, los mismos vicios, los mismos desórdenes; solo, que estos eran mas frequentes, mas públicos, y mas escandalosos en aquellos tiempos, que en estos. Con todo esso, qué conversiones tan portentosas y tan innumerables no hicieron aquellos Santos en los suyos? Qué séquito no tenian siempre que predicaban, despoblándose las Ciudades y aun las Provincias enteras por oírlos? Y se predicaban á sí mismos? No se proponian otro fin en sus Sermones, que el de captar aplausos, grangear admiraciones, ganar dinero, y meter ruído en el mundo? Metíanle, y grande; pero, era esto lo que ellos intentaban? Y conseguíanlo por unos medios tan impropios, tan indecentes, tan indignos, y aun estoy por decir tan sacrílegos?»

8. «Paréceme, que estoy ya oyendo lo que me dirá interiormente el Padre Predicador: lo que veo, es que yo lo consigo por los que uso; que tambien meto ruído; que me siguen, que me aplauden, y que me admiran. Lindamente! Y de ahí, qué se infiere? Que predica bien? Que sabe siquiera lo que se predica? O qué mala consequencia! Mete ruído; tambien le mete una farsa, quando entra en un Lugar. Síguenle; tambien se sigue á un charlatan, á un truhan, á un titiritero, á un arlequin, quando hacen sus habilidades en un Pueblo. Apláudenle; pero quienes? los que oyen como Oráculo á un infeliz Zapatero, y los que celebran á un Predicador, como pudieran á un Representante. Admíranse al oírle; pero de qué? los necios y los aturdidos, de su osadía y de sus gesticulaciones; los cuerdos y los inteligentes, de su satisfaccion y de su falta de juicio.»

9. «Ora bien, Padre Predicador, quien le ha dicho, que los aplausos y las admiraciones de la muchedumbre son hijas de los aciertos? Frequentíssimamente, por no decir las mas veces, son hijas de la ignorancia. El vulgo, por lo comun, aplaude lo que no entiende; y sepa, que en todas las classes de la República hay mucho vulgo. Ya havrá leído ú oído lo de aquel famoso Orador, que harengando en presencia de todo el Pueblo, y oyendo hácia la mitad de la Oracion una especie de alegre murmurío de la multitud, que le sonó á aclamacion, se volvió á un amigo suyo, que estaba cerca, y le preguntó sobresaltado: He dicho algun disparate? porque este aplauso popular no puede nacer de otro principio. Aun el mismo Ciceron, que no escupia los aplausos, desconfiaba de ellos, si eran muy frequentes, pareciéndole, que, no siendo possible merecerlos siempre, necessariamente havia de tener en ellos mucha parte la adulacion ó la ignorancia: No gusto oír muchas veces en mis oraciones: qué cosa tan buena! no se puede decir mejor. Belle et præclare nimium, sæpe, nolo.»

10. «Aún mas equívocas son las admiraciones que los elogios; estos nunca debieran dirigirse sino á lo bueno y á lo sólido; aquellas pueden, sin salir de su esfera, limitarse precisamente á lo singular y á lo nuevo; porque la admiracion no tiene por objeto lo bueno, sino lo raro. Y assí, dice discretamente un Jesuíta Francés, muy al caso en que nos hallamos, que puede suceder, y sucede con frequencia, una especie de paradoxa en los Sermones; esta es, que el Auditorio tiene razon para admirar ciertos trozos del discurso, que se oponen al juicio y á la razon; y de aquí nace, que muy frequentemente se condena poco despues lo mismo, que á primera vista se havia admirado. Quantas veces lo pudo haver notado el Padre Predicador? Están los oyentes escuchando un Sermon con la boca abierta, embelesados con la presencia del Predicador, con el garbo de las acciones, con lo sonoro de la voz, con la que llaman elevacion del estilo, con el cortadillo de las cláusulas, con la viveza de las expressiones, con lo bien sentido de los afectos, con la agudeza de los reparos, con el aparente desenredo de las soluciones, con la falsa brillantez de los pensamientos. Miéntras dura el Sermon, no se atreven á escupir, ni aun apénas á respirar, por no perder ni una sýlaba. Acabada la Oracion, todo es cabezadas, todo murmuríos, todo gestos, y señas de admiraciones. Al salir de la Iglesia, todo es corrillos, todo pelotones, y en ellos todo elogios, todo encarecimientos, todo assombros. Hombre como este! Pico mas bello! Ingenio mas agudo!»

