Note 382 — TRANCO VI
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Esta fuente databa de principios del último tercio del siglo XVI: don Manuel Varela y Escobar (Bosquejo histórico de la ciudad de Ecija, pág. 107) vió y copió una inscripción por la cual consta que reinando Felipe II, año de 1567, «Ecija, truxo el agua y mandó hazer las fuentes». De las ninfas trató don Juan M.ª Garay y Conde en sus Breves apuntes histórico-descriptivos de la ciudad de Ecija (Ecija, 1851), pág. 436, diciendo: «A un estremo de este paseo [del de la Plaza Mayor] se encuentra una hermosa fuente, circundada también de arbolado y asientos de piedra: su mar es un gran polígono de nueve varas de diámetro y una de profundidad; cuatro ninfas de altura más que natural y de buena escultura, que se dicen las Amazonas, dan un caño de agua por medio de un cantarillo, y este lindo grupo sostiene un gran tazón de jaspe de una sola pieza, con dos varas y media de diámetro y cuatro caños a su borde....» ¿Qué ha sido de esta fuente? Al hacerse en 1866 la reforma de la Plaza Mayor, fué desmontada y «sus piedras o bloques de jaspe encarnado, con las ninfas y demás componentes de la obra fueron enterrados al lado Sur de la Plaza, a poca distancia y profundidad de donde antes se levantaba, y allí yacen esperando que una mano caritativa y amante del arte y del embellecimiento de la ciudad las desentierre y erija de nuevo....» Esto me dicen de Ecija, y yo escribí a don Eduardo García de Castro, actual alcalde de aquella ciudad, que, pues tal fuente, cualquiera que sea su mérito, debe conservarse en sitio céntrico y muy transitado, por haber hecho mención de ella un ecijano tan ilustre en una tan famosa novela, celebraría poder asentar en mis notas a El Diablo Cojuelo «que la Ecija de hoy, lejos de ser la que ayer enterraba sus preseas más estimables, por cierto sin reemplazarlas con otras mejores o tan buenas, enmienda antiguos yerros y vuelve por el buen nombre de su cultura». Las respuestas han sido dos: la primera, «Allá veremos»; y la segunda, «No hay consignación para exhumar la fuente». ¡Pero la hubo para inhumarla! Repare en ello, por su honra, la ciudad del sol: ¡es una vergüenza tener enterrado ese monumento!