11. «Pero, qué sucede? Algunos hombres inteligentes, maduros, de buena crítica, y de juicio claro, que oyeron el Sermon, y no se dexaron deslumbrar, no pudiendo sufrir, que se aplauda lo que debiera abominarse, sueltan ya esta, ya aquella especie, contra todas las partes, de que se compuso el Sermon, y hacen ver con evidencia, que todo él fué un texido de impropiedades, de ignorancias, de sandeces, de pobrezas, y quando ménos ménos de futilidades. Demuestran con toda claridad, que el estilo no era elevado, sino hinchado, campanudo, ventoso, y de pura ojarasca; que las cláusulas cortadas y cadenciosas son tan contrarias á la buena prosa, como las llenas y las numerosas, pero sin determinada medida, lo son al buen verso; que este género de estilo causa risa, ó por mejor decir, asco, á los que saben hablar y escribir; que las expressiones, que se llaman vivas, no eran sino de ruído y de boato; que aquel modo de sentir, y de expressar los afectos, mas era cómico y theatral que Oratorio, loable en las tablas, pero insufrible en el Púlpito; que los reparos eran voluntarios, su agudeza una fruslería, y la solucion de ellos tan arbitraria como futil; que los pensamientos se reducian á unos dichicos de conversacion juvenil, á unos retruécanos ó juguete de palabras, á unos conceptos poéticos, sin meollo ni xugo, y sin solidez; que en todo el Sermon no se descubrió ni pizca de sal Oratoria, pues no havia en él ni assomo de un discurso methódico y seguido; nada de enlace, nada de conexion, nada de raciocinio, nada de mocion: en fin, una escoba desatada, conceptillos esparcidos, pensamentuelos esparramados por aquí y por allí, y acabóse. Con que, todo bien considerado, no havia que aplaudir, ni que admirar en nuestro Predicador, sino su voz, su manotéo, su presuncion, y su reverendíssimo coram vobis. Los que oyen discurrir assí á estos hombres perspicaces, penetrativos, y bien actuados en la materia, vuelven de su alucinacion, conocen su engaño, y el Predicador, que por la mañana era admirado, ya por la tarde es tenido por pieza; los compasivos le miran con lástima, y los duros con desprecio.»

12. «No quiero mas prueba de esta verdad, que los Sermones mismos del Padre Predicador. Quanto se celebró, y quanto se admiró aquella famosa entradilla del Sermon de la Santíssima Trinidad: Niego, que Dios sea Uno en essencia, y Trino en Personas? Quanto se admiró, y quanto se ponderó la otra del Sermon de la Anunciacion: A la salud de ustedes, Cavalleros? Qué elogios no se oyeron de una y otra al acabarse las funciones? Pero, quanto duraron estas admiraciones y estos aplausos? El tiempo, que tardó un hombre zeloso, charitativo, y prudente en abrir los ojos á los oyentes, para que conociessen, que la primera proposicion havia sido una grandíssima heregía, y la segunda una grandíssima borrachera; y quando ménos, añadida la explicacion de la una y de la otra, ambas havian quedado en dos grandes insulseces. Porque la primera se reduxo á decir, que muchos Hereges havian negado el Mysterio de la Santíssima Trinidad: miren qué noticia tan exquisita! Y la segunda, estrujada su substancia, no vino á decir mas, que Christo ó el Verbo Divino havia encarnado por la salud de los hombres: miren qué pensamiento tan delicado! Luego que sus oyentes cayeron en la cuenta, quedaron corridos de lo mismo, que havian admirado poco ántes; y sé muy bien, que en las mismas tardes de la Trinidad y de la Anunciacion se lo dieron á entender al Padre Predicador, si él huviera querido percibirlo. Porque yendo á visitar á sus penitentas, como lo acostumbra los dias que predica, para recoger los aplausos de los estrados, cierta Señorita le dixo el dia de la Trinidad: Jesus, Padre Predicador! Dios se lo perdone á Vm. el susto, que me dió con el principio de su Sermon; porque cierto temí, que el Comissario del Santo Oficio le mandasse callar, y que desde el Púlpito le llevasse á la Inquisicion. Y tambien sé, que otra le dixo la tarde de la Anunciacion: Quando Vm. comenzó el Sermon esta mañana, creí que estaba dormida, y que soñaba, que, en lugar de llevarme á la Iglesia, me havian llevado á la Taberna. Ambas fueron dos pullas muy delicadas y bien merecidas; pero, como el Padre Predicador todo lo convierte en substancia, túvolas por chiste, y le entraron en provecho.»

13. «Estos son, Padre mio, los aplausos, que logra, aun de aquellas personas, que no tienen mas luces, que las de un sindéresis natural bien puesto: burlarse de él, y estimarle en lo que vale. Las que están mas cultivadas, las que tienen alguna tintura del buen gusto, y sobre todo aquellas, que no miran con indiferencia un ministerio tan sério y tan sagrado de la Religion, no le puedo ponderar el dolor, que las causa verle tan profanado en su boca, y la compassion, con que miran tan infelizmente malogrados unos talentos, que, si los manejara como debe, serian utilíssimos para el bien de las almas, para la gloria de Dios, para mucha honra de nuestra Sagrada Orden, y para mas sólida y mas verdadera estimacion del Padre Predicador. No puede dudar este la especial inclinacion, que siempre le he manifestado, desde que fué mi Novicio; las pesadumbres de que le libré, quando fuí Prelado suyo; la estimacion, que hice de sus prendas siendo su Provincial, pues yo fuí quien le colocó en el candelero, encargándole uno de los Púlpitos mas apetecidos de la Provincia. Ya se acordará de la Carta paternal, que con esta ocasion le escribí, recomendándole mucho, que desempeñasse mi confianza, que no diesse ocasion, para que me insultassen los que censuraron esta eleccion, sin duda porque le conocian mejor que yo; predicasse á Jesu-Christo Crucificado, y no se predicasse á sí mismo, ó, á lo ménos, que predicasse con juicio y con piedad, ya que no tuviesse espíritu para hacerlo con zelo y con fervor. Protéstole, que uno de los mayores remordimientos, que tengo de los muchos desaciertos, que cometí en mi Provincialato (aunque pongo á Dios por testigo, que todos con buena intencion), es el de haver hecho Predicador al Padre Fray Blas, fiando la conversion de las almas á quien en nada ménos piensa que en convertirlas, y á quien muestra tener la suya no poco necessitada de conversion. Díle á conocer en el mundo, quando estaria mejor en el retiro del Claustro y en la soledad del Choro. Púsele en ocasion de que los aplausos de los necios le engreyessen, y la vanidad le precipitasse. Conózcolo, llórolo; pero ya no lo puedo remediar, pues veo, con imponderable dolor mio, que aun dentro de la Religion no faltan fomentadores de su vanidad, elogiadores y panegyristas de sus locuras; unos, porque no alcanzan mas, otros por adulacion, algunos pocos por interés, y la mayor parte, porque se dexa llevar de la corriente, y no tiene mas regla, que el grito de la muchedumbre.»

14. «Entre estos últimos cuento á essa pobre juventud, compuesta de Colegiales, Philósophos, y Theólogos, que se cria en este Convento, y á quien es indecible el daño, que hace con su mal exemplo el Padre Predicador. Venle aplaudido, celebrado, buscado, regalado, y sobrado de religiosas conveniencias; oyen al mismo Padre Predicador hacer ostentacion pueril de ellas, alabarse de lo mucho, que le fructifica la semilla del Verbum Dei; ponderar la utilidad y la estimacion de su carrera, haciendo chunga y chacota de la de los Lectores y Maestros de la Orden, á quienes trata de pelones, pobretes, mendigos, pordioseros, y camaleones, que se sustentan del ayre de los ergos, y que tienen las navetas tan vacías de chocolate, como los cascos llenos de questiones impertinentes. Qué sucede? que cobran horror al estudio Escolástico, tan necessario para la inteligencia de los mysterios y de los dogmas, y, para no decir de unos y de otros tantos disparates, como dice el Padre Predicador, dedícanse á leer libros de sermonarios inútiles y disparatados, ó á trasladar Sermones tan ridículos, tan insubstanciales, y aun tan perniciosos, como los del Padre Fray Blas; tómanle á él mismo por modelo, remedándole hasta las acciones y los movimientos, sin advertir, que los que parecen bien, quando son naturales, se hacen risibles y despreciables en el remedo. Críanse con esta leche, y salen despues á ser la diversion del vulgo, la admiracion de los ignorantes, la risa de los discretos, el dolor de los piadosos, el descrédito de la Orden, y tal vez su azote y su tormento.»

15. «Viéndolo estamos todos en esse pobre, simple, y atolondrado de Fray Gerundio. Su sencillez por una parte, y el Padre Predicador por otra, ambos concurren á echarle á perder á tiros largos. Aunque no le faltan talentos, para que con el tiempo saliesse hombre de provecho, viendo estoy, que nos ha de sonrojar, y que nos ha de dar que padecer. No hay forma de estudiar una conferencia, de dedicarse á entender una question, y mira con horror al estudio Escolástico, gastando el tiempo en leer Sermones impressos, y en trasladar los manuscritos del Padre Fray Blas. Y esto por qué? porque me dicen, que no sale de su Celda; que tiene en ella letra abierta para desayunarse, para merendar, y para perder tiempo; que el Padre Predicador le va imbuyendo en todas sus máximas, hasta pegarle tambien sus afectos y desafectos, no solo con perjuicio de su buena educacion, sino en grave detrimento de la charidad, y de la union fraternal y religiosa.»

16. «Por tanto, Padre mio, si el amor de nuestra Madre la Religion le debe algo; si tiene algun zelo por la salvacion de las almas, que Jesu-Christo redimió con su preciosa Sangre; si su misma estimacion sólida y verdadera le merece algun cariño, ruégole, por la misma preciosíssima Sangre de Jesus, que mude de conducta: sea mas noble, mas christiano, y mas religioso el fin de sus Sermones, y será muy otra su disposicion: predique á Christo Crucificado, y no se predique á sí mismo; y á buen seguro, que no pondrá tanto cuydado en el afectado aliño de su persona: no busque otro interés, que el de las almas, da mihi animas; cætera tolle tibi; y yo le fio, que predicará de otra manera: no solicite aplausos, sino conversiones; y tenga por cierto, que no solo logrará las conversiones, que desea, sino los aplausos, que no solicita, y estos de órden muy superior al aura popular y vana, que ahora le arrebata tanto. Sobre todo le encargo, le ruego, le suplico, que, quando no haga caso de lo que le digo, y se obstine en seguir el errado rumbo, que ha comenzado, á lo ménos no dogmatice, no haga escuela tan perniciosa, no quiera imitar aquel Dragon, que con la cola arrastró tras de sí la tercera parte de las Estrellas. Estremézcale aquel Væ! tan espantoso, contra los que escandalizan á los pequeñuelos. Y no trate de vejez, de impertinencia, de prolixidad, y de mala condicion de los muchos años esta paternal, charitativa, y reservada advertencia, que le hago; sino mírela como la mayor prueba del verdadero amor, que le professo.»

CAPITULO IV.

De la burla, que hizo el Predicador mayor del razonamiento del Ex-Provincial, y de lo que passó despues con Fray Gerundio.

Sin cespitar estuvo oyendo Fray Blas el Sermon, que le espetó el Reverendo Padre Ex-Provincial, y á pié firme sufrió la carga cerrada, que le disparó, con una contenencia tal, que qualquiera se persuadiria, que quedaba convencido, persuadido, y trocado ya en otro hombre. Porque, dice la leyenda de la Orden, que le oyó con semblante sereno, con los ojos baxos, con las manos debaxo del Escapulario, con el cuerpo algo inclinado ázia adelante, en postura humilde, aplicando un poco el oído izquierdo, como para no perder sýlaba, sin estornudar, sin escupir, y aun sin sacar la caja, ni tomar un polvo de tabaco en todo el tiempo, que duró la mission. Ya el buen Padre Ex-Provincial se aplaudia interiormente á sí mismo de aquella feliz conquista; ya tenia por mil veces dichosa la hora, en que se havia determinado á hablarle con tanta resolucion y claridad; ya estaba para echarle los brazos al cuello, dándole mil parabienes de que finalmente huviesse abierto los ojos á la luz de la razon; quando vió, que el bueno del Predicador levantó los suyos, le miró con serenidad, sacó las manos debaxo del Escapulario, reclinó el codo derecho sobre el brazo de la silla, refregóse la barba, echó despues mano á la manga, sacó la caja, dió dos golpecitos pausados sobre la tapa, abrióla, tomó un polvo, y, encarando al Ex-Provincial, le dixo muy reposado: Acabó ya V. Paternidad? — Sí, ya acabé. — Pues, Padre nuestro, óygame V. Paternidad este cuento.

2. «Assistia un loco al Sermon del Juicio universal, que se predicaba en cierta Mission. Estuvo verdaderamente fervoroso y Apostólico el zeloso Missionero, y dexó tan aturdido al auditorio, que, aun despues de acabado el Sermon, por un rato ninguno se rebullia. Aprovechóse el loco de aquel compungido silencio, y, levantando la voz descompassadamente, dixo: Señores, todo esso, que nos acaba de predicar el Padre Missionero de juicio, juicio, y juicio, sin duda que debe de ser assí. Pero nondum venit hora mea, y yo llevo la contraria con el doctíssimo Barradas. Vea V. Paternidad si manda algo para Cevico de la Torre, porque yo parto mañana»; y, sin esperar á mas razones, se levantó de la silla, tomó la puerta, y se fué á su Celda.

3. Esperábale en ella su queridito Fray Gerundio, que, ademas de ser un eterno admirador de las locuras y de los disparates de Fray Blas, cuya sola razon bastaria para que este le estimasse mucho, era, fuera de esso, un Fraylecito rollizo, bien agestado, muy compuestico de andadura, de acciones, y movimientos; por lo qual, no solo se llevaba todos los cariños del Padre Predicador mayor, sino generalmente los de casi todos los Padres graves de la Casa, entre los quales havia una especie de celillos y de competencia, sobre quien le havia de hacer mas cocos. Embiábanle desde la mesa traviesa la fruta, los extraordinarios, y el platillo, quando solo le tenian los Padres gordos, y no los Colegiales y aun por lo mismo era entre estos embidiado, acechado, y mas que medianamente mordido, para lo que daba él mismo poco motivo; ya por lo que se engreía con los alhagos de los Reverendíssimos, ya por las mañuelas y artificios de que se valia para tenerlos mas engaytados, ya finalmente, porque el horror, que tenia al estudio Escolástico, los daba muchas ocasiones de burlarse de él, y de sonrojarle, las quales no las perdian los bellacuelos de los otros Colegiales; pero á Fray Gerundio se le daba muy poco de esso, procurando en todo caso cultivar la predileccion de los mandones del Convento, y entre todos inclinándose mas (aunque con el mayor dissimulo possible) al despejo, al garbo, y á la discrecion del Padre Predicador mayor.

4. Luego, que este entró en la Celda, contó á Fray Gerundio quanto le acababa de passar con nuestro Padre: hízole un resúmen del Sermon, remedó su voz, imitó su postura, pintó sus gestos, glossó sus palabras, y burlóse de todo, tratándole de Carcuezo, de Fray-Zaragüelles, de Hombre de antaño, y de otros apodos semejantes. Finalmente le dixo: Chico, como la Mission duró tanto, tengo gana de cierta cosa, y assí con tu licencia. Retiróse á la alcoba, tiró la cortina, hizo lo que tenia que hacer, y, acabada esta funcion, dixo Fr. Blas á Fr. Gerundio: «Ya sabes, que mañana voy á Cevico de la Torre, á predicar del Patriarcha San Benito, en su Hermita del Otero; es voto de Villa, Pasqua de flores, y hay Romería: y el Sermon es de los de á oncita de oro. Ante todas cosas, tómate essos dulces (y llenóle la manga de los que sacó de una naveta), cerremos la puerta, porque no venga á inquietarnos algun Reverendo Muletilla (y echó la aldaba); siéntate, y oirás uno de los mejores Sermones, que he compuesto en toda mi vida.»

5. «Título y assunto: Ciencia de la ignorancia, en la sabia ignorancia de la Ciencia.» — «Tenga usted, Padre Predicador, le interrumpió luego Fray Gerundio: no diga mas, que solo esso me encanta. Essos retruecanillos, esse palotéo de voces, y esse triquitraque de palabras, con que usted propone casi todos los assuntos de sus Sermones, es cosa, que me embelesa: Ciencia de la ignorancia, en la sabia ignorancia de la Ciencia! Vaya, que no hay mas que decir. A la verdad, yo no entiendo bien lo que quiere significar; pero lo que me suena, me suena, signifique lo que significare, ello es una gran cosa.» — «No quiere decir mas, replicó el Predicador, que lo que dice San Pablo, que la Ciencia de los Santos es la verdadera sabiduría, y que la sabiduría de este mundo es verdadera ignorancia y estulticia.»

6. — «Con que esso, y no mas quiere decir?» — «Sí.» — «Pero, válgame Dios! quien lo adivinaria? Otro, que no fuera V. Paternidad, diria sencillamente: San Benito supo lo que le convenia saber, é ignoró lo que no importaba ignorar; y de essa manera, aunque lo entenderian todos, pero tambien qualquiera gañan sabria decirlo. Mas esso de proponer una cosa tan comun con el ayrecillo especial, con que la propone V. Paternidad, en el mundo hay quien lo haga con tanta gracia. Y si no, dígalo aquel otro assunto del Sermon, que V. Paternidad predicó al Capítulo dos meses ha, en el dia de las Elecciones particulares: Eleccion de la rectitud, para la rectitud de la Eleccion. Primero que se me olvide el tal assunto, me he de olvidar yo de como me llamo. Pero, ya que hablamos de él, no me explicará V. Paternidad el concepto? porque, á decir la verdad, no le penetré muy bien. A mí, lo que se me ofreció, que querria decir, era que, para que la eleccion fuesse recta, era preciso, que fuesse recta la eleccion; mas esto, claro está, que no lo querria decir V. Paternidad, porque seria una verdad de Pero-Grullo.»

7. — «Calla, simplon, le respondió al punto Fray Blas; pues claro está, que no quise decir otra cosa; y ahí estuvo el chiste, en decir una pero-grullada, de manera que parecia una cosa del otro mundo. Si te acordaras del modo tan claro, tan perspicuo, tan brillante, con que entablé essa proposicion, para introducirme en el discurso, verias mas claro, que el Sol de mediodía, lo que yo quise decir.» — «Como soy Christiano, que ya no me acuerdo (replicó Fr. Gerundio), aunque tengo el Sermon en la Celda, porque al punto le trasladé, como sabe V. Paternidad.» — «Pues yo te lo traheré á la memoria, que bien en ella lo tengo.»

8. — «Concluída la Salutacion, que esse fué vino de otra cuba, dí principio al Sermon con este apóstrophe al Sacramento, que estaba patente: Amorosamente Sabio os ofreceis (Soberano Sacramentado Monarca), Maestro y Director de este Capítulo. Nota de passo la oportunidad de llamar Presidente del Capítulo al Sacramento, y díme si esto se ofrece á qualquiera? Añadí despues: Para la mas acertada rectitud de las Elecciones, ofrece esse Augusto Sacramento vitales luces á los Electores Prelados. Prueba perentoria y terminante: Ego sum panis vitæ. Nota lo de panis vitæ, para las luces vitales. Mas por quanto los Electores eran muchos, y cada uno tenia su vida, buena ó mala, como Dios sabe (que á nosotros no nos toca indagar vidas agenas), y el texto solo hablaba de una vida, vitæ, era menester uno, que hablasse de muchas. Halléle, á pedir de boca, en el Syriaco, que lee: Panis vitarum. Ya tenemos al Sacramento Pan de muchas vidas: pero, por quanto estas vidas podian ser de Choristas, de Sacristanes, de Refitoleros, y de otros muchos Frayles, que no tenian voto en Capítulo, y yo havia menester precisamente un Sacramento, que fuesse pan de las vidas de los Padres Capitulares y Electores; aquí estuvo mi felicidad y mi discurso. Halléle, como lo podia desear, en Zacharías, en Tyrino, en Menochio, y en Lyra; porque el primero llama al Sacramento Frumentum Electorum; el segundo Panem Electorum; el tercero Frumentum Electorum; y el quarto, Frumentum Electorum est Corpus Christi consecratum pane frumenti.»

9. — «Digo, que V. Paternidad es demonio, ó que tiene familiar (le interrumpió Fray Gerundio, sin poderse contener). Donde diantres fué á encontrar unos textos tan á pelo, tan al intento, y que hablan de pan de Electores, con tanta claridad, que los entenderá el mas zafio Batueco, de los que van á vender miel á la Villa de Bezar? Ahora me acuerdo, que, especialmente quando oí essos textos en el Sermon, me quedé como atorrollado. Es verdad, que, hablando despues acerca de ellos con un Padre Maestro de la Casa, que me quiere mucho, me dexó un poco confuso; porque me dixo claritamente, que todos ellos, en el sentido en que V. Paternidad los entendió, havian sido unos grandíssimos disparates, delatables á la Inquisicion; que assí el Texto como los Intérpretes solo querian decir, que el Pan del Sacramento, ó que el Sacramento era Pan de los Escogidos, que esso, y no otra cosa significaba Electorum; que aplicarlo á los Electores, puramente por el sonido material de la palabra, era un abuso intolerable de la Sagrada Escritura, condenado por el Concilio Tridentino, por los Papas, y por la Inquisicion; que esta havia castigado en Roma á un Predicador, porque en las Honras del Cardenal Cibo havia dicho, que la Carne de Christo en el Sacramento era verdaderamente la carne del Cardenal, probándolo con aquel texto: Caro mea vere est cibus, el qual le havia querido entender aquel loco (assí le llamó el Padre Maestro), ni mas ni ménos, como V. Paternidad havia querido entender el Frumentum Electorum; que, si se permitiera la licencia de usar, ó de abusar de la Sagrada Escritura con essa materialidad, no havria heregía, disparate, torpeza, ni suciedad, que no se pudiesse probar con ella: y de aquí fué ensartando tantas cosas, que me metieron en mucha confusion, y no sé como tuve paciencia para oírlas.»

10. — «Y tú hiciste caso de ellas?» — «No, Padre Predicador, qué caso havia de hacer, si estaba conociendo palpablemente, que todo era embidia; porque el tal Padre Maestro es un hombre indigesto, que no sabe mas, que sus Ergos, su Theología, su Biblia, sus Concilios, sus Santos Padres, y servitor. En sacándole de ahí, no sabe una palabra: ni él ha leído jamas el Theatro de los Dioses, ni á Rabisio Textor, ni á Aulo Gelio, ni á Natal Cómite, ni á Alexandro de Alexandro, ni á Plinio, ni á Picinelo: con que, ya se ve, qué obligacion tiene el pobre á entender de Sermones, ni á saber, como se han de traher, ó como no se han de traher los textos de la Sagrada Escritura? Y, como por otra parte es un triste pelon, que anda con la hortera para tomar una jicarilla, y ve, gracias á Dios, la Celda de V. Paternidad tan abastecida de todo, se pudre á todo podrir, y de aquí proviene, que todo quanto hace V. Paternidad le da en rostro.» — «Dame un abrazo (le dixo al oír esto el Padre Fray Blas), que tú has de ser la honra de la Orden; toma essos quatro bollos de chocolate, para que te remedies en mi ausencia, y vamos adelante con el Sermon Capitular.»

11. — «Otro dia hablarémos de esse Sermon (dixo Fray Gerundio), que ahora, como está V. Paternidad para irse mañana, temo, que no nos ha de quedar tiempo para leer el de San Benito, aunque no sea mas que la Salutacion, y yo estoy rabiando por oírla, porque solo el pensamiento de Ciencia de la ignorancia, en la sabia ignorancia de la Ciencia, me ha excitado una curiosidad, que es un horror.» — «Tienes razon (respondió Fray Blas), y vamos á ella: aquí está el cartapacio sobre la mesa. Ten presente, que estamos en Primavera, que es Pasqua de flores, y que la Hermita del Santo está en el campo, y oye.»

12. «Al celebrado Dios del Regocijo consagraba la Grecia, Esparta, y Thesalia, festivos, solemnes cultos el dia 27 de Marzo: Thessali huic Deo Risui quotannis rem divinam in summa lætitia faciebant, dice Rabisio Textor. Texian verdes guirnaldas, esmaltadas de matizadas flores, ofreciendo una Primavera de gozo al obsequiado Dios del Regocijo:

Vernis intexens floribus arva · · · · · · · · · · · · · · · Risibus, et grandes mirata est Roma cachinnos,

dice Lilio Giraldo. Ofrecíase esta Deydad al culto en la figura de un jóven desnudo, coronado de myrto, adornado de alas, y en la frondosidad de un prado ameno: Puer nudus, alatus, myrthoque coronatus, qui humi sedebat, dice Vincencio Cartario.»

13. «Has visto entradilla mas florida para un Sermon de Primavera, en Pasqua de Flores, y toda ella no ménos que con autoridad de Cartario, Lilio Giraldo, y Rabisio Textor? Pues aguarda un poco, y escucha la aplicacion. Este es vernal paralelo del esclarecido Patriarcha San Benito, á quien con festivo gozo consagra hoy este Pueblo este solemnizado culto. Qué te parece, Gerundio amigo?» — «Qué me ha de parecer? Lo primero, que V. P. tiene mas en la uña el Kalendario de las fiestas de los Gentiles, que la misma Epacta de la Orden; porque jamas le he visto errar ni siquiera una de aquellas, y mas de una vez le he notado, que no sabia bien el Santo de quien se rezaba aquel dia. Lo segundo, que casi todos los Sermones de V. P. comienzan con una fabulilla tan á pelo y tan al caso, que no parece sino que la fábula se fingió para el mysterio, ó que el mismo Dios fué sacando el mysterio por la idéa de la fábula. Por exemplo: quando se me olvidará á mí aquella crespa entradilla del Sermon de la Concepcion, que oí este año á V. P. y la tomé de memoria, porque no espero oír en mi vida cosa mas adequada al assunto?»

14. «De la rizada espuma del celebrado Egéo, fingió la Ethnicidad fabulosa, fué su idólatra Vénus concebida:

Nuda Cythereis edita fertur aquis,

dice Ovidio. Concibióse de las tres celestiales gracias sociada:

Et Veneris turba ministra fuit,

dice Giraldo; porque no se verificasse instante, en que faltasse alguna gracia á su hermosura. Y en memoria de esta concepcion graciosa, celebraban los Cýclades el dia 8 de Diciembre con solemne alborozado culto: «Hoc tamen die octavo Decembris, festum Conceptionis pulcherrimæ Veneris ingenti jubilo celebratur. No me detengo ahora en reparar la cultura de llamar Ethnicidad á la Religion de los Gentiles, y no Gentilidad, ó Paganismo, que esso lo diria qualquier Gavacho.» — «Y si no la llamé Polytheismo, ó Poly-Deismidad, interrumpió el Padre Predicador, fué por reservar estos dos terminillos para otra ocasion.» — «Digo, que no me detengo en esto, porque con especialidad en esta invencion de voces nuevas y flamantes, alambicadas de la Lengua Latina, es V. P. inimitable; y yo tengo ya apuntadas algunas, para valerme de ellas en ocasion y tiempo, con la seguridad que, aunque no haga mas que hablar en esse estilo, no ha de haver Sermon de Cofradía, que no me busque. Ya sé, que al mar salado siempre le he de llamar, salsuginoso elemento; á la Vara de Aaron, Aaronítica Vara; al contraer el pecado original, traducir el fómes del pecado; Adam futurizado, al decreto de la Creacion de Adam; á su misma creacion, Adamitico fundamento; universal opificio, á la fábrica de todas las criaturas; á la naturaleza ciega, cecuciente naturaleza; y á un deseo ardiente y encendido, ignitas alas del deseo. Este bello, claro, perspicuo, y delicado estilo, déxelo V. P. de mi quenta, y yo salgo por fiador de mí mismo, que, por lo que toca á él, no ha de tener V. P. discípulo, que mas le honre.»

15. «Tampoco quiero detenerme ahora en el reparo de aquella ingeniosa figura, con que V. P. llamó idólatra á Vénus, quando dixo: Fué su idólatra Vénus concebida. Mas de dos ignorantes lo tendrian por necedad, pareciéndoles, que esso queria decir, que Vénus idolatraba en ellos, y no ellos en Vénus, y que V. P. debiera de haver dicho su idolatrada Vénus. Pero, sobre que entónces no constaria el pié de verso heróyco, de que se compone dicha cláusula: Fué su idólatra Vénus concebida, que era á lo que V. P. tiraba; y (quede dicho de passo) esta es una de las gracias, que mas me encantan en el elegante estilo de V. P., la multitud de piés lýricos y heróycos de que consta, que algunas veces me parece que estoy oyendo una relacion, amen de los consonantes; digo, que fuera de este primor faltaria otro, que no advierten, ni son capaces de advertir essos tontos. Esta es aquella figura rhetórica, que se llama... que se llama... válgate Dios! como se llama? que se llama... no sé como; la qual enseñaba á usar el presente por el pretérito, lo activo por lo passivo: y assí decimos, mi amantíssimo amigo, por mi amigo muy amado; recibí la favorecida carta de Vm. por la carta favorecedora; pues lo demas querria decir, que se le hacia favor en recibirla, y no me pareceria mucha modestia, ni mucha política. De la misma manera se puede decir tan lindamente idólatra Vénus, por Vénus idolatrada, como lo sabemos muy bien todos los que tuvimos la dicha de estudiar con el famoso Preceptor de Villaornate, y por esso tengo yo tan en la uña todas las figuras rhetóricas, con sus nombres, pelos, y señales.»

16. «Pero dexándonos de estos pelillos, como iba diciendo de mi cuento, digo, que la fábula de la concepcion de Vénus, para el Mysterio de la Concepcion de María, no parece sino que V. P. mismo la inventó, tan adequada viene, y tan al caso. Digo mas, que, á mi pobre juicio, estuvo de sobra aquella valiente cláusula, con que V. P. la aplicó. Gallardo, aunque fabuloso, paralelo del milagroso obgeto, que termina los regocijados cultos de este dia octavo de Diciembre, en que la Iglesia Cathólica celebra la Concepcion passiva de María, Vénus del Amor Divino, Diosa de la hermosura de la Gracia; porque no havria en todo el Auditorio entendimiento tan zopenco, que no se hiciesse luego cargo de la propiedad del gallardo paralelo, sin el cansancio de la aplicacion. Porque es claro como el agua, que, si Vénus fué madre del Amor, María fué Madre del Amor; si Vénus fué concebida de la espuma del mar, en la nivea espuma de la Gracia fué concebida María del mar de la humana naturaleza, como dixo V. P. un poco mas abaxo; si en la concepcion de Vénus assistieron las tres Gracias, en contraresto á las Gracias, sociaron á María en su Concepcion las horas, siendo las horas y las gracias dos cosas tan parecidas, que es impossible hayga otras dos mas semejantes. Finalmente, si Vénus fué concebida el dia ocho de Diciembre, el dia ocho de Diciembre fué concebida María. Assí que el paralelo no puede ser mas gallardo, por lo que toca á estas quatro propiedades. Y en quanto á la segunda, en que se coteja la espuma del mar Erythréo con la nivea espuma de la Divina Gracia, se encierra en ella una propiedad tan recóndita, que no es fácil se dé en el chiste á quatro paletadas. Porque, si la espuma no es otra cosa que el viento, que se introduce en el agua, ó en qualquiera otro licor, mas ó ménos movido, y agitado del mismo ayre, ó de algun otro agente extraño, como leí pocos dias ha en uno de estos libros, que se usan, y tratan de novedades; es claro como el agua, que la Divina Gracia ha de ser muy espumosa, y precisamente ha de hacer una espuma nivea, que disgregue la vista. Por qué? porque la Divina Gracia se atribuye particularmente al Espíritu Santo: este, ya se sabe, que unas veces es aura suave y apacible, y otras es viento impetuoso, que agitando á la Divina Gracia, é introduciéndose al mismo tiempo en sus divinos poros é intersticios, necessariamente ha de levantar una espuma nivea, como el ampo: y qué cosa mas propia, que el que de esta nivea espuma fuesse concebida la Vénus del Amor Divino? Con que realmente no pudo ser mas gallardo el paralelo.»

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